Hace 21 años, cuando Teatro de Las Estaciones estrenó el espectáculo Un gato con botas, el teatro de cachiporra, ese género clásico de la titerería, entró de manera sigilosa en nuestro repertorio; y digo sigilosa, como sinónimo en aquel entonces de una discreta utilización. Las claves escénicas de esa divertidísima  forma de representar, siempre  en dinámico  diálogo con el público, mediante títeres que accionan a ritmo frenético,  tendrían su verdadero  despegue en obras nuestras como La calle de los fantasmas, de Javier Villafañe, del año 2000, y  con un carácter más activo aún, en Pelusín y los pájaros, el popularísimo texto de Dora Alonso, estrenado en 2001.

LORCA, CACHIPORRA Y TITERES PARA ADULTOS EN  TEATRO DE LAS ESTACIONES

El efecto catártico y titiritero de golpear con una porra al contrincante,  regresó a Las Estaciones  en la agresiva personalidad de Polichinela, uno de los protagonistas de La caja de los juguetes, de Debussy, en 2003, y luego mediante la escena juglaresca que en Federico de noche, de Norge Espinosa, en 2009,  presentara por primera vez en un título de nuestra agrupación a las singulares personalidades de Don Cristóbal el andaluz y su conyugue  Doña Rosita.

Burundanga,  la pieza de Luis Enrique Valdés Duarte, en 2012, hace regresar a nuestro retablo a la inquieta cachiporra. Esta vez en una puesta en escena con figuras concebida para público adulto, llena de palabrotas picantes y de una sensualidad desbordada. Sin embargo, los deseos de subir a las tablas un texto como Retablillo de Don Cristóbal, escrito por Federico García Lorca en los años 30 del siglo pasado, donde la vieja tradición del teatro de cachiporra es totalmente explícita, permanecían cautelosos, a la espera de la luz.

Dos décadas y algo más han transcurrido. Teatro de Las Estaciones ha consolidado un equipo de trabajo donde jóvenes y experimentados comparten saberes y amores por la animación de muñecos, por su historia milenaria y esencial. Era hora ya de proponer una producción donde la cachiporra señoreara triunfadora, a la manera de esas compañías trashumantes, cuyo oficio divertía a mares a todos los públicos.

Retablillo de Don Cristóbal y la Seña Rosita, nuestro próximo estreno, es una mezcolanza de textos lorquianos como Retablillo de Don Cristóbal y Los títeres de cahiporra, aderezado con las versiones lúdicas y cubanizadas, que sobre algunas de las canciones populares andaluzas, recogidas y armonizadas por el poeta granadino en 1931, ha hecho la compositora y pianista Elvira Santiago, fiel colaboradora de Las Estaciones. Partituras de Solera, Moreno Torroba, Turina y Bizet, han sido intervenidas sonoramente por Ernesto Perdomo, justamente para apoyar las aventuras y pendencias del puñeterillo Cristóbal.

Iván García, María Laura Germán, Karen Sotolongo y María Isabel Medina, se aprestan para dar vida a los diferentes personajes de un montaje cuyas coreografías corren a cargo de Liliam Padrón, fundadora del colectivo yumurino. La asesoría dramatúrgica de  Yudd Favier, el diseño gráfico del joven creador Abdel de La Campa, junto a los títeres, vestuarios y retablo del maestro Zenén Calero, cuya plástica, inquieta y diferente cada vez, ha apostado por una estética que va desde lo puntualmente gitano hasta  una expresividad contrastante y colorida, homenajean los sesenta años de vida de las hermanas Migdalia y Mayda  Seguí, diestras artistas de nuestro mejor teatro de muñecos.

Como director artístico del nuevo espectáculo, no me queda otra cosa que invitar a los adultos que gustan del sarcasmo y la insinuación de los títeres, a que nos acompañen los próximos sábado 12 y domingo 13 de noviembre, a las 9:00 pm y 4:00 pm respectivamente, en la Sala Pepe Camejo, para gozar con la gracia ancestral de la cachiporra, esa que salva y libera mediante una risa sanadora y eterna.


Por: Rubén Darío Salazar

Cartel: Abdel de La Campa Escaig