Por: Mireya Cabrera Galán

Entre julio y octubre de 1889 José Martí (1853-1895) publica en Nueva York los cuatro números de La Edad de Oro. Publicación Mensual de Recreo e Instrucción dedicada á los niños de América. Estimada en su conjunto una de las joyas de la literatura escrita para los infantes en este continente, con La Edad de Oro inaugura Martí una nueva manera de decir y dirigirse a ese público particular. Sin recurrir a frases sosas y manidas abordó los temas más diversos y complejos con palabras sencillas y sabias que invitan a continuar la lectura y a imitar el camino de la virtud. En el primer número correspondiente a  julio de 1889, el autor expresa a sus lectores:  

El Periquito, pionero de la prensa infantil en Cuba y México

Este periódico se publica para conversar una vez al mes, como buenos amigos, con los caballeros de mañana, y con las madres de mañana […] Todo lo que quieran saber les vamos á decir, y de modo que lo entiendan bien, con palabras claras y con láminas finas. Les vamos a decir cómo está hecho el mundo: les vamos a contar todo lo que han hecho los hombres hasta ahora. […] Lo que queremos es que los niños sean felices como los hermanitos de nuestro grabado; y que si alguna vez nos encuentra un niño de América por el mundo nos apriete mucho la mano, como á  un amigo viejo, y diga donde todo el mundo lo oiga; “¡Este hombre de la Edad de Oro fue mi amigo!” (1)

Dos décadas antes de que Martí redactara esta obra imprescindible, otro cubano, nacido también en La Habana, pero a principios del siglo XIX, concibió la idea de publicar un semanario que ha pasado a la historia de la imprenta insular como uno de los primeros periódicos dedicados expresamente a los niños en Cuba(2). Este hacedor de sueños se llamó Ildefonso Estrada y Zenea (1826-1911) y como Martí  profesaba por los pequeños una especial devoción. A la infancia dedicó una parte importante de su obra pedagógica y periodística, tanto en su natal Cuba como más tarde en el cercano México, mezcla de razas, lenguas y culturas y, a la postre, su patria segunda.  

Son harto conocidos los vínculos entre los dos países desde las primeras luces del coloniaje español. De Cuba había partido, a inicios del siglo XVI, Hernán Cortés decidido a conquistar el inmenso y rico territorio mexicano, dominado por milenarias civilizaciones autóctonas. De Veracruz lo haría en 1628 la famosa y hasta ese momento invencible Flota de la Plata, cargada con los tesoros de la Nueva España y de otros territorios y devastada poco después en la bahía de en Matanzas. En su recorrido hacia la metrópoli, la flota solía recalar un tiempo en La Habana, punto clave de convergencia cultural y humana entre el viejo y el llamado “nuevo” mundo.  

Estrada y Zenea rumbo a México

Antes de su partida al país de la serpiente emplumada, la faena intelectual de Estrada y Zenea llegó a ser muy conocida en La Habana, Matanzas y otras urbes de la Isla. Educador, impresor, historiógrafo y periodista, editó varios periódicos, unos más significativos que otros. Por su lugar dentro de la génesis de la prensa infantil en la isla, El Periquito debe ser apreciado como uno de los más reveladores de cuantos publicó. Tan sencillo en su formato como magnánimo en sus propósitos, el semanario sería muy estimado por los niños cubanos de finales de la década de 1860, para quienes debió resultar muy grato que los adultos en la persona de Estrada y Zenea, consideraran oportuno dedicarles un rotativo, a través del cual pudieran acercarse a sus sueños, esperanzas y a sus necesidades de ser más libres a través de la luz del conocimiento.  

Travieso y feliz como el pajarillo que le prestara su nombre y como alma de niño, El Periquito nació en Matanzas en 1868, el mismo año en que se inicia la gesta independentista. En la también llamada ciudad de los puentes o de los poetas se había establecido Estrada y Zenea desde 1853 cuando pasó a integrar la redacción del llamado “príncipe de los periódicos cubanos”, la Aurora del Matanzas (rebautizada después de 1857 como Aurora del Yumurí), invitado  por su director, Ricardo del Monte (3).

Fue precisamente en la imprenta de este diario donde vieron la luz los primeros números del periódico destinado a los “hombres chiquitos” que era repartido cada domingo al precio de un real sencillo. A manera de exergo y acompañadas las credenciales del semanario por la frase de Rousseau: “Instruir deleitando es desarrollar el espíritu sin debilitar el cuerpo”, quedaba explícito en cada número el objetivo de su creador de enseñar apelando a la amenidad e incluso al juego, rasgos en los que su obra tiene puntos de comunión con la nacida dos décadas más tarde del genio de Martí.  

El 30 de agosto de aquel 1868, la Aurora del Yumurí publicó estos jocosos versos con motivo de la salida del primer número de El Periquito.  

Por las calles y las plazas,
en tertulias y paseos
las bonitas y los feos
dicen alto o muy quedito
El Periquito
Las muchachas en la escuela
las viejas en los rincones,
las niñas en los balcones
Todos quieren por bonito
El Periquito

Dice el viejo D. Procopio
a su a migo D. Macario:
“No sea U. estrafalario
y subscríbase ¡andandito! 
El Periquito
La vieja Da. Anacleta
que es sencilla y muy devota
confiesa que la alborota
por su charla y su piquito
El Periquito
Y hasta aquel que á todos dice
que en su vida gastó medio,
hoy esclama: Es un remedio,
venga aquí por mi realito
El Periquito

Según las costumbres y preceptos del siglo XIX además de los espacios dedicados a reflejar elementos de Historia, Geografía, Gramática, Zoología, Matemática, Física y otros, el semanario abordaba nociones de Religión y Cívica y consecuente con su propósito de instruir a través del divertimento incluía juegos infantiles didácticos, entre ellos la esperada charada, cuya solución podía ser comprobada en el número siguiente. En Cuba hasta donde ha podido indagarse se conservan muy pocos ejemplares de este singular periódico. Entre sus muchos tesoros bibliográficos, la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí preserva los números correspondientes a los días 20 y 27 de diciembre de 1868.  En México, sin embargo, se conserva un número superior de ejemplares, localizados en Mérida, Córdoba, Veracruz y otras ciudades. Por su parte, la Universidad de Princeton también posee en sus fondos ejemplares de El Periquito, correspondientes al período mexicano del semanario.

Desde principios de siglo la nación vecina había acogido a cubanos como José María Heredia, el primer gran cantor cubano y hacia la época en que Estrada y Zenea arriba a ese territorio, también recibe a otros intelectuales, provenientes en su mayor parte de la región occidental de la Isla. Muchos estaban ligados por nacimiento o por propia voluntad a la evolución cultural de la ya para entonces denominada “Atenas de Cuba”, destacándose el escritor costumbrista José Victoriano Betancourt, quien fallece en la ciudad de Córdoba en 1878, los educadores José Miguel Macías, “patriarca” de la colonia cubana en Veracruz, Gonzalo Peoli y José Quintín Suzarte(4). México devendrá también patria segunda de José Martí, para quien la esperanza del mundo estaba en la sabiduría auténtica y transparente de los niños.  

En el artículo “Los cubanos en México”, publicado por la Aurora del Yumurí en julio de 1878, se reflexiona en torno a esta emigración y a las razones por las que México es el país en el que los cubanos aprecian una suerte de prolongación del propio cuando por razones patrióticas -como ocurre en la generalidad de los casos- o de otra índole fueron emplazados a renunciar temporal o definitivamente al suelo natal. “Cuando algunos cubanos se vieron obligados por diferentes motivos á abandonar la Isla, la pléyade de nuestros más ilustres escritores y poetas dirigió sus pasos a Méjico, comprendiéndose fácilmente la preferencia que dieron a esta república, sobre otro cualquier país, para fijar en ella su residencia [por] la proximidad a nuestra isla, lo suave del clima y lo bello de la naturaleza que tan parecida es a la nuestra […]” (5).

En el referido artículo de la Aurora del Yumurí, se hace alusión a la obra que algunos de estos emigrados se hallaban desplegando entonces en la sociedad mexicana, particularmente en estados como Mérida, Campeche y Veracruz. Con los inicios de la guerra de independencia cubana, Estrada y Zenea, que era perseguido por su actuación separatista, fue uno de los primeros en emigrar. En 1869 llega a Mérida, donde permanece un breve período, no sin antes insertarse en el universo intelectual y editando publicaciones entre las que se halla El Periquito (6). Esta inicia aquí su segunda etapa, repartiéndose el primer número yucateco, a inicios de abril de 1869. Poco más tarde, lo da a conocer en Campeche, en la que sería la tercera etapa del semanario.

[En Yucatán] comenzó a publicar “El Periquito”, periódico de los niños que por primera vez vio la luz en Matanzas. Después estableció el diario “El Iris” y “La Aurora” para señoritas. Dio a luz al “Diccionario de los niños” [1869], el “Romance histórico geográfico de Yucatán” [1871], por el que la legislatura del Estado le ofreció un voto de gracias. De Mérida pasó a Campeche, donde continuó publicando “El Periquito” y estableció La Esperanza. Fundó el colegio El Porvenir y una Academia Artística y Literaria. También daba clases al Batallón 19 de Infantería, de cuya escuela era Director [y] publicó el soliloquio “Colón” (7)

Guiado Estrada y Zenea por su certidumbre en el poder iluminador de la educación y con la imagen de Cuba en el pensamiento, El Periquito sería editado en todas las ciudades que conocieron su paso de hombre culto y emprendedor. Fue así como los chicos de Mérida, Campeche, Veracruz, Córdoba, Orizaba y hasta de la misma capital disfrutaron con las peripecias de aquel “pajarillo” inquieto, que algunos estudiosos catalogaron como el decano de la prensa infantil en México. Parte de los ejemplares que se imprimían en algunas de estas localidades se destinaba a las escuelas de instrucción primaria.  

Por su formato reducido era de fácil manipulación para los niños, quienes disfrutaban mucho con aquella entrega de instrucción y amenidad. Para no afectar este propósito esencial, su Director determinó incluir algunos anuncios publicitarios que debieron ayudarlo a sostener económicamente la publicación. Por otra parte y a semejanza de Martí advirtió el valor de la ilustración como apoyo del discurso. De esta forma cada número llega a ser realzado al menos con un grabado, colocado casi siempre en la primera página, acompañando el artículo principal, que bien podía versar sobre historia, agricultura, avances tecnológicos, religión o moral, tal como ésta era entendida por sus contemporáneos.  

En su historia de más de una década, El Periquito sería recibido en canje por significativos periódicos de todo el entrañable país e incluso de los Estados Unidos y formó parte de las publicaciones mexicanas que se enviaron como obsequio al Papa Pío IX. Es curioso señalar que en 1879 regresó por un tiempo a Matanzas y que en 1881 una colección del mismo fue exhibida en la Exposición Universal que se celebró ese año en esta urbe, con el auspicio del Ateneo de Matanzas. Tras el cese de la publicación, esta parece haberse extraviado en algún rincón del olvido. Durante cien años sólo conocieron de su existencia investigadores interesados en el universo de la prensa o aquellos que buscando otros datos quedaban sorprendidos ante las referencias del periodiquito en diccionarios y libros antiguos.  

El Periquito llega a Veracruz 

Hoy, casi todos los historiadores de la cultura matancera citan este semanario infantil como un hito en la evolución del periodismo local. Hace pocos años el azaroso destino protagonizó un nuevo suceso. A principios de los años noventa del pasado siglo XX, en la referida ciudad mexicana de Córdoba, Horacio Guadarrama Olivera, un joven historiador halló una colección del periódico. Muy bien conservado a pesar del tiempo transcurrido El Periquito fue rescatado de los archivos de un antiguo colegio de la también llamada “ciudad de los treinta caballeros” o Huilango, como fuera conocida por sus pobladores prehispánicos.  

Se trataba de números de su época veracruzana, publicados entre 1871 y 1872. De inmediato Guadarrama, que buscaba material para conformar una historia gráfica de Córdoba se percató de la magnitud del hallazgo e inició una investigación en torno a la publicación y a la presencia de Estrada y Zenea en el estado de Veracruz, al cual pertenece jurisdiccionalmente la ciudad y municipio de Córdoba. Las consecuencias del descubrimiento no concluyeron en ese encomiable empeño…

Gracias al gesto de este importante investigador Matanzas cuenta desde la década de 1990 con un ejemplar original de El Periquito (el que fuera donado al Museo Provincial Palacio de Junco), así como con varias copias facsimilares de otros números publicados en Veracruz por esta época. Son incontables los contactos y sucesos que prueban la antigua y mutua afinidad entre Cuba y México, pero ninguno tan grato como ese en que El Periquito criollo se atavió con sombrero de charro, para dibujar una sonrisa en los niños del puerto jarocho y de otras ciudades de México. La fecunda labor de este cubano en la ciudad portuaria más importante de México está recogida en el documentado ensayo Ildefonso Estrada y Zenea: un intelectual cubano en el puerto de Veracruz, de la autoría del propio Guadarrama Olivera.

Tras el tiempo vivido en Mérida y en Campeche, Estrada y Zenea se había asentado, hacia 1871, en Veracruz. Mucho debió recordarle el puerto algunas estampas habaneras y yumurinas, no solo por la complicidad diaria con el mar, sino por ciertas similitudes arquitectónicas y por hallar entre su población a hombres y mujeres de la raza negra, lo que no debió ocurrir con frecuencia en aquellos otros territorios, cuya presencia indígena es mayoritaria. La vista del fuerte San Juan de Ulúa, vigilante siempre, lo traslada a las portentosas fortalezas habaneras.

En Veracruz se reencuentra el habanero con viejos colegas de la Isla, algunos de los cuales habían recorrido el mismo periplo que él siguiera a partir de su llegada a Yucatán. Juntos, quizás, transitan las mismas calles que poco después conocerán del andar inquieto del Apóstol, quien llega al puerto en 1875, fecha que marca su primer contacto con México. Aquellos ilustrados criollos se ganan de inmediato el afecto de los jarochos, que no son tratados como extranjeros, sino como a una suerte de hermanos del alma. José Miguel Macías labora allí como catedrático del Instituto Veracruzano, mientras que Esteban Morales dirige el Ilustre Colegio Preparatorio, donde se educaron varias generaciones de jóvenes porteños, a partir de los reconocidos y modernos métodos pedagógicos cubanos(8). En memoria de su obra fundacional una calle veracruzana y un instituto preuniversitario fueron bautizados con su nombre (9).

Junto a los anteriores, Estrada y Zenea realiza grandes esfuerzos por contribuir al desarrollo de la educación y la prensa de Veracruz y de otros puntos del estado, por lo que no es casual que se le estime una de las personalidades intelectuales más trascendentes de esa época en la región.  Su vigor intelectual desconoce los límites y a la vez que inicia la cuarta etapa de El Periquito, continúa laborando en colegios y en otras publicaciones. Llegó a ser Director de la Escuela del Hospicio y el gobierno del estado le encargó la redacción del Diario Oficial, todo lo cual connota el prestigio de este cubano como educador y periodista y el respeto que había ganado entre los mexicanos, en virtud de su ilustración y constancia. Asimismo editó el periódico teatral La Ópera, al lado de su compatriota Antenor Lezcano y emprendió la redacción de El Álbum Veracruzano, estimado un clásico de la historiografía de esa región (10).

Los ejemplares de El Periquito, donados al patrimonio matancero por el mencionado Guadarrama, están fechados entre el 3 de diciembre de 1871 y el 26 de mayo de 1872, en que es publicado el número 41. En correspondencia con su nacimiento en Matanzas, el periódico conservó en México su carácter semanal, repartiéndose cada domingo por el valor de medio real. Los ejemplares se imprimían en Tipografía El Progreso, de R. Lané y Ca., en la calle Salinas, no. 784.  

Entre los asuntos abordados se destacan “La Imprenta”, “La Agricultura” y “El Vicio”, todos acompañados por grabados alusivos a cada uno de estos títulos que ocupan en cada caso la primera plana y a partir de los cuales se trasmiten a los niños nociones de la historia económica, política y cultural del mundo. El lenguaje claro de los artículos no está reñido con la erudición que en ellos se trasmite y aunque ninguno está firmado es muy probable que en la mayoría de los casos la redacción se deba al cubano, quien aparece relacionado en la cuarta y última página como “Director y redactor en Jefe”, sin que aparezca referido el nombre de otro periodista o colaborador.  

Mensajes y moralejas son obsequiados a los pequeños en cada entrega, tanto en los artículos editoriales como en las biografía de personalidades universales como el pintor Protógenes o en los juegos didácticos que contribuyen a acrecentar el interés de los lectores. Elocuente es, en tal sentido el artículo “El Águila Mexicana” (publicado el domingo 3 de diciembre de 1871) y en el que se expresa a los menudos receptores la grandeza de la tierra natal.  

Precede el discurso un grabado tan conocido, como elocuente, de manera que verbo e imagen convocan a la reflexión. Sobre el nopal, el águila liberadora arremete contra la serpiente… Acerca de la simbología de esta ilustración, emblema de la nación, reflexiona el periodista, quien subraya las palabras patria y libertad, equidad y justicia (11) como símbolos de esas verdades universales a las que debe asirse el hombre en su afán de vuelo y perfección.  

En ese momento, Estrada y Zenea era un hombre de 45 años que vive el dilema de añorar el suelo cubano -al que retornará ocasionalmente- desde ese otro que lo acoge como hijo y en el que, a semejanza de otros cubanos terminará sus días, asumiendo la nacionalidad mexicana como propia. Con sobradas razones para no sentirse extranjero en aquella tierra milenaria y generosa, se dirige a los niños mexicanos, con el mismo afecto con que antes se dirigiera a los cubanos. Tal vez piense en ellos mientras escribe sobre asuntos que –a semejanza de Martí- más allá de su carácter local o universal están dirigidos a infundir en los adultos del mañana el amor por la justicia, la verdad y el conocimiento.  

Deber es de todo hombre honrarse con el título de la nacionalidad á que corresponde ó que le pertenece, y sin desdorar la agenda, procurar siempre para su patria un distinguido puesto entre las naciones civilizadas; pero antes que todo, lo que cada cual debe procurar es hacerse digno de su nombre y de la gloria que á su patria pertenece. […] Honraos pues, bajo este concepto con el título de mexicanos, es decir, de hombres libres; pero cumpliendo con las leyes de la equidad y de la justicia […]  Yo con vosotros saludo á México, mi segunda patria, simbolizada bajo la forma que en este escudo se representa y con vosotros contribuiré siempre á sostener la honra, la dignidad y la grandeza del nombre mexicano (12).

El artículo referido a la imprenta, publicado el 21 de diciembre del mismo año, refleja su credo en relación con el rol y la importancia que confiere al periodismo, no solo como propagador de ideas, sino como medio para educar a través de los preceptos más elevados a la humanidad.  

De este maravilloso descubrimiento [continúa], el hombre, sin embargo, ha abusado y abusa deplorablemente, y la mentira ha encontrado también en la prensa la manera de propagarse y de sorprender la credulidad de los pueblos. Por fortuna la prensa halla su correctivo en la prensa misma. […] La prensa recomendable solo cuando contribuye al lustre de las ciencias y al bien de la humanidad, se hace indigna de su misión civilizadora y de su objeto, cuando se emplea en la poca satisfactoria tarea de lanzar desnuestos, vomitar injurias y descender a personalidades de que ningún provecho saca la sociedad y que sólo sirve para poner de manifiesto la ignorancia […] (13).

Apreciando en su público a los hombres del futuro, el autor narra en pocos párrafos el nacimiento y evolución de la imprenta y deja entrever la gran revolución que esta supuso para la difusión del conocimiento universal. Alerta a la vez sobre los peligros de su mal empleo y con palabras elocuentes -como ha podido apreciarse- previene a los niños de ello. Ejemplos como este signan la esencia de El Periquito mexicano, el mismo que fuera creado en la Matanzas de 1868, cuando Ildefonso Estrada y Zenea logró conmover con su “periodiquito” a todos los niños de verdad y de corazón.

Citas y notas 

  1. José Martí: La Edad de Oro, Centro de Estudios Martianos, Editorial Letras Cubanas La Habana,  1989. pp. 2 y 3.
  2. Fue estimado el primero hasta que se descubrió que una década antes de aparecer El Periquito fue publicado en la capital insular El Álbum de los niños. Este periódico infantil comenzó a editarse en 1858 y fue dirigido por el español Manuel Zapatero. Tenía una frecuencia semanal y se repartía, por entregas, los sábados en la imprenta La Habanera. Permaneció vigente cuatro años.
  3. A su significativa labor como periodista, habría que añadir la actuación de Estrada y Zenea como Director de la Biblioteca Pública y de la Sociedad El Recreo, desde donde promovió clases nocturnas para niños pobres y artesanos. Vinculado estrechamente al progreso intelectual de Matanzas actuó además como Secretario Vocal de la Comisión Local de Instrucción Primaria y como accionista del teatro Esteban, (hoy Sauto), la más emblemática de nuestras instituciones culturales.
  4. Unos años antes, en 1865, Suzarte había fundado en Matanzas el Instituto de Aplicación, antecesor del Instituto de Segunda Enseñanza.
  5. “Los cubanos en México”, en Aurora del Yumurí,  Matanzas,  5  de  julio de 1878, p. [2].
  6. Joed Peña  Alcocer: “El  Periquito  peregrino   en  Yucatán”.  Disponible en www.bibliotecavirtualdeyucatan.com.mx (Consultado en agosto de 2013).
  7. “Los cubanos en México”, Ob. Cit., p. [2].
  8. Bernardo García Díaz: “La migración cubana a Veracruz”, en: La Habana-Veracruz. Veracruz- La Habana, las dos orillas. Universidad Veracruzana, 2002, p. 215.
  9. Vale subrayar que el nombre de José Martí, el más universal de los cubanos, distingue igualmente una avenida, una playa y varios establecimientos, además de habérsele erigido un monumento por la comunidad cubana del lugar.
  10. “Los cubanos en México”, p.2.
  11. “El Águila Mexicana”, en El Periquito, 4a. Época, Núm. 16, Veracruz, 3 de diciembre de 1871. p. [1]
  12. Ídem.
  13. “La Imprenta”, en El Periquito, 4a. Época. Núm. 20, Veracruz, 21 de diciembre de 1871. p. [1].