Palabras de elogio a Mar Desnudo en su décimo aniversario

Por: Alina López Hernández

“Nadie es profeta en su tierra”, reza el viejo refrán. Y así pareciera con este homenaje pospuesto a la revista digital Mar Desnudo, que en buena lid debió ocurrir en la pasada feria del libro y que un lapsus impidió. Pero como siempre prefiero ver el vaso medio lleno, creo que la exclusividad de dedicarle un espacio a ella sola es lo mejor, así no pierde el merecido protagonismo en medio de tantas publicaciones y libros que la feria trae. Por tanto, como dice también otro antiguo proverbio: “nunca es tarde si la dicha llega”. Y es que hablar hoy de la revista y sus gestores es un placer para los organizadores del evento Fundación de la ciudad de Matanzas, lugar que la vio nacer, matancera pero libre de las barreras que implica cualquier provincianismo.

Palabras de elogio a Mar Desnudo en su décimo aniversario

Una década de vida y más de tres millones de lectores son cifras notables. Primero, por la perseverancia de sus creadores en medio de las aguas turbulentas que significa un medio digital en el contexto cubano, sujeto a veces a las trabas e incomprensiones de la burocracia ideológica; segundo, por conseguir un número tan alto de seguidores que la prefieren en un medio como la red de redes, donde comparte espacio con banalidades, revistas amarillistas, noticias escandalosas, y también con publicaciones de gran calidad.

Es esta una publicación que emana de Ediciones Vigía, sitio que enorgullece a los cubanos por la exclusividad de sus productos culturales. Pero sus timoneles, fieles desde el inicio al proyecto, son la poeta, narradora, dramaturga, ensayista y editora Laura Ruiz, una intelectual excelente y una excelente persona; el poeta Abel González Fagundo, su creativo diseñador, coeditor y webmaster; y el periodista, narrador y editor Norge Céspedes, que se incorporaría más tarde.

A ellos les debemos un producto de excelencia, tanto por su exquisita visualidad como por el contenido. Desde las diferentes secciones fijas, con nombres marineros al estilo de: “Mar adentro”, “Mar afuera”, “Agua sobre la arena”, “En la cresta de la ola”, “Ola que mira a la ola”, “Ola que mira a la arena”, y “La ola peripatética”; los editores nos presentan mucho de lo mejor que en literatura y arte se genera en Matanzas, en Cuba y en el mundo; pues Mar Desnudo no es simplemente un nombre, es un símbolo: como el mar, abierta al dialogo con todo tipo de buena literatura y arte, ha sido receptiva a múltiples corrientes de pensamiento literario, artístico y cultural, al publicar o reseñar todo lo que puede aportar a los lectores que la siguen con fidelidad.

“Mar Desnudo que se mira en todos los cielos” no es solo una declaración de principios, es una práctica consuetudinaria que muestra un camino de inclusión, libre de intolerancias: estéticas e ideológicas, que ha unido también, como su compañera más añeja la revista Matanzas, a los cubanos de cualquier lugar para que encuentren en ella un espacio de la patria literaria y cultural que los concibe como parte indispensable del tejido de la nación.

Esta excelente revista debería ser más conocida dentro de Cuba, pues por las paradojas que impone la falta de un acceso a internet adecuado a los niveles adquisitivos de los cubanos, hoy es más leída desde fuera de la isla. Ello no resta méritos a la publicación, y los matanceros podemos enorgullecernos de contar con una de las mejores revistas de arte y literatura que se hacen en nuestro país. Gracias Laura, Abelito y Norge, nos veremos en el 2027 para celebrar los veinte años de Mar Desnudo, ojalá estemos todos para entonces, pero con que esté la revista ya sería mucho.


Matanzas, 12 de octubre de 2017