Guy Rafael Francisco Pérez Cisneros y Bonnel, fue sin lugar a dudas, un destacado intelectual con una labor importante dentro del contexto cultural republicano. En una época dura, donde la intelectualidad, pugnaba por desentrañar el fenómeno de lo cubano en todas las esferas de la vida sociocultural. En este sentido Pérez Cisneros alzó su voz desde el periodismo, la promoción, la crónica y fundamentalmente la crítica de artes plásticas, para articular con su verbo axiológico, un proyecto de configuración identitaria a través de su ejercicio del criterio, en el plano puntual de las artes plásticas.

La prensa, por supuesto, fue el medio idóneo para la materialización y socialización de sus trabajos. Pues es harto conocido que para la época, la letra impresa constituía la ruta expedita hacia la visualización de los mismos por parte de una comitencia interesada. De ahí que periódicos, suplementos, y fundamentalmente las revistas, en este caso las culturales, constituyeran el canal comunicativo idóneo, específicamente en cuanto a la crítica de artes plásticas, para mediar entre el artista y el público, en aras de una suerte de cocreación que retroalimentara y complementara el proceso creativo. Lo cual ayudaría en la sensibilización de los lectores para con las temáticas abordadas.
 
Por eso es importante evaluar el impacto que tuvo la labor de Pérez Cisneros, desde la profunda repercusión de su corpus teórico, en gran parte de las revistas culturales de su momento.

Sin lugar a dudas el hecho de que haya fungido como editor, redactor, colaborador y traductor de los más importantes titulares de su contexto, lo insertó de facto, con una posición para nada despreciable, en el debate cultural cubano. Entre su amplio diapasón de colaboraciones pudiéramos mencionar las hechas en: Verbum, Espuela de plata, Nadie parecía, Selecta, Carteles, Arquitectura, Universidad de la Habana et al, en estas, principalmente en Grafos, discurrió esencialmente el grueso de sus reflexiones.

Su amistad con el destacado escritor José Lezama Lima se manifestó en acciones como la fundación de la revista Verbum[1] en junio de 1937, con una tirada de escasamente 2 años. Esta publicación constituyó el órgano periodístico de la Asociación Estudiantil de Derecho de la Universidad de la Habana. En sus reseñas se tocaron problemas y polémicas de nuestras raíces, como la cuestión racial y aún cuando no se especializó en arte y literatura, constituyó un osado intento en pro del debate cultural. Pérez Cisneros publica en el número1 de julio de 1937, lo que puede constituir su bautizo en la escena intelectual, y uno de sus textos más importantes: “Presencia de ocho pintores”, Conferencia que según términos del destacado intelectual Cintio Vitier: (…) proponía una especie de programa de salvación nacional del arte y de la salvación de de nuestra identidad a manos de la cultura. [2]

 

En el último cuarto del año 1939 y como parte de la zaga dejada por los intelectuales de Verbum, se funda Espuela de Plata: Cuaderno Bimestral de Arte y Literatura,[3] otra de las revistas importantes de este período, de ella solo vieron la luz seis números por problemas financieros, saliendo desde agosto de 1939, hasta julio de 1941. Entre sus gestores se encontraban Lezama Lima, Pérez Cisneros, el padre Ángel Gaztelu, entre otros. Esta por su parte, a diferencia de su predecesora, se enfocaba más al arte y la literatura. En este titular Cisneros publica en la edición de agosto – septiembre de1939, su artículo: “Sexo, símbolo y paisaje (A propósito de Mariano)”, análisis que le valió su famosa polémica con el pintor Carlos Enríquez. Además en agosto de 1941, ve la luz su texto: “Enlace de línea con Portocarrero”, atinado análisis del valor plástico de la línea en la obra del pintor.
De la desmembración de Espuela de Plata nacen tres proyectos: Nadie parecía[4]; Clavileño y Poeta. El primero rectorado por Lezama Lima, una vez más él y Pérez Cisneros, continúan dedicando sus esfuerzos conjuntos al arte y la literatura.
Fue en la primavera de 1944 cuando se publica el primer número de la revista Orígenes, que vio la luz gracias a la colaboración de José Rodríguez Feo y tuvo vida hasta 1956. Orígenes[5] no fue más que el colofón del proceso iniciado en el 37 a través de Verbum; una idea materializada por un conjunto de intelectuales que compartían los mismos intereses y cuya comunión más que por factores etáreos se consumó por igualdad de criterios; los que versaban fundamentalmente en relación al conflicto común de la época: rescatar la esencia cultural, creando un arte cubano verdaderamente autóctono sobre la base de los siguientes aspectos: desligar todo intento político del arte, defender la hispanidad en las letras cubanas, incluso en detrimento de la influencia afrocubana; luchar enconadamente contra la penetración extranjerizante, dando muestra de un anti injerencismo o más osadamente un anti imperialismo; rechazo a la burocracia en materia de cultura y como dato curioso, una admiración por la obra martiana, fuente de algunos de estos rasgos. Los origenistas desarrollaron su acción, marcados por la filiación católica de sus miembros, buscando la solución a la problemática cultural en los inicios, las raíces, la historia.
Los titulares de este magazine se hicieron eco de las novedades culturales acaecidas en la Isla. El trabajo de sus escritores se desarrolló y respaldó por el conocimiento, el diálogo polémico con el entorno sociocultural nacional y los patrones ideo-estéticos que lo animaban, así como una reflexión crítica sobre los caminos por los que había transitado y transitaba la cultura cubana; además contó con la colaboración de importantes autores extranjeros de la época y un sin número de naturales como: Lezama Lima (quien fuese el alma), Fina García Marruz, Virgilio Piñera, Cintio Vitier, Guy Pérez Cisneros y el hispano-cubano Ángel Gaztelu.
Cisneros estuvo muy cerca de Orígenes porque tuvo la suerte de compartir estudios universitarios con sus protagonistas, vinculándose a ellos desde los primeros momento. En esta revista publica una pequeña nota cultural dando la bienvenida al pintor Roberto Diago a la escena artística, y su crítica “Lo atlántico en Portocarrero”, ambas de 1944.
Es meritorio señalar entre 1941 y 1944 su participación en la revitalización de la revista Grafos[6]. Esta publicación dirigida por María Rodelat de Fontanills y la señora María Dolores Machín de Upmann, en la que se desempeñó por un tiempo como jefe de redacción, marcó un espacio significativo de su vida. A través de este suplemento informativo, Pérez Cisneros canalizó gran parte de su pensamiento crítico. En sus páginas destacan ensayos sobre artistas de la plástica como Fidelio Ponce, Amelia Peláez, Alfredo Lozano, Mariano Rodríguez, René Portocarrero, Felipe Orlando, Domingo Ravenet; así como meritorias observaciones sobre manifestaciones que hasta esa fecha eran consideradas artes menores como el grabado, la caricatura, el arte popular y el naif.
Grafos fue el medio oportuno para llegar a una comitencia a la que se necesitaba concientizar de forma inmediata sobre la problemática cultural por la que el país estaba atravesando. Independientemente de que estuviera mucho más vinculada con la estética sensacionalista y burguesa que otrora fuese defendida por Social. Constituyó, el vehículo a través del cual se llevó a cabo todo un proceso de construcción  cultural y artística, auxiliado en gran medida, por las traducciones de importantes autores contemporáneos como Alain, Valéry, Gide, Faucillon, Claudel, etc. En ella Cisneros publica aproximadamente 30 textos, que en su gran mayoría analizan el intríngulis morfoconceptual de la vanguardia plástica insular, así como sus nexos identitarios con nuestra idiosincrasia.
Participaciones más exiguas, pero igualmente importantes, podemos citar su paso por la revista Selecta, en la cual se desempeñó por un tiempo como redactor. En este titular publicó el 9 de octubre de 1937: “Cantos y sones de Nicolás Guillén: De la cháchara frívola al camarada máuser” Un estudio acerca del folclorismo afrocubano y la cuestión racial en la poesía de Guillén. Además en los números de noviembre y diciembre de ese mismo año publica: “Estudios libres de pinturas” y “Nueva etapa pictórica: Nuestro estudio libre de pintura”. Ambas dedicadas a ensalzar el proyecto liderado por el pintor Abela y que proponía una enseñanza antiacadémica en el arte. Esta empresa constituyó una especie de laboratorio en el cual se foguearon los noveles pintores, principalmente los de la segunda promoción vanguardista. Además publicó en el año 1942: “La capilla de la cubanidad”, en Carteles. Colaboró también con otras revistas como La del Colegio de Arquitectos de Cuba y la de la Universidad de la Habana.
Independientemente de su labor en las revistas culturales, Pérez Cisneros también publicó en los periódicos de la época. Su labor periodística toma como tribuna ediciones de El Mundo; El Mundo Dominical y el periódico Información. En el primero publica algunas reseñas acerca de pintores vanguardistas como Fidelio Ponce, el 5 de enero de 1941 y Mariano Rodríguez el 6 de julio del mismo año. Además comenta importantes certámenes expositivos con los titulares: “Exponen siete pintores cubanos”, en marzo 2 de 1941 y “La exposición del patronato de artes”, reseña fechada el primero de junio, también de 1941. Pero sin lugar a dudas, una de sus más prolijas facetas fue la de cronista. Así, entre octubre de 1944 y abril de 1945 dio vida a una columna en el periódico Información, con un  total de más de 60 crónicas, ejemplos del más claro periodismo cultural[7].
En sentido general, podemos concluir, que la participación de Pérez Cisneros en las revistas culturales del contexto que le tocó vivir, propició, sin lugar a dudas, que sus criterios acerca del proceso cultural cubano, de las tendencias vanguardistas en la isla y el proyecto de configuración identitaria, que fue articulando a través de su crítica de artes plásticas, fueran visibles, comprendidos y justipreciados por sus contemporáneos y sucesores. No en balde y muy merecidamente Gastón Baquero, destacado intelectual de nuestras letras sentenció, que Cisneros, figuraba en el rango máximo de la cultura cubana. Al mismo tiempo las editoriales citadas contaron con el enorme privilegio de tener entre sus páginas, los trabajosdel crítico más calificado y orgánico de las décadas del treinta, cuarenta e inicios del cincuenta en Cuba. Quien, al decir de Graciela Pogollotti, fue uno de los primeros curadores, animadores y promotores, del movimiento artístico cubano. Esto, sin lugar a dudas, fue patente, en gran medida, gracias al empuje social que estas revistas culturales dieron a los acertados y vigentes juicios que este hombre legara, a la historia de la cultura cubana. 
 
Bibliografía:

    • Colectivo de autores: Baudelaire y la crítica de arte, Editorial Arte y Literatura, La Habana, 1986.
    • De Juan, Adelaida: Pintura cubana, temas y variaciones, Editorial Félix Varela, La Habana, 2005. 
    • Diccionario de la Literatura Cubana, Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1984.
    • Lazo Pastó, Orlando; Hernández Pérez Yarima: “Guy Pérez Cisneros. Su Proyecto de configuración identitaria a través de la crítica de artes Plásticas”, Trabajo de Diploma, Facultad de Humanidades, Departamento de Historia del Arte, Universidad de Oriente, 2007. (inédito)
    • Merino Acosta, Luz; Compiladora: Las estrategias de un crítico. Antología de la Crítica de arte en Guy Pérez Cisneros, Pról. de Graziella Pogolotti, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2000.
    • Pedroso, Luis: “Contribución al estudio del proceso de la crítica de artes plásticas en cuba a través de Bernardo Barros y Guy Pérez Cisneros, Trabajo de Diploma, Facultad de Artes y Letras, Universidad de la Habana, 1982. (inédito)  
    • Pérez Cisneros, Guy: Características de la evolución de la pintura en Cuba, Editorial Pueblo y Educación, La Habana, 2000.
    • Pogolotti, Graziella: Experiencias de la crítica, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2003.
    • Ravenet, Mariana: Ravenet revela a Ravenet, Editorial Letras Cubanas, La Habana.2005.
    • Turruellas, Yanara: “El ejercicio del criterio en las revistas culturales santiagueras (1903 -1958)”, Trabajo de Diploma, Facultad de Humanidades, Departamento de Historia del Arte, Universidad de Oriente, 2003. (inédito)
    • Vitier, Cintio: Para llegar a Orígenes, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1944.

 

[1] Verbum: Ve la luz de 1937 a 1939. Nace con René Villarnobo como director y Lezama como secretario en la escuela de Derecho de la Universidad de la Habana. Revista no exclusiva ni principalmente literaria, órgano de la Asociación Estudiantil de Derecho. Entre sus fundadores se encuentran: Lezama Lima, Ángel Gaztelu, Alfredo Lozano, René Portocarrero, Justo Rodríguez Santos, Mariano Rodríguez y Pérez Cisneros.  

[2] Cintio Vitier: Para llegar a orígenes, Pag.74.

[3] Espuela de plata: Se publica de 1939 a 1941. Cuaderno bimestral de arte y poesía. Órgano de expresión de la nueva generación, y que no fue más que la revista Verbum revitalizada y humanizada por la alianza de pintores y poetas nucleados en la primera. Sus directores fueron Lezama Lima, Mariano Rodríguez y Pérez Cisneros. En el comité de colaboración se incluían Jorge Arche, Gastón Vaquero, René Portocarrero y Cintio Vitier. Posteriormente se incorporaron Amelia Peláez, Virgilio Piñera y Ángel Gaztelu. Marcó el inició de la formación de un grupo intelectual que alcanzaría su coherencia definitiva alrededor de la Revista Orígenes. Estaba dedicada fundamentalmente a la poesía, pero se publicaron cuentos, crítica literaria y artística, así como dibujos y viñetas.

[4] Nadie Parecía: “Cuaderno de lo bello en Dios”: Revista de 200 ejemplares, consagrada casi por completo a la poética. Cisneros, Lezama y Gaztelu editan los 10 números que vieron la luz de este titular.

[5] Ve la luz de 1944 a 1956, legítima expresión de los tendencias literarias que animaban al grupo rectorado por Lezama desde Verbum. Se publicaron 42 números, en los cuales el debate y los espacios verdaderamente críticos, permitieron el desarrollo y la maduración de los juicios de sus creadores y colaboradores.

[6] Revista lujosamente impresa, de corte social, dedicada a la sociedad habanera que se editó de 1933 a 1946, aparte de Pérez Cisneros se desempeñaron como redactores de la misma Ramón Guirao y Rafael Mezquina. En ella colaboraron escritores como Nicolás Guillén, Renée Méndez Capote et.al.

[7] Algunas de estas crónicas fueron compiladas por la Dra. Luz Merino en el volumen Las estrategias de un crítico. Antología de la crítica de arte en Guy Pérez Cisneros. 

 
 
* Texto presentado en el IV Taller Internacional: “Nuestro Caribe en el Nuevo Milenio”
 

Por: Orlando Rafael Lazo Pastó