Por: Eugenio Vicedo Tomey

La historia de las librerías de segunda mano – “librerías de viejo, librerías de lance, second–hand book store, bouquiniste”… –  marcha paralela a la historia de la edición y la impresión de libros, incluso desde antes de la invención de la imprenta de tipos móviles por Johannes Gutenberg en el siglo XVI. Es un comercio que se caracteriza por una dinámica elevada, determinada entre otros factores por la preparación y experiencia del librero que las atiende, artífice del éxito del establecimiento para que deje de ser reducidamente un almacén de libros viejos eventualmente en venta, o un museo de rarezas bibliográficas.

Las librerías de segunda mano y la recuperación de documentos valiosos

El tradicional mecanismo de compras de grandes lotes de libros por parte de un librero experimentado favorece el proceso de jerarquización de documentos valiosos, la consecuente reparación de los ejemplares parcialmente dañados y la posterior adquisición de los mismos por parte de estudiosos, profesionales de la literatura, coleccionistas, instituciones culturales y bibliotecas. En consecuencia, todo ello conduce a la conservación del material como patrimonio cultural de la sociedad.

Acorde con el programa Memoria del Mundo, de la UNESCO (1995), el Patrimonio Documental es una agrupación de documentos que al reflejar la memoria colectiva de un pueblo, nación, región o sociedad, muestra la diversidad de los pueblos, cultura e idiomas y lo hace formar parte del Patrimonio de la Humanidad.  Según dicho programa, se considera Patrimonio Documental a los manuscritos y documentos raros y valiosos depositados en las bibliotecas y archivos de todo el mundo.

Es entonces vital que los libreros conozcan las regulaciones establecidas para la exportación de libros y documentos, y sobre todo aquellas categorías de estos que estén reguladas especialmente, pues no pocas veces las librerías de segunda mano se encuentran ubicadas en los circuitos turísticos; además “(…) el libro y la literatura en un lugar específico, reflejan una tendencia cultural, potencialmente a valorar por el visitante”. (Juárez Medina, 2005).

Según Jorge Luis González Suárez la importancia del comercio de libros de segunda mano, raros y valiosos  viene dada por el hecho de que garantiza importantes  acciones, aspiraciones y propósitos, entre ellas mantener entre la población la circulación de libros agotados aumentando la oferta de los mismos a los clientes; contribuir a que lectores más especializados puedan encontrar libros con temáticas, géneros, títulos o autores no publicados en Cuba y rescatar el patrimonio bibliográfico nacional evitando su pérdida o destrucción, contribuyendo al enriquecimiento de las bibliotecas. Todo esto complementa, de cierta manera, el trabajo del sistema editorial del país, propiciando la reiterada circulación del libro sin gasto adicional en el trabajo editorial, industrial y en la transportación, a la par que prolonga la vida útil del libro, favoreciendo así que el mismo cumpla su objetivo sociocultural.

En el orden práctico, la obtención de los anteriores propósitos tendrá mayor o menor éxito en dependencia de la experiencia y preparación del librero encargado de establecer el enlace entre la fuente suministradora del libro, y el receptor final del mismo. Las fuentes fundamentales de obtención del libro de uso por parte de los libreros, son varias. Valdría la pena señalar algunas, tales como: personas que heredan bibliotecas personales de un conviviente y, por resultar libros ajenos a sus intereses profesionales o culturales, desean deshacerse de ellos a fin de disponer mayor espacio en su vivienda y destinarlo a necesidades de convivencia familiar, negocios particulares, remodelaciones y modernizaciones, etc y emigrantes definitivos del país que tienen el buen juicio de evitar que los libros que no puede llevar con él se pierdan y en consecuencia puedan continuar siendo útiles en otras manos, conservando de esta manera el patrimonio que bibliografías no pocas veces valiosas continúen siendo aprovechables por lectores interesados.

El grupo de personas anteriormente descrito no está interesado, por razones de tiempo o de la legalidad vigente, en realizar ventas minoristas durante un tiempo prolongado; sus objetivos son otros, por lo que es el momento en el cual el librero profesional realiza su labor, adquiriendo grandes lotes de libros a un precio que le resulte ventajoso a fin de mantener la rentabilidad del negocio, previa valoración justa del material adquirido, su eventual encuadernación y posterior tasación acorde a los principios reconocidos en la actividad, entre los que es oportuno mencionar:

Título de la obra.

Autor.

Contenido o materia que trata, vigencia.

Edición y año de publicación.

Estado de conservación.

Demanda y oferta.

El librero en el proceso de tasación puede incorporar a su labor acciones de conservación acorde con la definición que establece el ICCROM (Centro Internacional para la Conservación y la Restauración de Bienes Culturales) y que incluye tres funciones básicas:

Examinar: es el proceso de determinar la estructura original y los materiales que componen el objeto, el grado de deterioro, sus alteraciones y pérdidas.

Preservar: es la acción tomada para prevenir o retardar cualquier daño en el material cultural, controlando el medio ambiente del lugar donde se guarda o exhibe, y realizar las labores necesarias para mantener su estructura o estado original.

Restaurar: es la acción reparadora que se realiza para devolver el material dañado o deteriorado lo máximo posible a su estado original, sin sacrificar su estética o integridad histórica.

Un elemento de la actualidad que justifica aún más el papel de las librerías de libros de uso y del librero vinculado a ellas es que -por razones de espacio disponible para almacenamiento y exhibición, limitaciones en relación al personal calificado a fin de hacer una clasificación técnica adecuada, inexistente disponibilidad de transporte y otros elementos de logística- algunos herederos de bibliotecas valiosas se han visto impedidos de en primera instancia, realizar la donación de las mismas a instituciones estatales, y han sido los libreros los que, con su gestión, han logrado que no pocos textos de interés hayan podido ser conservados. 

Por citar un ejemplo, es válido mencionar la enorme biblioteca que perteneció al intelectual Salvador Vilaseca, cuyos familiares intentaron realizar donaciones a algunas instituciones estatales. El Museo de las Ciencias y el Instituto de Historia de Cuba recuperaron lo que resultaba de su interés inmediato y directo. Sin embargo, luego de esto aún quedaban disponibles gran número de documentos. Se continuó gestionando con otras instituciones, las cuales argumentaron diversas razones para declinar el ofrecimiento.  En mi calidad de librero con limitaciones de transporte y otras de carácter material, realicé una valoración adecuada de los títulos, y fue posible rescatar parte de ellos, que hoy han sido adquiridos por diversos lectores. Muy particular fue la recuperación de libros y documentos relacionados con la historia de Matanzas y que han incrementado el patrimonio documental de la Oficina del Historiador, previa valoración de su titular, el doctor Ercilio Vento Canosa. Entre ellos es factible referirse al folleto que esclarece la polémica en relación a la denominación de “Grito de Baire” o de “Grito de Ibarra” a ese hecho histórico, asunto de importancia para la historiografía local. Hoy, afortunadamente, el documento recuperado está en manos de personas que harán un uso correcto de él, y lo conservarán en lugar y condiciones adecuadas a fin de que perpetuar su utilidad. Este ha sido solo un ejemplo de intervención oportuna de un librero y su actividad en aras del rescate del patrimonio, incluida la valoración adecuada del folleto y la comunicación inmediata a la Oficina del Historiador de su entrada a la librería.

El librero encargado de una librería de libros de segunda mano puede reunir en sí diferentes niveles de preparación en múltiples esferas del conocimiento que favorecen el éxito de su labor y que, por diferentes razones, son difíciles de encontrar reunidas en una misma persona empleada de una institución cultural, donde por lo general se trabaja con calificaciones que responden a plazas de puestos de trabajo específicos. Así, un librero experto está atento a posibles venta de libros por parte de particulares, acción que se hace expedita al no tener que mediar documentos, operaciones bancarias y otras, propias de la esfera institucional. Basta con una negociación verbal, por lo general muy breve, un acuerdo rápido, y la propiedad cambiará de manos inmediatamente. El propio librero se encarga de la transportación, conservación, tasación y, en los casos que se requiera, de su restauración primaria. También acometerá las acciones propias que corresponden a la divulgación, recomendación, orientación…, así como modificaciones de precios de manera dinámica y operativa que favorecen que el libro que tiene en venta, tarde o temprano, cumpla su función en las manos adecuadas.

Si bien no existe –ni puede existir– la formación ideal para el librero, sí se pudieran señalar componentes recomendables, sin soslayar que, mucho antes de ser librero, se debe ser lector. Una buena formación de base (quizás universitaria) que no tiene que ser necesariamente de carácter humanístico, puede ser un buen punto de partida. Los postgrados, el conocimiento de idiomas, múltiples inquietudes culturales en diferentes ramas y la actualización constante en relación al mundo editorial, completarían una capacitación que jamás estará terminada. Lo anterior se completa con humildad en lo relativo a las acciones de extensión que puedan establecerse con las instituciones culturales del entorno, sobre todos aquellas cuyos directivos hacen una valoración apropiada de cómo la librería de libros de segunda mano complementa unos niveles de información que otras instituciones, dado su perfil específico o su razón social, no pueden ofrecer, o encuentran limitaciones en ese sentido. El librero además, puede velar, en alguna medida, porque no se cometan violaciones que conduzcan a una posible exportación de documentos que protegidos por las legislaciones vigentes correspondientes.

La conservación del patrimonio bibliográfico está relacionada con la intervención de diferentes dependencias entre las cuales las librerías de segunda mano deben estar necesariamente involucradas, a partir del acercamiento institucional a las mismas, o también por la propia sensibilidad de los libreros ante la importancia de la conservación del bien común desde posturas conscientes y responsables.


BIBLOGRAFÍA CONSULTADA

-González Suárez, Jorge Luis: “Manual del tasador de libros de uso y raros”. S/f.

-Juárez Medina, Antonio (2005): “Interacciones entre la cultura y el turismo: elementos de reflexión internacional para una perspectiva hispana”.En “Geben Heilbronn Sie dIdeas No. 1, marzo de 2005.

-Revista del Libro Cubano. Año III No. 1 – 2 1999.

-Rodríguez Hernández, Yasminda y otros (2009): “La conservación preventiva: una acción eficiente para combatir las agresiones del patrimonio documental en los centros de información”. En http://bvs.sld.cu (Consultado el 25 – 07 – 2017).

-www.ecured.cu/Salvador _Vilaseca (Consultado el 25 – 07 – 2017).