Por: Norge Céspedes

Con esa persistencia tan característica en él, Carlos Ettiel Gómez Abreu (Jagüey Grande, 1978) ha venido delimitando su propio camino en la geografía cubana de la décima escrita contemporánea, a través de una muy personal obra que marcha en pos de nuevos derroteros temáticos y estilísticos.

La décima le llegó de la más auténtica manera: desde la tradición, al ser sus abuelos aficionados a la música campesina y al punto guajiro. Ya en sus inicios literarios, en su época de los talleres infantiles, fue esa estrofa la que primero le llamó la atención. Hoy, junto a un quehacer destacado en la literatura para niños y jóvenes, le sigue siendo fiel a esta composición poética.“Se trata de una estructura noble y agradecida; una vez que aprendes las reglas básicas de la métrica, rima y diez versos, si logras infundirle poesía mediante imágenes, símbolos, metáforas... se vuelve un poema maravilloso por su sonoridad, ritmo y cubanía”, acota.

Carlos Ettiel Gómez Abreu

“La forma tan cerrada de este tipo de estrofa puede convertirse a la misma vez en arma de doble filo, ya que puede resultar monótona su repetición en un libro y, por otro lado, puede en un momento no responder a las siempre diversas necesidades expresivas y poéticas. Por eso experimento con ella, trato de reactualizarla técnicamente, de adaptarla a mí”. 

Tienen fundamento en estas concepciones los laberintos, los cabos rotos, pies quebrados, la ausencia de signos, los anuncios, endecasílabos, asonantes, caligramas y otros experimentos que se perciben en el decimario Escape del tiempo (Premio Francisco Riverón 2017), su más reciente título, que la Editorial Montecallado, de Mayabeque, debe presentar próximamente en la Feria del Libro de ese territorio.

También se manifiestan estas transgresiones formales en sus otros libros dedicados al llamado arte de la espinela: Sombras del alma (Premio Mangle Rojo, 2012), Ponle sazón a la décima (Premio Aquelarre, 2015), y Pasaporte/Destierro/Cicatrices (aún inédito, reciente ganador del segundo premio del concurso Ala Décima 2017).

“Debo aclarar que toda transgresión implica asimismo medida. Quiebro solo algunas normas. Si rompes más de la cuenta, si rompes las que no debes, acaba perdiéndose la décima. Por otro lado, nunca voy en contra de lo más importante, de lo que está por encima de todo: la poesía en sí misma, la palabra que comunique, conmueva, desarme y haga temblar”.

Como toda fe, la que él ha depositado en las capacidades expresivas de este género literario ha debido probarse una y otra vez, sobre todo por la paradoja de que la llamada estrofa nacional resulta, en nuestra propia Isla, “bastante mal vista, poco favorecida en muchos sentidos”.

“No se halla suficientemente representada en los planes editoriales, mientras en los concursos de poesía es mirada por encima del hombro, a lo que se suma el hecho de que apenas existen certámenes solamente dedicados a la misma...”.

“Esto ocurre a pesar de que ahora no son pocos los buenos decimistas en el país; ahí están Carlos Esquivel, José Manuel Espino, Pedro Péglez, Roberto Manzano, Merari Mangly, Odalys Leiva, Herbert Toranzo, los integrantes del Grupo Ala Décima y muchos otros”.

“Es una lamentable situación que debe ser revertida. Hay que tomar cartas en el asunto. La décima no es inferior a otro tipo de estructura poética. Y tiene a su favor además el ser símbolo de la identidad nacional y gozar de una popularidad tremenda. Debemos apostar aún más por ella. Es parte de nuestras raíces. De nuestra tradición. Desde la décima habla el pueblo cubano”.