Por: Haydeé Espino[1]

“Yo creo que aun los libros de crítica tienen que tener un argumento, como si fuera una novela”, afirma Emir Rodríguez Monegal en una entrevista que le realizara Carlos Cortínez en 1969.  Bajo esa luz, este texto pretende desentrañar cómo Rodríguez Monegal reformula los procedimientos y objetivos de la función crítica mediante la construcción de un argumento en El viajero inmóvil. Introducción a Pablo Neruda (1966).

El viajero inmóvil o la crítica literaria como un género de ficción

La primera edición de El viajero inmóvil, a diferencia de las posteriores, se divide en tres partes: “Persona y poesía”, “Retrato en el tiempo” y “La única residencia”.  La primera, “Persona y poesía”, consiste en un texto panorámico sobre la situación de Neruda en las letras hispanoamericanas: sus influencias ideológicas y literarias, su militancia política y su cambio de nombre de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes a Pablo Neruda. “Retrato en el tiempo”, la segunda parte, corresponde cronológica y literariamente a la vida del poeta, la cual, bajo la pluma de Emir, resulta ser un anecdotario de los escritores de la época con un matiz detectivesco donde correlaciona los acontecimientos biográficos de Neruda con su impronta en su obra.  Hasta aquí, el lector de El viajero inmóvil tiene ya claro quién es Neruda y “de qué pata cojea”. Sabe de sus grandes amores, empezando por la Mamadre, Guillermina y Josie Bliss, hasta sus esposas; desde el deseo de crear su propio universo poético hasta los nombres de algunos de sus amigos más entrañables, como Rafael Alberti, quien fuera pieza clave en la divulgación de Residencia en la Tierra en España, y de poetas acaecidos durante la Guerra Civil.

La tercera y última pieza, “La única residencia”, se centra en el análisis crítico de la obra nerudiana, proponiendo el estudio de los libros del poeta como unidades creativas por ser Neruda, no un poeta de poemas, sino de libros. Según Emir, “Pablo Neruda crea a partir de una concepción o impulso interior que asume ya (dentro de sí) la forma del libro” (El viajero inmóvil 181).  En esta última parte de El viajero inmóvil, el recuento nerudiano pone los acentos en la cronología de sus influencias lectoras y en los temas recurrentes de la totalidad de su obra, como la mujer y el paso del tiempo, por mencionar algunos, entretejidos con su militancia política y salpicados con atisbos de las figuras literarias de esos años.  Si bien no presenta un análisis exhaustivo de las obras, sí se observan con mayor detenimiento libros como Residencia en la tierra, Memorial de Isla Negra, entre otros. Aún así, El viajero inmóvil no representa en sí mismo un libro de crítica en el sentido estricto de la palabra.  Es decir, el lector no encontrará en el índice ningún título de Neruda al que pueda dirigirse directamente sin haber librado antes varios filtros metarreferenciales. Es así como Emir Rodríguez Monegal presenta, más que un ensayo crítico o una simple biografía literaria, una propuesta mucho más iluminadora y amena para el lector: un texto de su propia creación.

En una de sus últimas entrevistas, el mismo Monegal, refiriéndose a su trabajo sobre Borges, afirma: “Y realmente le digo, con toda modestia, que yo he inventado la vida de Borges. No la vida que Borges vivió, eso no lo inventó nadie, sino la narración de la vida de Borges” (Santí 24).  Lo mismo podría afirmarse sobre su trabajo en El viajero inmóvil, donde se mueve hábilmente entre el terreno de la imaginación y el ensayístico formal, recreando no ya la vida de Neruda sino una narración de la vida de este, demostrando, con plena conciencia, que la reseña y el ensayo literario no son las únicas formas de la crítica, aunque con frecuencia se les vincule con ella.

El Neruda de El viajero inmóvil,  no corresponde necesariamente al poeta de carne y hueso, sino al hábilmente reconstruido bajo el acucioso ojo avizor de Rodríguez Monegal, cuyas múltiples facetas como crítico, antologador, editor, profesor, entre otras, han restado un merecido protagonismo a su capacidad creadora.

Según E. R. Monegal: “se suele afirmar que la función crítica no es creadora porque el crítico trabaja con materiales literarios ya elaborados por otra persona. Se confunde aquí un hecho muy simple: sea cual sea la materia que utiliza el crítico para su labor, es evidente que al escribir, el crítico crea otra obra” (Rodríguez).  El viajero inmóvil, constituye pues, una de las muchas propuestas magistralmente orquestadas por él que habría de legar al mundo de la crítica literaria o, mejor aún, al de la crítica como género de ficción.

Es importante resaltar que la publicación de El viajero inmóvil  no fue sino el resultado natural de la evolución de su trabajo como crítico. A este respecto, el mismo Rodríguez Monegal afirma:

“Empecé haciendo una crítica muy ensayística, muy formal.  Hablaba de los libros como tales, los describía, analizaba su contenido, su estructura, daba referencias sobre los autores y todo eso. Pero todo trasvasado a un lenguaje puramente crítico. Con el tiempo he ido ensayando otra forma de crítica que intenta reconstruir la relación entre el autor y la obra como un proceso más bien biológico, vivo. Eso me ha empujado un poco a narrar la vida de los escritores” (Cortínez).

Así pues, El viajero inmóvil, no se limita a una cronología de hechos biográficos, sino  que entreteje una galería de textos nerudianos, aderezados con la contextualización histórica, política y literaria, cuya lectura bien podría resultar algo confusa para un lector aficionado a los atajos salvo que posea un amplio bagaje sobre Neruda y su obra.  Es asimismo importante recordar que cuando Monegal se refiere a la obra como un proceso biológico y vivo, lo asume como tal y se compromete con su evolución.  Prueba de ello son las ediciones posteriores de la obra que nos ocupa, editadas por Monte Ávila (1977) y la editorial LAIA en (1988), donde, muy a su pesar, el estudioso y crítico incluye tanto el estudio de obras posteriores a Memorial de Isla Negra, con la que originalmente había cerrado la travesía de la primera edición de El viajero inmóvil, como una cuarta sección titulada “El sistema del poeta”. Según Monegal, La barcarola (1967) y Las manos del día (1970), entre otros textos, no eran libros finales por ser prolongaciones de cosas que él –Neruda– ya había hecho, o por ser experimentos nuevos, cuando El viajero inmóvil, para los efectos de la novela crítica que él había escrito, terminaba muy bien con Memorial de Isla Negra, dice: “era un final muy lindo” (Cortínez).

Si bien la vastedad y riqueza de la obra de Emir Rodríguez Monegal no puede resumirse en unas cuantas líneas, tampoco puede pasarse por alto su valiosa contribución a la literatura, entre la que destaca la reinvención del estudio de la literatura latinoamericana, sobre todo en Estados Unidos, donde, según Roberto González Echevarría, dejó de ser una simple disciplina auxiliar para convertirse en un área medular de la Universidad de Yale. Según él, Monegal fue una pieza clave para revolucionar el estudio de la literatura emergente en América Latina, no solo mediante su correspondencia personal  y profesional con escritores de esas latitudes, sino asumiéndola como un fenómeno internacional y evolutivo, con plena autonomía, y no sólo como una “materia controlada en la Universidad por la literatura de España”, como se había manejado hasta entonces. Desde la dirección de la revista Mundo Nuevo hasta sus días en Yale, Emir Emir Rodríguez Monegal  no compitió con sus escritores en términos de aquellos, sino en los propios, siendo El viajero inmóvil un botón muestra de su genialidad.

Bibliografía

Cortínez, Carlos. "Emir Rodríguez Monegal de vacaciones." Revista de Bellas Artes n.d.: 28-38. Web. 2 Dec. 2016.

González Echevarría, Roberto. "Emir y el canon." Ed. Ministerio De Educación Y Cultura. Homenaje a Emir Rodríguez Monegal. Montevideo: Ministerio de Educación y Cultura, 1987. 17-20. Web. 5 Dec. 2016.

Rodríguez Monegal, Emir. "El ensayo y la crítica en la América hispánica." Biblioteca Digital de Autores Uruguayos. N.p., n.d. Web. 29 Nov. 2016.

---. El viajero inmóvil. Introducción a Pablo Neruda. Buenos Aires: Losada, 1966.

---. "The Biographical Background." Review: Literature and Arts of the Americas 8.11 (1974): 6-14.

---. Neruda: el viajero inmóvil. Caracas: Monte Ávila Editores, 1977.  

---. Neruda, el viajero inmóvil. Barcelona: Editorial Laia, 1988.

Roggiano, Alfredo A. "Emir Rodríguez Monegal o el crítico necesario." Revista Iberoamericana 68.200 (2002): 791-97. Web. 4 Dec. 2016.

Santí, Enrico M. "Borges y Emir." Ed. Ministerio de Educación y Cultura. Homenaje a Emir Rodríguez Monegal. Montevideo: Ministerio de Educación y Cultura, 1987. 21-24. Web. 4 Dec. 2016.

 

[1] Profesora e investigadora de Case Western Reserve University. Cleveland, Ohio.