Cri-Cri,  Imaginarios y permanencia del grillito cantorDi por qué, frente al ropero
donde hay tantos retratos
di por qué lloras a ratos
dime abuelita, por qué

Tuve, gracias a mi madre mexicana la oportunidad de crecer escuchando algunas de las canciones del rico reportorio, creado durante su existencia, por Francisco Gabilondo Soler. Con el tiempo me percaté que ellas han sido coreadas a lo largo y ancho de todo el universo hispanoparlante y consideré que este compositor veracruzano merecía mayor reconocimiento dentro del panorama musical insular, para el cual tampoco ha pasado inadvertido.Con la canción infantil ocurre un fenómeno curioso y es justamente el hecho de que muchas de ellas son cantadas como propias, sin tenerse en cuenta quién o cuándo fueron acuñadas. Cruzan fronteras y de los contextos particulares en que nacieron pasan a adoptarse, con la mayor naturalidad, en espacios muy disimiles lo cual es, sin dudas, una virtud de este género de música. 

Pero mi interés no es penetrar en un campo en el cual soy neófita, sino esbozar la vida y obra del hombre, cuya pródiga imaginación continúa imponiéndose en su país natal y en otros. Esto, a pesar de los nuevos discursos de la música destinada a niños y de la muy competitiva era digital, que pone al alcance del individuo un universo, cada vez más diverso y atractivo de juegos y programas computarizados, que contribuyen, a menudo, a un aislamiento social involuntario.

 
Orígenes
 
Francisco Gabilondo Soler nació en Orizaba, Veracruz, una ciudad que se haya ubicada entre cerros empinados y muy próxima al Citaltepeptl, el volcán de las nieves eternas, más conocido como Pico de Orizaba. Tal ambiente exterior debió jugar su papel en la mentalidad del futuro compositor. El chinchinear, casi diario, de la lluvia, las antiguas casonas con sus fantasmas de viejas familias y la naturaleza exuberante del lugar, unidos a las circunstancias particulares del pequeño alentaron la poética de quien trascendió al universo musical de su país con el sobrenombre pintoresco de Cri cri, el grilllito cantor
 
En 1877, cuando José Martí emprende un nuevo viaje a México, será Orizaba una de las localidades que sabrán de su paso hacia la capital. Impresionado con la monumentalidad de aquel paisaje, el más universal de los cubanos escribirá a su amigo Manuel Mercado:
 
El hombre se hace inmenso contemplando la inmensidad. Jamás vi espectáculo más bello. Coronaban montañas fastuosas el pedregoso escirro […]; circundaban las nubes crestas rojas y se mecían como ópalos movibles, hacia el cielo esmeraldas vastísimas azules, montes turquinos, rosados, carmíneos, arranques bruscos de plata, desbordes de los senos del color; sobre montes oscuros, cielos claros, y sobre crestas tapizadas de violetas, arrebatadas ráfagas de oro. Gocé así la alborada y después vino el sol a quitar casi todos sus encantos al paisaje, beso ardiente de hombre que interrumpe un despertar voluptuoso de mujer. (1)
 
Esta naturaleza desbordante del valle de México a la salida de Orizaba es descripta de forma insuperable por Martí y fue el escenario donde se desarrolló la infancia de Francisco José Gabilondo Soler. En la provinciana Orizaba, nace, como se ha referido, el 6 de octubre de 1907, a solo tres años del inicio de la revolución mexicana. Hijo de Tiburcio Gabilondo, tenedor de libros de la Cervecería local y de Emilia Soler, sus orígenes se remontaban a la península ibérica: al País Vasco, Cataluña y Andalucía. Su abuela materna, Emilia Fernández Flores, aunque veracruzana, descendía de padre andaluz. Todas estas fuentes, unidas a las tradiciones mexicanas influyeron favorablemente en la fecunda mentalidad creativa del futuro músico y compositor.
 
Armando HerrerFue la abuela Emilia, quien se quedó al cuidado de los tres hermanos Gabilondo Soler, cuando la madre de estos decidió divorciarse y marchar a la capital, donde constituyó una nueva familia. Para el pequeño “Pancho” esta separación dejó huellas indelebles, que lo llevaron –tal vez– a suplir esa ausencia poblando de amables y simpáticos personajes su fecunda mente infantil. Lo cierto es que no pocos estudiosos de su vida afirman que las mujeres influyeron, de manera notable, en su poética. Desde la abuela, la madre o las tres esposas, todas desempeñaron un rol, más o menos importante en su personalidad y en su obra.
 
Más que el régimen escolar, el pequeño –que no excedió el sexto grado– eligió la naturaleza, y fueron las especies animales de la tierra, los misterios del mar y los astros del cielo, la meta de sus desvelos. Su espíritu de explorador lo hacía deambular largas horas por el campo y sustituyó los libros de texto por los clásicos de Esopo, Hans Christian Andersen, los hermanos Grimm, Julio Verne, Emilio Salgari y otros. A semejanza de Andersen, los Grimm o Astrid Lindgren, llegó a crear un universo muy particular, distante en la geografía de aquellos émulos, pero tan rico y diverso como el de ellos.
 
A lo anterior, se sumó su gusto por la música. Su padre tocaba el violín y su madre y abuela, el piano. La armonía de aquellos sonidos se conjugó de forma coherente con su cosmovisión del mundo y su empeño en reproducirlos fue tal que llegó a dominarlos, de forma autodidacta. Las narraciones de su abuela y su poder de observación le confirieron una peculiar sensibilidad. Y, con el tiempo pudo, sin dificultad, componer canciones, cuyo encanto parece emergido de la imaginación del niño que siempre fue. La muerte de aquella, en 1923 lo marcó profundamente, de hecho la abuela está presente en muchas de las canciones que compondría, posteriormente.
 
Tras la ausencia física de este ser esencial, Francisco viaja a New Orleans, a donde marcha para estudiar linotipia. Sus biógrafos coinciden al apuntar que la estancia en esta ciudad –cuna del jazz– influyó en sus gustos y carrera musicales, pues entre sus composiciones iniciales, este género será uno de los elegidos por el autor. Creador fecundo y atento a diversas referencias, a inicios de la década de 1930 compone boleros, tangos, danzones, rumbas y hasta fox-trot, este último de ascendencia norteamericana también y muy en boga en ese tiempo.
 
Ciudad de México y la radiodifusión
 
Establecido, desde 1928, en la Ciudad de México –enjambre de músicos y poetas– Gabilondo Soler tiene que enfrentar la competencia y padecer años de estrecheces económicas. Para esta época ya estaba casado con Rosario Patiño Domínguez (2), también natural de Orizaba y de cuya unión nacerían sus dos primeros hijos (3)Compositores ya establecidos como Agustín Lara o Gonzalo Curiel ejercen una gran influjo entre el público. Veracruzano como él, el “Flaco de Oro”, es por demás un amigo al que admira y pronto reconoció que tal vez su camino por la música seria bien distinto al de su afamado coterráneo. A inicios de la década de 1930 la radiodifusión gozaba de una tremenda aceptación y fue en virtud de ella que músicos como Lara lograron un impacto popular sin precedentes. (4) 
 
Inmerso en este ámbito favorable para el medio, Gabilondo Soler inicia, hacia 1932, su trayectoria en la radio de su país con un programa humorístico y de crítica social, que se difunde por la emisora XYZ, y en el que contaba chistes e historias acompañado de un piano. Después se insertará en la XEW, de la que eran magnates Othón Vélez y Emilio Azcárraga Vidaurreta. En esta pudo ser escuchado al lado de cantantes como Ramón Armengol y Emilio Tuero, también actor. El 15 de octubre de 1934 marca un giro definitorio en su vida, cuando Azcárraga Vidaurreta le da la oportunidad de presentar un nuevo programa de canciones y cuentos infantiles, que inicialmente duraba quince minutos y no contaba con patrocinador, situación que poco después cambió.
 
Entonces, Gabilondo Soler ignoraba que estaba inaugurando un nuevo capítulo para la música infantil de su país. El género era de los menos favorecidos en México y fue a través de él, que el jarocho halló su mejor manera de expresar todo el acervo de compases e imaginativas historias, atesoradas en su memoria, desde la infancia. A sugerencia del propio Vélez, adoptó el nombre de Cri-Cri, el Grillito Cantor. Una de sus biógrafas, Ana María Gutiérrez, expresa:
 
Desde la primera emisión, el compositor remarcó su origen veracruzano, que podemos reconocer en varias de sus canciones y de sus cuentos, como “Negrito sandía”, “La guacamaya” o “Cocuyito playero”, entre otros. […].
 
Dos semanas después del inicio de este programa nació “Cri-Cri, el grillito cantor”, el famoso grillo vestido con frac, que toca un violín hecho de una hoja, con un arco que es la ramita de un árbol. Tiempo después apareció la inolvidable rúbrica que, a través de los años seria conocida por todos los niños de México. ¿Quién es el que anda ahí?/ ¡Es Cri-Cri! ¡Es Cri-Cri!/ ¿Y quién es ese señor?/ ¡El grillo cantor! (5)
 
Se estima que la primera canción que puso a disposición de los radioescuchas fue El chorrito, cuya popularidad ha llegado hasta hoy. Con más de una versión del propio Cri-Cri en esta se aprecian los rasgos que definirán parte considerable de su creación.
 
Allá en la fuente
había un chorrito
se hacía grandote,
se hacía chiquito;
[…]
estaba de mal humor
pobre chorrito tenía calor.
[…]
En el paisaje siempre nevado
acurrucados sobre el volcán
hay millones de gotitas
convertidas en cristal.
[…]
Ahí va la hormiga
con su paraguas
y recogiéndose las enaguas,
[…]
Porque el chorrito la salpicó,
y sus chapitas le despintó. (6)
 
Animales como las hormigas o un chorrito de agua –protagonistas de esta canción–, así como conejos, ratones, patos, cochinitos, venados, guacamayos, gatos, objetos como muñecos olvidados, zapatos, ollas, comales y hasta un rey de chocolate pueblan sus ingeniosas historias, que en el criterio de muchos no son escritas con una premeditada intención moralizante. Cri-Cri fabula con las decenas de personajes que emergen todo el tiempo de su imaginación, crea universos de fantasía que no solo cuentan con la acogida de los niños, sino también de los adultos, quienes durante décadas siguen su programa. 
 
Un rasgo a tener en cuenta en parte del amplio repertorio de Gabilondo Soler es la circunstancia de que se halla impregnada del paisaje y la cotidianidad nacionales. En El chorrito, por ejemplo, la presencia dominante del Pico de Orizaba sitúa necesariamente la historia narrada en un contexto muy particular, el de la ciudad de igual nombre. Más tarde será la capital el espacio en el que se desarrollen sus cuentos y canciones. Por otra parte, la cultura del país, se hace sentir, a través de costumbres y vocablos usados y citados en diferentes textos. El comal (procedente del náhuatl, plancha usada en la cocina tradicional), el tecolote (búho), las ollas y cacerolas, las canastas u otros términos como ropero, picardía, calcetín (medias), lumbre (fuego), rascuache (maltrecho, absurdo), macaco, canicas (pequeñas esferas de vidrio u otros materiales utilizadas en un juego infantil) nos remiten de inmediato a la identidad mexicana. De igual forma, ciertos ritmos, temas, comportamientos y referencias a cuentos como El gato con botas, Pulgarcito, El soldadito de plomo, Pinocho, Caperucita roja o El gato Félix confieren a no pocas de estas composiciones una universalidad indiscutible.
 
Entre 1939 y 1944 tiene que alejarse de la radio por la falta de patrocinio, particularidad necesaria en una época en que solo los anunciantes lograban mantener la permanencia de un programa. Cuando retorna, en 1944, a la emisora XEW, lo hará para permanecer en ella, hasta su retiro, en 1961.
 
Cri- Cri en Cuba
 
Como aconteciera con Guatemala, Colombia, Uruguay, Paraguay Chile, Argentina (7) y otros países de la América hispana, a Cuba pronto llegaron las resonancias de Francisco Gabilondo Soler. Para entonces (década de 1940) ya no solo se hacía acompañar tocando el piano o el violín, sino que había aprendido a leer y escribir música, lo cual hacia hasta ese momento de oído. En 1944 fue invitado a La Habana, una de las capitales de la música en América y plaza insoslayable para la carrera de los grandes artistas del momento. La popularidad de que gozaba en la isla motivó esta invitación devenida suceso artístico. Escasamente divulgada por la historiografía musical de nuestro país, durante esta visita realizó trasmisiones radiales en vivo. Esta fue la única ocasión en que el afamado compositor trasmitió su programa fuera México y lo hizo acompañado por “el Alpiste”, quien solía encargarse de los efectos de sonido y de las voces de los diferentes personajes.
 
Poco después, en 1947, el director de programas radiales Antonio Vázquez Gallo fue contratado, junto a Roberto Garriga por Gaspar Pumarejo, conductor radial, empresario e introductor de la televisión en Cuba (1950), para inaugurar la estación Unión Radio. Además de realizar una importante labor en programas dramáticos y en la dirección de actores como Gina Cabrera, Vázquez Gallo, asumió la dirección de programas infantiles de la emisora. Su formación pedagógica motivó que fuera designado para llevar adelante propuestas radiales como El abuelito cuentalotó y Kindergarten Musical, ambos amenizados con canciones de Cri-Cri. Con posterioridad, otros directores e intérpretes cubanos han divulgado parte de la obra del autor mexicano. En la actualidad algunas de sus canciones –La marcha de las letras, Di por qué, El ratón vaquero o Los cochinitos dormilones– se escuchan esporádicamente. Sin embargo, entre la mayoría de sus oyentes se desconoce el origen de tan célebres canciones.
 
Es poco conocido, incluso, el hecho de que la cantante cubana Omara Portuondo, diva del Buenavista Social Club interpretó hace poco tiempo la antológica canción de Cri-Cri, Di por qué en un disco compilatorio (Reír y cantar) de canciones populares para niños, adaptadas a ritmos tropicales (8). Después de la salida de este material discográfico, que fuera nominado para los Latin Grammy, en Cuba cobró fuerza la idea de que la emblemática vocalista grabara un disco íntegro con música del compositor mexicano. Otra de las canciones de Cri-Cri, que se ha escuchado en la privilegiada voz de la también llamada “novia del filin” es El ropero.
 
Trascendencia y legado
 
A estas alturas Cri-Cri era una de las personalidades musicales más entrañables de su país. Su espíritu aventurero y libre, como las historias que creaba se había consolidado con los años. Luego de emprender en la juventud profesiones tan diversas como las de torero, boxeador o marinero, su amor por la Astronomía había crecido a la par que su carrera musical. Y si ya antes (1928) había actuado como ayudante de un famoso astrónomo en el Observatorio de Tacubaya, en 1951 ingresa en la Sociedad Astronómica de México.  
 
En la década de 1960 fue llamado para repetir sus éxitos radiales, pero bajo los códigos de la televisión. El gran músico no se sintió cómodo entre escenografías, coreografías, luces y todo el aparatoso mundo televisivo. Debido a ello y a su sencillez innata solo se grabaron doce programas. En la pantalla grande intervino a través de sus canciones, en películas del llamado cine de oro. Una de sus canciones más queridas, El relojito fue compuesta por él para ser interpretada por el reconocido actor Germán Valdés, Tin Tan, quien con su simpatía acostumbrada la interpretó en la película Chucho el remendado (1951).
 
Así, en 1963 fue estrenada Cri-Cri el grillito cantor, un homenaje merecido a quien durante décadas había alentado la fantasía y la alegría de millones de mexicanos. Dirigida por René Cardona, el protagonista fue el primer actor Ignacio López Tarso(el inolvidable “Macario”), y en ella no solo se interpretaron las canciones del biografiado, sino que además una de las más famosas (Los cochinitos dormilones) fue animada por el genial Walt Disney. El valor documental de este filme se complementa con la presencia del compositor en la secuencia final del mismo.
 
En el extenso catálogo de Gabilondo Soler tienen cabida toda suerte de personajes, casi siempre animales u objetos que encarnan sentimientos humanos. La mayoría se mueve en un ambiente urbano, el de la Ciudad de México, si bien el compositor crea pueblos de ficción como “Guantía” (país de los ladrones), “Lenguonia”, cuyos habitantes hablan todo el tiempo, ente otros, además de situar algunas historias en países como China (Chong Ki Fu) o Argentina (Che Araña  y Tango medroso). Su legado incluye 226 canciones, 30 piezas instrumentales y más de sesenta textos originalmente concebidos para la radio. Este patrimonio artístico lo integran más de cuatrocientos personajes, incluidos algunos genéricos, como el grillito cantor.
 
Aunque sus estudiosos insistan en la no intencionalidad moralizante de sus canciones, no puede negarse que al exponer sus historias, Cri-Cri está mostrando a sus pequeños oyentes el lado bueno que debe preponderar en ellos. Así, en Los cochinitos dormilones, se aprecia que mientras los mayores sueñan con riqueza y paseos, el más pequeño lo hace con crecer “para ayudar a su pobre mamá”. Está latente también la veneración por la historia familiar, por esos objetos que en un viejo escaparate, nos evocan, con ternura el pasado, a la vez que apuntan al respeto por la memoria. Y, la amistad y la bondad se entronizan en La muñeca fea, emblemática canción que coloca de protagonista a una modesta muñeca de trapo que formaba parte de los tesoros de su abuela.
 
Escondida por los rincones
temerosa de que alguien la vea,
platicaba con los ratones
la pobre muñeca fea.
 
–l Muñequita –le dijo el ratón–l.
ya no llores tontita, no tienes razón.
Tus amigos no son los del mundo
porque te olvidaron en ese rincón.
Nosotros no somos así. (9)
 
Las canciones de Gabilondo Soler han sido interprendas en diferentes épocas por cantantes de primer nivel como Pedro Infante, Pedro Vargas, Libertad Lamarque y más recientemente por Plácido Domingo, Mireille Mathieu, Mocedades, Ana Belén, Víctor Manuel, Emmanuel y Eugenia León, con la que el veracruzano cantó durante un concierto conmemorativo, poco antes de su partida definitiva, acontecida el 14 de diciembre de 1990, en su casa de Texcoco, estado de México.
 
Traducidos a idiomas como el inglés, el francés, el japonés y hasta al esperanto, sus textos y melodías han sido escuchados por niños de innumerables países, y aun goza de aceptación entre los mexicanos. El fenómeno Cri-Cri ha revestido en la contemporaneidad nuevas formas. Páginas web, discos recopilatorios, su presencia en los libros primarios de texto y talleres de musicoterapia, son algunos de los medios e instrumentos a través de los cuales permanece vigente.
 
Sin pretensiones de hacer generalizaciones, recientemente contacté con varios mexicanos (la mayoría mujeres, profesionales y amas de casa) para traerlas de ejemplo en relación con el significado que este compositor ha tenido en sus vidas. Se trata de mujeres entre treinta y sesenta años que crecieron escuchando las canciones de este autor y que ya sea como madres o como abuelas, las continúan enseñando a sus hijos o nietos. Todas respondieron con entusiasmo, concluyendo que las canciones de Cri-Cri habían formado parte de lo más emotivo de sus respectivas infancias. Por lo general, conservan una o varias anécdotas asociadas con el autor de Caminito de la escuela, Barquito de nuez, La patita o Juan Pestañas.
 
María Pura Haza Galán, economista de profesión expresó:

Como no recordar a Cri-Cri “El Grillito Cantor" el gran Gabilondo Soler, yo nací y pase mi infancia con sus canciones, todavía en el baúl de mis recuerdos debe estar un disco de 78 rpm y otro de 33 rpm con sus canciones, mis papás me ponían y me cantaban sus canciones y ahora yo a mis cuatro nietas, Sofía, Jimena, Lucia y María. Sobre todo "La Patita" y "Toma el llavero abuelita", así las arrullo
[…] y es maravilloso que las grandecitas ya las recuerdan y las dos pequeñitas reconocen mi voz con las canciones. […] De entre las canciones de Cri-Cri me encanta "La Muñeca Fea" […].  Ahora ya adulta me doy cuenta que de muchas canciones de Cri-Cri puedo sacar mensajes y creo que mientras pueda, se las seguiré cantando a mis nietos, como lo hice con mis hijos y como mis padres lo hicieron conmigo y con mi hermano.
 
Por su parte Lorena Andreu, madre de dos adolescentes, recuerda que,
 
Leer sobre Cri-Cri me hizo un nudo en la garganta pues me recordó lo más feliz de mi infancia. Allá a principios de los 70's me metía yo acostada abajo de la "consola" de la sala. […]La portada del disco traía dibujos alusivos a varias canciones: “Bombón I” que era el “Rey de Chocolate” me daba mucha ternura porque la princesa caramelo no aceptaba casarse con él... y que tal “La Patita” que se quejaba de lo caro del mandado, también me inspiraba ternura, o “Los tres cochinitos” cuando el más pequeño resultó el más noble porque soñaba, no con riquezas, sino con ayudar a su pobre mamá.... A una de mis hijas de pequeña le cantaba "Métete Teté” por “entrometida” y a la otra la de “Negrito Sandía” por su forma de hablar. Hubo un taller de Musicoterapia que [tuvo un gran impacto positivo]entre los asistentes, con esas canciones… (9)
 
A más de veinte años de su adiós el “grillito cantor” sigue siendo objeto en su país de homenajes y tributos que van desde grandes espectáculos, exposiciones fotográficas, emisiones de estampillas conmemorativas, hasta monumentos a su memoria, emplazados en su natal Orizaba y en otras ciudades de la nación. Hoy, desde Cuba, la isla de la música hemos cruzado, una vez más, el puente imaginario que une culturalmente a nuestras dos naciones. En esta ocasión para tributar a Cri-Cri, el niño grande que veneró siempre las cosas sencillas y que hizo de su universo de fantasía ese rincón amable, a donde quisiéramos concurrir una y otra vez.
 
¿Quién es el que anda aquí?/ ¡Es Cri-Cri! ¡Es Cri-Cri!/ ¿Y quién es ese señor?/ ¡El grillo cantor!
 
 
Notas
 
1.      José Martí. Carta a Manuel Mercado (Veracruz, 1 de enero de 1877. En: José Martí. Correspondencia a Manuel Mercado. Centro de Estudios Martianos. La Habana, 2003). p.66
2.      Rosario Patiño estuvo presente a lo largo de casi toda la carrera musical de Francisco Gabilondo Soler, incluso después del divorcio. Con habilidades de empresaria, contribuyó a vincular al esposo con la radio. Fue ella quien se encargó de hacerle publicidad en diferentes estaciones de radio, cuando Othón Vélez, uno de los más importantes empresarios de este medio, la designó su asistente en la XEW, llegando a ser nombrada, en virtud de sus habilidades publicitarias, directorade ventas de la propia radiodifusora.
3.      Gabilondo Soler fue padre de seis hijos.
4.      En septiembre de 1930, el autor de Arráncame la vida, Aventurera, María bonita, Farolito, Piensa en mí, Veracruz y tantas otras composiciones inició su vínculo con la radio, en el programa La hora íntima de Agustín Lara, que en cada emisión estrenaba una o varias canciones de su autoría, resultando de esta incursión un franco fenómeno musical, que marcó una época en la memoria afectiva de millones de mexicanos. Un comportamiento semejante seria provocado por Gabilondo Soler con su programa infantil.
5.      Ana María Gutiérrez. “Francisco Gabilondo Soler. Cri-Cri”. En: Creadores veracruzanos. Diez semblanzas. Gobierno del Estado de Veracruz, Secretaría de Educación del Estado de Veracruz, Universidad Veracruzana. México, 2010. p.257
6.      Esta es la versión más divulgada y no la que interpretó en aquel primer programa de 1934.
7.      Contactó con algunos de estos países durante el viaje que realizara, como marinero, a inicios de los cuarentas. Argentina motivó su vena creativa, escribiendo canciones vinculadas a la identidad cultural de ese país. Che Araña (1942) y Tango medroso (1957), surgieron de su simpatía por esa nación.
8.      “Omara Portuondo hace homenaje a Cri-Cri”. En: mundo52.com y www.mrmusica.com (Revisados el 2 de diciembre de 2012)
9.      La mayoría de las canciones citadas en este texto fueron tomadas del sitio digital www.musica.com.
10.   Además de María Pura Haza Galán y Lorena Andreu, entrevistadas a través del correo electrónico en el pasado octubre, agradezco la opinión de Manuel Galán Páez, Cristina Galán Carreón y Horacio Guadarrama Olivera.
 

 
 Por: Mireya Cabrera Galán