Un auténtico aporte a la cultura popular de la Isla significará la cercana salida a las librerías del Decamerón cubano, compilación de testimonios que, preparada por René Batista Moreno (Camajuaní, Villa Clara, 1941 – 2010) y acabada de publicar por Ediciones Matanzas, constituye una muestra de la idiosincrasia de nuestra nación.

Decamerón cubano...René Batista Moreno

El investigador Joel Sequeda Pérez asegura que en las páginas del Decamerón cubano aparece gente de pueblo, “de la más variopinta estirpe moral y social”, que sin “temores ni falsos comedimientos verbales (…) nos conducen por sendas donde la picaresca, el humor, el relajo, la ingenuidad, la idiosincrasia cubana y, sobre todo, la gran aventura de ser humano se destacan con brillo de metal precioso”.

Por su parte, el escritor y ensayista Edelmis Anoceto, a cargo del prólogo del libro, afirma que aquí nos recalca René que su prioridad está en buscar en esa literatura otra (la oralidad) que yace oculta, en lo popular maravilloso y en lo extraordinario de la vida cotidiana”.

En total, en el volumen se incluyen 75 historias testimoniales de personas residentes sobre todo en Camajuaní, territorio natal del compilador, y otras localidades de la provincia de Santa Clara, aunque también hay algunas pertenecientes a naturales de La Habana o Santiago de Cuba.

Los textos están agrupados a partir de secciones: “Decamerón cubano”, “La señora del changüí”, “Una cosa mental” y “A kiss on the breech (La República)”, que no solo proporcionan organización y concentración de los asuntos tratados en los testimonios sino que además establecen una dramaturgia que propicia un recorrido fluido por los diversos tonos y zonas temáticas.

No hay dudas de que resultará muy llamativa la sección “Decamerón cubano”, centrada en referencias sexuales muy diversas que en buena parte de los casos resultan insólitas, y por tal hecho, y por la franqueza con que se cuentan, es casi seguro que además de grandes entusiasmos provocará alguna que otra polémica. Las otras partes del volumen se enfocan en historias vinculadas con situaciones tradicionales de la cultura popular cubana y circunstancias motivadas por el ambiente de pobreza y degradación moral generado por los efectos del periodo neocolonial.

Debe destacarse el discurso visual que para Decamerón cubano concibió el artista Johann Enrique Trujillo, tanto en el diseño de cubierta como el de interior, apoyándose en una apropiada selección de la obra del destacado caricaturista matancero Manuel Hernández.

Alejandro Batista López, hijo del compilador y uno de sus albaceas, especifica que Decamerón cubano se halla entre los numerosos libros que eran conservados inéditos por su padre al morir.

“Aunque hay algunos textos preparados por mi papá en los años cincuenta, la mayoría los recogió en los setenta, cuando él trabajaba como reportero del periódico provincial Vanguardia y lo enviaron a redactar textos periodísticos sobre el desarrollo de la zafra. Mientras hacía esto aprovechaba también con lo otro, recogía testimonios.”

Según Alejandro, entre los originales inéditos de René conservados en la casa se hallan El hombre que vio a Dios” (crónicas de sucesos insólitos en Camajuaní), “El ahorcado del palmar de araña” (serie de cuentos de muertos), “Felo García, el muchacho de Falcón” (sobre la vida de un poeta repentista muy sarcástico) y una compilación de sus décimas, junto a otros interesantes títulos.

Poeta, periodista, editor, promotor cultural e investigador de temas históricos y etnológicos, René Batista Moreno (Camajuaní, Villa Clara, 1941 – 2010)publicó más de treinta libros, entre los cuales se hallan el cuaderno de poesía Componiendo un paisaje (1972, Premio Julián del Casal); los ensayos Ese palo tiene jutía (2002), Fieras broncas entre Chivos y Sapos (2006) y Cuentos de guajiros para pasar la noche (2007); y las compilaciones Los bueyes del tiempo ocre (2002), Yo he visto un cangrejo arando (2004) y La fiesta del tocororo (2011, Premio Memoria).

En 2013 fue publicado El doctor Manigua (con la autoría de Edelmis Anoceto y Alejandro Batista López), volumen de memorias, testimonios y apuntes sobre la vida y obra de este autor, que debido a sus aportes al conocimiento de la cultura popular cubana, ha sido considerado por algunos, un poco en broma, y muy en serio, “el más grande guajirólogo”. Las preocupaciones por estos temas lo unirían en una singular amistad con Samuel Feijoo, quien precisamente lo bautizara como el “doctor Manigua”. En su natal Camajuaní fundó Taller Literario José de la Barca, la revista Hogaño y la editorial homónima.


Por: Norge Céspedes

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Ni en sueños, señores*

Esa cosa de los sueños es una puñetería; una vez me acosté y empecé a soñar que estaba frente a un paredón de fusilamiento, y el jefe del piquete dando las órdenes:

— ¡Preparen, apunten, fue…

Di un salto y caí en medio del cuarto con los ojos que se me querían salir. Eran las cuatro de la madrugada. Fui al baño y me lavé la cara, tomé un poco de café frío que tenía en un pomo, me fumé un cigarro y me volví a acostar. En eso me duermo y empato el mismo sueño:

—…gooooooooo!

Di otro salto, caí en medio del cuarto muy asustado, nervioso, porque eso de que lo fusilen a uno… ni en sueños, señores; me puse la ropa, los zapatos, me lavé un poco la cara y me senté en un parque que había cerca de la casa, pensando en el fusilamiento ese.

Cándido Rodríguez Lunar, 82 años, Jatibonico

*Este es uno de los testimonios reunidos por René Batista en Decamerón cubano (Ediciones Matanzas, 2016)