El poeta peruano Eduardo Chirinos falleció el pasado mes de febrero. Tenía 52 años y fue víctima del cáncer. Su muerte se produjo en la ciudad norteamericana de Missoula, donde se desempeñaba como profesor de literatura hispanoamericana y española en la Universidad de Montana. A manera de legado, Chirinos deja una exquisita obra poética, de la que es testimonio su antología personal Demasiado frío para ser primavera (Ediciones Matanzas, 2015), presentada en Cuba poco después de morir el autor.

Eduardo Chirinos

Demasiado frío para ser primavera contiene una selección de textos que forman parte de una decena de libros dados a conocer por Chirinos en las dos últimas décadas: El Equilibrista de Bayard Street (1998), Abecedario del Agua (2000), Breve historia de la música (2000), Escrito en Missoula (2003), No tengo ruiseñores en el dedo (2006), Humo de incendios lejanos (2009), Catorce formas de melancolía (2010), Mientras el lobo está (2010), 35 lecciones de biología (y tres crónicas didácticas) (2010) y Medicinas para quebrantamientos del halcón (2014).Demasiado Frío para ser primavera

Alfredo Zaldívar, director de Ediciones Matanzas, y quien asumiera directamente el trabajo editorial de esta antología, quedó entusiasmado ante la obra del peruano y escribió sobre estos textos: “Poemas de drástica urbanidad, que no renuncian al mito primigenio, a su diálogo con la naturaleza que trasluce en la nieve, un ave o la basura; bajo el arbitrio del verso libre, la prosa, la música, los juegos tipográficos, el intertexto, lo intercultural, la metapoesía; entre lo emotivo y la contención, el sabio distanciamiento y la dramaturgia estricta, el poema mínimal y el largo aliento, la memoria”.

Aunque se encontraba seriamente enfermo, Chirinos había prometido, vía email, venir sin falta a Cuba, específicamente a la ciudad de Matanzas, para encargarse de la presentación de su antología poética. Un amigo cubano cuestionaba que Chirinos prometiera tal cosa, pero luego este mismo amigo enmendaba aquel criterio inicial y decía que quién lo dudaba, que ya eran muchas las veces en que el persistente poeta peruano se había levantado, se había impuesto a su padecimiento cuando ya no se contaba con ello.

Sin embargo, finalmente ya no volvió a producirse el milagro. Chirinos murió. Y, entre muchas otros propósitos que habrá dejado sin materializar, no pudo decir sus poemas en la ciudad de Matanzas. O quizás no sea tan así. ¿De quién era la voz que escuchaba hace unos instantes mientras releía algunos poemas de Demasiado frío para ser primavera? ¿No era la voz de Chirinos? ¿No estaba Chirinos aquí en Matanzas, y en todas partes leyendo sus poemas, siempre con nosotros? Hay demasiada primavera en estos versos como para que estén fríos, como para esté ausente en ellos el poeta peruano.


Por: Norge Céspedes