Más de una veintena de autores rusos se incluyen en la antología que ya comienza su trabajo editorial bajo el sello de Ediciones Matanzas, a presentarse en la próxima cita de la Cabaña y también en la fiesta del libro y la literatura en la Atenas.A partir de una primera selección que publicara  el poeta y traductor matancero Juan Luis Hernández Milián en 1992 por Ediciones Vigía, se incorporan ahora autores más contemporáneos que enriquecen la valía de este libro, cuya edición principal asume Alfredo Zaldívar junto a Maylan Álvarez.

Aturdir las estrellas, verso del poeta ruso B.L. Pasternak que da título a esta breve antología, reunirá a Valeri Shamchurin, conocido entre el público lector cubano por su poemario Las cordiales aldeas (Ediciones Aldabón, 2007); Nicolai Zhdínov-Lutsenko, Igor Talkov, Vera Pávlova, Iván Volkov, entre otros escritores poco traducidos con anterioridad, precedidos por los clásicos Pushkin y Esenin.

Cierra la antología la poetiza Inga Kuznietsova (1974) con una marcada intención de Hernández Milián de provocar a los lectores por conocer más de la poética rusa contemporánea.

 


Por: Maylan Álvarez Rodríguez



Algunos autores representados en Aturdir las estrellas

Sergei Esenin (1895-1925)

  Hasta muy pronto, mi amigo, hasta muy pronto.
   Junto  a mi corazón siempre estarás.
Esta separación inevitable
nos promete algún encuentro más.

Hasta muy pronto, mi amigo, en esta muda y absurda despedida
no  dejes que te embargue la tristeza,
morir no es nada nuevo en esta vida
y vivir, por supuesto, no es una sorpresa.


Ana Ajmátova (1899-1966)

Poema a un poema
A mis manos has vuelto ya famoso,
bello, indiferente, presuntuoso,
envuelto en verde penumbra de laurel…
No eres el que alguna vez
conocí ni para esto te salvé después
del fango ensangrentado aquel…
No comparto contigo esa fortuna,
y sabes mi por qué sin duda alguna.
Estoy sin fuerzas ya, pasa la luna,
como te salvé, sálvame ahora mismo
no me dejes caer en el abismo.


Inga Kuznietsova (1974)

 Te ruego seas tierno, como un nudo me deshago a tus pies,
convirtiéndome en una criatura por nacer que mueve con trabajo su   lengua,
soy el crío más pequeño bajo tus brazos, no abras las alas
hasta que me entibies y no me caiga.
Soy un pez soñoliento sin tiempo de tener espinazo
sin carácter, sin intereses, con este vientre que no es ni vientre.
No me tengo en pie, me refugio en aquel lugar de tu espina
tras el que están las tinieblas universales y el vacío cósmico.
No me abandones, sálvame de la multitud, muéstrame el mundo,
lee en mí lo que seremos dentro de millones de años,
pálpame: soy una algazara de pájaros y de noticias
y lugares en relieve, el mejor texto para un ciego.
Pon sobre mí tu oreja para que escuches
el ruido de todos los mares y la tierras que me vengan a la mente,
de todos los países tropicales, de todo lo fantástico, de las   palabras
borboteantes, de todas las cigarras, el crujir de las esteras de mimbre
el tintineo de pulseras y grilletes.
Soy un lienzo infinito, puedes escoger cualquier parte
y en él yo seré la imagen de las que luego caerán en tu hechizo...