Por: Leymen Pérez

Nunca he estado en la ciudad de Manzanillo pero la he visto y sentido de distintas maneras cada vez que releo El trabajo del hacha, de Alejandro Ponce. Texto por el cual recibió el Premio Anual de Poesía América Bobia 2015 que otorga Ediciones Vigía.

El Objetivo Del Hacha

Desde la primera vez que leí este poema –como miembro del jurado que lo premió- me llamó la atención la utilización de múltiples referencias intertextuales y de distintos campos del saber que Alejandro Ponce sabe dosificar en su discurso, en su modo peculiar de abordar la Historia que para nada es local sino nacional y universal, mediante versículos de largo y sostenido aliento que por la extrañeza de su lenguaje –inherente al hecho poético-, la fuerza expresiva y, sobre todo, la honestidad del sujeto poemático que usa (aspecto poco común en nuestro contexto) le confieren un lugar singular entre los poetas de su promoción.

La voz irónica y crítica de este sujeto poemático conoce ciertas leyes y posibilidades de la respiración, el respirar de Ponce, así como también lo que él escucha y ve. Me refiero a lo que suele llamarse el verso proyectivo y que encaja a mi modo de ver en El trabajo del hacha. La energía que compone a este poema y el que emisor ha sido capaz de dramatizar armónicamente, va cortando –mediante el hacha que sube y baja- a la misma mano que escribe y narra, como somos cortados, mientras malvivimos y sobrevivimos, de una barbarie a otra y  en el mismo matadero cívico porque el poeta habla de cosas que están fuera del poema, pero que forman parte de nuestro espíritu.

La energía que se produce mientras sube y baja el hacha permite que una percepción inmediata y directa conduzca a otra, sin trapicheos, ni malabarismos lingüísticos que distorsionen la sinergia de elementos -que si bien le he escuchado decir al poeta en varias ocasiones- tienen como núcleo central a Manzanillo, también trasciende ese espacio geográfico por el manejo de la realidad social, permitiéndonos entrar y salir de eso que quiero llamar el objetivo del hacha.

 Para meditar en la relación entre el hogar y los poemas, Walter Benjamin anotó en 1926 en su Diario de Moscú: “un lugar no se conoce hasta haberlo vivido en el mayor número de dimensiones. Para poseer un sitio hay que haber entrado en él desde los cuatro puntos cardinales, e incluso haberlo abandonado en esas mismas direcciones”.(1)  Aunque para Benjamin resulta necesario entrar y salir de un lugar para poseerlo, es decir, abandonar el lugar más que permanecer en él, para Alejandro Ponce, aquello hacia dónde va el hacha, va más allá de una construcción física y emocional, para adentrarse con firmeza en zonas que han sido tratadas por la poesía cubana actual, pero que no alcanzan la penetración filosófica que se aprecia en este texto capaz de conmovernos y hacernos meditar.

Duchamp decía: “si un objeto de tres dimensiones proyecta una sombra de dos dimensiones, deberíamos imaginar ese objeto desconocido de cuatro dimensiones cuya sombra somos" (2). En El trabajo del hacha, me fascina la búsqueda del objeto de una dimensión que no arroja sombra alguna.

Notas

(1) Walter Benjamin: Diario de Moscú, Buenos Aires, Taurus, 1990, p.32.

(2) Octavio Paz: Corriente alterna, Siglo Veintiuno Editores, México, DF, 2003, P.71.