Mi primo amaneradoEste fin de semana viene mi primo con mis tíos. Se llama Daniel y es tan pajarito que se burlan de él en la escuela, le dicen “Plumita de Oro”, por el muñequito ruso que ponen en la televisión. El de la princesa que quiere volar ¡Volar como una pluma!

Mi papá siempre que lo ve tiene que comentar algo, que si camina así, que si pone la manito asao, que si levanta el dedito meñique cuando coge el tenedor. Eso se ve, no hay que decirlo, pero mi papá no se puede contener, no lo soporta, aunque no lo diga por las claras. Mi mamá responde a esto que los niños de la Habana son más suavecitos, que eso no significa nada, pero no lo convence. Cuando viene Daniel no se queda en mi casa sino en casa de tía Antonia, lo que ella y tía Marta siempre quieren que saque a mi primo por ahí, a mataperrear un poco, para que no se aburra y a ver si se espabila. Además a mi primo le encanta andar conmigo, en cuanto llega sale corriendo a buscarme. Eso no es bueno porque mi papá entonces se pone a imaginar cosas.

 -    Ese lío que tiene Danielito contigo no me acaba de gustar.

Claro esto no lo dice delante de mi mamá, para no herirla.

- Tú ten mucho cuidado con Daniel, que parece que él tiene su problemita. Si lo ves mirándote un poco extraño o mirando para tus partes, enseguida vienes y me lo dices. ¿Está claro? No te confíes en que es tu primo porque si él tiene ese problema, ellos no creen ni en primos. Si por alguna casualidad se atreve a tocarte, ahí mismo le partes la cara. Tú mamá no se puede poner brava por eso.

Una vez hablé con Daniel, que tratara de ponerse machito, a ver si se quitaba tanto lío de encima, pero lo único que conseguí fue torturarlo. Él no se da cuenta, lo sabe porque se lo dicen. Decidí no decírselo más, así por lo menos en ese rato que andamos juntos puede creerse que es normal, descansa un poco. Lo quiero, es tan dócil, tan bueno… tan lindo. Me gustan más varoncitos, pero para empezar no se debe estar pidiendo tanto.

Daniel y yo estamos en el mangal. Solos. Su boca rosada embarrada de mango. Le gusta el mango, su boca se restriega de amarillo con ganas. Una gota le resbala por el brazo y la atrapa con la legua antes que vaya a caer en el pantalón, siempre cuidándose la ropita. Se lame el brazo como un gatico. Lengüita traviesa y habilidosa, ven a mojarme un poquito.

Echo a rodar mi plan hablándole de novias, para terminar preguntándole si ha besado a alguna niña en la boca. Claro que no lo ha hecho. Entonces digo que yo tampoco y le suelto.
– Quisiera practicar antes para saber, hay que estar preparado para eso.

Él no entiende.

– ¿Y cómo se puede practicar?

– Bueno… tiene que ser con alguien de confianza. Un amigo que también esté preocupado por eso… o un primo.

– ¡¿Yo?!

No esperaba que se sorprendiera tanto. Queda tan confundido que me da miedo haber metido la pata, que salga corriendo a contarlo. Pero no, se queda analizando. Siempre trata de seguir mis ideas. Si tiene miedo de tirarse al río desde una mata yo voy y me tiro “ves, no pasa nada” entonces él lo intenta, y a veces lo logra.

Ahora está como en la mata, no analizando si está bien, analiza si se atrevería, buscando fuerzas, me mira a los labios igual que al río antes de lanzarse.

– Es que ahora tengo la boca embarrada de mango. – dice.

– No importa, yo también. No nos vamos a embarrar más de lo que estamos.
Hay una pausa, pregunta.

- ¿Cómo hacemos? ¿Tú me lo das a mí?
Siempre tengo que ser yo el primero en todo, pero no estoy para discutir eso.

Asiento, me le acerco despacito, muy despacito, también tengo mi susto, pego
mi boca a la suya. Él tiembla un poco pero eso me gusta. Sus labios son blanditos, embriagadores. Me dan ganas de abrazarlo pero no debo asustarlo. Es un gorrioncito tembloroso y debo ir con cuidado. El corazón me brinca. Su aliento huele un poco a mango. Maldito mango atravesado. Busco el olor a Daniel en el fondo, el puro y verdadero, lo encuentro, me lo trago. Se parece al mío, a mi propio aliento, me oleré mi boca todos los días para recordar esto. Con mi lengua busco la suya y se asusta.

–    ¡¿Qué pasa?! ¡¿Tienes miedo?!

Niega con la cabeza y le doy otro beso. Paso la lengua por su lengua, le reviso tras los dientes, quiero llevármelo todo.

Él no hace mucho, más bien parece estar probando un refresco desconocido para enterarse de su sabor.

Se aparta y pregunta.

– ¿Qué tú crees? ¿Lo hago bien?

Asiento, nada más asiento y le pregunto lo mismo.

– Yo creo que tú lo haces mejor que yo. – responde.

Escuchamos un ruido. Son unos niños ¡Partida de pasmadores! Disimulamos, nos vamos.

Me despierto en la mañana, después de haber soñado con mangos. Danielito y yo embarrados, besándonos. Soy feliz. Por primera vez resulta que mis besos no eran soñados. Lo único que lamento es no poder contárselo a nadie.
Mi primer pensamiento es para él, me levanto dispuesto a ir a buscarlo. Es Domingo. Terminando el desayuno voy a irme pero mi mamá me pide que saque los sillones para el portal. Entonces veo llegar a Daniel. ¡No pudo esperar por mí! ¡Ya está aquí a buscarme! Es lo que pienso pero Daniel trae una cara muy rara, en lugar de saludo trata de darme un piñazo, lo esquivo.

- ¡¿Qué te pasa?!

Sin responder me vuelve encima a abracarme y me le enfrento. No quiero darle, no puedo darle, nada más me defiendo. Y es débil, ni sabe fajarse, es muy fácil dominarlo.

Mi mamá sale al portal.

- ¡¿Pero y eso?! ¡¿Por qué esta pelea?!

Agarra a Danielito de un brazo para apartarlo, sin mucha dificultad.

- ¡¿Qué pasó Rogelio?!

Pregunta mi madre mirando a la entrada del jardín y entonces descubro que está allí el padre de Daniel, con tremenda cara de hostilidad.

- ¡Ese problema lo tienen que resolver ellos!

- ¡¿Qué problema?!

Me tiemblan las patas, me imagino cual es. Este comemierda le dijo al padre lo que hicimos. ¡¿Pero será estúpido?! Por suerte ahora mi papá no está aquí.

- No entiendo, Rogelio.- dice mi madre molesta y con Danielito de la mano, quien ya no le ofrece ninguna resistencia.

Rogelio mira a su hijo, y con ganas de irle encima le ordena – Díselo tú mismo.
Danielito, cara gacha, dice – Iván me pidió ayer que le diera un beso en la boca.

Mi madre impresionada. Salgo en mi defensa.

- No seas descarado, anda. Fuiste tú el que me lo pediste a mí. Me lo pediste no, me dijiste que me regalabas tu paquete de bolas si te dejaba dármelo.
Sé que tiene un paquete de bolas que le compraron, aunque a él no le gusta jugar bolas.

Daniel levanta la cabeza y me mira. Como si no pudiera creerme capaz de lo que digo.

- ¡Fuiste tú! – grita.

Le voy encima, le doy un piñazo en la cara, le parto la boca. Su boca rosada se vuelve roja.

- ¡No! – grita mi mamá y me agarra.

Danielito llora asustado al ver la sangre, se tapa la cara para protegerse. Rogelio entra, lo toma del brazo y lo hala con furia.

- ¡No te sabes ni defender! ¡Cojones!.

Se lo lleva.

Mi madre queda en silencio. No sabe ni qué decir.
Finalmente me pregunta.

- ¿Y te dejaste dar el beso por las bolas?

- ¡Claro que no! ¡¿Qué es eso de dos varones dándose un beso en la boca?! Me dijo… que si no me dejaba iba a inventar que era yo el que quería. No pensé que lo fuera a hacer de verdad.

Después de una pausa suspira.

- Yo voy a resolver esto, no te preocupes.

Me doy cuenta que va a ir a casa de ti Antonia. No puedo quedarme aquí y dejar que Danielito hable.

Rogelio le está dando a su hijo una paliza. Se oye desde afuera el escándalo. Van a matar a Danielito por mi culpa.

- ¡A un hijo mío lo prefiero muerto que maricón!

- ¡Ya, Rogelio! – implora tía Antonia en llantos.

- ¡Déjalo! – grita como loca tía Marta - ¡Ay, coño! ¡Que aburrida estoy de la vida!

- ¡Cállense ya! ¡Que los vecinos están oyendo!

Mi madre está frente a la puerta cerrada y no se atreve a tocar. Los curiosos se asoman a sus ventanas, salen al portal, preguntan, mi madre se desentiende. Nos vamos.

Cuando mi papá se entera se pone furioso.

- Yo siempre te lo dije. – le reprocha a mi mamá. – Serán primos, pero a mi hijo que no se le acerca más nunca.

Y ya ella no sabe cómo defenderlo, o tal vez no quiere.
Mi papá me mira orgulloso y nos vamos a jugar pelota.
 


José Martín Díaz Díaz.
tiene una larga carrera como guionista de televisión. Actualmente escribe la serie de animados “Pubertad” del ICAIC y es el realizador de “Dados a la Diversidad” serie de animados en 3D. En literatura obtuvo el Premio “Arena” de literatura fantástica. Es miembro de la UNEAC