Juan Rosa PitaAimée G. Bolaños (AGB): ¿Cómo llegaste a Eurídice?

Juana Rosa Pita (JRP): No sabría decir cómo llegué a Eurídice. Sospecho que como a menudo me ocurre, llegó ella a mí buscando voz y me encontró propicia, en silencio, componiendo la realidad a imagen y semejanza de su música - la de Orfeo - de acuerdo con mi modo de ser y amar. El mito se me había "infiltrado" años antes por aquel bellísimo filme brasileño Orfeo negro; yo cantaba, acompañándome con la guitarra, aquella canción "Manhã de Carnaval" aun antes de escribir mi primer poema en 1973 (año también de mi primer viaje a Italia, cuando en Venecia abrí "una ventana que da al agua:/ hazaña jubilosa del vivir a través de los tiempos./ Tal vez otras paredes y otra edad/ pero los mismos juegos de la luz…”), para asombro de los míos… Creo que luego Eurídice se hizo manifiesta al vivir yo algo que le permitiera expresarse. Pero la verdad es que si supiera decir cómo llegué a Eurídice, no habría escrito el poemario.

 

Ahí está cifrado el cómo, entre versos que comienzan remontándose a la infancia. Antes de la poesía yo sentía casi imposible la posibilidad de comunicar mi ser. El tiempo de escritura fue entre el 78 y el 79, y no vino a cuento de nuevo hasta que por no sé qué impulso de mostrar los orígenes, en marzo del 2004 le envié a mi amigo Paolo Spinicci, en Milano (nos encontramos en un tiempo espacio arcaico antes de conocernos, gracias a su ensayo sobre La Odisea), "A Orfeo" y "Si Eurídice hablara". Como buen filósofo, a su vez me hizo ver, con decirme lo mucho que a él le hacían reflexionar en cómo debe de pensar alguien que ha muerto. Al toque de vida comencé a escribir Pensamiento del tiempo, en el que, por sobre todos los estratos de sentido, se figura un peregrinar hacia la fuente ya florida. Pero todo esto lo digo a posteriori, pues no me di plena cuenta hasta que el libro estaba casi a punto de imprenta. El primer poemita que se me había ocurrido mandarle al encontrarnos fue "Llave 11" de Manual de magia. Sólo hace muy poco, tras un viaje suyo a Venecia en que se detuvo extasiado ante los frescos de Carpaccio, he tomado conciencia de haber recuperado las llaves que se me habían caído en el fondo de la fuente.

¿Se entiende algo de todo esto? Creo que soy más perspicua en mi nuevo poemario.

AGB: Pensando en tu Eurídice, sobre todo a partir de Eurídice en la fuente, ¿existe alguna relación entre la composición de este personaje emblemático y tu poética?

JRP: Notarás que Eurídice en la fuente, a diferencia de Viajes de Penélope, que surge tras una lectura de La Odisea, no se mantiene apegado a la trama original dando una visión-versión coherente sobre ella desde lo íntimo en que "la tela" es emblema de la estrategia espiritual que potencia el cumplimiento del futuro que se espera. La poesía: blue-print de la realidad.

De Grecia salté al siglo XX: no estoy familiarizada con las versiones medievales de Orfeo y Eurídice, pero sí recuerdo que desde el inicio la poesía es para mí resurrección de la emoción por la palabra, y ante todo de la palabra por la emoción. Esa dinámica que vence la muerte en cualquier sentido. El rescate del infierno en que caen personas y pueblos cuando en su vivir la historia de sus relaciones, descuidan el subsistir en la eternidad mediante la belleza que alimenta el alma. Mi visión fue siempre intuitiva vivencial, y uno de los niveles en la estratificación de sentidos es la poesía misma y ese su misterioso alzar "la Eurídice dormida / hacia la superficie de la vida", como dice “Poética” de Alfonso Reyes (pequeño gran poema que me conmovió cuando recopilaba poemas ars poetica hispanoamericana para mi tesis doctoral en Washington a fines de los setenta); y yendo más lejos, darle o devolverle su voz perdida: "Si Eurídice hablara", como dice mi poema. Entonces el silencio rinde sus mejores palabras.

AGB: ¿Qué significa para ti el patrimonio clásico, cómo dialoga con tus fuentes cubanas? ¿Por qué esa presencia continua, y siempre renovada, de la cultura italiana en tu universo poético?

JRP: Para mí el arte de la palabra es inseparable de la vida (incluso la prevista soñada cumplida sentida aprehendida..., en proporciones que no intento dilucidar), al menos en la poesía están entretejidas. Claro que la manera en que uno vive e interpreta la realidad puede ser muy diferente de lo que parecería vista desde fuera, sin contar con todo lo que se va propiciando al dejar que la poesía oriente la propia vida. Eso tiene que ver con las elecciones que se hacen, y que a veces parecen absurdas desde el punto de vista pragmático. Por ejemplo, lo clásico no es mayormente libresco para mí, llegó a venirme natural por mi modo de ser y a través de mi inmersión en Italia, por los viajes y la amistad, la lectura y la correspondencia, la conversación y la vida, el compartir gozo e inquietudes: ¡las afinidades electivas!

Salí de Cuba a los 21 años, incluso mi formación cultural es más latinoamericana y europea que cubana, por no hablar de que mi vida adulta la he hecho toda fuera de Cuba, 14 años en Virginia, cerca de Washington con interludio de año y medio en Caracas, durante mis 18 años de matrimonio. Pero también en Miami en distintos momentos, Nueva Orleans (enseñé en la Universidad de Tulane 3 años), Madrid y Boston, en las que viví un año en cada una. De hecho a Boston, donde me establecí en diciembre de 2005, venía cada verano desde 20 años atrás. E Italia..., desde que la hice mi patria electa no ha dejado de ser parte de mi vida: más de una docena de viajes he dado en 22 años, y en uno de ellos viví en Pisa 4 meses y en la Toscana me hubiera quedado de no ser porque la enfermedad de mi madre precipitó mi regreso, y luego de su muerte me quedé aquí con mi padre hasta la suya hace cinco años. Yo debería saber también alemán, puesto que mi adorado abuelo, "que no lo fue de sangre sino de amor presente", era de Stuttgart, pero tanto se cubanizó que no se le ocurrió enseñármelo, aunque me adoraba y en la casa de Santos Suárez, que él compró cuando murió mi abuela y nací yo, viví hasta casarme: 20 de los 21 años que permanecí en la Isla. Conocer otros idiomas es un tesoro: el inglés, el francés y en particular el italiano, que ya he hecho mío pues tengo un poemario original (Cadenze) publicado, otro inédito (similar, pero distinto, en parte, a Pensamiento del tiempo) y otros recién terminados en italiano y español como La gioia nelle mani/ El gozo en las manos.

Claro que la patria de la infancia la llevo a cuestas como el caracol su casa. Has releído mi Pensamiento del tiempo, y habrás observado que en la segunda parte hay varios poemas fechados en Milán y uno en Florencia. Eso no quita que la poesía, que tiene además mucho más ámbito que lo que las leyes de la mera física podrían explicar, permite hacer en el tiempo lo que sin ella sólo puede hacerse en el espacio. Por eso puede constituirse en "la fuerza de la vida" (Martí), sobre todo si uno la convierte en el centro rector de la existencia.

AGB: La escritura mítica te identifica, imposible no aludir, además de Eurídice, a tu Penélope, a la Isla, privilegiadas por la crítica. ¿Pudiera hablarse de una estrategia poética?
   
JRP: Cuando hablo de estrategia espiritual me refiero a algo que me sobrepasa, por supuesto, de modo que no se trata de una estrategia mía propiamente, con fines determinados. Mi visión plasma en estilo poético gracias a una genuina identificación, del mismo modo que los rayos del sol hacen posible que la semilla crezca y se convierta en árbol de determinadas características según su propia conciencia. De modo que la “estrategia” consiste en la asimilación de esa luz, en la capacidad de alimentarse de ella y, por ende, en su esencia y su virtud genésica.

El poema da testimonio de una comunión e identificación inusitadas, a veces de un regreso por la imagen. Se requiere un salto cuántico; posible porque la poesía no es una cuestión de economía política o de mercado, sino de economía del espíritu: mensaje unitivo. “Manuscrito en un rayo de luz” (título de un poema de Crónicas del Caribe, 1983), mano amiga en la oscuridad, sentido de la noche, sol en pecho, sustancia compartida. “La poesía es el colmo de las cartas (…) dentro van los poderes / que destinó el amor / para la comunión desmesurada”, había anotado en mi segundo poemario, en un poema que viene siendo mi ars poetica inicial y fue escogida entre los cinco que tradujo Donald D. Walsh para New Directions in Prose and Poetry (New York 1985). Se trata, en todo caso, de una “estrategia” que me sobrepasa.

Pasado un cuarto de siglo; como desde la escritura de Viajes de Penélope; me voy acercando al ideal de una visión y dicción más sencillas y humildes en su complejidad, pero esencialmente fieles y afines a la original: una mano en la oscuridad. Ya desde mi poemario Tela de concierto, publicado en 1999, queda claro que la poesía –naturalmente interdimensional– aspira a “borrar la historia al máximo / y dejar de ella sólo pinceladas / cargadas de leyenda”. La muerte es sólo una modulación de la vida que reactiva la presencia que es de veras significativa. “Los hilos son de luz: no se destejen”.

AGB: ¿Cómo te ves en el contexto de la literatura cubana? ¿Cuáles son tus presencias tutelares? ¿Reconoces alguna genealogía poética? ¿El tema de la identidad moviliza tu pensamiento poético?

JRP: Eso es asunto de los críticos: por mi propia formación cultural y trayectoria vital me veo en un contexto literario más amplio. Mis presencias tutelares son tan disímiles como San Juan de la Cruz, el Jorge Guillén de “Más vida”, el Octavio Paz de Pasado en claro y Giuseppe Ungaretti; pero también los hispanoamericanos Pablo Antonio Cuadra y Roberto Juarroz, a quienes conocí como feliz consecuencia de mi entrada en poesía, y que desde mis primeros libros me reconocieron y ofrecieron amistad radical. Atesoro su recuerdo y sus obras.

La identidad es innata y naturalmente forma parte de todo movimiento, pero lo que en sí moviliza es la identificación que se produce en el tiempo: siempre es algo u otro que nos hace hablar. Es el modo de ser de la génesis. Entonces la poesía da la palabra a las horas eternas, transformando en prenda de comunión el ademán del alma. Por eso en una de mis “Claves de siglo nuevo” dije que la poesía es amor por otros medios y hacia fines desconocidos, pero ya sé que no vale tratar de definirla. Ahora prefiero decir que el poema fulgura como un pez en el misterio o como un mito a través de los siglos: mensaje y forma en perfecta armonía. La poesía es la única forma de lucidez que no desampara la sombra. Por ella el lenguaje alcanza la dicción universal de la música y la transforma en conciencia solidaria. Pero si la música es el lenguaje del corazón, la poesía es la inteligencia del corazón, la música de su pensamiento en calma. Por eso es más difícil y más peligrosa. No puede desentenderse del sentido ni del ritmo.

“Quien nos hace pensar nos da la vida”, dice un poema de mi libro más reciente: Pensamiento del tiempo (2005). Si la identificación rige, la cultura se ilumina, la imaginación y lo metafísico se aúnan: oxígeno del sentimiento y el pensamiento poéticos. La poesía nace y tiende a una experiencia esotérica, vale decir, a manifestar o propiciar la fusión del estado vital del que lee con el estado vital del que escribe. La gloria, en suma: vuelta de Eurídice a la vida. Fusión que rompe el aislamiento del yo personal y es fuente, a su vez, por excelencia de la palabra creadora. Fusión de sonidos que está en el origen (y finalidad) de todo armónico posible.

AGB: Si tuvieras que expresar en lo fundamental tu experiencia de poeta de la diáspora ¿qué dirías?

JRP: Créeme Aimée, no conozco otra experiencia como poeta y hasta casi como persona adulta que no sea la del destierro original convertido en transtierro, pues cuando salí de la Isla, aunque estaba casada y llevaba mi primera hija (de cuatro meses) en brazos, era aún muy jovencita. Responderte sería hacer memorialismo, autobiografía y bastante de novela. Y es que lo que no me sucedió (ser poeta con patria y país que me respaldara) es algo que sólo con la imaginación puede abordarse y que misteriosamente ha de haber influido en mi vida y mi obra (ciudadana del universo) como una carencia, que se vuelve fuerza para hallar un equilibrio mayor, una conciencia de márgenes emocionales más amplios, en el espacio y en el tiempo. Si en esa orfandad sopla la poesía, se eleva la voz real como una palma.

Hace años anoté en uno de mis Sorbos de luz: “Se nace en un país,/ en otro se renace./ Nos cría un fulgor sin fronteras”. ¿Podría algo bello no ser verdadero? ¿Algo verdadero no ser libre? ¿Algo libre no ser emocionante? Preguntas que no tienen sentido en el mundo de la dualidad, pero que no necesitan respuesta en la realidad vital en que se enraíza mi poética, y que incluye lo intuido, imaginado y asumido no menos que lo experimentado, leído y cultivado con indeclinable entrega. El punto de partida es la conciencia de la separación, y por ende del dolor, de la pérdida.

Entrar en poesía es saber salir de sí y acoger en sí: abrirse al otro. Es siempre un encuentro (una persona, una ciudad, una obra…) lo que libera la conciencia humana en la corriente universal del espíritu. Entré en la poesía a los 33 años, coincidiendo con mi primer viaje a Italia, y varios años  después, en mi poemario Florencia nuestra, evoqué aquel instante en el poema “Despertar en Venecia”, cuyos versos iniciales recordé antes. Ciencia de lo indecible, la poesía es el aroma que nos guía con su fuerza de fragancia, y nos permite hacer una lectura en profundo del texto implícito en la realidad (visible e invisible) y en nuestra propia trayectoria vivencial (íntimo astral y colectiva), que se revela allí donde lo otro incide, con un gesto de acogida o desamparo, con una señal de reconocimiento o un signo afín errante. Texto que nos sobrepasa, invitándonos a una implicadora ojeada de infinito. ¿Te he respondido?

** Entrevista originalmente publicada en: Aimée G. Bolaños.  Poesía insular de signo Infinito. Una lectura de poetas cubanas de la diáspora. Madrid: Betania, 2008.


Aimée G. Bolaños
Aimée G. Bolaños

Entrevistadora:  Aimée G. Bolaños

Aimée G. Bolaños, nace en Cienfuegos, Cuba, 1943, es ensayista y poeta, profesora universitaria, crítica e historiadora literaria. ...