Liceo de Matanzas(en el 150 aniversario de la proclamación de la Atenas de Cuba)

El creciente desarrollo de la economía azucarera y la avi­dez de las capas acomodadas de la población por aumentar sus co­nocimientos intelectuales y sus posi­bilidades recreativas fueron hechos que motivaron, en 1846, el nacimiento de un proyecto para crear en la ciu­dad de Matanzas un Liceo. La idea, que había sido incentivada por los exitosos resultados del Liceo Artístico y Literario de La Habana (1844), no pudo verificarse hasta el 18 de enero de 1859, cuando fue concedido por las autoridades locales y generales el permiso para su establecimiento.

Después de fundado, el 13 de fe­brero de 1859, el Liceo matancero atravesó un período de organización que se dilató debido a la no locali­zación de un local adecuado para su alojamiento. A finales de ese año es instalado en una casa del Calle­jón de San Severino y el 17 de febre­ro de 1860 queda oficialmente inaugurado con una fiesta que estuvo presidida por su Junta Directiva y por el Gobernador Pedro Esteban Arranz1. Entre los miembros de esta Junta de­ben destacarse los nombres de José Miguel Angulo Heredia, Fran­cisco Galán y Emilio Blanchet, a quienes se debió la idea de constituir la sociedad.

El Director Rafael del Villar, es otra individualidad indispensable en esta etapa de gestación. Personalidad poco investigada por la historiografía tradicional y contemporánea, trasciende por una elocuente razón. En su discurso de inauguración, del Villar ensalzó las virtudes comerciales y culturales de la urbe y para ello se valió de paralelismos con algunas importantes metrópolis del mundo. Fue en ese contexto, cuando por vez primera, de manera oficial, se empleó el sobrenombre de “Atenas de Cuba”, que, de todos los mencionados, fue el que más arraigo adquirió entre los yumurinos, orgullosos del lugar ocupado por Matanzas en la geografía económica de la isla y en el orden de la cultura espiritual.

En esta dirección habría que acotar que el florecimiento cultural de la urbe es el resultado de una evolución que tiene sus orígenes en los primeros lustros de la centuria. La confluencia e interacción, en el contexto local, de importantes figuras de las letras, la introducción de la imprenta, la publicación de diarios y revistas especializadas, la proliferación de colegios, inspirados en lo mejor de la tradición pedagógica insular, el auge de la enseñanza y la práctica musical y del arte escénico, son elementos que en su conjunto favorecieron la transformación de Matanzas en plaza cultural de obligada referencia. De tal manera, su presencia y resonancia intelectual en la Cuba decimonónica resulta vital para entender la acogida general que ganaría el sobrenombre de Atenas de Cuba entre los moradores yumurinos del decenio de 1860.

Durante sus primeros años de vida, el Liceo Artístico y Literario organizó actos de particular trascendencia, como la primera Exposición de Bellas Artes celebrada en esta zona del país, la realización de disertaciones literarias, la impartición de clases, la constitución de un Club de Ajedrez y la organización de veladas para conmemorar importantes aniversarios del quehacer intelectual local y uni­versal. La programación de estos actos y sus resultados generalmente eran pu­blicados en el Liceo de Matanzas, órgano oficial de la institución, que se editó con cierta regularidad hasta 1868.

Apenas esbozada por los textos clásicos de la historiografía local, la exposición de bellas artes fue uno de los grandes sucesos promovidos por la institución en estos años iniciales. Inaugurada el 10 de octubre de 1862 se trata, como se ha esbozado, del primer evento de su género en la historia de la ciudad. Para su realización se creó una Comisión Organizadora integrada por el pedagogo Eusebio Guiteras, promotor del proyecto y el pintor Juan Jorge Peoli, entre otros. Lo más significativo es que este suceso probó la existencia de un grupo de familias citadinas interesadas en el coleccionismo de arte. La confección de un catalogo contentivo de los nombres de las obras, autores y propietarios mostró asimismo la habilidad de los organizadores al lograr una incipiente labor curatorial en la que se tuvieron en cuenta algunas de las más importantes escuelas y tendencias artísticas del mundo.2 En la exposición se presentan un total de 139 obras y entre sus singularidades se incluye la participación de creadoras y coleccionistas femeninas, la inserción de obras de México y Guatemala, así como de numerosos fotógrafos y retratistas, vinculados una parte de ellos al Colegio La Empresa, de los hermanos Guiteras y propietarios, en la mayoría de los casos, de estudios fotográficos donde se realizaban toda suerte de experimentos técnicos y creativos con la cámara oscura y con la pintura.

Por su obra fecunda, fueron los Juegos Florales la expresión máxima de la pujante labor cultural desarrollada por el Liceo. La presencia de la escritora Gertrudis Gómez de Avellaneda en los primeros (1861) constituyó una excelente carta de presentación y un anticipo de la preeminencia artística e intelectual que habría de definir estos certámenes. A través de ellos se premia­ban y divulgaban los mejores traba­jos creados en los campos de la cien­cia y el arte; todo lo que contribuyó a la consolidación del sobrenombre de “Atenas de Cuba”.

En 1863 tras varios inconvenientes, el Liceo es trasladado a un nuevo local, más apropiado por su ampli­tud y céntrica ubicación, en la Plaza de Armas, actual Parque de La Libertad. El magnífico inmueble –en proceso de restauración hace cerca de una década-, posee una fachada de estilo neoclásico, con pilastras que culminan en capiteles corintios y una interesante fusión de elementos de la arquitectura colonial como es el caso de las lucetas. Estas resaltan la mesurada belleza del lugar, a la vez que favorecen la entrada, al interior, de la luz natural. La edificación fue inaugurada con toda la parafernalia acostumbrada en la época, el 5 de abril de 1863, un día antes de que también lo fuera el teatro Esteban (hoy Sauto), ambas instituciones alentadas por el gobierno del mencionado Pedro Esteban. Del suceso la prensa señaló: 

   Se consideraba desacertada la elección del punto donde se ubicó inicialmente el Liceo […] La Orquesta aquella noche del 5 de abril fue dirigida por Justo P. Diez y tocó varios valses de Pedro Pablo Diez. Asistieron también el Gobernador interino Vicente D. Ceballos, el presidente del instituto Pedro Hernández Morejón, Eusebio Guiteras, Ildefonso Estrada y Zenea, Federico Milanés […] Se celebraron [en la ocasión] los segundos Juegos Florales de Matanzas. 3

 

Estaba por concluir abril, cuando el Liceo yumurino recibió en su sede a una de las pianistas más importantes del continente, la venezolana Teresa Carreño, cuyo nombre identifica hoy al teatro más importante de esa nación. La entonces niña arriba a Matanzas, acompañada de su padre, en la tarde del lunes 27 de abril. Antes se había presentado en los capitalinos escenarios del teatro Tacón y del Liceo. “Inmediatamente después de este suceso los Carreño partieron para Matanzas. El tiempo apremiaba […]. En Matanzas tuvo tiempo Teresita para jugar con niños de su edad, mientras se preparaba ahora con acompañamiento de orquesta para su concierto en la sala del Liceo Artístico y Literario de esta ciudad.” 4

Profusa en detalles, Marta Milinowski, biógrafa de la artista, coincide en su anterior descripción, con las notas publicadas por la Aurora del Yumurí, a propósito de este concierto que los matanceros tuvieron la oportunidad de disfrutar en el recién inaugurado edificio de su Liceo. 

    […] Teresita Carreño […] acaba de obtener un lauro más en la noche del último miércoles en su primer concierto dado en el magnífico salón del Liceo Artístico y Literario […] Teresita que apenas tiene dos lustros, tiene en el piano una ejecución asombrosa […] Ejecutó el Nocturno de Doler, la danza de Gottschalk Di que sí, la fantasía sobre la Norma, de Thalberg, la danza Ojos criollos, con su padre y una fantasía sobre motivos de El Trovador. 5

 

Después de esta actuación, ofrece otra el 2 de mayo y al día siguiente se presenta en el majestuoso teatro Esteban, cuya extraordinaria acústica, debió acrecentar el encanto de las notas que de sus manos nacían. Puente indiscutible desde diversos puntos de vista, Cuba, constituye una parada obligada para artistas de esta dimensión que generalmente encaminan sus pasos a conquistar las grandes ciudades del mundo. Así, Teresa Carreño marcha de Matanzas hacia La Habana, y de este puerto se embarca rumbo a New York, para luego continuar a Europa.  

Las nuevas con­diciones constructivas del Liceo y el ingreso a la asociación de acreditados científicos propiciaron la apertura de las secciones de Ciencias (1864) y Agricultura (1865). Las de Literatura, Música y Declama­ción funcionaban desde 1860. De igual manera favoreció la presencia en su escenario de emblemáticas personalidades del arte.

Fue preocupación constante de la institución presentar en sus salones a cuanto artista de mérito visitara la capital. Además de la Carreño, otros músi­cos notables se pudieron escuchar allí en la década de1860: Luis Moreau Gottschalk, Manuel Fernández Caballero y varios lustros después el compositor mexicano Ju­ventino Rosas (1894), autor del afamado Vals sobre las olas.

Entre los matanceros que actuaron en aquel espacio debe citarse a la cantante lírica Elodia Diez, integrante de la familia de músicos del mismo apellido y a la soprano Úrsula  Deville, muy aplaudida por el dúo de La Travia­ta, de Verdi, que interpretara junto a Emilio Pon­tón en el concierto del 17 de febre­ro de 1865. En el mismo lugar se pre­sentaría unos años después como pianista, su hija, María Luisa Miró durante la función de premiaciones de los Juegos Florales de 1867, cuyo progra­ma se conserva el Museo Provincial Palacio de Junco.

A sus incontables sesiones de bailes y acciones benéficas debe añadirse la actitud de simpatía que el Liceo mantuvo en relación con la Guerra de Independencia. Fue precisamente por servir de sede a reuniones de orden independentista que el Gobernador Antonio del Campo ordenó su clausura a principios de 1869.

Tras la “Paz del Zanjón”, reabrió sus puertas con una fiesta celebrada el 28 de febre­ro de 1878. Entonces -y por razones estratégicas- se le sustituyó el nombre por el de Club de Matanzas. De esta forma se evitaba la oposición del gobierno español, que tildaba a los liceos de centros de cons­piración independentista, permitiendo a la institución continuar con su obra de promoción de los escritores, artistas y científicos criollos. En 1882, por sugerencia del escritor y crítico literario Nicolás Heredia se le restituyó su antigua denominación.

En este período tiene lugar un suceso que repercutiría encomiásticamente en la cultura nacional. El primero de junio de 1879 en los salones del “club”, el músico Miguel Faílde estrena el danzón Las alturas de Simpson. Esta se considera la presentación oficial del que devendrá con el tiempo baile nacional y una de las expresiones más altas de la música cubana.

Liceo de MatanzasAunque no se clausuró, la vida del Liceo decayó durante la Guerra del 95, de la que fue mártir uno de sus más activos socios, el actor y escritor Carlos Alber­to Boissier. Meritorio es el hecho de que durante el conflicto fue una de las pocas instituciones culturales que mantuvo sus funciones elementales. Al concluir aquel, nuestros grandes próceres fueron acogidos en el lugar. Quizás sean pocos los matanceros que conozcan que los salones del antiguo inmueble fueron recorridos por el paso firme y venerable de hombres de la dimensión de Máximo Gómez o de Juan Gualberto Gómez y que sus voces fueron escuchadas por centenares de yumurinos convencidos de que aquel encuentro singular, era un encuentro con la patria. Ello es, apenas, un hito dentro de los incontables que posee el Liceo en su historia de compromiso con los valores que perfilan nuestra identidad como nación. En la memoria de los actos realizados en 1899 se refiere: 

El día 20 de febrero efectuó […] efectuó esta sociedad una fiesta de indiscutible grato recuerdo, la recepción al General Máximo Gómez, quien por primera vez visitaba el Liceo. No es posible imaginar recibimiento más cariñoso que el que tan merecidamente se le tributó a esa gran figura militar, al que ha consagrado sus mejores años, su bienestar, sus energías […]  a la felicidad de la Patria, de su compañera y de sus hijos. No se recuerda entusiasmo más delirante que el que se apoderó de los allí reunidos, cuando […] se trasmitió la noticia de su llegada. Mujeres, hombres, niños, todos, rompieron en un solo aplauso, interminable, queriendo cada cual, de ese modo expresarle su cariño […] Juan Gualberto Gómez pronuncio un elocuentísimo discurso.6.

En los primeros años de la República la asociación se definió sobre todo por su cariz recreativo, si bien el interés cívico y artístico continuó formando parte de numerosos programas. Otras asociaciones culturales emularon con el legendario Liceo en su afán por promocionar los valores más genuinos del país y al lado de ellas desempeñó una labor decorosa, si bien no comparable con la que protagonizara en el siglo XIX.

Una práctica que devino tradición fue la celebración -cada veinte de mayo- del nacimiento de la República. Alejada del modelo de independencia real y absoluta proyectado por José Martí, la nueva etapa histórica significó la ruptura con el colonialismo al que había sido sometido la isla durante centurias, razón por la que para la mayoría de los cubanos aquella fecha fue, inicialmente, razón de regocijo. Además de estas veladas patrióticas la institución fue escenario de significativos homenajes, conferencias y conciertos en las voces de intelectuales y científicos como Medardo Vitier, Agustín Acosta, Carlos de la Torre y Huerta y Dulce María Loynaz, por sólo citar algunos nombres.  

En la década del treinta se presentan en su escenario artistas de gran relevancia, acrecentando con ello los valores de la institución en lo que a nuestro patrimonio cultural intangible concierne. El 2 de junio de 1935, por iniciativa del recién creado Grupo Índice actuó en el Liceo Ignacio Villa, “Bola de Nieve”, con lo cual la antigua asociación abría sus puertas a la llamada música de vanguardia. Personalidad emblemática de la cultura insular, el pianista, compositor y cantante ofreció un extenso concierto en el que no faltaron sus magistrales romancillos, caricaturas y “africanerías”.

El momento más elevado de su actuación llegó cuando interpretó los versos de Motivos del son, de Nicolás Guillén, con música de Eliseo Grenet. Américo Alvarado, representante del Grupo Índice recordaba de esta manera el suceso: “Como no teníamos local propio nos prestaban el Casino Español, el Centro de Detallistas o El Liceo. A este último, traje a Bola de Nieve. El espectáculo comenzaba a las 9:00 de la mañana cuando a las 8:30 presentí que ocurría algún inconveniente. Fui para allá y efectivamente el portero no dejaba entrar a una familia negra. Pude evitar el incidente.” 7

Entre finales de la década de 1950 e inicios de la siguiente, el Liceo fue visitado por dos de las figuras femeninas más sobresalientes de nuestro contexto cultural, ambas con trayectorias que les merecieron renombre internacional. Una de ellas fue la escritora Dulce María Loynaz, que el 29 de mayo de 1959 (año del centenario de la fundación) protagonizó un recital de poesía en esa sede. Presentada por Agustín Acosta -entonces Poeta Nacional- leyó cerca de una veintena de textos de sus libros Poemas sin nombre y Obra lírica. La otra sería Esther Borja, una de las más representativas voces cubanas. Era el 17 de febrero de 1960, fecha en que se celebraba el centenario de la inauguración del Liceo y tras varios actos de diverso género, aquella jornada culminó con las interpretaciones cubanísimas de la cantante y el acompañamiento de la Orquesta de Cámara de Matanzas.

La promoción de las distintas artes constituyó una de las principales inquietudes de la institución durante la celebración de los centenarios de su fundación e inauguración. De esta forma, entre 1959 y 1960 los matanceros tienen oportunidad de interactuar en su espacio con la obra de creadores plásticos como José Ramón Fundora, Agustín Drake, entre otros y de mantenerse actualizados en relación con otras disciplinas como la literatura y la música. Para ello, sus directivos recurren a la convocatoria de salones y premios como los de Pintura, Escultura, Poesía, Ensayo, Periodismo y Música.

Más allá de sus limitaciones, propias de una época de desniveles sociales habría que connotar el rol intelectual desempeñado por el Liceo Artístico Literario yumurino durante su prolongada trayectoria. De las instituciones locales ha sido la de más larga permanencia en el tiempo. Desde su génesis tuvo la virtud de exaltar los valores más auténticos de nuestra nacionalidad, entonces en gestación y se destacó como pionera en varias latitudes.

A inicios de la década de 1960, con el nacimiento de la Revolución el liceo fue nacionalizado para dar paso a las instituciones de nuevo tipo, encargadas de satisfacer las necesidades culturales de todos los sectores de la sociedad. Componente irrefutable del rico acervo cultural matancero y responsable, en parte, de su repercusión nacional, nos corresponde a los habitantes de esta ciudad preservar los muros del antiguo Liceo, la misma asociación cuyos primeros promotores tuvieron el mérito y la agudeza de bautizar a Matanzas, como la Atenas de Cuba.

Citas y notas.

 

1 En 1855, este había sido nombrado Gobernador Político y Militar de la ciudad y la jurisdicción matanceras, en sustitución del Brigadier Ramón Conti. Durante su mandato, que dura hasta el 20 de junio de 1862, la localidad experimenta un inusitado crecimiento urbanístico y artístico. Numerosas calles son empedradas y rotuladas y se extiende el servicio de alumbrado público. Auspicia la creación de importantes instituciones como el Casino Español, el Banco de San Carlos, el teatro de su nombre (hoy Sauto), así como el Liceo, todas ellas reflejo del florecimiento económico alcanzado en esta época por Matanzas.

2 La exposición estuvo abierta al público cerca de un mes y en la misma Cuba estuvo representada por Juan Jorge Peoli, Alejandro Odero, Felipe Chartrand y José Alejo Molina, entre otros.  Para mayor información véase de Deykis García Mesa y de esta autora el artículo “La primera Exposición de Bellas Artes en Matanzas”. En: Matanzas. Revista Artística y Literaria de la Atenas de Cuba. A. VIII. No. 2 y 3, mayo-agosto y septiembre-diciembre de 2008.

3 Aurora del Yumurí. Matanzas, 8 de abril de 1863 .p. [2]

4 Aurora del Yumurí. Matanzas, 1 de mayo de 1863 .p. [2]

5 Marta Milinowski. Teresa Carreño. Caracas: Editorial Arte. 1988. p. 65

6 Liceo de Matanzas. Memoria de los trabajos realizados por la Junta directiva, durante el año de 1899. Imprenta y Librería El Escritorio. Matanzas, 1900. pp.7 y 8

7 Roberto Vázquez Pérez. “A la sombra de mis años”. Entrevista a Américo Alvarado. En: Matanzas. Revista artística y Literaria de la Atenas de Cuba. Matanzas. A.I. No. 3. Trimestral. 1999. p.21

 


Por: Mireya Cabrera Galán