SimbólicoTodas las culturas han recurrido tradicionalmente a los símbolos para inmortalizar y expresar sus conocimientos, sus anhelos, sus conquistas. Estos se manifiestan de distintos modos adaptándose a las circunstancias y en muchas ocasiones el arte ha sido expresión de los mismos.

El símbolo, además de su elevada connotación semántica, es portador de emociones, las que se encuentran en estrecha conexión con el ámbito social al cual tributan. Algunos autores denotan el carácter antropológico de los mismos; tal es el caso de María Teresa González (1986:110) quien al respecto plantea que:

(…) el símbolo (…) se presenta como la forma más idónea y valiosa de entender el comportamiento humano y la dimensión cultural de éste, permite alcanzar una coherencia a la realidad, articularla comprensivamente, logra humanizar el entorno, hacerlo cercano y asequible, subjetivarlo y atraerlo a la conciencia (…) en definitiva, porque el símbolo posibilita acortar la distancia que existe entre las cosas, otorgándoles un sentido, un lugar.

Esta aseveración permite asumir al elemento simbólico como portador de un conglomerado de significados del contexto en el que se origina, no a modo de sumatoria, sino como mecanismo unificador, portador de riqueza cultural capaz de erigirse en ¨núcleoepistemológico¨ González (1986: 113). En el caso de las comunidades antiguas, el arte se convierte en una especie de actosimbólico que contribuye a la comunicación con lo sagrado.

El acto de adornarse históricamente ha constituido expresión del pensamiento simbólico de los diversos grupos humanos. El uso de ornamentos convierte a la persona en portadora de un mensaje particular. El hombre posee características naturales, pero al llevar accesorios varía en alguna medida el mensaje inicial que transmite su imagen. El cuerpo se erige en soporte. Es el mediador entre el ser y los objetos corporales. Según Manuel Benavides (2013:24) ¨ Los cuerpos (…) son jeroglíficos sensibles porque son surtidores de símbolos; de ahí que hasta cierto punto adquieran carácter sagrado al portar estos bienes.

En cuanto al poblamiento aborigen en la isla, sus momentos finales, referidos básicamente a los grupos agroalfareros1 aruacos, han llegado a nuestros días mediante las reseñas realizadas por los cronistas de Indias y evidencias arqueológicas.

Estos grupos desarrollaron cultos gentilicios de conjunto con prácticas ceremoniales, las cuales se fundamentaron en la veneración a los antepasados y en la creencia en la vida en el más allá. Esencialmente adoraban elementos naturales, relacionados con su entorno y universo vital. Dentro de sus prácticas religiosas destacan el animismo, el totemismo y el fetichismo, praxis que estaban extendidas entre las comunidades.

Las concepciones animistas, totémicas y fetichistas de estos hombres precisaban del elemento estético para lograr corporeizar la imagen donde reside el alma y a la cual se va a adorar para conseguir el favor de los elementos naturales, de ahí que este componente era un camino hacia la personalización de la representación.

La arqueología muchas veces ofrece piezas cuyo valor trasciende lo meramente utilitario para convertirse en obras de arte. Estos bienes conforman nuestro patrimonio arqueológico2, por lo que resulta una obligación su estudio y difusión como heredad que nos distingue como nación.

En el amplio conjunto de bienes con carácter estético que se recuperan en los contextos aborígenes se reportan piezas que han sido denominadas objetos de uso corporal (Guarch, 1973). El término indica el hecho de que por su forma, peso y tamaño debieron portarse sobre el cuerpo. La mayor parte de estasevidencias no se asocia a un fin utilitario preciso, distinguiéndose desde esta perspectiva de otros objetos que podían ser llevados sobre el cuerpo, pero que tenían una función muy concreta como son las espátulas vómicas y los inhaladores para alucinógenos. Estas piezas, por sus niveles de elaboración, diversidad de materiales y elementos representados debieron aportar al cuerpo cierto nivel de ornamentalidad, razón por la cual se consideran adornos corporales3.

En esta investigación resultó necesario establecer una definición que se ajustara al objetivo planteado y estuviera acorde con los presupuestos estéticos manejados en el texto, de ahí que se considera adorno corporal: al conjunto de piezas diseñadas para ser portadas en el cuerpo, que constituyen expresión de modos de naturaleza cultural, social, mágica, sagrada, identitaria y estética entre otros aspectos relacionados con el sistema de códigos determinados por cada grupo social.

El reporte arqueológico de este tipo de objetos es abundante en la región oriental del país, sobre todo en Holguín y Guantánamo por constituir zonas de gran concentración de sitios arqueológicos agroalfareros; además de contar con diversos estudios desde esta perspectiva, que son la base para posteriores indagaciones estéticas, cuestión que no se comporta del mismo modo en el resto de las provincias.

Adorno Corporal

Para la realización de este estudio se realizó el levantamiento de todo el material posible depositado en los Museos de la Región oriental de la Isla4. Se tuvo en cuenta, inicialmente, un criterio espacial al contar con representatividad de todo el Oriente. Se valoró como un indicador básico el estado de conservación de las piezas, al excluir de la muestra las que se encontraban en proceso de elaboración y las dañadas cuyos rasgos estético- formales son difíciles de establecer, afectando su apreciación. Otro elemento tomado en consideración fue la imposibilidad en muchos museos de acceder a objetos fuera de exposición. Se trató de elegir los ejemplares que de mejor modo representan la variedad de rasgos y la distribución regional de los tipos.

Con el propósito de sintetizar la clasificación inicial manejada por este estudio5 se propone denominar las piezas: pendientes figurativos y a su vez subdividirlos en pendientes cefálicos y de cuerpo completo6. Además de los tipos de adornos se establecieron parámetros de análisis que permiten hacer una valoración cuidadosa de los caracteres estético – formales de las mismas.

Resultó necesario elaborar una base de datos con la totalidad de la muestra que ofrece, en la medida de lo posible, la categoría ocupacional7 de los sitios donde se reportan los adornos. Esta información aporta comportamientos culturales fundamentales a los efectos de esta investigación.

Los aspectos tenidos en cuenta para el estudio fueron agrupados para una mejor comprensión en: objeto, ubicación, elementos formales y elementos simbólicos. El método iconológico facilitó la recopilación y comparación de la unidad de análisis para posteriormente considerar similitudes y diferencias compositivas, formales y conceptuales en el tratamiento del adorno corporal a nivel del oriente cubano. La interpretación de una imagen no es un hecho simple, es resultado de un largo y complejo proceso de aprendizaje, pues toda obra contiene discursos plurales.

Al realizar el estudio del adorno corporal, su diversidad indica la importancia que los aborígenes aruacos daban a la ornamentación del cuerpo. La valoración de las características estético-formales de las imágenes que representan convierte a esos objetos, en un importante elemento de vínculo con la religiosidad aborigen. Desde esta perspectiva, es posible asumir el arte de ornamentación con un acto simbólico en el que el cuerpo, como soporte, adquiría una imagen diferente poseedora de atributos refrendados a nivel de la espiritualidad de estos hombres.

Resulta estimable el predominio de la industria de la concha respecto a otras presentes en el registro arqueológico como piedra, hueso y metal, lo cual puede estar relacionado con la plasticidad de este material, así como su elevada presencia en los espacios habitacionales.

Del análisis resultó que un elevado por ciento de adornos se reportan en sitios de habitación. Estos espacios generalmente estaban cercanos a fuentes de agua potable y contaban con otras características que propiciaban la permanencia por tiempos determinados de estas comunidades. La presencia abundante de adornos en estas zonas, nos indica que su elaboración y uso constituyó una práctica cultural importante a nivel comunitario.

Adorno Corporal

Al examinar las dimensiones de las piezas, es apreciable, al compararlas con el cuerpo humano, su mediano o pequeño tamaño, lo cual influye notoriamente en su carácter portable. Esta característica del ornamento corporal nos conlleva a pensar que para estas culturas lo pequeño tuvo preeminencia. Es válido considerar además que existía conciencia del vínculo entre lo funcional y lo formal en la confección, pues la morfología de las piezas estaba en correspondencia con su empleo, de ahí que es posible aseverar la existencia de una funcionalidad ligada a lo mágico en la que primó el carácter simbólico.

Es posible plantear que primó una visión antropocéntrica en su concepción, aseveración que se sustenta por medio del elevado reporte de piezas con carácter antropomorfo. En el caso de las representaciones totémicas, estas poseen vínculo genésico con el origen humano.

Estos objetos son producto y reflejo del devenir de estos grupos humanos, que al carecer de escritura, mediante su producción material nos han legado información acerca de sus procesos sociales, prácticas vitales, cosmovisión, al ser portadoras de claves visuales que eran aceptadas a nivel de grupo social.

El hecho de que la mitología refleje el uso de tales bienes indica la importancia que tuvo a nivel cultural portar estos bienes y aunque no resulta posible asegurar la relación entre las imágenes estudiadas con elementos específicos del mito, estas piezas poseen una alta carga simbólica y son reflejo de las concepciones mágico-religiosas de los hombres que las crearon.

En las imágenes predomina un referente figurativo, aunque es válido destacar que en algunas piezas se nota una fuerte tendencia a la estilización que llegó a soluciones muy audaces donde los rasgos corporales se desintegran y se ajustan a los espacios de la obra en cuestión.

Es posible aseverar la presencia de normativas estilísticas en la elaboración de los adornos corporales que funcionaron a nivel de grupo social, con independencia del material de confección, lo cual determina que sean consideradas constantes formales, independientemente de la existencia de variantes e invariantes en la creación de las piezas.

Se aprecia un notable interés por resaltar la imagen cefálica, hecho este que se lograba elaborando cabezas exentas o dando a estas proporciones superiores a las que normalmente pudiese poseer. Estas representaciones, tanto las que integran los pendientes de cuerpo completo, como las que constituyen pendientes en sí mismos, destacan en cuanto al elevado nivel de detalles en su concepción.Al analizar las particularidades culturales del grupo estudiado, y considerar que se trata de una cultura ágrafa, es posible valorar que el tamaño de las cabezas, así como el nivel de detalle que se aprecia en las formas, constituye un indicador de cúmulo cognitivo, símbolo de autoridad, como parte rectora del cuerpo humano y su accionar, como simbiosis de lo que rige y dirige, respeto a los conocimientos ancestrales, a los saberes tradicionales y transmitidos de generación en generación mediante la impronta de la oralidad. Es posible que estos individuos hayan valorado esta parte del cuerpo como contenedora de los sentidos, exceptuando al tacto, de ahí que para estas culturas la cabeza parece haber estado cargada de una especie de energía simbólica.Adfrono Corporal

Existen soluciones muy reiteradas para la representación del rostro y hay diseños como la boca con dientes visibles y ojos de gran tamaño, que constituyen emblemas estilísticos dentro de estos objetos. Los dientes, constituyen un rasgo facial recurrente en la concepción de los rostros. En los hallazgos arqueológicos, muchas veces estos componentes del cuerpo humano constituyen la única fuente de información prácticamente intacta, pues ofrecen datos acerca del hombre insertado en su medio natural y social. (Toribio 1997:94-95).

Resultan frecuentes los reportes de dentaduras de concha las cuales se incrustaban en ídolos muchas veces confeccionados en otro material. Se representan bien visibles, denotando dominio de la anatomía dentaria. En otras culturas los mitos asocian la pérdida de dentadura con quebranto de poderes, virilidad, fuerza ante el colectivo, liderazgo, hasta llegar a la muerte. Si bien en las crónicas no se han encontrado referencias a los dientes, el hecho de que las representaciones antropomorfas muestren rostros atemporales, puede estar vinculado con una idea de fuerza, juventud, asociada a plenitud de facultades del hombre que es representado. Estudios recientes, consideran que su representación en la iconografía precolombina de Las Antillas Mayores, tradicionalmente asumida como señal de muerte, agresividad o trance, nunca ha sido analizada como expresión positiva del rostro, signo que pudo funcionar como señal comunicativa en las interacciones sociales tanto humanas como espirituales, resultando esencial en el mantenimiento de relaciones estables tanto a nivel inter como intracomunitario.(Samson and Waller; 2010).

Otro elemento significativo al analizar las potencialidades simbólicas del adorno corporal es el predominio de imágenes aisladas o de figuras solas, haciéndose énfasis en el estatismo de la pieza, algo que es sostenible mediante la aplicación de la simetría bilateral, de un bajo nivel de ornamentación auxiliar, así como de un ritmo limitado.

Al apreciar las representaciones de cuerpo completo se aprecia respeto hacia el cuerpo humano, a las piezas en sí mismas, las cuales muchas veces encarnan posturas ceremoniales8. Esto presupone respeto a la religión dado el carácter sacro de las imágenes. El hecho de que muchas veces se decora la vista posterior tiene que ver con el valor de estos bienes más allá de que esta parte sea apreciada o no, lo cual indica consideración a la norma sugiriendo en ello una intención simbólica pues la pieza funcionaría independientemente de su visibilidad. Se trata de una percepción holística, pues el ser humano se percibe a sí mismo de manera armónica y equilibrada, principios estos presentes en su mentalidad desde los orígenes del ser humano.

La representación del ombligo posee una importancia cultural ancestral. Desde tiempos remotos el hombre le ha prestado especial interés a esta parte del cuerpo, siendo tema recurrente en los pueblos de la antigüedad9. El centro-ombligo, según (Tibón, 1983), es el lugar sacratísimo de la creación, el único punto donde se hace posible la comunicación con la morada de los muertos y de los dioses, vinculándose con un sinfín de conceptualizaciones mágicas, mitológicas y místicas, de ahí que la indagación al respecto, constituye un componente cardinal en la historia de las religiones. Su ubicación en el cuerpo humano lo ha vuelto símbolo de centro.

Resulta recurrente su presencia en los pendientes figurativos antropomorfos de cuerpo completo estudiados. El hecho de que no todos los cuerpos posean ombligo puede estar relacionado con un pasaje mitológico recogido en el texto de Pané (1990) el cual apunta a su presencia como determinante de vida o muerte.

Dicen que durante el día están recluidos, y por la noche salen a pasearse, y que comen de un cierto fruto, que se llama guayaba, que tiene sabor de membrillo y por la noche se convertían en fruta, y que hacen fiesta, y van juntos con los vivos.Y para conocerlos observan esta regla: que con la mano les tocan el vientre, y si no les encuentran el ombligo, dicen que es operito, que quiere decir muerto: por esto dicen que los muertos no tienen ombligo.

Si comparamos lo narrado por Pané, con la connotación que el ombligo posee en otras culturas, es posible considerar una correspondencia pues esencialmente, este componente del cuerpo humano representa la vida. Un estudio realizado por Esteban Maciques (1991), a partir de pendientes de piedra pertenecientes a la colección del Museo Montané, sintetiza los tipos de ombligo del siguiente modo: ombligo en punto, en cuenco, en círculo, en cuenco circular, en aro (con manos que lo circunden y sin manos que lo circunden), encuadrado con punto y manos al ombligo, en semielipse con línea al centro.10

Adorno Corporal

La representación del órgano reproductor masculino resultó frecuente en las imágenes, independientemente del material de confección. En el caso de los grupos agroalfareros, podemos asumir que el miembro masculino tuvo importancia a nivel cultural en tanto fecundador, asociado a la reproducción, a la virilidad, fuerza, juventud y poder.

Resulta usual que el material de confección permanezca en su color natural, aunque, en el caso de la concha, al parecer se buscan colores determinados como el blanco. No se excluye que realizaran incrustaciones de otros materiales lo cual aportaba diferencia cromática a la imagen. La textura es un rasgo que destaca independientemente del material y la tipología analizada. Mediante la abrasiónse logran superficies pulidas, lo cual denota la intención de lograr una terminación de calidad. Esto indica la importancia de dotar a estas piezas de un acabado que puede relacionarse con la importancia de las mismas a nivel de grupo social, lo cual manifiesta códigos culturales.

Estos adornos se estructuran de elementos muy simples como las cuentas, hasta elementos muy complejos como los pendientes, dando como resultado piezas complejas y de riqueza estética.

A modo de consideraciones:

Una vez analizado el amplio cuerpo de imágenes es posible apreciar que estas se enmarcan en códigos simbólicos, que muchas veces son empleados en relaciones de interacción entre grupos, erigiéndose en objetos de identificación étnica, atributos jerárquicos, existiendo un conjunto de constantes formo-conceptuales que se vinculan con la ideología y los patrones sociales de estos grupos humanos.

El hecho de que muchas de estas constantes formales se representen en otras piezas conformadoras del ajuar agroalfarero es un indicador de la presencia de códigos aceptados que operaron dentro del sistema comunicativo del grupo, incorporando de esta manera la función estética a la vida cotidiana. Hay normativas que van más allá de los materiales creando un estilo representativo.

Al parecer el alcance expresivo y jerarquía funcional en determinados adornos fueron elevados; tratándose de piezas en que la agudeza conceptual resaltó respecto a otras, cuya imagen pudo llegar a funcionar como herramienta denotativa de status, aceptación grupal, pertenencia, con lo cual el creador de los bienes de adorno corporal pudo haber constituido un individuo importante a nivel de grupo.

Se personifican signos comunes y entendibles a nivel de comunidad, generando obras significativas; representativas para todo un colectivo. Ante esta creación el grupo se convierte a su vez en co-creador de las piezas, pues ve en ellas reflejada su cosmovisión y sus normativas, además de a sus antepasados. Estas representaciones de conjunto con los cemíes y a partir de su elevado reporte, pudieron haber llegado a convertirse en una iconografía cotidiana, llegando a ocasionar reacciones emotivas a nivel de grupo a partir de las imágenes representadas.

La lectura iconológica de estos bienes evidencia la diversidad de representaciones conceptuales, las que no pueden apreciarse por separado pues están interconectadas, de ahí que resulte necesario valorar los contenidos etnoculturales y las relaciones sociales para poder obtener la riqueza analítica que ofrecen estas evidencias patrimoniales.

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- Principio de nacimiento y vida: el ombligo en la cultura taína. Por Esteban Maciques Sánchez. La Habana. 1991. Disponible en

http://www.estudiosculturales2003.es/artesaborigenes/emaciques_ombligoculturataina.html Consultado 19 de Septiembre 2014.


Por: Beatriz Ibelisse Dávila Abreu

(Departamento de Historia del Arte. Universidad de Oriente)

Notas

1En esta investigación nos referimos a las comunidades objeto de estudio empleando el término agroalfarero acuñado por Ernesto Tabío (1984), el cual fundamenta su definición en la evidencia arqueológica asociada con el desarrollo de agricultura y el material cerámico. Además se les conoce como taínos, Ciboney Cayo Redondo, Pueblo Viejo (Ortiz, 1943), Complejo III (Herrera Fritot, 1950), Agricultores (Guarch, 1990), Agricultores-ceramistas, Neolíticos (Domínguez et al, 1994) y Comunidades Postreras (Jiménez, 2009) entre otras. Esta cuestión dificulta aún más los estudios acerca de estas materias. Roberto Valcárcel Rojas (2008) y José Jiménez Santander (2009) son algunos de los arqueólogos cubanos que han escrito recientemente sobre esta temática.

2La Carta Internacional para la Gestión del Patrimonio Arqueológico, adoptada por el Consejo Internacional de Museos y Sitios (ICOMOS), considera que el patrimonio arqueológico engloba las huellas de la existencia del hombre así como los lugares donde se ha practicado cualquier tipo de actividad humana, vestigios abandonados ya sea en la superficie, enterrados o bajo las aguas. (www.icomos.org/docs/archaeologyes.html).

3En el caso de estos grupos humanos se dispone de referencias históricas aportadas por los Cronistas de Indias, (Colón (1961), Las Casas (1951, 1967), Pané (1990)), donde se describen algunas de estas evidencias y su empleo corporal. La arqueología ha ubicado también entierrosdonde tales objetos aparecen sobre los esqueletos en áreas del cuerpo como cuello, brazos y piernas ((Miguel Alonso 1949:178) (Morales Patiño 1951:10) (Rodríguez Arce 1989 en Valcárcel 1999) (Guarch, 1994:26, 1996) (Valcárcel 1999) (Peña y Rodríguez 2000:65) entre otros).

4La obtención de piezas antiguas para su estudio estético, depende de los levantamientos arqueológicos previos. En el caso de Cuba, específicamente en el oriente, no se cuenta con especialistas en arqueología precolombina en todas las provincias lo cual dificulta la obtención de muestras para su posterior valoración estética, y a su vez hace que se distingan unas regiones de otras en cuanto a los reportes y estudios realizados. Otro elemento determinante en la consecución de las piezas es que muchas se encuentran en manos de coleccionistas privados. Se trabajó con las colecciones de los museos: Indocubano Baní, Chorro de Maíta, la Periquera y colección de réplicas arqueológicas del Dpto. Centro-oriental de Arqueología de Holguín(CITMA), el Museo de arqueología de la Universidad de Oriente, el Gabinete de arqueología de la provincia Granma así como el Museo Municipal de Niquero. Fueron consultadas además las colecciones del Museo provincial de las tunas, Museos municipales Fernando García y Grave de Peralta de Puerto Padre, Museo municipal Jesús Suarez Gallol de Manatí y en la provincia Guantánamo el Museo Provincial y Museos municipales de Imías, San Antonio del Sur, Baracoa y Maisí.

5Inicialmente se clasificaron las piezas en pendientes, cuentas y orejeras. En el caso de los pendientes, se subdividen en: pendiente grabado de oliva, pendiente tabular, pendiente cefálico, pendiente de cuerpo completo, pendiente anular y otros pendientes.

6 Al aplicar esta denominación se excluyen de la unidad de análisis las piezas sin un referente figurativo preciso las que serán objeto de posteriores indagaciones.

7 Para la definición de las categorías ocupacionales de los sitios arqueológicos se asumen los criterios del arqueólogo José Jiménez Santander (2009: 16-18). Estas son: Sh (sitio de habitación), Cf (cueva funeraria), Tl (taller lítico), P (paradero), C (conchal), Sc (sin clasificar), Cc (cueva ceremonial) y Ct (conchal taller).

8 En el caso de la postura acuclillada recurrente en los pendientes antropomorfos de cuerpo completo, esta es la que se mantiene por behiques y caciques durante la ceremonia de la cohoba.

9En el texto de Gutierre Tibón ¨El ombligo como centro cósmico¨, el autor nos ofrece interesantes consideraciones acerca de este componente del cuerpo humano. Para los hindúes y budistas, hebreos y griegos, el ombligo es el principio de todo; ya que por el comienza a enraizar el embrión, en tanto que los polinesios lo consideraban el fin.

10 El estudio de esta parte del cuerpo humano y su connotación simbólica en las comunidades agroalfareras que poblaron el oriente de Cuba amerita un estudio más profundo.