Abel González MeloComo debe ser
(Antes diría:
C'EST ÇA QU'IL FAUT)

  Cae mi imagen al fondo
de un precipicio de piel
y se mezcla con la hiel
del patíbulo. No escondo
lo que sucede en lo hondo
No estoy bien, mas no me asusto.
Quiero atascar mi disgusto
con un grito: ¡Estoy abajo!
Pero el impecable tajo
me ha dejado un mudo gusto.
Ahora conozco el momento
que presumí acaso antaño
de recibir el regaño
y el insulto y el tormento
del pueblo. No me arrepiento:
de vivir muerta me ufano.

El cuchillo que profano
desde mi indócil postura
no advierte bañera impura
para aferrarse a mi mano.
Con una abrupta mirada
mi horizonte se envanece
y mientras lo atacan, crece.
Avanza, Carlota. Espada
de la tarde es la perlada                      
luz que me impele. La edad
me escupe. La levedad
se aja en mi brazo heresiarca
y me maja. Guardo el arca
de mi éxito. Contemplad:
de algún modo soy eterna
discípula de Rousseau.
Cuánto de mí se extravío…
Cuánto de mi alma eviterna
fue al cadalso, esa caverna
de dogmas para eludir
y no arder. ¡Dejadme huir,
loas de la destemplanza!
Venga Dios. Nada me cansa:
ya no ceso de reír.


 

Expiación y respuesta

І

A la cautiva:

Quizás te perturbe la manera viscosa (inerme quimera) en
que se impone mi faz a tu rostro: en antifaz he de convertirlo
luego. Ceniza virgen el fuego hará del alma que toco. Al es-
panto te convoco.
Comienza tu tibio juego entre mis dedos eternos. Recordar-
me será fútil dentro de la vida inútil que llevarás. Mil Avernos
se sucederán.
Sin vernos, otros te hablarán de suerte blanca. De compro-
meterte con ellos, nunca renuncies a mi vanidad, ni anuncies
estos placeres,
La muerte

ІІ

A la muerte:

(dibujando junto a la flor que quedó en la tumba)
Me extasió palpar tu voz a mi lado. Pedí un milagro amañado
con desdén e incertidumbre, hasta que por la costumbre de oírte
entendí que eras la más blanda de las fieras amadas.
La tibia lumbre que predicas, me distrae tanto como el velo casto
con que me cubriste. Pasto soy de un Luzbel que contrae tridente
y alas. Me atrae, no obstante, su afán de escriba: me calca, me
copia. Diva dice que soy. Nada más.
Ah, gracias por el disfraz.
Te recuerda,
La cautiva


 

Ingenuidad del teniente


Yo tengo una galería

de olimpos y estratagemas
donde encierro mis problemas.

Yo tengo una celosía

que contiene noche y día
como un consorcio esplendente.
Yo tengo un alga naciente
dentro de un pomo elegante
cuidado por mi elefante.

Yo tengo un tul reluciente
que corto con agrado
para asistir a la misa.

Yo tengo un arca de risa
recubierta en el condado,
destapada en el mercado.  

Yo tengo una mano espía
ceñida a mí con manía
y dialogante en la noche.  

Yo tengo un grimoso broche
que se abre en la algarabía
y se cierra en el silencio.

Yo tengo toga y arete
y hasta un curioso membrete:
con ellos tres me sentencio.
Yo tengo un farol que agencio
a mi Musa y a mi Arpía
para aplacar mi agonía.  

Yo tengo un amante fiero
que me atosiga: a él prefiero
si cierro mi galería.


 


Vendré mañana a despedirte

En macerados colchones
de plumas descansa el sino:
un muchacho campesino
con breves dubitaciones
y botas sucias. Sus dones
son el agua y la premura
por conquistarla. Depura
con su avidez la garganta
del público, y se levanta
temprano. La noche apura.
Sin excitación diluye
sobre la tierra del monte
su instinto: en sano horizonte
de ideas, la suya fluye
y una nueva farsa intuye
como presagio del beso.
El muchacho queda preso
por hablar de lo perdido:
rugoso prodigio ha sido
la frialdad del travieso
paradigma que se impone.
¿De qué modo, en qué ordalía
desdibujó su grafía
por trascender? ¿Cómo opone
la vida a Dios? ¿Qué propone
cual cautiverio o destino
de Dorian Gray, Celestino
o Clov? ¿Qué escaño lujoso
languidece ante el reposo
del muchacho campesino?


Abel González Melo.
(La Habana, 1980): Dramaturgo, Crítico, Poeta y Narrador. Licenciado en Teatrología por el Instituto Superior de Arte de Cuba. Ha publicado los libros de cuentos Memorias de cera, Perderás la tierra y La casa del herrero, el poemario Temor del que contempla y el cuaderno de crónicas Cada vez que te digo lo que siento.

* Selección de poemas tomada de La Jiribilla