Cartel de Bomberos. MatanzasLa primera plaza de armas que tuvo la ciudad de Matanzas, constituye un conjunto arquitectónico que se define por su estilo neoclásico. Este espacio urbano se conoce también con el nombre de Plaza de La Vigía, en memoria del antiguo fuerte que con ese nombre se levantaba cerca del lugar y que durante más de un siglo protegió la urbe de los ataques de corsarios y piratas, cumpliendo con ello su función como parte del cinturón defensivo de la zona. Derribado entre finales de la década de 1850 y principios de la siguiente, en parte por su ineficacia estratégica, los terrenos que ocupó esta construcción militar y sus proximidades serían empleados para levantar dos de las edificaciones más emblemáticas de la llamada “Atenas de Cuba”, el teatro Esteban (hoy Sauto) y el Cuartel de Bomberos.

La historia comienza en 1836, cuando se organiza en la ciudad el Batallón de Honrados Bomberos y Obreros, que inicialmente se albergó en el modesto local de la calle Río No. 77 y que protagonizó numerosas hazañas de salvamento con los primitivos medios de entonces. A menos de una década de su surgimiento, en junio de 1845, los miembros del cuerpo participan en la sofocación del tristemente célebre “incendio de La Marina”, que provocó pérdidas calculadas en dos millones de pesos, destruyendo total o parcialmente comercios, casas y el famoso palacete de Vicente del Junco (reconstruido poco después), sede, desde 1980, del Museo Provincial de Matanzas. 

Otro suceso importante asociado a la historia de los bomberos en esta zona de la Isla tiene lugar en 1856, cuando se funda la Banda del Batallón, rebautizada en 1913 con el nombre de Banda Municipal de Conciertos. Demetrio López, Aniceto Díaz, Arístides Faílde de Armas y Enrique Pérez Mesa, actual Director Titular de la Orquesta Sinfónica Nacional han sido algunos de los directores que han prestigiado la historia de la banda a lo largo de tantos años.

En las postrimerías de la colonia, una cuarentena de instrumentistas solía animar los anocheceres de la nueva plaza de armas, construida a inicios de la decimonovena centuria. Bajo la luz sugestiva de los faroles de gas nuestros bisabuelos se enamoraban al compás de las arias y dúos de Verdi, el compositor  de moda en aquellos tiempos. La banda se presentaba varias noches a la semana y a la par que las notas de Verdi, Donizetti, Rossini y otros compositores italianos de ópera, entusiasmaba a su público con ritmos como el pasodoble, la danza y el danzón, surgido este en Matanzas y devenido en breve en nuestro baile nacional. Activa hasta hoy, la agrupación musical atrajo a decenas de yumurinos hasta bien avanzado el pasado siglo XX, cuando los adolescentes se daban cita en la “nueva plaza” (Parque de La Libertad), alrededor del cual avanzaban lentamente con la esperanza del encuentro y del beso en la mejilla.

Cita la Aurora del Yumuri que un conocido pintor francés, atraído presumiblemente, por el ambiente nocturno de la “Atenas de Cuba” pintó un cuadro de cierto mérito en el que recreó una visión nocturna de la Plaza de Armas. De origen francés, el artista se nombraba Alfredo Marsillac. Residió algún tiempo en Matanzas y su obra despertó la admiración de muchos, entre otras razones porque no era muy común hallar interpretaciones pictóricas del ambiente cubano, a no ser justamente a través de la mirada de creadores foráneos como era el caso. El cuadro reflejaba, según el cronista de la época (1866), “con admirable exactitud nuestra Plaza de Armas en una noche de retreta, llena de gente y rodeada como de costumbre de carruajes”, así como de damas de la alta sociedad local. 1 Tanto la banda como el Honrado Cuerpo de Bomberos y Obreros, a la que pertenecía constituyeron dos instituciones emblemáticas de la época y merecen, por separado, estudios historiográficos, que puntualicen el lugar que ambas llegaron a ocupar en el espacio público de la Matanzas colonial y republicana.

La creciente importancia del cuerpo de bomberos y de su orquesta obligaron a las autoridades locales a pensar en la edificación de un cuartel que se correspondiera con el prestigio alcanzado. Las guerras de independencia aletargaron el proyecto y en medio de algunos cambios de poca importancia, la corporación se benefició con la adquisición de varias bombas para apagar incendios. El arribo de estas por el puerto era acogido como todo un suceso. Los lugareños seguían con curiosidad el traslado de aquellos artefactos, prodigios de “modernidad” que hoy se conservan como antiguos tesoros en museos y cuarteles.

Así, fueron testigos de la llegada de la bomba “Matanzas”, traída desde Nueva York, en 1864 y que es considerada la primera que funcionó por esta región. Le sucedieron otras, conservándose la denominada “Cuba”, adquirida a inicios del siglo XX y cuya fabricación era también norteamericana. De tamaño reducido, si se les compara con los provistos carros de hoy, estas bombas funcionaban con vapor, eran tiradas por caballos y contaban con tanques de agua, incapaces de sofocar grandes fuegos. Debido al escaso apoyo económico que le proporcionaba el gobierno, el cuerpo estuvo a punto de languidecer, pero hacia 1887 Rafael Hamel le imprime nuevos bríos,  salvándolo del ocaso e inaugurando una nueva etapa en la historia del mismo. A partir de esta fecha la antigua calificación cambia por la de Bomberos del Comercio.

En marzo de 1897 el diario local divulgó la colocación y bendición de la primera piedra del cuartel, acto que se siguió con toda la parafernalia acostumbrada en la época. Al salir el sol el siete de marzo de 1897, los balcones de la plaza y sus alrededores se mostraban llenos de gente y  poco después de las siete la Banda de María Cristina, comenzó a tocar solemnemente y dio inicio la celebración de la misa. Tras un simulacro de incendio en el vecino teatro Sauto, varios propietarios y comerciantes donaron importantes sumas en oro y plata, tanto para la construcción del cuartel, como para la Estación Sanitaria y el Dispensario de Niños.

Pero eran tiempos difíciles y los matanceros, inmersos en la guerra de independencia, tuvieron que esperar el cese de las hostilidades para ver concluida la obra. Tras el advenimiento de la Neo República, el inmueble es inaugurado, el 12 de agosto de 1900 manteniendo en la actualidad sus funciones como Cuartel de Bomberos. El mismo llegaría a estar dotado, a inicios de aquella centuria, por las antiguas bombas, un carro de auxilio, otro para escaleras y un carro balsa, además de contar para sus operaciones con 63 estaciones telefónicas de avisos y 44 cajas de agua distribuidas por la ciudad. Enrique Estrada era el Jefe del cuerpo por esta época y a su hoja memorable dentro del ejercicio altruista de la agrupación se debe el hecho de que en 1917, la misma fuera rebautizada con su nombre.

Inspirado en la arquitectura neoclásica, el Cuartel de Bomberos de Matanzas es uno de los edificios más atractivos de su tipología en Cuba. Fabricado en cantería por el Ingeniero Bernardo de Granda y Calleja (ciertas fuentes mencionan también al Arquitecto Giordano Casas), el inmueble es considerado un exponente de la arquitectura militar2, posee una única planta, en cuyo interior se albergan los equipados carros modernos y donde se inauguró, en 1998, un pequeño museo que exhibe pertenencias de la agrupación en distintas etapas de su historia3. Las piezas principales de este “museo vivo” son las mencionadas bombas de vapor “Matanzas” y “Cuba”, además de la llamada “La Caridad”, perteneciente al Cuerpo de Bomberos del Comercio de Unión de Reyes, de patente inglesa e introducida en el país en 1894. La institución, primera de su género en Cuba atesora cientos de piezas museables, entre objetos y documentos pertenecientes a las distintas etapas de su historia y algunos autores afirman que durante las labores de restauración efectuadas en 1997 se hallaron pasadizos y túneles que al parecer se construyeron con el propósito de comunicar, por vía subterránea, el cuartel y la Aduana (desde 1912 Palacio de Justicia).

Cuartel de bomberos Matanzas

La fachada del cuartel impresiona por su majestuosidad. Como eje visual se destacan las cuatro pilastras de orden jónico, sobre las cuales descansa un frontón que porta los símbolos de identifican a estos cuerpos de auxilio y salvamento. Conformado por tres grandes naves, la central posee además un número igual de ventanas. Dos de de ellas poseen arcos que rematan en esas lucetas de exquisito gusto, que llegaron a erigirse en un distintivo de la arquitectura colonial cubana, tanto por su uso decorativo, como por su función de propiciar mayor iluminación a los interiores. Algunos visitantes europeos han comparado el frente de la edificación con ciertos exponentes de la arquitectura inglesa. Para los matanceros es motivo de orgullo, conjuntamente con las construcciones aledañas que hacen de esta primitiva plaza un tesoro del patrimonio tangible local.

Notas:

[1] “Precioso cuadro”. En: Aurora del Yumurí. (Gacetilla) Matanzas, 4 de mayo de 1862. P2

[2] Datos tomados del Archivo de  la Oficina de Monumentos de la Dirección Provincial de Patrimonio.

[3] Para mayor información consúltense en el Centro de Documentación del Museo Provincial de Matanzas los catalogos redactados por Roberto Núñez sobre el tema.


Por: Mireya Cabrera Galán