Las convicencias de PachecoLa fotografía como género, comienza su desarrollo en la ciudad de Matanzas, presumiblemente, en la década del cuarenta del siglo XIX. Los anuncios aparecidos en la prensa de la época constatan el establecimiento de numerosos estudios y talleres particulares de fotógrafos, que en su mayoría realizaban retratos en miniatura al daguerrotipo, entre otras técnicas. Con posterioridad, a mediados del siglo XX, la fotografía empieza a proyectarse hacia los exteriores de las galerías y estudios, penetrando en las casas particulares. Los fotógrafos realizan las fotos en los domicilios, para luego, con la propagación que ha alcanzado este género en la década del cincuenta, ubicarse en lugares públicos representativos de la ciudad como parques, plazoletas, plazas y teatros, asumiendo los diferentes trabajos que le permite la técnica de la fotografía instantánea. De igual manera, se asume en estos años, la fotografía para revistas y prensa plana como trabajo profesional.   

 Sin embargo, con el triunfo de la Revolución, en 1959, la labor del fotorreportero, alcanza un rol fundamental en los medios de difusión, con la finalidad de exponer los logros y la dimensión socio-política y cultural que ha alcanzado la nación cubana. A su vez, la fotografía artística se afianza aún más, desde la convocatoria en salones, eventos y, en la organización de proyectos colectivos y muestras personales de creadores del país e internacionales.

   
En Matanzas, a finales de los setentas y en toda la década de los ochentas, la fotografía se fortalece con la existencia de discursos individuales que desde presupuestos plurales, comienzan a cambiar el campo artístico y su sistema de representación en el contexto artístico provincial. Este hecho puede comprobarse en las diversas ediciones generadas por los salones municipales y provinciales que se organizan en la Galería “Arte, Sol y Mar”, Varadero y en la “Uver Solís”, Jovellanos. En la generación de Encuentros Provinciales del género en las ciudades de Matanzas y Jagüey Grande y, en la formación de grupos y talleres, donde los artistas interesados en la misma, intercambian ideas y muestran de inmediato sus resultados. Se destaca la creación de Abigail González Piña (Matanzas, 1963), Enrique Ramírez Santos (Matanzas, 1960), Adversy Alonso Blay (Matanzas, 1965), Carlos Vega Fernández, Carlucho (Cárdenas, 1940) y Ramón Pacheco Salazar (Villa Clara, 1954), entre otros; interesados fundamentalmente en el abordaje de temas como el desnudo femenino y asuntos del cotidiano cubano, desde un hacer indistinto.

Ramón Pacheco, como hemos enunciado con anterioridad, es uno de los artistas que confiere con su creación, novedosos presupuestos morfo-conceptuales al contexto plástico local.

A principios de los ochentas había mostrado su interés por captar personajes pertenecientes a contextos sociales que habitualmente no se retrataban, como en Gente de mi barrio (1981) o los Combatientes Internacionalistas (1985), donde recoge el conflicto psicológico del soldado en la contienda bélica de Angola, a partir de su experiencia como corresponsal de guerra en este país. También introduce el tema del desnudo a finales de la década (1989), en “Desnudo para un poema de amor”, serie controversial en el medio matancero, a pesar de solo mostrar la belleza del cuerpo femenino. Con la misma obtiene, en el Primer Salón de Fotografía del Cuerpo Humano NUDI’96, promovido por el Consejo Nacional de las Artes Plásticas y la Fototeca de Cuba, La Habana, Mención y Medalla de Bronce de la Federación Internacional del Arte Fotográfico.
 
Pacheco-expo de fotografía

Mas, uno de los proyectos significativos de este artista, es “Convivencia”, el cual valida hasta su creación actual con el mismo título y fundamento conceptual. Se centra en la autentificación de espacios marginados de la realidad social inmediata, evidenciando una marcada preocupación por el tiempo en su suceder, como metáfora para ciertos grupos sociales que subyacen subalternos y al borde. De 1989, se exhibe la obra Tere donde se observa en un primer plano a una niña pequeña, sentada en la puerta de un “pasillo” o “solar”, la que convida con su mirada a que el espectador penetre en un espacio doméstico colectivo, que situado en un segundo plano externo, se observa yermo y baldío. Así mismo, se presenta una obra de ese mismo año, de la serie “José Miguel, el poeta”, ahora irrumpiendo en la cotidianeidad de una anciana, que realiza las labores diarias del hogar.

En la obra de Pacheco los sujetos fotografiados aparentan regodearse en sus contextos vivenciales, ajenos a toda temporalidad y sumidos en los estados de depauperación, envejecimiento y ruina que les son inherentes. De la serie “El hotel de los 100 mil pesos”, 1992, se muestran tres obras. El artista continúa escudriñando con su cámara en espacios privados, ahora enfatizando no solo en su deterioro material, sino en la pérdida de valores físicos y anímicos de sus moradores. Un anciano se sitúa en su hábitat lleno de necesidades y penurias; otro sujeto, descansa en el contenedor donde vive, quizá, las carestías materiales lo han marginado o, ha preferido auto-marginarse de toda convencionalidad social, cultural, humana y; una señora mayor de edad, pareciera que posara para el ajeno contexto vivencial al que pertenece, abstracción de una realidad puntual que acontece en un tiempo que es igualmente improcedente.

En esta serie “El hotel de los 100 mil pesos”, el autor condiciona sentidos irónicos desde el título, pues contrasta la actual ruina y abandono en la que se encuentran esta edificación y sus residentes, con la categoría de ícono que alcanzó este inmueble en el siglo XIX, dentro de la arquitectura doméstica de Matanzas.

Pacheco es una especie de documentalista social, legado que le viene de su desempeño como reportero en el periódico Girón, órgano oficial de Matanzas, en el que ha laborado por más de treinta años. De ahí, su interés por captar todo suceso o acontecer que implique la reflexión por parte de los habitantes de la ciudad donde vive y trabaja, incidiendo fundamentalmente en asuntos que afectan el contexto social colectivo. Como en su obra Paisajes de mi ciudad, 1989, donde no le interesa mostrar esa imagen lírica y hermosa que caracteriza su entorno geográfico, sino que su defensa está en esa mirada incisiva sobre hechos que evidencian irresponsabilidad cívica en asuntos cotidianos, como la acumulación de basuras en sitios urbanos, desatendidos por las autoridades competentes y por sus habitantes.   

En fin, para este artista, es un reto la realidad más emergente, cuestiones apremiantes que intensifican la relación sujeto-medio. Por tales razones, una gran parte de su obra enuncia la repercusión que tiene en los cubanos, la etapa más difícil por la que atraviesa el país en el nombrado “período especial”, signado por la crisis económica que tiene lugar desde finales de los ochentas, a consecuencia de la desarticulación del campo socialista europeo. Se exhiben de 1999, la obra Sin título, donde se muestran artículos de uso personal (toalla, pullover) que suplieron la ausencia de colchas para limpiar y; la instalación “Los apagones”, la que alude a esos largos días sin corrientes eléctrica, donde las ciudades y pueblos eran escasos puntos alumbrados y, las máquinas de gasolina eran objetos anacrónicos. Así mismo, del año 2000, se presenta “La bodega”, la que testimonia la escasez de alimentos; mientras, la serie “Tren de Hersey”, 2000-2001, documenta las difíciles condiciones del viaje Matanzas-Habana y la situación agreste del entorno.

En estas obras citadas, aunque la crítica es mordaz y en ocasiones irónica, su mirada está en función de enaltecer la resistencia de un pueblo que buscó variantes para defender el legado histórico de la nación. 

Esta exposición es un homenaje a la meritoria creación de un artista que prestigia la historia de la fotografía matancera y cubana. Tiene en su haber la realización de numerosas exposiciones personales y la participación en proyectos colectivos nacionales e internacionales, organizados en circuitos curatoriales legitimados como: Centro de Desarrollo de las Artes Visuales, Fototeca de Cuba, Museo Nacional de Bellas Artes, Fundación Ludwig de Cuba, Casa de Las Américas,Centro de Arte Contemporáneo Cubano Wifredo Lam, en La Habana; Fundación Ludwig Fur Internationale Kurnst, Aaheen, Alemania; Museo Ken Damy di Brescia, Italia; Stiftung Atelierhaus Arlesheim, Basel, Suiza; San Francisco State University, Estados Unidos.

Ha recibido numerosos premios en salones provinciales y nacionales y ha obtenido dos becas de creación a nivel internacional (Suiza y Alemania). Su obra forma parte de publicaciones nacionales e internacionales y, de colecciones estatales y privadas de Cuba y otros países. 

Por: Yamila Gordillo y Yoan Álvarez