Por: Alina Iglesias Regueyra

Sensible y preocupado ante la enfermedad ajena, no vio venir la propia. Para él era lo mismo, como para Walt Whitman. Sufría el dolor del mundo y sentía el amor, la tristeza y la esperanza como si lo experimentara todo él, y así lo expresaba en sus versos.

Su poemario Lupus (2016) lo atestigua, del cual ofrezco la última estrofa del poema homónimo:

Eduard Encina, la voz que se queda

Si respiro los dolores reaparecen
un dolor + otro dolor.
Aguantamos. Hay quien le llama resistencia, hay quien le llama sacrificio,
pero es sordera, mareo, desencanto.
Me asomo a la ventana y el paisaje no se mueve,
aparenta nubes de concreto sobre campos de concreto. Ella lo advierte:
«mejor cerramos: la ventana asusta y afuera el sueño se detiene».
Dobla el papel. Piensa en la cloaca que hay dentro de mí. Eso la aleja
de la escritura, pero no del golpe que nos une.
Dentro repartimos calvaril/ la enfermedad ayuda/ el temor ayuda
G lo advierte:
«mejor cerramos: la ventana asusta y afuera el sueño se detiene»
trac
y el sueño,

Eduard Encina Ramírez falleció a los 44 años este 8 de septiembre durante el paso por su tierra natal, en el oriente de Cuba, de un huracán que dejó sufrimiento y destrucción entre los cubanos. Igual de dolorosa fue la temprana muerte del poeta para quienes conocen su vida y su obra. Testimonios llegados de varios sitios del archipiélago y del mundo honran su memoria.

En emotiva reseña, Naskicet Domínguez Pérez, fundador y webmaster de Claustrofobias Promociones Literarias escribió: “Quisiera decir muchas palabras y contar quien era este guajiro de Baire en un poblado de Contramaestre. (…) Se construyó una familia con su esposa, que adoraba y dos pequeños que hoy deja. En Baire tenía una peña que llamaba El Café de Bonaparte y allí se reunían todos sus amigos y familiares para hablar de poesía y de temas actuales de la Cuba que ellos soñaban. Brindaba consejos y te regañaba como todo guajiro al fin. Narrador y poeta multipremiado, pero también hermano, también amigo…. hoy su cuerpo se despide, pero nos deja ese deseo de seguir su lucha, de continuar su eterna pelea. Hoy les agradezco a todos lo que seguían día a día la salud de este guerrero y que supo enfrentarse hasta el último segundo de vida…”

Tanto la poesía como la prosa de Eduard Encina son calificadas como confesionales y líricas, arraigadas a su terruño, a pesar de la evidente universalidad humana que portan en su esencia. Su palabra de enérgico impacto, su expresión descarnada, marcan un arte que brota de las mismas entrañas. Acerca del concepto que define su obra, el autor expresa: “La poesía no sirve como bálsamo, sino como herida infestada, como pierna que hay que cortar. No creo en la idea edulcorada de la literatura en medio del caos, la poesía también es caos (…). ¿Cómo detener el desánimo, la abulia? ¿Cómo entenderse con la realidad sin participar? Esa es la resistencia”. (Entrevista realizada por el periodista Reinaldo Cedeño para La Jiribilla)

Recordamos sus creaciones líricas De ángel y perverso (2000), Golpes bajos (Premio Calendario 2003), El perdón del agua (2004) y Lecturas de Patmos (2011). Se suma El Silencio de los Peces (2003), poesía para niños publicada por la editorial Abril en La Habana. En su narrativa dedicada a la infancia destaca Las Caravanas (2013), delicioso retrato en imágenes breves de su entorno más cercano, publicado por Ediciones Caserón, de la UNEAC santiaguera.

En su blog Caracol de Agua, Arnoldo Fernández Verdecia comparte el último discurso público de Eduard Encina en el Festival de Poesía de Medellín, Colombia, tras haber resultado ganador del concurso La Gaceta de Cuba, del cual propongo estos fragmentos donde revela más de sus ideas sobre la creación poética y el rol que la poesía juega como eje movilizador de la comprensión humana:

“La experiencia con la poesía no es necesariamente racional, desde ella se operan cambios, estímulos que nos enriquecen y hacen mejores, aún volviéndose a veces inteligibles, sentimos que algo en nosotros ha cambiado, y es más importante sentirlo que explicarlo. El disfrute de un buen poema no posibilita que una realidad determinada se transforme, pero una buena lectura (…) ayuda a prepararnos para el cambio. ¿Es posible un estado de paz, sin haber creado antes un “estado de sensibilidad”? En eso la poesía actúa, regenera, cataliza, es capaz de juntar un espíritu, una especie de lenguaje babélico donde confluya la diferencia y el entendimiento”.

Aunque muchos saben que Santiago de Cuba lo vio nacer el 27 de enero de 1973, quizás pocos conocen que era Licenciado en Educación Artística y profesor de Apreciación de las Artes Visuales. Su talento le hizo merecedor de numerosos premios en encuentros de talleres literarios y certámenes municipales, provinciales y nacionales, en varios géneros.

Dejo unos versos llenos de esperanza, salidos de su pluma, para su eterna recordación:

Lírica y bicicleta

Mi hijo lo intenta
y cae sobre el asfalto.
Una y otra vez, cae.
Le queda grande
pero disimula el dolor.
Vuelve a caer
para los que ríen,
a pedalear
para los que dudan.

Caer y levantarse.
«Será poeta» —dice
mi esposa.


Tomado de http://www.radioenciclopedia.cu/