Por: Rolando Estévez Jordán

Todavía inmerso en la emoción del aplauso me siento a la máquina para escribir estos párrafos sobre Concierto para Aurora, el más reciente estreno del Teatro El Mirón Cubano, acontecido el seis de junio del año 2017, en la ciudad que le faltaba al mundo, para recordar una vez más a Marta Valdés que tanto le ha cantado a esta urbe de San Carlos y Severino.

Concierto para aurora. Grupo Mirón Cubano

Se trata de un espectáculo itinerante que nos obliga a visitar seis sitios imprescindibles para el entendimiento de la llamada por Cintio Vitier matanceridad: la segunda Plaza de Armas de la urbe, conocido por todos actualmente como Parque de la Libertad; el antiguo Casino español, hoy Biblioteca Gener y del Monte; la casa ocupada por mucho tiempo como “el comedor de cultura” otrora mansión de prestigiosa familia de esta localidad y sita en Milanés 68; el incomparable Museo farmacéutico Botica Francesa de Ernesto Triolet, y que por suerte está en las manos laboriosas e inteligentes de Marcia Brito; el antiguo Teatro Principal de la calle del Manzano y el que fuese Liceo artístico y literario de la ciudad, hoy sala de conciertos José White.

Desde sus inicios en el parque el espectáculo empieza a tocar los resortes de la emotividad, gracias a la pericia y el buen desempeño del joven actor Javier Martínez de Ozaba quien con sabiduría de barrendero nos lleva tomados de las manos -y esto no es una metáfora- de uno a otro sitio de la representación, inteligente apropiación del teatro medieval en el que era lícito moverse de uno a otro retablo para poder disfrutar de todos los momentos del arte teatral y sacro de la época. El trabajo de Martínez de Ozaba es responsable y creativo, digno de la mejor zona de nuestra juglaresca.

Ya desde el primer momento en la Biblioteca nos inunda la pena por el abandono del lugar donde una “hija de bibliotecaria”, inmersa en la dolorosa acción de romper libros explota sus cualidades histriónicas para que salga airoso el trabajo de Leinys Cabrera, quien defiende desde un saber  eminentemente stanislaskiano a su díscola bibliotecaria, atenta además al trasiego de golondrinas y pájaros negros que asaltan el lugar sin previo ensayo.

El segundo momento en Milanés 68 exhibe junto a la fantasía creadora y el gusto performático uno de los ambientes más logrados visualmente, aparato que cuenta también con el apoyo de la joven actriz Yanetsis Sánchez; emotiva y convincente en la nostalgia terrible de un personaje que se debate entre el ayer y el hoy y nos prepara conscientemente para lo que todavía está por venir. El trabajo de Yanetsis explota aristas grotoskianas y barbianas, y esto resulta eficiente en el sabor ecléctico que inunda todo el espectáculo.

Concierto para Aurora. Teatro Mirón Cubano

El cuadro tercero no podía tener mejor escenografía que la suntuosidad y limpieza del museo farmacéutico, cuadro además donde el aprovechamiento del espacio resulta muy acertado, y también uno de los momentos donde el texto tiene sus momentos cimeros. Aquí le toca defender el rol actoral a Liduán Bauta, que trabaja desde la sobriedad de un boticario amigo de albarelos y morteros que convierte sabiamente en los antepasados gloriosos de tan especial recinto. Resulta convincente en su desempeño apoyado por un físico desgarbado que mucho tiene que ver con la complexión del último de los Triolet; cosas que solo pasan en ese lugar de magia innegable.

Todos los paseos por las calles de la ciudad resultan interesantes, pero el paso del farmacéutico al Teatro Principal de la calle del Manzano se vuelve especial con la entrega de las velas que sirven de antesala al momento cimero del espectáculo donde la maestría de los muy experimentados Mercedes Fernández Pardo y Francisco Rodríguez (Pancho), deja ver los mejores momentos en lo que a actuación se refiere.

La fuerza de la primera se combina con la sinceridad escénica del segundo para formar una pareja que deja pasar la energía toda del sitio de representación al área del público, confundidos para bien de la puesta en un espacio único donde mucho tienen de importante las tantas y tantas pisadas gloriosas de músicos, poetas, bailarinas y artistas de la escena. Es este el momento donde mejor se condensan raciocinio y emoción, en unas dosis altamente equilibradas y pensadas.

El momento final en el antiguo Liceo artístico y Literario de la ciudad nos devuelve otro nudo en la garganta, para dejarnos escuchar un fragmento del concierto para violín y orquesta de José White Laffita, interpretado magistralmente por la tristemente fallecida en pleno apogeo de su incipiente carrera Niurys Naranjo, virtuosa que resulta interrumpida en su mejor momento por la sabia decisión de que la escena sea cerrada por la aparición en pantalla de una actualísima y digital cara escondida entre gafas y audífonos. El desconcierto que esto produce, lejos de leerse como un defecto me parece uno de los aciertos mayores de este momento final donde lo auditivo resulta esencial.

Mención aparte merece el joven diseñador Omar García quien logra suplir con imaginación y buen gusto su falta de experiencia. Creo que se trata de un artista nobel al que no debemos perder de vista pues ha sabido recuperar en un solo espectáculo una buena parte del legado que ha recibido de los que hemos sido sus humildes maestros.

Y otra mención especialísima para Rocío Rodríguez Fernández, autora principal en la creación colectiva de esta puesta que resulta rigurosa y a la vez sencilla; veraz y sin embargo altamente teatral. Creo que es hora de que muchos se echen a un lado y dejen pasar al tropel de teatristas jóvenes que viene empujando con brío; y ojalá lo hagan también sin clemencia.

Concierto para Aurora resulta una puesta valiente, conmovedora y analítica, tres condiciones que escasean en el panorama teatral de esta Atenas de Cuba que tan venida a menos se siente en lo que a arte dramático se refiere. La puesta, además crecerá con funciones y giras y festivales, y ya estamos deseando que cuando esto pase no pierda la frescura y emotividad que nació este 6 de junio del 2017, donde supimos aplaudirla estos que además, hemos quedado llorosos y agradecidos.