El director de orquesta y compositor Guido López Gavilán  musicalizó el famoso poema “Me desordeno, amor, me desordeno”, de la escritora Carilda Oliver Labra, a quien visitó en su hogar de la Calzada de Tirry 81, en la ciudad de Matanzas, para asistir personalmente al momento en que ella escuchara la interpretación.

“Este poema de Carilda siempre me ha llamado la atención, me parece muy original y, sobre todo, muy avanzado para la época en que lo hizo; lo considero, además, de una franqueza tremenda, lo que solo te resulta del todo comprensible cuando la conoces a ella y percibes en su manera de ser esa franqueza, esa falta de prejuicios”, comentó en exclusiva para este sitio digital el destacado músico.

Guido López Gavilán musicaliza famoso poema de Carilda Oliver Labra

“Para musicalizar el poema escogí un lenguaje que me parece que armónica, melódicamente le viene bien, muy cercano al sentimiento, a la intimidad, a las emociones personales, y, por tanto, muy cercano al movimiento del filin, y, especialmente, a Portillo de la Luz, a José Antonio Méndez.

“Quisiera aclarar que además de esta versión para voz y guitarra, hice una para cuatro voces, para un cuarteto de mujeres, que se la propuse a José Antonio Méndez Valencia, el director del Coro de Cámara de Matanzas; él tiene esa versión, espero que se embulle y la haga; Matanzas, Carilda, y el mismo poema, se lo merecen.”

López Gavilán dio a conocer públicamente que había concluido la musicalización de este ptexto, mientras participaba como invitado principal del espacio cultural Confesiones entre puentes, organizado por el Comité de la Uneac en la provincia de Matanzas, y con la conducción y dirección del periodista y promotor cultural Fernando Rodríguez Sosa.

Poco después de su asistencia a este encuentro, donde dialogó acerca de su vida y su quehacer artístico, Guido se dirigió hasta la casa de Carilda Oliver Labra, quien rememoró especificidades del proceso de creación de “Me desordeno, amor, me desordeno” y se mostró satisfecha cuando escuchó la musicalización, interpretada por la cantante Carmen Lidia Madem y el guitarrista Vicente Hernández.

“Carilda llegó a decir que la musicalización le aportaba otra dimensión a su poema. Me parece que en esto hay un poco de exageración. Mucho de modestia, por su parte. Este poema ya es grande por sí mismo. De hecho, yo no hice más que seguir la música que había en él.

“Es que cada poema tiene su música adentro y quien intente musicalizarlo no debe hacer otra cosa que tratar de escucharla. Hay un lenguaje muy especial en él, en lo más profundo. Puede decirse que es algo muy subjetivo. Es verdad. Pero en mi caso es lo que he sentido. Así me ha pasado en otros casos. Yo he musicalizado mucha poesía. He musicalizado obras de Dulce María Loynaz, Nicolás Guillén, César López, Nancy Morejón, Fayad Jamís, Pedro Armando Fernández, entre otros.”

En esta ocasión, el espacio Confesiones entre puentes, que se desarrolló el 15 de julio en la casa sede de la Uneac matancera, también contó con la actuación de la cantante lírica Alba de Zayas y con las intervenciones de Ercilio Vento, Historiador de la Ciudad de Matanzas, quien se refirió a aspectos de la historia de la localidad, y del arquitecto Ramón Recondo Pérez, que abordó detalles de las obras ingenieras y arquitectónicas de esta urbe.  Por otra parte, Fernando Rodríguez Sosa comentó el libro Federico Smith: cosmopolitismo y vanguardia, de Liliana González Moreno, que publica Ediciones CIDMUC en la Colección Música.

En el encuentro, Guido López Gavilán comentó asimismo que prácticamente toda su familia era de Matanzas. “Mi madre —recordó el músico— nació en el poblado de Sidra y mi padre en esta misma ciudad, en la calle Zaragoza, pero después que se casaron fueron a vivir a La Habana; sin embargo, yo nací en Matanzas porque mi madre vino a pasar el periodo de embarazo, o parte del mismo, en esta ciudad, junto a su familia, obviamente para que le prestaran la ayuda que necesita la mujer en esta etapa; nací exactamente en una clínica muy conocida aquí entonces, la clínica del doctor Tamayo, que me parece que estaba ubicada entre las calles de Río y Dos de mayo.”

“Luego yo seguí vinculado con Matanzas, a través de mi familia, a la que venía a ver muchos fines de semana y durante las vacaciones. Ya en los años ochenta, reforcé ese vínculo con la ciudad pero en el plano profesional, puesto que vine a trabajar con la Orquesta Sinfónica de Matanzas, de la cual fui director como cuatro o cinco años. Recuerdo que mi hijo Ilmar, violinista, hizo su primera presentación como solista con esta agrupación y que entonces se produjo un episodio tragicómico. Ilmar tenía unos once o doce años y habíamos ido a actuar al Teatro Mella, en La Habana. Nos encontrábamos ensayando. Ilmar va hasta el podio y como yo estaba dando orientaciones Ilmar pone el arco de su violín a un costado del podio y espera por mí. Cuando ya puedo atenderlo me viro hacia él, para decirle lo que le iba a decir, pero sin querer pongo el pie sobre el arco, lo hago trizas. Se formó el corre-corre porque faltaba muy poco para nuestra actuación y además no era un arco cualquiera sino uno especial, para niños.

“Con Matanzas también estuvieron obviamente muy vinculados mis padres. Mi padre, Evelio López-Gavilán, integró en esta ciudad una agrupación con Alfredo Cataneo, el dúo Gavilán-Cataneo. Actuaban con mucho éxito en la emisora de Matanzas (hoy Radio 26), de la cual fueron fundadores; interpretaban sobre todo música sudamericana, con preferencia el tango, que estaba de moda en aquella época. Poco después formaría parte también del trío Taicuba y a lo largo de su vida integraría y organizaría numerosas agrupaciones musicales. También incursionó en la televisión cubana. Mi madre, Nela del Rosario, es muy recordada como profesora de música y poco después comenzó a trabajar en la televisión cubana, donde tuvo una trayectoria destacada.”


Por: Noge Céspedes