Apegado a la técnica del raku, el artista Marcelino Rivas Hurga en el prodigio de crear con la arcilla, el óxido y el fuego una amalgama de obras que reverencian lo tradicional y contemporáneo.“El milagro del barro y la vasija”, devela en la sala polivalente de la Galería Pedro Esquerré de Matanzas, a 100 kilómetros de la Habana, la manera de experimentar a partir de una antiquísima práctica de las civilizaciones japonesas y chinas, de las que se apropia para mostrar lo austero de su estética en la cerámica.

La expo exhibe piezas recientes y de algunos años atrás, con el predominio de la vasija, formato que le sirve de búsqueda, asegura Rivas. “Así creo las técnicas de la alfarería y planifico futuros trabajos un poco más conceptuales y escultóricos, con más dominio de esas habilidades. Tengo en proyecto la confección de piezas de mayores dimensiones (1m ó 2 m) en las que utilizaré los óxidos y esmaltes con preponderancia del concepto y no del color.”

El ingeniero Marcelino Rivas, doctor en Ciencias Técnicas y profesor de la Universidad de Matanzas, dice utilizar la sabia de su instrucción para convertir el barro en el milagro de la creación. Varias obras suyas han sido premiadas en certámenes de la especialidad.

“Me inicié ocupándome primero de la técnica para poder obtener los colores. El raku es mi predilecta, me gustan las reducciones y la cerámica”.

Con “El milagro del barro y la vasija”, en exhibición hasta el primero de marzo, Rivas muestra su marcado interés por desentrañar el ardiente secreto del horno.


Por: Gicel Guerra de la Riva