Por: Carlos L. Zamora

De todos los oficios posibles, que son más de los que supone la clasificación elemental, Roberto Manzano ha escogido el de guardabosque. Un guardabosque que canta, simplemente. Eso ha escrito, o quizás debo decir, ha cantado, para nosotros, desde una página que hoy releo como si bebiera un café casi nocturno, al final de Poesía de la tierra (1),  un libro que no termina sino que se echa a dormir entre animales, jolongos, aperos, grillos; que espera otra jornada cuando avise el gallo, como todos sus iguales, los hijos de la tierra.

El guardabosque, un hombre que canta, simplemente…Elogio de Roberto Manzano

Nuestro guardabosque ha visto nacer sus libros aunque los partos han sido dolorosos. Pero no era cuestión, bien lo sabe, de abandonar la semilla para que fructifique sola, había que crecer con ella. Manzano ha crecido desde los libros con la misma certeza del árbol frondoso. Sabía lo que serían, a pesar de las plagas perniciosas y los excesos, y disfrutó cada hoja nueva como un anuncio de esplendor. Esperó su cosecha, digo yo, confiado en que había hecho su parte y a otros correspondía el resto.

Cuando recorro las páginas de sus títulos iniciales, yo, que también soy guajiro, vuelvo a mi infancia. Les aseguro que no es el socorrido lugar común. Alimento tras cada página la pueril, falsa ilusión de compartir con mi padre esos versos que ya hace rato pasaron la adolescencia.

Él, casi analfabeto, amante de la décima y la tonada, casi exclusivamente, disfrutaría, puedo imaginarlo, la Salutación bajo el cielo.

Yo vengo del terrón y vengo de la yerba. / Viento soy en lo alto del molino…/
Voy hacia los caminos: me voy hacia la espiga. (2)

Mi padre, en su inocente ignorancia hubiera paladeado estos versos como unos buenos mamoncillos, me hubiera pedido que le leyera más, quizás le hubiera gustado que fueran míos. En alguna ocasión, Manzano ha escrito que en Cuba no se sabe vender la poesía, lo cual me parece más que atinado. Cuando releía ahora Canto a la sabana, confirmé que pude hacer a mi padre en su momento un magnífico regalo metiéndole por esos trillos que Manzano nos ha descrito, para no perdernos, para mantener latentes prosapia y buen gusto, un matrimonio desacostumbrado la mayoría de las veces. Ni siquiera los poetas, tal vez por excesivo pudor, sabemos ofrecer la poesía que con tan buena fe nos ha nacido.

Releo a Manzano con una sensación de culpa y desafío. Por no haberle leído suficientemente para mí y para los míos y por lo que compromete su lectura, que es canto impecable de humildad, de amor infinito y de comunión con la Naturaleza, tres pilares por los que puede sostenerse una poesía antes de emprender las aventuras de la métrica, la rima, el ritmo…Que no es cuestión de consonantes (y claro que lo es, pero menos) sino de corazón, escribió Vallejo.

Poesía de la tierra: poesía esencial. De una riquísima tropología que tiene en el entorno campesino sus principales referentes, pero cuya exquisita factura le aleja significativamente del folclorismo, tan abusado entonces por muchos cultores del género y que pretendiera etiqueta de identidad, aupados por superficiales lecturas y presumiendo saco similar al de excelentes poetas como el propio Manzano y Renael González, otro querido amigo. Sobre la necesaria revisión de esta etapa, evento inconcluso en nuestra historia literaria, han reclamado ya estudiosos y poetas cubanos como Jesús David Curbelo y Waldo Leyva y espero, para bien de la cultura cubana, que la justicia esté en curso.

Quizás una clave para indagar sobre esa diferencia las revela el propio  Manzano en carta a Ivania del Pozo y que apareciera en el prólogo a Encaminismo:

La naturaleza cubana aparece en mi obra muy pocas veces como asunto propio (tal vez donde más aparezca sea en Puerta al camino), sino siempre como entorno físico y expresivo del hombre de campo, del obrero agrícola(…) Nosotros no tuvimos tierra nunca: solo el camino para buscar trabajo. Nuestra tierra era la del camino. (3)

El poeta ha advertidoque “no hay sociedad en el mundo que pueda tener un poeta absolutamente contento con lo que está pasando en ella.”(4)En Manzano, esa angustia, que tiene poderosas y viejas raíces, no cesa. Uno asimila y comparte el dolor de esa contemplación en solitario. Frente a un entorno hostil y ante las limitaciones objetivas del individuo, antes y después, el poeta ostenta sin embargo “el sol más soberbio/ en (su) pecho escondido. (5)

Y aun así, uno atisba la fuente, con el encanto del barro, con el olor de las flores recién abiertas o el color y el sabor de las frutas carnosas, jugosas, que están detrás del sueño del poeta, en esa especie de nostalgia por lo que no ha sido pero está casi a mano, casi a punto. Tal vez el níspero más que la manzana, aunque en su poesía los símbolos universales se entremezclen armónicamente con los locales, evidencia de una asunción cosmogónica y heterodoxa del ejercicio poético, que muy bien confirma las capacidades del autor, que “en invisible sacerdocio, coloc(a) la silla de (su) canto afuera, contra el polvo y el viento de la vida.”(6)

Las formas: heptasílabos, alejandrinos blancos, sonetos, décimas, versos libres, rimas, iteraciones y provocadoras asonancias, como en un jardín gigante donde espigan la rosa y el apasote, la yerba silvestre con toda su gracia, y el jiquí y el marabú, hermanados todos en sus naturales diferencias.

Una Patria cantada, sin consignas estridentes y sin embargo: historia profunda. Recuento de angustias y de aspiraciones. El horizonte difuso a veces: un testimonio también desde los pobres de la tierra. Contado desde la raíz poderosa del árbol, que sobrevive a todas las tormentas, que revela en sus anillos la memoria íntima y contundente del monte o la sabana, sin los ayes histéricos y melodramáticos del folletín. Dolor de tierra agrietada, pero no estéril. Y la luz, que es herencia martiana y en él es también recurrente y emancipadora.

Yo te saludo, patria.
Yo te saludo en nombre de la sangre.
Yo te saludo en nombre de la risa.
Yo te saludo en nombre de los frutos.
Aquí te cito y te congrego
Para el canto. Yo vengo de tu lámpara. (7)

En discursos recientes se ha llamado a los hombres a volver a la tierra. Nuestras mesas reclaman. También a la poesía hay que volver, con urgencia distinta pero siempre volver.

En una conferencia aseveró Manzano: “Ahora ocupamos más mundo artístico que antes, nos movemos en el servicio colectivo y en el servicio íntimo. Así ha crecido y seguirá creciendo la poesía, ejerciendo su ministerio entre los hombres, pues poesía es, para mí, la más alta comunicación humana”. (8)

Nuestro guardabosque no solo ha plantado sus árboles sino que, consecuente con la alta responsabilidad de su oficio, vela por todos. Los viejos y los nuevos árboles. Los lectores agradecen ese esfuerzo que se materializó entre otros libros, en la publicación de dos antologías y una promoción sostenida entre talleres, conferencias, coloquios, entrevistas en los que vierte su fértil sabiduría a favor del género y donde ha insistido sobre el rigor y la autenticidad en la escritura.

Ha afirmado el poeta en alguna ocasión: “Tenemos una responsabilidad enorme con la poesía: autoformarnos, autoeducarnos… El genio, como bien apuntó Martí, es el conocimiento acumulado; necesitamos la emoción, pero también la instrumentación. La poesía es el lenguaje más altamente personalizado que se conoce dentro del mundo de la comunicación. Cuando el poeta se sienta a escribir no diferencia lo subjetivo de lo objetivo, para él un unicornio y el Producto Interno Bruto tienen el mismo valor. Todo lo que es cómodo en poesía es muy peligroso, a veces el libro se convierte en un almacén y no en un sistema”. (9)

Hay un magisterio natural en Manzano, su conversación nos cultiva, su nobleza nos predispone.

La Dra. Ivania del Pozo ha escrito sobre él: Nos ha recobrado la naturaleza a través de sus ojos campesinos y nos ha enseñado a mirar la ciudad moderna de una manera muy peculiar, henchida de una gran sencillez y singularidad, ajena a todo esnobismo, a todo cosmopolitismo, a toda servidumbre y genuflexión estética.(10)

Yo creo que canta, simplemente y que congrega sin imponer más que razones evidentes para salvarnos todos:
me laceran los muros, los muros, los muros…todos los muros, los muros propios, los muros ajenos, la letanía de los muros;
el hombre es un animal erigidor de muros…

Por eso yo voy a salir, ya sin lindes, hacia la única linde posible: esa que se permuta sucesiva en el horizonte! (11)

Eso ha proclamado. Quizás, debamos acompañar al guardabosque.

 

Notas y referencias:

  1. Poesía de la tierra. Ciego de Ávila, Ediciones Ávila, 2005.
  2. Op. cit., pp.38-39
  3. Ivania del Pozo: Desde la presencia de la poesía: Un encuentro con la obra de Roberto Manzano. En: Encaminismo, Editorial Ácana, Camagüey, 2005, p.14.
  4. Intervención en el Panel Literatura cubana: tendencias y problemas,UNEAC, 18 de febrero de 2015. Tomado de: Roberto Manzano:La poesía cubana ha sabido resolver la relación entre lo real y lo ideal. En: http://epoca2.lajiribilla.cu/articulo/9818/la-poesia-cubana-ha-sabido-resolver-la-relacion-entre-lo-real-y-lo-ideal
  5. De No importa. En:Puerta al camino. Encaminismo, p 95
  6. DeEl poeta. En:Puerta al camino.op.cit., pp 60-61
  7. Idem. 2
  8. Roberto Manzano: La construcción poética del mundo. Tomado de: La construcción poética del mundo según Roberto Manzano.De Erian Peña Pupo. En:http://www.uneac.org.cu/noticias/la-construccion-poetica-del-mundo-segun-roberto-manzano, 11 de Mayo de 2017.
  9. Idem.
  10. Ivania del Pozo, op. cit, p.18.
  11. En: Synergos, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 2005, pp. 53-55