Pipas ColonianesEn una visita a museos y colecciones cubanas no es extraño encontrar en sus exposiciones, las conocidas cachimbas o pipas para fumar tabaco de la época colonial. Confeccionadas en barro, encierran un mundo enigmático, por su morfología, las técnicas de manufactura y decorativas implementadas, y por lo principal, el hecho de llevar consigo un pasado relacionado con los hombres que las elaboraron, utilizaron, y los procesos socio económicos a los cuales estuvieron relacionadas.

Aunque el uso más difundido de las pipas es la inhalación del tabaco, se sabe que en el neolítico o quizás antes, el hombre las elaboraba para fumar determinadas hojas de plantas, que producían un estado de excitación o embriaguez. Las primeras pipas pudieron ser las llamadas de brasero, consistentes en un cono de arena con orificios laterales, en su interior se quemaban hojas cuyo humo se aspiraba aproximando la boca o la nariz a los huecos. Con el tiempo, se hicieron transportables y se les introdujo una caña para humear por ellas.

PipasEn una visita a museos y colecciones cubanas no es extraño encontrar en sus exposiciones, las conocidas cachimbas o pipas para fumar tabaco de la época colonial. Confeccionadas en barro, encierran un mundo enigmático, por su morfología, las técnicas de manufactura y decorativas implementadas, y por lo principal, el hecho de llevar consigo un pasado relacionado con los hombres que las elaboraron, utilizaron, y los procesos socio económicos a los cuales estuvieron relacionadas.

Aunque el uso más difundido de las pipas es la inhalación del tabaco, se sabe que en el neolítico o quizás antes, el hombre las elaboraba para fumar determinadas hojas de plantas, que producían un estado de excitación o embriaguez. Las primeras pipas pudieron ser las llamadas de brasero, consistentes en un cono de arena con orificios laterales, en su interior se quemaban hojas cuyo humo se aspiraba aproximando la boca o la nariz a los huecos. Con el tiempo, se hicieron transportables y se les introdujo una caña para humear por ellas.

Las pipas más antiguas fueron producidas por diversos pueblos. Los griegos y los romanos tenían pipas para usos terapéuticos, los romanos las conocían por lo menos desde el siglo I a.d.e; las tribus de África Central y los mayas de Centroamérica utilizaban pipas de tubo, y posteriormente los aztecas de México también practicaron la costumbre de fumar.La evidencia arqueológica demuestra que muchos siglos antes de la llegada de los europeos a América, el hábito de fumar estaba extendido en el Norte y Sur de este continente. Aquí se usaron pipas de distintos materiales e inhaladores fueron hechos de madera, hueso y cañas ahuecadas en forma de Y, II, I, circunstancia también documentadas en el territorio africano.

EL DESCUBRIMIENTO DEL TABACO POR LOS EUROPEOS

PipasA partir del descubrimiento europeo del tabaco y su contacto con los nativos americanos a fines del siglo XV, quienes lo usaban para curar y fumarlo, se iniciará la aceptación vertiginosa del hábito de fumar tabaco. No obstante, la costumbre moderna de fumar en pipas no comenzará hasta la segunda mitad del siglo XVI en Inglaterra, donde se introdujeron pipas de los indígenas norteamericanos, y pronto se manufacturaron industrialmente en arcilla. De hecho, Inglaterra en el próximo siglo se convirtió en la mayor fabricante de pipas de arcilla. Por su parte, Holanda comienza a elaborar pipas a principios del siglo XVII, al ser introducida la industria por piperos ingleses que huyeron de la persecución religiosa de Jaime I, sucesor de Isabel I. Uno de estos exiliados fue William Baernelts, que adoptó el nombre holandés de Willem Barentz y abrió una manufactura en 1617 en Gouda.

El tabaco fue clasificado por el naturalista Karl von Linné como Nicotiana tabacum, en honor al literato y diplomático francés Jean Nicot de Villemain, quien fue el primero en llevarlo a Francia desde Portugal en 1560. El vocablo estuvo relacionado con los términos tabacco y atabaca, denominaciones que se usaban en España e Italia para referirse a hierbas medicinales que mareaban y adormecían, procedentes, a su vez, de las expresiones árabes tabbaq y tubbaq.Sin embargo, los encargados de su difusión mundial fueron los navegantes holandeses y portugueses, quienes trasladaron la moda a sus diversos puertos de escala, introduciéndola simultáneamente en Persia, Java, Indochina y Japón. “Ya a inicios del siglo XVII el tabaco era conocido muy bien en todos los continentes, excepto Australia. Este y el siglo XVIII, serán los de mayor auge de la industria pipera europea, pues se desarrollará con éxito en distintos materiales y con infinidad de diseños.

Pipas ColonialesEn esencia, las pipas de arcilla están conformadas por el hornillo (también denominado cazoleta) donde se introduce la picadura del tabaco, el cual puede presentar talón para su apoyo, espuela o pedúnculo y las boquillas, que pueden ser alargadas o cortas. Las pipas industriales eran hechas mediante un complejo proceso de preparación de la arcilla, modelado, conformación de su forma final en un molde metálico de dos partes, eliminación de las rebabas o sobrantes, y secado natural. Después eran introducidas en potes de tierras refractarias y cocidas en hornos cerrados en una temperatura controlada de 200 a 300 grados durante 16 a 20 horas. Las pipas de arcilla están conformadas en tres partes: 1) la cazoleta, también denominada hornillo o tabaquera, donde se coloca el tabaco. Esta puede presentar un tacón o talón para su apoyo, y cuando este es algo más largo se denomina espuela o pedúnculo. 2) la caña o tubo, que es hueca y por donde se inhala el humo del tabaco de la cazoleta, puede ser corta o muy larga. 3) la boquilla, constituye la parte distal de la caña y en ella se introduce la boca. A su vez, las pipas con boquillas cortas, en la literatura también son nombradas “cazoletas sin tubo” (Schávelson: 2000, 186), a las que se les agregaba un aditamento como cañas huecas, que facilitara la inhalación del humo y evitara las quemaduras en las manos.

En cambio, también son conocidas las pipas de caolín de caña alargada. Las distingue su cazoleta blanca con una extensa caña que podía sobrepasar los 80 cm, aunque fueron más comunes las de 30 a 25 cm, cuyo objetivo era mantenerlas en uso, aunque éste se fuera gastando por el contacto con la boca y así facilitar que el humo llegara frío a la boca (Schávelson: 2000, 239). Las pipas de arcilla blanca o caolín se manufacturaron ampliamente en Inglaterra, Holanda y Francia; algunos autores consideran que la temperatura de los hornos era entre 1300 – 1350˚ C. En España los vascos preferían las pipas de arcilla; los asturianos, las de madera y los canarios las construyeron de madera y hueso.

El éxito de las pipas de arcilla en Europa, colapsó por las pipas de porcelana primero, y en la segunda mitad del siglo XIX por las de madera de brezo. Otros materiales también fueron utilizados para elaborarlas. En Japón se realizaron con metales; en el Norte de África, Medio y Extremo Oriente las pipas de agua alcanzaron notoriedad y en África las de terracota y madera abundaron. En el Caribe, sin embargo, hubo preferencia por las pipas de origen holandés e inglés, cuya difusión inicial se debió al comercio oficial e ilícito, practicado en la región durante el siglo XVII.

Pipas coloniales en Cuba

Los grupos prehispánicos de Cuba conocían el tabaco y otras sustancias alucinógenas que utilizaban para la cura de los enfermos, los ritos y su inhalación. En cambio, la única “pipa” que describen los cronistas es un inhalador que se usó en el rito de la cohoba y tenía forma tubular y disposición en Y.

Pipas ColonialesAl igual que en el resto del mundo el hábito de fumar el tabaco en pipas se expandió por el Caribe. Particularmente en Cuba, se importaron las pipas de caolín y las pipas cortas de arcilla de factura industrial. Su empleo no sólo fue para los españoles, sino que la costumbre rápidamente se difundió en la gran masa de esclavos africanos confinados a los terribles espacios de la plantación esclavista, los cuales también las manufacturaron.Con frecuencia se localizan entre las pipas cortas, tanto en las plantaciones como en sitios arqueológicos urbanos, un modelo cuyas características lo ubican en España, en la provincia de Cataluña. “Las pipas catalanas son un enigma pues no han sido estudiadas en ninguna parte del mundo (…) se ha podido establecer su procedencia porque algunas tienen las grafías del fabricante y el lugar de factura. Son pipas con los hornillos decorados, con motivos florales y geométricos, y son frecuentes en contextos del siglo XIX en sitios industriales” (Arrazcaeta: 2009). Se elaboraban en molde metálico de dos partes y eran cocidas en hornos cerrados.

Otras pipas, también cortas, son habitualmente halladas en los contextos industriales y en sitios asociados a los cimarrones. Son las denominadas por algunos autores cerámica de cimarrones (González Sánchez: 2005, 57) y cerámica de la resistencia esclava (Arrazcaeta: 2009), también reconocidas como pipas rústicas, indicadores arqueológicos de los contextos de cimarronaje (Gabino: 2007, 11). Fueron modeladas a mano y secadas en hornos abiertos, al aire libre. Es decir, implementando una hoguera y expuestas al fuego, sin control del oxígeno lo que hacía la temperatura irregular; cuestión que se verifica en la cocción de las piezas que presentan huellas de oxidación /reducción afectando la coloración de la pasta. Si ocurre la reducción (aumento de O2) la pasta asume tonalidades grises u oscuras, en cambio, con la oxidación, los colores serán claros (naranjas/ cremas), dependiendo siempre de los componentes químicos de la arcilla escogida como materia prima para la elaboración de la pipa. En ocasiones, estas pipas aparecen decoradas con motivos geométricos mediante la incisión, aprovechando la humedad del barro.

Pipas ColonialesLos esclavos debieron hacer las pipas en las propias haciendas, utilizando el barro que se tenían en los talleres para hacer tejas u hormas de cerámica para purgar el azúcar. Para ello contaban con dos recursos importantes para su tratamiento: el torno y los hornos cerrados, aunque los restos arqueológicos hallados hasta ahora arrojan muy poca información sobre una fabricación sostenida por parte de los esclavos. El tabaco utilizado debió ser las hojas trituradas dentro del hornillo.

En las haciendas de la época colonial aparecen fundamentalmente las pipas de serie industrial, como algunas modeladas a mano, posiblemente, por los esclavos. De hecho, el suministro de pipas a ellos, habituados al consumo del tabaco, se realizó a través de la tienda de la plantación y por los vendedores ambulantes, mediante los cuales tenían acceso a diversos bienes, indicios significativos de la economía informal del esclavo. Sin embargo, el mundo de estas piezas encierra otros elementos importantes, que sugieren actividades recreativas y también religiosas, “son ejemplos de objetos que tuvieron múltiples propósitos y significados” (Singleton: 2005, 9-12). Estas circunstancias también son documentadas en sitios de cimarronaje.

Pipas coloniales en el Museo Provincial Palacio de Junco de Matanzas

Como es conocido, la actual provincia de Matanzas, fue testigo directo del auge y desarrollo de la plantación esclavista en el país. Un recorrido por su paisaje aún devela las ruinas de ingenios y cafetales que otrora fueran fuente de lujo y riquezas para los hacendados y tristeza y humillación para los esclavos africanos. El Valle de Guamacaro, perteneciente a la antigua jurisdicción matancera, que actualmente se localiza en los términos territoriales de Limonar y Coliseo, fue uno de los espacios de florecimiento plantacionista en el siglo XIX. A través de la lectura de la obra de Alberto Perret (2007) se constata, en esa región, la existencia de cuarenta ingenios, siendo aquellos protagonistas de importantes eventos tecnológicos dentro de la producción azucarera como la implementación, por vez primera en Cuba, de un tren jamaiquino en el ingenio Caobas en 1829. Al igual que la proliferación de haciendas azucareras, debió aumentar el número de esclavos en estas tierras.

Precisamente del ingenio Perla, en Guamacaro, proceden cuatro pipas de barro que se exponen (2-515/2-516/2-517/2-518), donadas al Museo Provincial en junio de 1980 por José Agustín Martell, trabajador de la Asociación de Agricultores Pequeños (ANAP) con motivo de la creación del museo del azúcar. En esa época se registraron en la sección de Objetos Históricos y posteriormente, pasaron a formar parte de la sección de Arqueología de esa institución museal. El ingenio Perla a 9 ¼ Km. al Este de Limonar fue una de las plantaciones del siglo XIX matancero. La primera referencia aparece en el mapa de Vives en 1827 y la última hacia 1893. También conocido como Albuerne, en 1860 tenía 88 caballerías de tierra, 60 sembradas de caña y su producción era de 4 815 cajas y 294 bocoyes para un total de 1 130 t. de azúcar. Tuvo varios dueños. Hacia 1860 era propiedad de la Cía Territorial Cubana, fundada por un grupo de hacendados quienes poseían ingenios en Pinar del Río, La Habana, Matanzas y Las Villas; además, se menciona a Pedro Martinto entre 1884 y 1893. El Perla también fue testigo de las luchas independentistas mambisas. El 25 de febrero de 1896 tuvo lugar un reñido combate entre las fuerzas de Antonio Maceo y Máximo Gómez contra los españoles Prats y Molina, del cual los cubanos se vieron obligados a retirarse (Perret: 2007; 162,307). Sin dudas, el ingenio debió desaparecer durante el proceso de concentración y centralización del proceso azucarero en Cuba, durante la “Tregua Fecunda”.

La número 2- 515 es una pipa corta de arcilla con hornillo, talón y boquilla. El hornillo está decorado con un rostro femenino y tiene vidriado de tono verde- amarillo. Este tipo de pipa se hizo mucho en las fábricas francesas, españolas e italianas y responde a los cánones del romanticismo del siglo XIX donde abundó la representación de rostros relacionados con fábulas o personajes históricos. Fue manufacturada en un molde metálico de dos partes, en horno cerrado. Se distinguen las huellas del molde. Presenta manchas resultado de procesos postdeposicionales y no de la cocción.
Sus dimensiones son las siguientes: Altura máxima: 5 cm; ancho: 4.5 cm; ø exterior hornillo: 2.1 cm; ø interior hornillo: 1.4 cm; ø exterior boquilla: 1.7 cm; ø interior del hueco de la boquilla: 0.7 cm.

Por su parte la número 2-516 es una Descripción: Pipa corta de arcilla con hornillo y boquilla, modelada a mano y cocida en horno abierto. Presenta tonalidades más oscuras en parte del hornillo, lo que se debió a problemas de reducción en la cocción. De acuerdo a su morfología y características tecnológicas, puede considerarse como una pipa local, posiblemente manufacturada por esclavos.Sus dimensiones: Altura máxima: 4.3 cm; ancho: 5 cm; ø exterior hornillo: 2.3 cm; ø interior hornillo: 1.5 cm; ø exterior boquilla: 1.7 cm; ø interior del hueco de la boquilla: 0.9 cm.

La número 2-517 es una pipa fragmentada, por lo que presenta sólo parte del hornillo, boquilla y talón. El hornillo, al parecer, está decorado con un rostro barbudo. Puede ubicarse con una cronología del siglo XIX y según está decoración posiblemente se manufacturó originalmente en Francia o Catalunya. Se elaboró en un molde metálico de dos partes, en horno cerrado. Se distinguen las huellas del molde. Sus dimensiones: Altura máxima: 4.6 cm; ancho: 4.2 cm; ø interior hornillo: 1.2 cm; ø exterior boquilla: 1.8 cm; ø interior del hueco de la boquilla: 0.7 cm.

La 2-518 es una pipa corta de arcilla con hornillo y talón fragmentados, y boquilla. Presenta decoración geométrica, en una serie de líneas dispuestas en bandas horizontales y florales (guirnaldas). Esta tipología (morfología, tipo de pasta y color, y tipo de diseños) es de una pipa fabricada posiblemente en Cataluña. También fue confeccionado en un molde metálico de dos partes, en horno cerrado. Se distinguen las huellas del molde. Sus dimensiones: Altura máxima: 4.4 cm; ancho: 3.8 cm; ø exterior boquilla: 1.4 cm; ø interior del hueco de la boquilla: 0.6 cm.

Sin embargo, las pipas correspondientes a los números 2-519 y 2-528 de la muestra proceden del Valle de Yumurí, cercano a la ciudad de Matanzas, lugar donde tempranamente se establecieron trapiches e ingenios en la provincia. Lamentablemente, se desconoce el contexto particular del hallazgo. Las piezas fueron donadas al Museo Provincial, en septiembre de 1998, por Clara García Rojas, trabajadora de la Empresa de Cine de la urbe provincial. La primera es una pipa corta de arcilla con talón y boquilla fragmentados que presenta decoración geométrica, en una serie de líneas que salen del talón hacia la boquilla. Sus dimensiones: Altura máxima: 2.3 cm; ancho: 3.4 cm; ø interior del hueco de la boquilla: 0.7 cm.

La segunda Es una pipa corta de arcilla con hornillo y boquilla fragmentados, además de un talón pequeño. También presenta decoración geométrica, en una serie de líneas que salen del talón hacia la boquilla. Sus dimensiones: Altura máxima: 2.9 cm; ancho: 4.7 cm; ø interior del hornillo: 1.4 cm; ø interior del hueco de la boquilla: 0.8 cm. Ambas fueron confeccionadas en moldes metálicos de dos partes, en horno cerrado y por sus características tiene los rasgos típicos de las pipas catalanas.También, dentro de los objetos museables expuestos se atesoran tres pipas cortas de arcilla (2-526/ 2-514y 2-527) a las cuales fue imposible determinar el contexto de procedencia. No obstante, las dos primeras muestran una factura que las hace homogéneas con las presentadas anteriormente.

El último exponente es un hornillo de pipa corta de arcilla decorado en forma de tonel, característico de las manufacturas española y francesa del siglo XIX. También manufacturado en un molde metálico de dos partes, en horno cerrado.El mundo de las pipas de arcilla coloniales en Cuba sigue siendo enigmático. En manos de los investigadores está la destreza de que estas piezas legadas del pasado, no sólo sean barro decorado para fumar tabaco, sino móviles para desentrañar los hechos y procesos de la historia, de la cual formamos parte.


Bibliografía mínima:

Arrazcaeta Delgado, Roger (1986). Las pipas: un antiguo útil de fumar. Catálogo de la exposición de pipas arqueológicas del Museo Municipal de Batabanó. (inédito).

González, Adrián (2005). “El fabuloso mundo de las pipas. Perspectiva histórica general, contribución y desarrollo de esta cultura en Cuba”. En: Catauro, La Habana, Fundación Fernando Ortiz, año 7, No. 12. pp 60-75.

González Sánchez, María Rosa (2005). “Cerámica de cimarrón”. En: Boletín Gabinete de Arqueología. La Habana, Oficina del Historiador de la Ciudad, año 4, No. 4. pp 55-59.

La Roza Corzo, Gabino (2007). “Arqueología del cimarronaje. Útiles para la resistencia”. En: Boletín Gabinete de Arqueología. La Habana, Oficina del Historiador de la Ciudad, año 6, No. 6. pp 4-16.

Perret Ballester, Alberto (2007). El azúcar en Matanzas y sus dueños en La Habana. La Habana, Editorial de Ciencias Sociales.

Prado Flores, Aneli; Joyce Álvarez Rossi y Roger Arrazcaeta Delgado (2004). “Rescate arqueológico en Mercaderes no. 15”. En: Boletín Gabinete de Arqueología. La Habana, Oficina del

Historiador de la Ciudad, año 3, No. 3. pp 31-40.

Schávelson, Daniel (2000). Catálogo de cerámicas históricas de Buenos Aires (siglos XVI- XX). Buenos Aires, Fundación para la investigación del arte argentino.

Singleton, Teresa (2005). “Investigando la vida del esclavo en el Cafetal El Padre”. En: Boletín Gabinete de Arqueología. La Habana, Oficina del Historiador de la Ciudad, año 4, No. 4. pp 4-13.


Autores: Silvia Teresita Hernández Godoy y Roger Arrazcaeta Delgado