Un poema es la imagen misma de la vida expresada en su eterna verdadUn poema es la imagen misma de la vida expresada en su eterna verdad (1). Lo puedo comprobar leyendo varios de los escritos por Albis Torres (1947-2004), recogidos a manera de obra póstuma en el libro La habitación más tibia (2). La poeta nunca puso demasiado interés en reunir en un cuaderno su obra lírica. Sin duda, es un volumen de sugerente portada donde apreciamos una poesía bajo el hechizo neto de imágenes y sensaciones, donde asistimos -y sépase que es uno de los principales motivos que hace que conciba estas líneas- a la revelación de la naturaleza íntima y pública de la mujer: hermosa y fuerte en su fragilidad; víctima y héroe de su sacrificio.

El esplendor de una imagen navegando sobre el dolor de una imagen. Ella, como todas, habita el sitio de una lucidez no plácida, un esplendor veteado que pide a gritos no se mutile la naturaleza que entrega. Es curioso en la poeta la forma en que se mueve el pensamiento dentro de su discurso. Es el frente y su doble, y el imán de su opuesto. Y llega a ser guerrera contra el despojo de un mundo espiritual que es telúricamente físico. Sus mejores poemas en el libro son aquellos donde penetra el mundo de lo femenino con una cuchilla sin dolor, percibiéndose abatida por su propia culpa o sus propios recuerdos, que son también una especie de culpa.

Hay un juego de esencias y apariencias muy bien vertido en estos poemas: la verdadera imagen dura de lo femenino es suplantada por signos totales de fragilidad y ternura, que en la mujer son sólo elementos que pugnan en una dialéctica donde lo violento y lo crudo potenciarán su peso. La sabiduría desengañada de lo femenino está allí, serena, en los símbolos duros donde aguarda sin piedad la impiedad, sobre la piedra, "vestida por azar de cuanta cosa hermosa le negó el camino" (3). Todo esto quizás ocurre porque "las mujeres deben aprender el amor, la idealización y la mitologización de sí mismas, lo que hizo posible para los hombres pensar en ellos como personas. El primer paso consiste en reconocer que una es una mujer, y empezar a descubrir lo que eso puede significar" (4). Los diversos motivos de los que se vale la autora para conformar la atmósfera de desgarramiento y pugna contra el desarraigo se aúnan a través de efectivas elipsis. Véase el poema "El nido del ave ciega lo forra Dios", de título efectivo y del que puede afirmarse que si existen novelas de iniciación, este es un poema de iniciación. Es interesante la enunciación de este poema: parece la del hijo que se canta a sí mismo, al tiempo la del padre que descubre su fragilidad y sus heridas vueltas a levantar sobre sus propios hijos. Igualmente llama la atención el asunto de cómo este sujeto lírico se coloca ante el hombre. Asistimos siempre a un despliegue incansable, activo, aun en lo inimaginado, misterioso e improbable, del peso de la culpa (5). Lo femenino es representado por una metáfora al parecer absurda y nimia a los ojos del hombre. Quedan expuestos a través de un trozo de parábola los perfiles de la psicología masculina con desnudez, crudeza e ironía, donde esta última es una porción de realidad cerrado en la medalla: culpable de sentir, pensar y elevarse. La mujer atrapada en un rol que no la representa verdaderamente y del que errando partirá, sin renunciar a las estancias y fugas ridículas que le impone.

Mirta Yáñez sitúa entre los cambios de los tópicos -que a lo largo del desarrollo de la poesía escrita por mujeres se verifica entre las escritoras cubanas- los siguientes que bien se avienen a los empleados por Albis Torres: el tono irónico acerca de la pareja, la protesta ante los rezagos de la moral conservadora y machista, el rechazo explícito a mantenerse dentro de los roles secundarios, el autorreconocimiento de su posición en el mundo, el desgarramiento por la tierra perdida y un discurso conscientemente desmitificador de los códigos exaltadores de lo eterno femenino (6). Y si habláramos de cosmovisión, no pudiéramos hacer otra cosa que citar un fragmento de ese hermoso texto que es "¿Por qué, si no sé ir, llegar espero?",  donde dialoga acompasadamente con sus ancestros Dickinson, Avellaneda y Martí, quienes reconocen siempre la inconmensurabilidad del pensamiento en su interacción con el mar:

Hay mitos que nadie ha fabulado,
Mitos como universos que habitan
Los seres más humildes.
El mío son las olas y un hombre
Que las vio diligentes hacer y deshacer,
El paisaje lunar de las Galápagos.
Y un hombre que no cruzó el océano
E imaginó, mil veces veinte, un viaje sin riberas.

Mi país es ese instante único que ahora mismo
Sucede en todas partes. Orillas de la tierra,
Lugares a los que no sé ir ni puedo
Y llego sin embargo (7).

Para estos  poemas "es posible una tercera categoría: ni logrado, ni malogrado: vergonzoso, marcado, floreado de imaginario", como diría Barthes, donde la tenacidad de la ilusión ofrece su huella a lo femenino que inunda de enredaderas su pasado o futuro. Hay dolor, resignación, una belleza que reina en lo cotidiano y una sabiduría de dejar que asciendan, sin ser revelados, los misterios. Y podemos pensar con la Svietáieva que el estado amoroso y la maternidad se excluyen el uno al otro. La verdadera maternidad es viril. El sitio donde lo poderoso obtiene la impotencia. La imagen es la piedra que viaja o que soporta lenta su conversión en polvo.

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La Avellaneda dice en su poema "Al mar":

Ni el vuelo de la mente tus límites alcanza
Prosigue, ¡mar, prosigue tu eterno movimiento,
[...]
Pues eres noble imagen del móvil pensamiento,
Que es como tú grandioso, con calma y tempestad.

Martí en otra tesitura, dialoga con estos versos pero con un matiz invertido:

Para que el hombre los tallara, puso
El monte y el volcán Naturaleza -
El mar, para que el hombre ver pudiera
Que era menor que su cerebro.

"Mujeres" de Versos libres
C. Atencio: "La fibra y la mirada: unas notas a la poesía de la Avellaneda" en Revista Honda, n. 10, 2004, p. 38.

Qué parecido hay entre esta idea y la de Emily Dickinson:

El cerebro-
Es más amplio que el cielo

[...]

El cerebro es más hondo que el mar

Emily Dickinson: 60 poemas, p. 51. Lo que quizá puede ser explicado por la gran afinidad de ambos escritores con el pensamiento emersoniano"
C. Atencio: Circulaciones al libro póstumo, Editorial Oriente, 2005, Santiago de Cuba, 2005, p. 18.


Notas:
1-  Percy Bysshe Shelley: "En defensa de la poesía". El placer y la zozobra. El oficio de escritor, UNAM, México, 1996, p. 26.
2-  Albis Torres: La habitación más tibia, Ediciones Unión, Colección La Rueda Dentada, La Habana, 2007.
3-  Albis Torres: Ob. cit., (poema "Mujer dormida sobre un potro"), p. 12.
4-  Laura Chester y Sharon Barba citadas por Diana Bellesi en "Género y traducción" en Diez poetas norteamericanas. Antología, Ediciones Angria, Caracas, p. 10.
5-  Véase el poema "Ciencia Ficción".
6-  Mirta Yáñez: "Poetisas sí". Introducción a Álbum de poetisas cubanas, Editorial Letras Cubanas, 1997, p. 35.
7- Albis Torres: Ob. cit.,  p. 21.


Por: Caridad Atencio