Por: Norge Céspedes

Las repercusiones emocionales del aún reciente proceso de cierre de buena parte de los centrales azucareros cubanos han servido al poeta Gaudencio Rodríguez Santana (Perico, Matanzas, 1969) para desde su más reciente cuaderno de versos, Economía Nacional (Ediciones Matanzas, 2017), explorar el desasosiego humano ante la pérdida, “ante esas pérdidas que nos remueven todo”.

Gaudencio Rodríguez Santana: “Lo que nos hace ricos también nos hace pobres”

“En estos poemas no hablo de Economía —esclarece el autor, hablo de algo más grande. Muchos se preguntan por qué el título del libro. Quizás sea un poco irónico, un poco cínico. Hablo de la Cuba profunda, de las pérdidas que hemos sufrido, de esos desencuentros que hemos tenido entre Historia y contemporaneidad. Ahora mismo, en este caso, estoy pensando en cómo ha quedado el llamado «contrapunteo cubano del tabaco y el azúcar»... Pues a la mitad. Sin la caña de azúcar. Con la fábrica convertida en chatarra”.

Ganador hace unos días del Premio de la Crítica Orlando García Lorenzo, convocado por el Comité de la Uneac en la provincia de Matanzas, este nuevo libro de Gaudencio ha tenido como fuente de inspiración experiencias muy cercanas a él, nacido y todavía residente en el batey del central España, o más bien, “antiguo” central España, pues fue uno de los que corrió la triste suerte de ser desactivado en la provincia de Matanzas.

El ensayista Lincoln Capote, quien se encargó de la presentación de este cuaderno en la Feria del Libro de Matanzas, le comentaba un día a Rodríguez Santana que el tono de estos poemas se le asemejaba mucho al de las elegías, y después de pensarlo un poco, Gaudencio coincidía en que sí, “tienen algo de eso, la elegía parte de una pérdida, y estos textos míos también”.

“El central cerrado no es más que un pretexto, un símbolo en este libro que se detiene más bien en lo que este hecho ha provocado, en los desmoronamientos espirituales, en la desaparición de asideros emocionales de la comunidad, de los individuos, en el desvanecimiento de una idiosincrasia, de modos de ser muy peculiares, de construcciones culturales, espacios psicológicos, psicosociales”.

Economía Nacional es testimonio de las profundas heridas que han quedado en estos lugares, en estos individuos. Quienes hayan vivido, o al menos quienes hayan tenido alguna experiencia, algún contacto con un central, saben que de la energía, de la actividad del central dependía todo. Era la fuente de empleo, el que propiciaba la electricidad, el agua, el transporte, las actividades culturales… Es que hasta para saber la hora la gente estaba más pendiente del pito del central que de los relojes que tenían en las muñecas. La vida giraba en torno al central. El central era la vida. Y de pronto...”.

“Mi libro tiene tres partes. En la primera se reúnen poemas que asumen el tema digamos que de una manera un tanto histórica; reflexiono sobre el significado del central, del azúcar como espacio cultural. Es ahí, en el poema inicial, donde digo: Lo que nos hace ricos también nos hace pobres. La otra parte es más íntima: el vecino, el amigo, mi abuela, mi madre, mi pareja, mi hijo que desde pequeño quería trabajar en el azúcar... Y por último una sección sobre lo que ya no es. La fábrica cerrada. La desaparición del olor a melaza. La neblina como mortaja de los lugares que ya no son. La ausencia de progreso”.

Poco después de recibir en la Uneac matancera el Premio Orlando García Lorenzo, en las declaraciones para este sitio digital, el poeta se mostraba sorprendido aún por la aceptación que ha tenido Economía Nacional. La destacada intelectual norteamericana Margaret Randall, con gran entusiasmo, ya realizó la traducción del poemario al inglés y en estos momentos la editorial Wings Press, de Estados Unidos, asume el proceso de edición y publicación del mismo.  Muchos han dicho que se trata del mejor libro de este autor. El poeta Abel González Fagundo, autor de la nota de contracubierta del cuaderno, expresa que el mismo “fue escrito para dejar memoria; la huella de un proceso entrópico que desensambló la existencia física y psíquica de la Industria Nacional. Al leer estos poemas, la comunión con La Zafra de Agustín Acosta es inevitable; son como alas cortadas que ya no pueden volar sobre el verde de los cañaverales y caen sobre la sangre mestiza del olvido”.

Poeta y  crítico, miembro de la Uneac, Gaudencio Rodríguez Santana ha publicado artículos y poemas en diversas publicaciones. Como poeta ha obtenido el Premio América Bobia de Ediciones Vigía en 2002, Premio Milanés de Poesía en 2003, Premio de Poesía de la revista Matanzas en 2016, entre otros. Ha publicado los libros Accidentes (Ediciones Aldabón, 2003), Teatros Vacíos (Ediciones Matanzas, 2003), El Gran Padre (Ediciones Vigía, 2004), En la moviola (Ediciones Ávila, 2006) y Los versos de Martí (Ediciones Vigía, 2009).