Del otro lado de la puerta. Poesía. mae RoqueLa Lección
(Carboncillo)

No se aprende a decir adiós.
Sabemos que la soledad asecha
después del primer paso,
que la casa no será como antes,
está apenas reconocible, quedarán sitios
que intentaremos llenar.

En sus vidas no hay tiempo
para un pequeño dolor
y tus ganas de celebrar cualquier cosa
que no sea el recuerdo.

Nunca se aprende a separar
lo que nos trajo hasta aquí
después de creer que puede ser cierto,
que al fin tuvo sentido lo amargo.

Egoístas somos.
Sabemos que los amigos
no aprendieron a decir adiós,
que nos esperan para festejar cualquier cosa
que no sea la partida.

 

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Se regresa sobre el camino hecho,
sin volver al recuerdo.
Nuevos pasos hacia atrás.
Viaje al centro de uno mismo.
Buscar.

Nos despedimos para volver.
Quien niega el adiós ya se quedó.
El camino es el mismo,
adelanto o hacia atrás.
La vida cíclica.

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Payaso

Extraña y silenciosa secta,
maestros de artificios.

Gracias a los colores del mundo
han logrado mantener ocultas
sus respectivas identidades.

Como miembro,
no he de revelar sus dolorosos misterios.

Casi nunca estamos donde se nos ve.

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La contorsionista
 

Escondía sus genitales para cada función
y simulaba con ligeros encajes sobre el pecho.
Su belleza era el misterio más preciado de la carpa.
Aquella mujer fue la hija de los dioses.

Podía ignorar la naturaleza
dejando en la arena
brazos y piernas en sitios diferentes.
(Su alma la había puesto a salvo un poco antes)

Era divina,
demasiado perfecta
para estar al alcance de los mortales.

Detrás de las cortinas
quedaba de ella
el olor del maquillaje.

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Acróbata
 

Marca el espacio de los vientos.
Depende de su cuerpo,
en cada función lo exhibe elástico
y certero.

Personaje irremediable
que vive de tentar al mundo.

Dueño de sí,
piensa que es Dios,
hasta que le fallan las manos.

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Del otro lado de la puerta

Alguien pasea junto a mi puerta,
no llama o anuncia su llegada.
Los pasos siguen viniendo
siempre hacia mí,
como si aquí estuviera el destino
de lo que necesita llegar
a algún lugar.
Mas yo no espero por nadie.
Alguien pasea junto a mi puerta
mientras bebo e intento olvidar
que ha muerto otro pedazo de mí,
no clasificable,
incinerado.
Mientras bebo e intento olvidar
que todavía hay alguien
que pasea junto a mi puerta
mientras bebo
e intento olvidarme.

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Habitación 324

Una mujer puede estar
en un cuarto de hotel
y dejar que la vida pase
abriendo la puerta,
o la sombra oscura de la vida
a través de la puerta.

Una mujer puede llamar a la puerta
de un cuarto de hotel
y jugárselo todo,
dejar de ser la sombra.

Una mujer puede estar en el umbral
de un cuarto de hotel
y sentir la sangre de los huéspedes
palpitar detrás de las paredes,
sacudirse las noches de su ausencia.

Puede existir un hotel
con un cuarto
y dos mujeres,
o una sola a ambos lados de la puerta,
que extienden las manos al mismo lugar
para reencontrarse siempre.

Entonces la muerte
será la sombra que pasa
por el largo pasillo
olvidando en qué cuarto
dos mujeres se abren como la vida.


Mae Roque