En la Galería Provincial “Pedro Esquerré” de la ciudad de Matanzas, se inauguraron dos muestras de pintores cubanos. Por un lado, en la Sala Principal, se inauguró la exposición Veril, del artista Agustín Bejarano. Del otro, en la Sala Polivalente, el público matancero tendrá acceso a la muestra Dossier, de la artista Aziyadé Ruiz. La inauguración de ambas exposiciones tuvo lugar este jueves 30 de octubre, a las cuatro en punto de la tarde con la participación de ambos artistas. Pasados los días, hoy 6 de noviembre, me he sentado a meditar acerca de lo que el visitante encontrará en estas muestras.

En la Galería Provincial “Pedro Esquerré” de la ciudad de Matanzas, se inauguraron dos muestras de pintores cubanos. Por un lado, en la Sala Principal, se inauguró la exposición Veril, del artista Agustín Bejarano. Del otro, en la Sala Polivalente, el público matancero tendrá acceso a la muestra Dossier, de la artista Aziyadé Ruiz. La inauguración de ambas exposiciones tuvo lugar este jueves 30 de octubre, a las cuatro en punto de la tarde con la participación de ambos artistas. Pasados los días, hoy 6 de noviembre, me he sentado a meditar acerca de lo que el visitante encontrará en estas muestras.

Veril dialoga con el espectador mismo. Estas imágenes descubren el mundo que quiere Bejarano que hallemos. Este diálogo sella en miradas esquivas o recurrentes el espacio de su búsqueda. Juega con la identidad, la disfraza, la envuelve en el manto de lo que cada día señalamos como espacio de reflexión personal sobre lo que somos. Es una obra retadora, nada fácil. Y su decodificación transita desde el mismo espectro de lo que señala dentro del cuadro como metáfora, como modelo para armar, o desarmar, según los imaginarios de quienes se encuentren frente a este discurso. Agustín ofrece el juego con el collage, los colores pastel y sepia, las iluminaciones de un universo pletórico de ingenuidades o enriquecido con un manejo muy suyo de la imagen a plasmar.

El Dossier de Aziyadé Ruiz, más que una compilación, es para mí descubrimiento. No conocía esta obra perturbadora, plural, interesante. Digo perturbadora porque ese enigma de los colores, de las diferentes maneras que tiene la artista de conversar conmigo, y los otros, la señala, me reordena ciertos modos que como espectador tengo.

Digo plural porque aquí hay diferentes técnicas y temáticas. La que más me reafirma es aquella donde la mancha, el trazo libre y el color signan espacios, misterios sugerentes que a la vez nos dan cierta apertura ante lo que puede ser un lienzo. Digo interesante por el hecho mismo de mostrar todo lo anterior, por un encuentro por primera vez con estos colores y estas luces de Aziyadé.

A mí, como poeta, ambas muestras me recuerdan diálogos nuevos que se hallan en la poesía. Lo metafórico del discurso de uno se transforma en lo perturbador y sugerente del otro. Cierto lirismo se transfigura en cada una de las piezas. Pero también el hecho mismo que es ver en mi ciudad parábolas de un mundo único como es el de ambos artistas.

En una época donde se redescubren modos pienso que hay algo intenso en ambos. La modernidad los descubre en la búsqueda de una perfección quizás, una lógica que vive de ciertas apariencias desmontadas ahora con discursos otros. A mí personalmente las manos de Bejarano no son precisamente manos: es todo un diálogo donde toda lógica se fragmenta y en cada dedo de esas manos hallo deslices. Esa misma ontología de que en el discurso moderno se traza aquí ahora se desmonta ella misma en lienzo. Uno observa con el seño fruncido mientras pasa el tiempo ante el cuadro, y en el estatismo de ver correr el tiempo las fronteras entre artista y hombre que observa la obra se van diluyendo como por obra de encantamiento.

Aziyadé ofrece otros mecanismos, pero fijados en su manera más peculiar para mí como lo son esos puntos y esos trazos que se agrandan en la medida en voy entrando en ellos. Antes había hablado de discursos metafóricos, pero no sólo en la metáfora está la clave. En el lirismo siempre hay ambivalencias. La mujer, el género, la solución a sus trazados es descomunal por lo que de vivo se halla en cada lienzo, fundamentalmente de su última etapa. Y lo más grave, o peculiar de mi observación, es que me recuerdan no un grandioso poema de varias páginas; sino la suprema sencillez del haikú japonés, con su manera grácil de establecer su comunicación con el lector.

Estas muestras simultáneas enriquecerán el espíritu de diálogo de los matanceros con otros creadores. Una parte de mí es diferente, del mismo modo en que otros pudieran abordar estos discursos.

Por: Gaudencio Rodríguez Santana

Agustín Bejerano:
Galería en Cubarte:
http://www.galeriacubarte.cult.cu/g_artista.php?item=118&lang=sp
Página Personal:
http://www.art-havana.com/bejarano/
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Aziyadé Ruiz:
Página Personal:
http://www.aziyaderuiz.com/aziyade/