Agua Mustia
Como una flor de mármol dentro del agua mustia
en la calle Obrapía está Soleida limpiando los cristales
opacados anoche por la niebla.
Y piensa que ha venido el tiempo declarado el fin del ostracismo
para su cara verde de lunes improbable ante el espejo
de un silencio mayor al padecido por ella reina pobre
que tal vez se arrepiente de ser la misma reina
por algún rey infame perseguida.
Navaja en mano, con ella corta, despeja el patio del infortunio
sobre las hierbas cuidadas por sus manos de frío
con las que escribe cada vez más epístolas a escuálidos fantasmas
de antiguos conductores de tranvías.
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(cadáver de perro negro)
Tomas vio aquel “objeto” negrísimo, como adornado con lentejuelas, demasiado bonito para estar tirado allí entre las piedras sucias. Pensó que sería un adorno de mujer, un monedero lujoso, de tan buena calidad que a pesar de estar en la mugre resplandecía de limpio. Contento del hallazgo lo tomó para ver de qué se trataba. ¡Qué espanto! ¡Una culebra! Y ya se le desplegaba desde la mano e iba a asírsele al brazo, la lanzó y salió corriendo. Sabía que una culebra es inofensiva pero ese dato no le servía para nada. Hubiera preferido vérselas con un animal peligroso que con esa criatura desconcertante sin patas ni alas ni nada, una raya que anda. “No hay derecho a ser tan raro, el mundo tiene su lógica”
Los signos de la cotidianidad, de eso que llamamos con eufemismo “lo normal”, en ocasiones pueden llegar a parecer señales de la naturaleza. Creyéndolo, Charo Guerra ha tomado con pericia esos códigos y los ha despojado de su violencia habitual para erigir un panteón que a primera vista podría parecer enteramente personal pero que no es más que un buen disfraz de lo colectivo.
Israel Domínguez: “He logrado que los animales del corazón cabalguen sin riendas ni cercas”
Glorieta, estación hacia la cual viajan, o desde la cual viajan esos habitantes que acaban de abandonar las fotos amarillentas, que son nuestra simiente y, por tanto, somos nosotros mismos.
Es un placer para la Editorial Vigía de Matanzas, en su colección Trébol, presentar el libro de cuentos Mujer Azul de Laidi Fernández de Juan (La Habana, 1961), graduada de Medicina y laureada en numerosas ocasiones como escritora, labor reconocida por los lectores habituales de la narrativa cubana.
Apuntes del Aleph son reflexiones sobre la labor del archivo, a partir de nuestra experiencia, que más bien somos una casa donde se conservan recuerdos para contárselo a nuestros nietos en libros, en soportes tecnológicos y mediante la palabra. Apuntes sobre archivistas, sobre espacios terrenales, donde la gente vive entre documentos y libros. Apuntes sobre actos humanos a favor del libro o de la memoria. No tienen un orden, porque los apunto cuando suceden y cuando deseo dejar un recuerdo para la memoria. También está la palabra escrita de otros, como la bella alocución de Lorca, pero también estarán – un día - las de Benjamín Walter, Carlos Fuentes, Amadeus Hampatá, Jorge Luis Borges…Un día, de la dispersión, saldrá a la luz un libro. Se llamará Apuntes del Aleph (O memorias de archivista). Agradezco a Enrique Ríos Prado su colaboración para otros fragmentos de El Libro del Aleph.
Desde las páginas de diarios y revistas podemos reconstruir el pasado. Las que “narran” los años 80 cubanos muestran el regreso de Virgilio Piñera al imaginario popular de la nación.
Aldo Manuzio, profundo conocedor del griego y del latín, profesor de estas dos lenguas y amigo de Pico de Mirándola y Erasmo de Rótterdam, se dedicó en los albores del nacimiento de la imprenta en Europa, a la revisión de los clásicos. Manuzio le concedía mucha importancia a que las publicaciones tuvieran fidelidad con los textos originales; Aristóteles, Sófocles, Demóstenes, Virgilio, Horacio... fueron por primera vez publicados en libros “confiables” después de versiones diversas que presentaban las más disímiles imprecisiones: fue el más ilustre impresor de Venecia, y al morir en 1515 había dejado, posiblemente, el primer gran ejemplo del interés por publicar bien, por esta razón su editorial tenía un extraordinario prestigio, especialmente en el tema de los libros de los autores clásicos.
Proteo escenifica en su propia carne un drama. A un lado de su corazón está su infinita posibilidad como clarividente, y del otro lado, un destino de criatura hecha a imagen de todo lo que se corrompe y traba en redes del tiempo. Quienes necesitan sus visiones deben asirlo primero, detenerlo, fijar la esencia unívoca que desborda veloces y completas transformaciones, o sea, tienen —tenemos— más de dos dramas. La poesía de Roberto Manzano (Ciego de Ávila, 1949) sobresale, en el panorama de finales del siglo XX y principios del XXI, por darle volumen formal y conceptualmente al conflicto entre identidad y cambio. Dilema poético con la anchura del mar regurgitado incesantemente por Caribdis, donde se ha visto naufragar a poetas de finas dotes, tanto como perder sus valijas a críticos y jueces avaros. ¿En qué punto entre un adentro y un afuera se concentra la efectividad de la trascendencia, el poder de representación cabal del poeta a despecho de alternancias y compensaciones de la naturaleza? ¿Su éxito depende acaso de la fijeza, la delimitación de un absoluto como forma o manera última y representativa del Ser? ¿O acaso en un continuo de fatigada dinastía, resistencia infinita de la sustancia que permuta mientras se adapta, se estructura mientras se abre?
Padura acaba de recibir en la Alianza Francesa de Cuba el Premio Carbet del Caribe y del Mundo, concedido por la asociación itinerante Institut du Tout Monde (1) a su novela El hombre que amaba los perros (2). En este libro nuevamente se aproxima a figuras históricas (el revolucionario ruso León Trotsky, y su asesino, Ramón Mercader), un camino ya recorrido por él hace una década, cuando escribió La novela de mi vida, cuyo protagonista es el poeta cubano decimonónico José María Heredia.
Tenía la esperanza de que para estas fechas el escándalo hubiera muerto, pero el debate acerca de si los lectores electrónicos de libros desplazarían a los libros tradicionales sigue con toda intensidad, específicamente si los contratos de publicación de libros destinados al Kindle, iPad y otros lectores electrónicos son un preludio para la muerte definitiva de los libros y las librerías.
Debido al cambio climático y otros problemas medioambientales, durante los próximos años pudieran desaparecer de la vida real y convertirse en simples recuerdos literarios algunos espacios geográficos u otros elementos de la naturaleza reflejados magistralmente en algunos clásicos de las letras universales.
Sin guantes ni cachiporras, pero con un absoluto respeto a su arte mayor de titiritero, el cubano René Fernández retoma la obra del argentino Javier Villafañe y estrena Andariegos, un homenaje al maestro en el centenario de su nacimiento.
Notas a propósito del más reciente estreno de la Compañía Danza Espiral
(Lo que trae el evento teórico Freddy Artiles en el 10mo Taller Internacional de Títeres de Matanzas)
Entre en 15 y el 22 de abril Matanzas se llena de Títeres, tuve la suerte de que Rubén Darío accediera a responder algunas interrogantes de este servidor y acá les van sus confesiones. A mi pregunta sobre ¿Que títulos lleva Teatro de las Estaciones al evento? Bajo qué presupuestos se decidió por esas obras? Darío contestó que su agrupación va con parte de su más reciente repertorio (“Canción para estar contigo”, “Pinocho corazón madera”, “Por el monte carulé”), así como, una reposición muy especial “El patico feo”, retomado por el elenco más joven de la agrupación. El montaje en su momento obtuvo el Premio Villanueva de la crítica, entre otros galardones, y representó a Cuba en el Festival Mundial de Títeres de Charleville-Mezieres, Francia, en 2006.
MAR DESNUDO...