Por: Marvelis Díaz Betancourt
Especialista de Casa de la Memoria Escénica

Si es el teatro una suerte de convite de todas las manifestaciones del arte, es en el escenario abierto de la calle donde compartimos mejor ese banquete, esa experiencia mayúscula de placer inusitado. Cada dos años en Matanzas ese apetito espiritual es saciado, al irrumpir en nuestra cotidianidad y quehacer escénico la Jornada de Teatro Callejero, que prepara Teatro El Mirón Cubano y el Consejo Provincial de las Artes Escénicas. Vívidamente el público de Matanzas protagoniza, se reconoce en cada puesta, no solo por apreciar las propuestas de las agrupaciones cubanas, sino también por compartir la creación de grupos internacionales.

Banquete teatral para una calle vestida de mundo

Desde los albores de este evento hemos tenido la presencia de compañías del mundo que, por medio de talleres, conferencias, audiovisuales, libros, puestas; viven, sueñan, se “alimentan” de todo lo que acontece en la calle como gran escenario y taller. Estos defensores y deudores de aquella suma original carnavalesca- que es el teatro callejero- resguardan en su piel, y como filosofía de vida defienden el presupuesto brechtiano que jalona y ensambla la libertad de hacer teatro en el espacio público, “el teatro está en la calle, la calle pertenece a la gente, liberad el teatro, liberad la calle ¡Comenzad!”.   

Las imágenes que exhibe la galería-vestíbulo de la sala Teatro El Mirón Cubano conforman la memoria de un evento recién llegado a sus XV años, animado también por grupos de otras latitudes, que han compartido experiencias con nuestro anfitrión y las agrupaciones nacionales co-fundadoras. Sirvan estas como muestra de agradecimiento a sus contribuciones, a su presencia enriquecedora del paisaje artístico de un mismo arte que abraza a todos: Matanzas ha sido su casa también por el agasajo del público. Es este el evento que proporciona siempre una mayor comunión de intereses, el encuentro de la familia del teatro, los amigos que atraen a otros amigos, colegas, iguales, para establecer la proximidad más asequible con la sensibilidad y reflexión entre actores (también directores, dramaturgos) y espectadores.

Se desata un anhelo voraz por ver toda puesta callejera, el público de esta ciudad quiere ver-degustar “alevoso” lo que ha traído el mundo; ese “deseo” puede comprobarse en las instantáneas recuperadas por los espectadores que habitan detrás de una cámara fotográfica. Aquí hallamos a esos artistas del lente, pródigos “comensales” de este arte que ahora gustosos “sirven un bocadillo horneado” de las ediciones anteriores de la Jornada Callejera, -quien más lo ha hecho- Ramón Pacheco Salazar, Pedro Luis Díaz Dávila, Juan José Palma, Ramsés Ruiz Soto, Julio César García, entre otros. Todos han compartido el placer suscitado por la escena devenida de otras partes del mundo, ahora desde una propuesta instalativa, con montaje alternativo, irreverente al pie de la calle que le reza invariablemente. Todas imágenes resguardadas en los archivos de la Casa de la Memoria Escénica.             

Ante nosotros la constancia del gran escenario esplendente: las calles y plazas de esta ciudad habitadas del buen arte que lleva la vida a cuestas, invitación que oferta la pasión por el teatro, “a la carta” la libertad del arte pleno. ¡Vívanlo! Disfrútenlo, para al final “degustar” la oferta que enciende la calle, vestida de mundo con todos sus “ingredientes”; para saborear, vivir-participar, morir y resucitar el alma en el teatro más grande.