auditoriaEl drama La Auditoría del autor islandés Isar Bader es  desconcertante.  A pesar de leerla en su idioma original, uno puede acercarse a un universo, realmente alucinante, donde lo que parecía coherente, pronto cae en el caos.

Aunque la pieza comienza en el momento en que se anuncia la auditoria a una prestigiosa Empresa de la ciudad de Iskrijan,   jamás vemos a los auditores, ni al investigador Kosar, un personaje latente dentro de la ficción recreada por Isar Bader (Brukes, 1968) de profesión economista.
 
¿Qué es lo interesante de la pieza llevada a los escenarios de países de Europa y Asia? Uno, aunque es un drama policiaco – algo poco usual en los escenarios, un pretexto del autor para adentrarse en lo que en realidad le interesa – jamás vemos a la policía, ni como van llegando a las conclusiones del proceso de investigación. Sin embargo  La Auditoria, está estructurada a partir de la misma búsqueda de los posibles culpables.
 
¿Y hay culpables? – pregunta uno de los personajes. Sin dudas, los hay. De lo que estoy seguro es que ese no soy yo. ¿Y tú?
 
-       Ah, no, yo tampoco – dice Bertha.
-       Entonces la idea es que sean otros los culpables. O limpiar la culpabilidad – dice Otto.
 
“La economía es un enigma y capturar a un delincuente de cuello blanco es tan difícil, como hallar un nuevo asteroides. Es como el cielo, indescifrable, pero ese es mi reto” – dice uno de los personajes, que ha dicho el investigador Kosar en la escena 2, titulada: Diferentes versiones del asteroide.
 
Un drama policiaco sin policías se hace atractivo porque  Isar Bader, se preocupa por la psicología de los humanos en las situaciones límites – y nos deja ver aspectos de su naturaleza como la hipocresía, la demagogia, la envidia, la cobardía, el afán de poder y de lucro, el oportunismo y la mentira, que florecen o se marchitan según sucede todo, vertiginosamente o lentamente -  y porque estructura la historia, a partir de las diferentes versiones de los personajes. Nunca sabemos cual es la verdad, porque como en la vida, cada uno tiene la suya, contradictorias y estructuradas a partir de los diferentes modos de ser de los personajes. A veces – el texto - nos sugiere la realidad de lo que ocurre a partir de hechos patentes (es decir, los que vemos como lectores – espectadores), pero estos son muy pocos”;  los otros son narrados cuando los implicados van saliendo de los interrogatorios con el investigador Kosar, al que todos describen de diferente manera, según la experiencias particular de cada uno.
 
De igual manera, el lector va experimentando, como la psiquis de cada de uno de los implicados se va transformando, a partir de la posible culpabilidad o de como se va convirtiendo en cómplice, inocente o encausado. Incluso, la evolución o involución en los diferentes instantes de la pieza: Antes del  interrogatorio; el interrogatorio y después de interrogatorio.
 
La auditoria es una especie de Divina comedia, de Dante, con un sentido contemporáneo, donde los personajes viajan desde adentro y hacia fuera, y viceversa. Y en ese viaje se desmorona una ética, que los convierte en lo que han sido siempre, pero que ahora aflora motivado por la circunstancias. Una “purificación” de sus almas, en las que la mentira, la ficción de la realidad de sus propias vidas, se va armando, por contraposición con  las características de cada uno de los personajes, caracterizados por sí mismos, y por las diferentes posiciones de los otros.
 
La auditoria, produce en los personajes, en la inmersión en los laberintos de su propia vida, en la que los poderosos, salen airosos, mediante argucias, que le permiten aplastar a los más débiles.
 
- ¿Y nosotros, qué? ¿Nos unimos o dejamos que nos aplasten? – dice otro de los personajes.
 
- ¿No crees en la piedad o en el perdón? Entonces estás listo para perderte o para matar al otro. O para vivir lleno de rencores y odios. Sin dudas,   la posición de cada uno en este desgarrante viaje, que también me recuerda – con la síntesis que el teatro necesita – a la Comedia humana, de Balzac o al Crimen Y Castigo de Dostoievski, hace a la pieza en un texto hermoso, por su lirismo, su humanidad y la capacidad de adentrarse en el ser humano.
 
Una metáfora –  donde  Kosar  refiere encontrar, los matices del bien y el mal, la capacidad del ser humano de evocar, producir y sumergirse en la maldad: mentir, defenderse, vilipendiar, odiar, envidiar,   aplastar al otro, constituyen síntomas de la degeneración y la regeneración de la raza humana, que el autor recrea con maestria.
 
Una catástrofe donde el ser humano mira al otro y a sí mismo y no encuentra explicación para lo que le sucede.

 
Por: Ulises Rodríguez Febles.
Dramatología de los otros. Ensayos