¿El árbol de la discordia?En uno de los estantes de la librería Dionisio San Román de Cienfuegos, el lector puede hallar aún algunos ejemplares del interesantísimo volumen "Árbol de la Esperanza, antología de décimas hispanoamericanas". En esta obra podemos leer décimas de autores españoles, latinoamericanos y cubanos.

La selección y el prólogo de dichos textos es de la autoría del holguinero Ronel González Sánchez, relevante poeta e investigador de nuestro país.

El prólogo posee la peculiaridad insólita de que, aunque estructurado como prosa lineal, está escrito en décimas. En dicho proemio, el antologador define claramente su concepto de la estrofa de diez versos, donde deja claro: (1) que Árbol de la esperanza es una antología de décimas, no de espinelas, (2) que es una antología de décimas literarias y no de espinelas vinculadas a la oralidad y el repentismo.

En el prólogo se aprecia que Ronel concibe su antología, desde el punto de vista formal, partiendo de un criterio amplio del concepto décima: (A) la décima no es sólo una combinación estrófica de versos octosilábicos (aunque este metro sea el predominante; el octosílabo es la medida básica de los segmentos discursivos del habla hispánica); (B) la décima constituye generalmente una composición estrófica de diez versos consonantes  con distribución de rimas abbaaccddc (remanente hereditario de la espinela); (C) la décima se distingue actualmente de la estrofa de Espinel por la variedad métrica (es frecuente el recurso al endecasílabo y al alejandrino) y por ignorar la antigua norma de “puente” o “bisagra” para los versos cinco y seis

Ronel basa su principio de selección, desde la perspectiva ideotemático, con textos fundadores de lo intelectivo, donde prima el hallazgo de lo trascendente sobre la inmanencia epidérmica. Su punto de partida es el barroco, donde el hombre comienza a dejar de ser la medida de todas las cosas. “En el principio fue el ente velado / lo incognoscible: / onticidad invisible que autoniega lo aparente. El barroco con todos sus juegos formales, condensaciones expresivas, densidad conceptual y tropológica, rupturas discursivas, citas, recontextulizaciones, “el epistema novedoso”. Ronel niega, por consiguiente, la aberración paradigmática donde creación es igual a pantomima. Entre otros, estos son los presupuestos selectivos que tiene en mente el antologador.

Pero todos sabemos que en una antología, casi siempre, “no son todos los que están, ni están todos los que son”. Generalmente somos inconsecuentes. Somos poetas, no matemáticos. Ante un texto o autor tenemos gustos y disgustos; a veces, preferencias circunstanciales o Wahlverwandtschaft (“afinidades electivas”), al decir de Goethe.

Hay, en este Árbol de la esperanza algunas exclusiones e inclusiones inconsecuentes, fortuitas, aleatorias, desde mi punto de vista. No quiero poner ejemplo, es preferible que el lector lo constate. En definitiva creo que a pesar de mis gustos y disgustos (y los de Ronel, por supuesto), y de las ramas que le faltan (y le sobran) a este Árbol de la esperanza el resultado final no deja de ser atendible, y útil, para aquel lector interesado en indagar en (y disfrutar de) la estrofa de diez versos; y aconsejo que se acerquen a este árbol de la poesía, que aunque espinoso, nunca llega a ser el de “la manzana de la discordia”.


Por: Jesús Fuentes Guerra