Ramón MezaTransgresor vitalicio, llamó Rogelio Rodríguez Coronel a Reynaldo González al recibirlo en la Academia Cubana de la lengua. Llamándole así no hizo más que acertar en su descripción y, de paso, ofrecer una suerte de anuncio de lo que sería el centro del discurso del autor de Siempre la muerte, su paso breve  para traspasar el umbral de la Academia.

Reynaldo González, observador penetrante y afilado comentador no habría podido –creo yo- entrar a la sacra Academia de otra manera que no fuera elogiando la irreverencia y el esperpento. Traer a la actualidad la obra de Ramón Meza, en especial “Mi tío el empleado” no es azar ni elección ingenua. Es, por sobre todas las cosas, un acto de justicia a quien transmutó la tradición del siglo XIX y su representación idílica en un muy interesante juego de claroscuros donde el símbolo alcanzó una categoría nunca antes vista.Meza aborda la realidad de otra manera, acusado de exhibir un “realismo grotesco”, como si eso fuera en última instancia un defecto,  ciertamente tomó los caracteres deformes y mostró vicios de la migración peninsular influyente en la conformación de la sociedad y culturas cubanas. Cultura, historia y  sociedad largamente explorada y habitada por Reynaldo González, desde Lezama hasta el tabaco; desde la música de María Teresa Vera y Bola de Nieve hasta el hechizo de las telenovelas creadoras de una cultura doméstica.

Ramón mesaEl análisis de Reynaldo en su -ensayo más que discurso- Ramón Meza, la ironía incomprendida no abarca solo la obra y su rol dentro del análisis del engranaje colonial, sino que se adentra también en la significación ética de los personajes creados por Meza y en la importancia que para el escritor decimonónico tuvieron las circunstancias de su entorno y la reacción de sus coetáneos.  González desliza también una delicada mirada sobre la aflicción de Meza ante aquellas reacciones. Tristeza que andando el camino le dictaran un cambio de conducta ética. Y este es un loable acto de justicia de Reynaldo. Explicar, comprender, desarrollar la empatía para ponerse en el lugar de...no es estilo usual ni en la oratoria, ni en la ensayística, ni en la vida cotidiana.

Reynaldo González,  llega entonces a la Academia Cubana de la Lengua como el vigilante que –candil en mano- atraviesa en ronda de media noche el sendero donde a veces asoman la burocracia ineficaz  y las oscuridades de ciertos poderes. El transgresor vitalicio llega y permanece, enarbolando un discurso de poderosa actualidad, resultando otra vez lo que siempre ha sido en la cultura cubana: mensajero y mensaje, fusionados, reales y avizores.


Por: Laura Ruiz
 

(*)Palabras de presentación en la XIX Feria Internacional del Libro. La Habana 2010.
(*) Ramón Meza, la ironía incomprendida. Reynaldo González. (Discurso de entrada a la Academia Cubana de la Lengua)
Ediciones Vigía. Colección Venablos.
Diseño y dibujos: Rolando Estévez.