Los guardianes Kota y fangLos derroteros temáticos y conceptuales del arte del siglo XX, aupados en una mirada más folclorista y exótica que antropológica, al negrismo, develaron el universo del arte africano como motivo fundamental en la creación de algunos artistas de vanguardia, más como elemento iconoclasta que como motivo cultural significativo. Ya para el primer decenio del siglo, Picasso escandalizaba al mundo con sus controvertidas Señoritas de Avignon, con las cuales perseguía demoler el anquilosado patrón de belleza europeo, a través del concepto de tres gracias para nada clásicas. Este bum propició que teóricos y artífices denominaran al arte negro como primitivo, en virtud de su carácter arcano y selvático, obnubilando su valía ideoestética y morfoconceptual. El influjo del mismo sobre los artistas de la vanguardia europea y la conceptualización y estilización de las formas del llamado arte primitivo renovaron el pensamiento de muchos de los pintores vanguardistas enervados por el interés incesante de los postimpresionista en su afán por la captación instantánea de la cotidianidad y la naturaleza en especial.

En gran medida, la inspiración causada por la simplicidad geométrica de las máscaras, esculturas y fetiches africanos les hizo revolucionar y establecer un arte de vanguardia que implantarían los nuevos postulados del siglo XX. El cubismo se instauró como una de las tendencias que más abarcaría y asumiría esta nueva consideración formal.

 Es relevante citar pintores como, Cézanne, Juan Gris Braque, el propio Picasso, entre otros, supieron armonizar sus propuestas artísticas teniendo en cuenta todos estos elementos formales que el arte africano les proporcionaría. Para reafirmar el influjo que el arte africano ejerció en la vanguardia plástica compárese Guitarra (1912) con una máscara grebo de Liberia; Antílope (1915) con una máscara bámbara; Cabeza para desfile (1917) con una máscara baulé de Costa de Marfil; Cabeza (1928) con una kuele de la República de Congo; Busto de mujer (1931 y 1932) con una baga; Bañista con balón (1932) con un pájaro senufo de Costa de Marfil; Bodegón (1942) con una máscara bwa de Burkina Faso; Cabeza de mujer (1943) con una Pende de la República Democrática del Congo y Maqueta para el Chicago Civic Center (1968) con un Guardián de relicario kota, entre otros ejemplos que reafirman estas analogías.

 Es conocido que el arte africano siempre ha asumido una posición más simbólica que figurativa. Sus obras se caracterizan por unas líneas firmes y sintéticas que devienen en un trabajo factual donde el resultado, más que una iconografía de intenciones estetizantes, es la representación de su cosmovisión, su cotidianidad y su fe; por lo que puede indicarse que la geometrización concreta de las formas y la funcionalidad dual arte-religión, son los postulados formales básicos de la creación africana. Por el contrario, el arte griego basa fundamentalmente sus pautas en el hedonismo fútil que despierta la perfección anatómica, a través del modelo ideal y del canon de belleza occidental. Si bien la intención del llamado arte negro resultó, desde su surgimiento, ser más pragmático y funcional; por el contrario, el arte heleno reprodujo sus ideales sociales y cívicos, regodeándose en las virtudes físicas y morales de un hombre, hecho a imagen y semejanza de sus dioses.  
 
Este contraste y la traspolación mimética de los ideales estéticos europeos a los estudios culturales africanos, ha hecho que las polémicas que promueven el tema del arte africano sean desacertadas en algunos casos. Algunos de los pensamientos contemporáneos occidentales siguen sin entender la historia y postura social verdaderas de estos pueblos, proyectando una visión de talante fatalista hacia una cultura supuestamente maldita, para la que mucho se proyecta, pero casi nada se hace. Criterios de historiadores del arte, sociólogos, antropólogos y estudiosos del asunto en general, se aúnan en los grandes congresos, coloquios y eventos internacionales donde el tema es epicentro, para llamar la atención sobre la salvaguarda y protección del arte africano. En estos certámenes los decidores culturales tratan de justificar su negligente y eurocéntrica actitud de olvido, esgrimiendo el argumento del ancestral saqueo indiscriminado de sus bienes culturales. Sin embargo, no se tiene en cuenta que muchas de las colecciones privadas y estatales, también pueden esclarecer y de cierto modo ayudar, al entendimiento de una cultura menguada en muchos sentidos. Por otra parte y, no menos importante, resulta la problemática que surge en cuanto al escaso estudio y publicación bibliográfica por parte de investigadores africanos; desde una importante perspectiva analítica con una visualidad y realidad mucho más certera y verosímil de su situación socio-cultural, imposibilitando estructurar coherentemente la historia y legitimidad de sus producciones artísticas.
 Relicarios

A esta cuestión se le suma otro factor determinante en la legitimación del arte africano y es precisamente aquel que surge en su propio patio: el desconocimiento de los elementos culturales autóctonos. En la actualidad a muchos africanos les resulta extraña una identificación con la creación y reconocimiento de la historia del arte africano en medio de un mundo globalizado. Pareciera que una especie de amnesia cultural invadiera sus memorias sin dejar de advertirles la desesperada situación en la que se encuentra su legado histórico-cultural. La práctica y reconocimiento de las cuestiones religiosas africanas se han convertido en acciones de vida, fuera de las grandes ciudades, solo asumidas en toda su extensión en los escenarios rurales donde por costumbre se ha mantenido las tradiciones. Este criterio valida, de alguna manera, la injustificada valoración, consciente o no, en reconocer al arte africano como arte primitivo o tribal, aun en pleno siglo XXI.
 
Sobre esta reflexión es valido apoyarnos, particularmente, en los guardianes o figuras de relicarios kota y Fang como también se les denomina. El Museo de Arte de Matanzas posee dentro de su valiosa colección de Arte Africano un conjunto de guardianes de relicarios, específicamente de Gabón, dentro de la que se encuentran piezas Kota  Mbulu-Ngulu y Mahongwé  y las Fang Eyema Byéri al parecer construidas en el siglo XIX[1]
 
Gabón junto al Congo son los países donde están más esparcidos los pueblos Kota. Esta cultura apenas se resistió a la colonización, muy al contrario de sus vecinos, de la etnia Fang, quienes protegieron su legado cultural ancestral apoyado en sus principios de pueblo guerrero que les identifican. Los kota, a diferencia, se mostraron sensibles y fueron en su mayoría evangelizados y convertidos al cristianismo. En la actualidad ha aumentado la demanda de los llamados guardianes de relicarios, debido, en sentido general, a su importante valor histórico-cultural y producto de los enterramientos que sufrieron muchas de estas piezas ante la pérdida de autonomía de su identidad cultural; no obstante, han suscitado gran interés en el mundo del arte contemporáneo.  
 
En la producción artística de los Kota, los guardianes de relicarios son los más conocidos. Dentro de su composición formal los podemos encontrar, generalmente, aquellos que son más figurativos que responden a un estilo Mbulu-Ngulu, Obamba, Ndasa y otros muy abstractos de estilo Mahongwé[2], también llamados Bwiti. La diferencia entre ambos desde el punto de vista estético es obvia aunque funcionalmente concretan el mismo fin. Los Kota construían estas esculturas de una manera muy estilizada; las mismas se colocaban encima de cajas cilíndricas de corteza, canastas o paquetes bwete como también se les designan, las cuales contienen los huesos, cráneos y reliquias del linaje familiar. Durante el período de iniciación de miembros del linaje donde es imprescindible la presencia del relicario que contienen las reliquias de sus ancestros para la consumación del ejercicio religioso, se realiza un rito al que se conoce igualmente como Bwiti[3].
 
Según la tradición de los Kota, estos guardianes les pueden ayudar a comunicarse con sus dioses a través de los espíritus de sus antepasados; por lo que resulta necesaria la custodia de sus ancestros para evitar que las fuerzas del mal no le molesten[4]. En la construcción de dichas esculturas se emplean materiales como: madera, cobre o latón; éstos dos últimos garantizan el recubierto de la pieza, otorgándole una seguridad espiritual de protección a sus ancestros. A su vez, observándolo desde una perspectiva artística, luego de concebido como obra de arte, le proporciona un aspecto estético inigualable. 
 
Otras de las interpretaciones que sobre estos guardianes se tienen, adicionan un sentido de resguardo; existen informaciones que muchos de los hombres Kota utilizan sus relicarios para maldecir a sus mujeres en caso de infidelidad. Para ello se auxilian de alguna de las pertenencias de su pareja y la deposita en el relicario; este acto asegura un escarmiento muy radical, en el que supuestamente, la deja en un estado de demencia.
La morfología de estos relicarios, sobre todo los de estilo Mbulu-Ngulu, pueden ser de cara siempre ovalada: cóncava (mujer), convexa (hombres) o cóncava-convexa con la frente en forma de esfera (también hombres). Los relicarios por tradición descansan en pequeñas chozas fuera del hogar y solo los iniciados del linaje tenían acceso a este lugar sagrado[5].
 
El término adjudicado a los guardianes de relicarios Kota, responde obviamente a una denominación visto desde los estudios occidentales. Por lo que en su investigación, de una manera u otra, se trata de seguir un modelo a partir de la aparente relación entre la función de los relicarios católicos y africanos. Resulta interesante como en muchas de las publicaciones e informaciones sobre esta temática se establecen tales analogías sin atender a un mesurado análisis interpretativo de la cuestión[6]. En principio, los relicarios católicos resguardan sus reliquias en un eje central donde la pieza es un todo. En el caso de los relicarios Kota, están configurados por cajas cilíndricas, cuadradas o asumiendo otras formas. Las mismas son construidas de fibra vegetal que contienen las mencionadas reliquias del linaje familiar. Llama la atención como en muchos casos se les denomina relicario a todo el conjunto, incluidos esta pequeña cesta y el guardián o figura de relicario que es el que dispone de un argumento artístico. La falta de criterios e informaciones desde una óptica localista, o sea, disertada y analizada por africanos, nos dificulta el entendimiento y una atinada interpretación de este particular y del arte africano en general[7].
 
Los relicarios Fang también poseen características muy peculiares entre las que destacan una gran homogeneidad estilística. La veneración a los ancestros constituye su mayor objetivo. Su representación es mucho más figurativa que los Kota, por lo que pudiéramos considerar que existe una recreación morfológica más cercana a la figura humana, dígase hombre o mujer en forma de busto o cuerpo entero. Dichos relicarios se colocan en los rincones oscuros de las viviendas, evitando su exposición directa con los sujetos ajenos a la comunidad.
 
Las estatuas Fang Eyema-Byéri ilustran, generalmente, hombres sentados con las piernas flexionadas, troncos alargados, manos unidas sobre el abdomen o sosteniendo un cuerno de antílope o copa, solo en raras ocasiones se encuentran con las manos extendidas al lado del cuerpo[8]. Las frentes prominentes, el rostro cóncavo, hierático y en algunas ocasiones, un leve decorado en la cabeza a base de plumas, indican otros referentes estéticos de estas piezas. Están confeccionadas con madera y, en muchos casos, se les incrusta una pequeña lámina de metal en los ojos, otorgándole cierta fuerza desde el punto de vista visual. En su mayoría aparecen elementos de apoyatura tipo bastón que les permiten insertarse sobre las cajas relicarios con una mayor precisión; dichas cajas o cestas de corteza, conservan los huesos largos, tibias, fémures y fragmentos de cráneos del linaje familiar, cubiertos con polvo rojo de padouk[9], y acompañados del espíritu de los ancestros, llamados Byéri; categoría esta, alcanzada por miembros significativos del clan. Es curioso como este privilegio no era privativo de los hombres, las mujeres también recibían tales honores póstumos; esta prerrogativa solamente era concedida a las mujeres que habían demostrado, a partir de sus cualidades relacionadas a la fertilidad, ser excelentes madres.
 
Asociado a esta práctica religiosa se encuentra el rito del Melan, mediante el cual, se manipulan las estatuas de relicarios como marionetas. Las mismas simulan  un acto teatral en función del evento ritual que podría estar relacionado, indistintamente, a nacimientos, conflictos, enfermedades o fallecimientos[10]Estas ceremonias se realizan en sitios alejados en los que los iniciados evocan a sus ancestros. Después de esta experiencia con los difuntos, queda sellada la permanencia de los jóvenes como miembros de la sociedad, siendo reconocida por ellos la importancia de los Byéri.
 
Evidentemente, resulta muy cuestionable que se les haya denominado y aun perdure tales términos como: arte primitivo o tribal, a una producción artística tan estilizada y con un fundamento conceptual y formal como lo representa el arte africano. El mismo que ha servido de modelo iconográfico a muchos de los artistas de la vanguardia europea ha influido notablemente en la simplicidad del arte contemporáneo. Presuntamente, nos atreveríamos a pensar que el arte mínimal es heredero de esta marcada sintetización formal del postulado artístico africano; específicamente de los relicarios Kota y, dentro de éstos, los Mahongwé o Bwiti, con una estructurada abstracción que acopia en sí mismo, su contenido estético-conceptual basado en la representación espiritual.
 
 ¿Acaso no nos equivocamos? Pareciera que la historia de la humanidad y por consiguiente, el comportamiento de la realidad del ejercicio artístico africano, nos revelara todo lo contrario a la idea de una perfecta civilización occidental. ¿Quiénes han imitado a quién? ¿Acaso somos nosotros los primitivos?...

 
 Por: Yoan Alvarez Pérez, Yamir Mazario, Sorangel Fuentes
 

 
  
Bibliografía
 
 
1.       Arts d’ Afrique: Editions Gallimard/ Musee Dapper, 2000.
2.       Baquart, Jean-Baptiste: L’ Art trival d’ Afrique Noire, parís, Editions Assouline, 1998.
3.       Barbier, Newton, Hermione waterfield: Sculpture:Chefs-D’ Ceuvre du Musée Barbier-Mueller, Paris, Éditions Imprimerie Nationale, 1995.
4.       Bargna, Ivan: Arte Africano. Editorial Libsa, Madrid, 2000.
5.        Boahen, A.AOU. (Director del volumen). Historia general de África. África bajo el dominio colonial (1880-1935), tomoVII. Editorial Tecnos S.A.
6.       Cannizzo, Jeanne: Into The Heart Of Africa, Catálogo, Royal Ontario Museum Toronto, 1989.
7.       Coquery-Vidrovith, Catherine: Le Travail forcé en Afrique, Vidrovitch. En: L’ histoire. Rev. Nro 69 -27 f. Bruxelles. Editions Complete, pp 100-108.
8.       L’Historia de L’ Arte. Tome 23: Primitivisme. Afrique. Océanie. Editorial Larousse. pp.2701-2760.
9.       Wassing, R.S: L’art de Afrique Noire, Ed. Office du Libre, 1969.
10.   Witte, Hans: Ifa and Esu: Iconography of order and disorder, Holland, Editorial Kunsthandel Luttik, 1984.
 
 
Fuentes Digitales
 
Africa Colecciones privadas de Barcelona. Fundación Francisco Godia. En: http://www.liceus.com (2-01-2010  9:15 a.m)
Artehistoria. En: http://www.artehistoria.jcyl.es/index.html (19-01-2010 10:46 a.m)
 
Cortés López, José Luis. Cuando la estética Africa revolucionó el Arte Africano. En: http://www.combonianos.com (23-02-2010 9:00 a.m)
http://www.randafricanart.com/Kota_mbulu_ngulu_Billigs.html (23-02-2010 9:20 a.m)
http://www.microsoft.com/spain/windows/internet-explorer/welcome.aspx (3-03-2010 11:15 am)
 
http://www.artehistoria.jcyl.es/civilizaciones/contextos/8615.htm (3-03-2010 11:24 am)
 
http://www africa_precolonial.htm (3-03-2010 11:36 am)
http://wwwrelicarios Fang.mht (3-03-2010 11-03-2010 11:50 am)
 
http://www Grandes Civilizaciones - Ficha Las culturas del Gabón.mht (8-03-2010 09:03 am)
 
http://www EL BWITI (GABON)) - Gambada.mht (8-03-2010 09:13 am)
 
http://www relicarios kota mbulu-ngulu.mht (8-03-2010 09:25 am)
 
http://www Vicente Huidobro.mht (14-03-2010   11:32 11:30 am)
 
Notas

[1] Aunque no existe una datación sobre las piezas pertenecientes a la colección de Arte Africano del Museo de Arte de Matanzas; informaciones generales que brindara el coleccionista Lorenzo Padilla, donante de las piezas, avalan tales datos.
[2] En algunas bibliografías consultadas también podemos encontrar otras denominaciones como Bahongwé.
[3] Este término también ha sido utilizado en algunas bibliografías consultadas para indicar la aguda geometrización de las esculturas Kota-Mahongwé.
[4] Bibliografías consultadas sobre el tema de guardianes de relicarios utilizan esta frase para referirse a los malos augurios y saqueos de sus reliquias por parte de pueblos adversarios.
[5] Ver En: http://www.randafricanart.com/Kota_mbulu_ngulu_Billigs.html
[6] Informaciones encontradas en Internet carecen de un análisis coherente sobre este aspecto. Se trata el asunto de manera superficial
[7] Esta investigación carece de una información al respecto. No se ha podido concretar sin en África también se les denomina relicario a estas piezas o, a través de los estudios realizados por investigadores o estudiosos del tema se establece esta analogía por su relación con los relicarios católicos.
[8] Véase relicarios Kota y Fang En: http// http://www relicarios Kota- Fang.mht
[9] Padouk: planta que se emplea durante estas prácticas para procurar el advenimiento de la buena suerte.
[10] Disponible En: http// http://wwwrelicarios Fang.mht