La ciudad en la vivencia oblicua. Poesía espirituanaEn el año 1900 solo un 4 por ciento de la población mundial vivía en ciudades. En la actualidad más de la mitad de los habitantes se hallan urbanizados. Es de suponer que la ciudad haya engendrado múltiples representaciones en las artes, en la interpretación del mundo o en las ciencias. Más que eso, la ciudad aparece hoy a los ojos de los antropólogos como un signo identitario de los seres que la habitan.
 
Y precisamente la poesía -discurso conformador de identidades, por excelencia- constituye el canal por donde se tornan expresivas las representaciones simbólicas de la ciudad en la vivencia oblicua de los espirituanos.  He aquí una muestra de ello: poetas todos espirituanos; poemas todos sobre la ciudad, real o simbólica, arquetípica o individual, urbana o espiritual.
 
En los textos que presentamos a continuación, cualquier ciudad puede existir en el imaginario de los más importantes aedas de la tierra espirituana.

OCASO
 
a la ciudad de Sancti Spíritus
Le han dado fuego a la tarde
por encima de la torre
y por el cielo se corre
un rumor azul que arde.
Dime, ciudad, con qué alarde
en tus alquimias de rojos
han desatado los flojos
prendedores de los tules.
¿Qué magias haces de azules
a la puerta de mis ojos?

Maritza Martínez
 


ENTRE LUMINOSA Y OSCURA

Mi ciudad no es solo la foto que los piratas llevaron como trofeo entre mujeres y viejas amapolas.
[…]
Mi ciudad no es un páramo que gravita en el silencio,
o el fluir de los autos en la noche.
No tiene espacio definido porque está
entre
lo imaginado y una campana
transparente
tocada hasta el amanecer por hombres
violetas.
[…]
¿Qué no es mi ciudad?
[…]
No es lo que pudiera ser ni será lo nunca visto;
aunque de largo devenir no es siquiera la ciudad
del holocausto, ni la del fin del universo.
No es la tristeza infinita o el mayor
de los olvidos.
No es posible compararla.

Esbértido Rosendi
 


NOTICIAS DE TARSIS

[…]
La ciudad sin mar, sin vino
para el tullido viajero.
la ciudad como un velero
recalando sin destino.
Troca la muerte el camino
donde me duele la edad
de no discernir verdad
entre los sueños. Un hombre
sin memoria, un simple nombre
en la sórdida ciudad.

Juan Manuel López
 


V

Esta es la ciudad que atraviesan
los corderos
Estas las calles donde se pierden
los balidos
Estas las paredes testigos de la sangre
Esta la tierra que absorbe la violencia
En el vórtice de la ciudad
algo huye y se refugia
Una mano se alza de látigo
pero los corderos enmudecen
y se alejan de la ciudad
hacia el límite convulso
de la cólera.

Juan Eduardo Bernal Echemendía
 


NUEVA EPÍSTOLA DE CEPHAS

Yo, a quien además dieron por nombre Cephas,
en medio de las rutas
y de los comerciantes
burilo la piedra,
grano a grano
fecundo el desierto,
burilo la piedra grano a grano,
sobre otros templos
la piedra.

Pedro Mendigutía
 


AY, CIUDAD

Anoche Manuel no bendijo la doliente soledad, ni leyó los periódicos del día, ni dijo cuanto era justo decir en nombre de la verdad.
Anoche Manuel se fue muy lejos, tan lejos que los vecinos se alarmaron y la ciudad se pudo triste, muy triste, mientras duró el destello en su memoria.
Anoche Manuel pudo haberse muerto, quedarse sin ciudad y esto es lo grave.

Manuel González Busto 
 


CALCOS

[…]
Ciudades que marcaron mi luz,
que me golpearon en la dicha con unas muertes
y egoísmos;
ciudades donde aprendí la miseria.
Atrás quedó el oscuro magisterio del socavante.
Ahora soy para el sol y estoy desnudo.
Pues casa he sido yo, espectro diminuto;
y los lobros quedaron en la ciudad disfrazados de
parientes  menores,
que me miraron alguna vez con desprecio, cubriéndose
con disimulo la nariz,
rehusándose a su verdad de sinuosos reptiles,
planificando el rumor de atenuar mis latidos sobre el polvo.

Rubén Fernando Alonso
 


LA NOCHE Y LA CIUDAD
 

Donde la gente palidece en los balcones.
                                        Pablo Neruda

Es una noche como son las noches
de todo el que nació sin alborada.
La ciudad se sacude, fatigada
por el hiriente insomnio de los coches.
 
En los balcones, el amor satura
cabellos, labios, pechos, entrepiernas…
Ya se van a la cama las modernas
versiones de la misma partitura.
 
Pero hay otra ciudad: la de los viejos
augurios, detenidos como espejos
de alguna eternidad que se concreta
en mis ojos sangrantes de letargo.
La Habana no es Verona, sin embargo
duele el mismo blacón ¿verdad, Julieta?

Ramón Martín Díaz Medina
 


VALLE DE LOS REYES
 
                         imitación de Teresa Melo

Pero
nosotros
los desnudos
sabemos que es cierto.
 
El hombre
no se conoce
por el peso de su mortaja
sino por las pirámides que construye.
Edel Morales
 

X

He de hacerlo, pensó
antes de tomar el martillo
y derribar la pared.
[…]
Lo digo y preparo mi tabaco
y prendo la cerilla
y veo caer la memoria de mis sueños.
Yo mismo, el que prendió fuego
yo mismo
el que cavaba un hueco
para echar los restos
y el polvo y la osamenta.
Yo mismo derribaré
esas tardes imaginadas
esa ciudad que soy.

Rigoberto Rodríguez Entenza
 


 
VIAJERO

Solo
con
los árboles
altos
y olorosos de la plaza
quisiera llorar frente a una estatua.
 
Pero el viajero que soy
se resigna
se repliega
se suicida a pedacitos.

Reynaldo García Blanco
 


EL ÁRBOL EN LOS OJOS

[…]
Animales y ríos,
estrellas y ciudades,
máquinas, multitudes,
casas, playas, tormentas,
piedras y noches, albas,
lunas y llamaradas,
árboles que no he sido,
pasan también por mí.
[…]

Alpidio Alonso
 



CRÓNICA DE UNA MUERTE ESPERADA

Hoy, junio a media noche
una mujer decide suicidarse
para seguir viviendo.
Destruye los relojes
y todas las agendas con pronósticos fúnebres.
habrá, cuando amanezca, confusión y gentío
que mirará su rostro
[…]
Nadie la confundió cuando salió a la calle
y el sol borró su frente.
No creyó en los periódicos
ni en hojas de almanaque,
llegó a la funeraria para dejar su muerte
y salió, pueblo afuera,
despacio entre los árboles.

Rosa María García
 


TIEMPO

Por la calle Alemán amaneciendo,
pensando en alemán
como un fatuo Fausto de provincia.
 
Por Castalia al atardecer,
con palabras de una hispánica fragancia,
describo la semejanza entre tú y la mañana,
entre la tarde y tú.
 
Por el parque nocturno,
guiado por el insulto del alumbrado público,
y por el recuerdo de tu noche,
la exacta semejanza en su misterio,
con esta noche solar prefabricada,
tan cerca de ti y de tu mundo.

Alberto Sicilia
 


 
APOCALIPSIS, ESPLENDOR

Sobre los techos cruza el viento frío de la noche
horadando el silencio.
Mis vecinos hablan por lo bajo
Y miran caer la lluvia desde sus ventanas.
Yo te imagino
Sentado bajo un gran árbol
mirando amanecer,
vigilado por estatuas milenarias.
En la Avenida de los Mártires duermen los pájaros
que los niños han de asesinar,
ahora duermen tranquilos en sus árboles.
No puedo hallar el olor de la tierra,
me rodean el asfalto, las calles estrechas.
Bajo el puente el río cruza interminable,
en sus aguas dormitan los peces,
esas indefensas criaturas
que servimos a la mesa.
Acostada en esta cama hermosa y antigua,
pienso en la madera que me servirá de ataúd,
y en el árbol, bendecido por la lluvia,
creciendo en el bosque,
ignorando que un día
contendrá este cadáver.

Liudmila Quincoses
 


PLAZA DE LA FUNDACIÓN
 
                 Sancho, mejor no la menees.
                        D. Miguel de Cervantes

Las pasiones de las aves
se suicidan desde el puente:
la procesión va demente
tras serenatas. Las claves
invocan ríos de suaves
riveras como trofeos.
Sueñas, ciudad, con sorteos
en alucinantes ritos,
sepultando antiguos mitos
de abedules y trineos.
Ciudad de perros y arbustos
en derrumbes de solar,
tengo ventiscas que andar,
expediciones, disgustos.
Tu parque devuelve sustos
a extinguidos pebeteros,
de noche muta sus fieros
homosexuales en voz.
La Iglesia sorprende a Dios
escondido en los aleros.

Marco Antonio Calderón Echemendía