Margot ColosiaLos inicios Margot Colosía es una de esas personalidades multifacéticas que marcan sensibilidades y contextos. Espiritualmente dotada, delicada y con los sentidos despiertos al saber es, paradójicamente, un nombre olvidado de nuestra cultura. Su poética ha sido apenas reseñada por textos generales (impresos o digitales), que refieren información elemental y en ocasiones inexacta. Ellos no muestran de cuerpo entero a la mujer pintora, instructora, promotora y, ni tan siquiera a la compañera del escultor, dibujante y grabador José Felipe Núñez Bootth (Matanzas, 7.5.1919-La Habana, 18.7.1993), cuyo legado es también un desafío para nuestros actuales historiadores del arte.

Con tales antecedentes, la redacción de esta reseña fue factible gracias a las entrevistas realizadas al escultor Agustín Drake, a los pintores Raúl Santos Zerpa “Santoserpa” y Perla María Pinedo. La consulta de los fondos de la Escuela Provincial de Artes Plásticas, “Tarascó”, que se conservan en el Museo Provincial y en el Centro de Documentación del Centro Provincial de las Artes Visuales de Matanzas, contribuyó sensiblemente al resultado. Entre las fuentes secundarias y los autores que han referido la obra de Margot Colosía los más destacables resultan el volumen Pintores cubanos (1962) y los textos de José Veigas, Leonel Capote Hernández y Yamila Gordillo, los dos últimos inéditos y alusivos, respectivamente, a la historia de la escuela y a la presencia de la mujer en la plástica matancera.

Nació Blanca Margarita Josefa Jacinta en la finca “Anita” de la barriada matancera de Versalles, el 20 de junio de 1920. Sus padres fueron Blanca Margarita del Pilar Labourdette Rodríguez y el habanero Cosme ColosíaAyo, quienes se habían casado en la Catedral yumurina el 11 de agosto de 1919.Cosme se dedicaba al comercio y descendía de padre y abuelos asturianos. Por la vía materna, el apellido Labourdette era oriundo de Francia. La futura pintora y su hermana Berta Ana tuvieron una infancia económicamente holgada, siendo educadas en prestigiosos colegios. En 1940 se presentó en el Instituto de Segunda Enseñanza para realizar exámenes de admisión, pero por razones desconocidas no inició estudios en ese centro. Por esta época la familia reside en la calle Jovellanos, No. 30, bajos.

En esta misma década Margot conoce a Núñez Booth, con quien contrae matrimonio, en fecha aún por precisar. El 26 de octubre de 1944 nace la única hija de la pareja, Margarita de la Trinidad, que será bautizada casi dos años después en la Catedral de San Carlos, según consta en el Libro General de Bautismos (No.27) de la iglesia. José Felipe se había graduado en 1940 de la Escuela de San Alejandro y será uno de los fundadores de la Escuela Provincial de Artes Plásticas Tarascó, de Matanzas.
 
Escultor, dibujante y grabador su obra estuvo marcada por la impronta de los nuevos códigos estéticos. En sus piezas utiliza los más disimiles materiales y formatos y la figuración predominante en unas, cede en otras ante los volúmenes ampulosos y rítmicos y la abstracción. Figura destacada de la escultura cubana de la época, se erige en uno de los referentes más importantes para la escuela yumurina, en la cual impartió clases de Composición y Relieve, Grabado, Modelado Elemental, Modelado Ornamental, Modelado del Natural y Talla, generalmente en los cursos diurnos, compartiendo su ejecutoria como profesor con la de Director, cargo que ocupó en dos ocasiones (1948-1950) y (1958-1960). Es evidente que un temperamento creativo como el de este artista debió marcar un vuelco en la mujer y en la artista que fue Margot. Por otra parte, al iniciar sus estudios, lo hace como madre, rasgo que apunta a su individualidad y a su capacidad para atender, no a convicciones sociales establecidas, sino a su intuición y a su auténtica devoción por el arte.
 
En 1945, Margot -como solía firmar desde adolescente- ingresó en la referida escuela. Al fundarse en 1941, el plantel (1) emergía en medio de un panorama intelectual peculiar. Las artes visuales se desprendían, cada vez más, de los códigos academicistas, contra los cuales se habían erigido las vanguardias pictóricas, en primer término la caricatura y la ilustración, que no solo mostraban un quehacer nuevo en las formas, sino en sus contenidos, abiertamente nacionalistas.
 
En este contexto se inserta la obra naciente de Margot Colosía. La escuela contaba con un excelente programa que alentaba esa nueva mirada. Su actualizado plan de estudios, motivó que el alumnado, Margot en este caso, pudiera entrar en contacto con disciplinas tales como Repujado en cuero y metales o Arte Decorativo, las que conjuntamente con Dibujo y Modelado del Natural, Colorido, Perspectiva, Paisaje, Naturaleza Estática y Grabado le proporcionaron una visión de conjunto que volcaría posteriormente en su obra. Durante los años que dura la carrera, recibió calificaciones de “Sobresaliente” y “Notable” en las diferentes disciplinas que examina, según consta en los Libros de Registro del plantel. Entre los discípulos con los que compartió Colosía se encontraban América Dueñas, Eduardo Tarabez, Elvira Ramos, Gisela Hernández, Carilda Oliver Labra, Luis Bares Coronado, Tulio Vázquez, Hugo AniaMercier y Agustín Drake, los cuales cursaban distintos años de la carrera de Dibujo y Pintura.
 
En 1949 se gradúa, después de que el Tribunal, constituido por los pintores y maestros Hilda Aguiar Álvarez (Presidente), Juan Roberto DiagoQuerol (Secretario) y los vocales Francisco Coro Marrodán, Rafael Soriano e Ismael Fernández González, deliberara y determinara que “los alumnos Blanca Margarita ColosíaLabourdette, Zoila América Dueñas e Irigoyen y Fidia Martha Samaniego y Coronado han probado en todos y cada uno de los ejercicios a que fueron sometidos, la capacidad técnica para merecer el Título de Profesor de Dibujo y Pintura, por los que se le confiere, individualmente el mismo, con todos los beneficios que encierra” (2)
 
 Uno de los hechos más divulgados de la poética de Margot en los años que suceden a su egreso de la escuela, es su inserción en The New School of Social Research, de New York, donde se vinculó al pintor cubano Mario Carreño (La Habana, 1913-Santiago de Chile, 1999), quien impartió clases allí desde 1946. Como es conocido, Carreño –conjuntamente con SandúDarié, Luis Martínez Pedro, LolóSoldevilla y otros– llegó a ser uno de los máximos cultores del arte abstracto en la Cuba de los cincuenta y a su influencia se deberán, en parte, los rasgos que se encuentran en la obra temprana de la matancera.
 
El Museo Provincial Palacio de Junco conserva los catálogos de algunos de estos eventos entre los que se destaca la Exposición de Pintura y Escultura, celebrada en el Liceo de Colón entre el 15 y el 22 de diciembre de 1951. En esa ocasión expuso el cuadro Composición, realizado en tempera y compartió con Roberto Diago, Rafael Soriano, Francisco CoroMarrodán, Manuel Rodulfo, Juan Esnard, José Felipe Núñez Booth, Hilda Aguiar, Gisela Hernández, Inés Sánchez, Margarita Cáceres y América Dueñas, entre otros. El escultor Agustín Drake (3) recuerda cómo, durante estos sucesos artísticos exponían tanto los artistas ya legitimados, como los jóvenes egresados de la escuela e incluso los estudiantes, estableciéndose una interacción de generaciones y maneras de hacer que hacían muy fructíferos aquellos encuentros. También a 1951 corresponde la inauguración de la Exposición de Artistas Locales (18 de marzo), de la que igualmente forma parte ColosíaLabourdette.
 
Particularmente notorio para su curriculum, este año integra el catálogo de dos importantes muestras celebradas en la capital: la V Exposición de Pintura, Escultura y Grabado (Centro Asturiano de Cuba) y el VI Salón Nacional de Pintura y Escultura (Capitolio), ambas auspiciadas por el Departamento de Cultura del Ministerio de Educación.
 
La Primera Bienal Hispanoamericana de Arte
 
De igual forma su rúbrica formará parte de la extensa nómina de creadores que participa en la Primera Bienal Hispanoamericana de Arte, con sede en Madrid, España.Organizado durante la dictadura de Franco, el evento ha sido apreciado por los estudiosos del arte español, como un intento de la dictadurapor conciliarse con el nuevo status mundial que había propiciado el fin de la segunda guerra mundial y la caída de las potencias del Eje, con las cuales el dictador había mantenido estrechos vínculos. La legitimación de los lenguajes de la vanguardia, en particular del abstraccionismo, dominante en esta etapa, alternó con la impronta tradicional del arte que apoyó la España falangista durante su dilatada historia. La Bienal que desde el país anfitrión conto con la presencia de figuras como la de Salvador Dalí, fue fuertemente criticada por Pablo Picasso, en sus conocidas manifestaciones antibienaly rechazada por los artistas españoles del exilio, específicamente en países como México o Venezuela.
 
Más allá de la participación española y de las contradicciones evidentes, lamayoría de los artistas latinoamericanos que participaron estaban bien distantes de expresar conductas de simpatía con aquel régimen, cuya aparente política de “apertura”, generara hechos artísticos como el reseñado. Organizada por el instituto de Cultura Hispánica, la Bienal fue una de las vías a través de las cuales el decadente régimen manifestó su apertura aparente.La “ideología de la hispanidad” encontró en las artes una manera de escapar del aislamiento internacional. (4)Mientras el exilio artístico español, rechazaba el evento con respuestas concretas, los artistas latinoamericanos que participaron mostraron su simpatía y solidaridad con los principios democráticos de la derrocada Repúblicaespañola.
 
Devenido suceso artístico de envergadura, lo cierto es que aquel fue el contexto en medio del cualEspaña por primera vez fue protagonista de una exhibición de grandes proporciones en la que por pudo mostrar al mundo los caminos andados por el arte moderno en Hispanoamérica. Cierto es que no todas las figuras representativas, provenientes de esta geografía formaron parte delhecho. Sin embargo, la Bienal probó que innumerables creadores de América Latina se hallaban actualizados formalmente en relación con las tendencias estéticas emergidas desde Europa y Estados Unidos y que a la vez ese arte tenía unavoz propia. Era Latinoamérica, sus gentes, sus colores, sus circunstancias y su grandeza lo que el espectador descubrió en las decenas de obras que se representaron.Más allá de disquisiciones y controversias, la bienal marcó un momento significativo para el arte hispanoamericano.
 
En este encuentro países como Argentina y Cuba son los de mayor representación, si bien con exponentes desiguales, como asegura Luis Felipe Vivanco. El paisaje y la figura humana –apreciada desde distintas estéticas- ocupa un lugar importante en la entrega de diferentes naciones. Asimismo se evidencia en las entregas, los problemas específicos de América y en el caso de Colombia y Centroamérica, el mencionado autor estima que en esta zona “existen las primeras realidades de una renovación” (5)En la isla, la convocatoria, dada conocer por los medios de publicidad desde abril halló acogida entre decenas de pintores, escultores y grabadores, que debían presentar sus obras en una exposición –con sede en el Instituto Cultural Cubano Español- y a cuya inauguración asistió el legendario y octogenario pintor Leopoldo Romañach, quien moriría algún tiempo después.
 
   Finalmente fueron seleccionados 47 artistas y 79 obras (53 pinturas, 15 grabados y dibujos y 11 esculturas), el lote fue tan grande que llegó a pensarse en la organización de una exposición dedicada a Cuba, una vez que este llegó a España, por vía marítima. No todas las piezas fueron exhibidas en la Bienal. Precisada de un estudio independiente por las proporciones alcanzadas, la presencia de Cuba en este evento fue de las más acogidas. Figuras ya legitimadas como Enrique Caravia, Carmelo González, uno de nuestros grabadores mayores, Daniel Serra, Francisco Gelabert, Teodoro Ramos y otros formaron parte de la nómina cubana, junto a otro grupo de importantes creadores, que independientemente de sus propuestas estaban definidos por un rasgo en común, su vínculo con la Escuela Provincial de Artes Plásticas de Matanzas, de la cual Margot Colosía había egresado unos años antes. Ellos fueron Manuel RodulfoTardo, José Felipe NúñezBooth, Rafael Soriano, Francisco Coro Marrodán, Hilda Aguiar, Roberto Diago y la propia Colosía.
 
   Al referirse a Cuba, Vivanco ofrece una visión que no deja de ser interesante por tratarse de una apreciación con la perspectiva queproporcionan la distanciay el tiempo entre el “observador” y un hecho específico.
 
   En el envío de Cuba [expresa]  alternan los cuadros de tendencia superrealista con los de tendencia abstracta. Escaldo Inzo pertenece a esta última […] El título del cuadro de Cabrera Moreno: Sonazul […] se refiere a una fusión de música y pintura. Se trata de una composición blanda y curvilínea, monótona de color, de acuerdo con los ritmos del son cubano […] Los dos pintores de tendencia superrealista son: Daniel Serra y Roberto Diago. El primero se apoya en la poesía más superficial y supedita a ella los valores plásticos y espaciales […] Diago sigue, a través de los monstruos de su Oráculo, las huellas de Picasso, prolongadas en tierra americana por Tamayo. […] otras dos pintoras Gisela Hernández Pérez y Margot Colosia (Lam. 78) pertenecen sin caer del todo en el abstractismo, a la renovación de la forma cubista.(6)
 
   En este escueto panorama de la participación de Cuba en la primera Bienal Hispanoamericana –celebrada entre octubre de 1951 y febrero de 1952–resalta el hecho de que Vivanco connote los valores autónomos del arte del continente y su asimilación de las tendencias renovadoras del arte enNorteamérica y Europa. Cierto es que no incluye en sus citas la participación de algunos artistas claves del arte insular. Por otra parte, no debe pasar inadvertida la mención de otros como Cabrera Moreno o Roberto Diago(7) y, sobre todo, la referencia a Gisela Hernández y a Margot Colosía, dos cubanas, cuyas poéticas son desconocidas hoy. Jarrón amarillo tituló la última la pieza de su autoría que se mostró durante la bienal.
 
Unos años después, en 1955, es invitada, con algunos de sus colegas al Primer Festival de Arte, organizado por el Instituto Nacional de Cultura en el Palacio de Bellas Artes de La Habana con el objetivo de mostrar los adelantos artísticos alcanzados por los creadores yumurinos vinculados al plantel. El interés de los organizadores queda manifiesto en las palabras del catálogo: “La Escuela de Artes Plásticas “Tarascó”, conjuntamente con la “Galería de Matanzas”, tienen el honor de presentar al pueblo de La Habana, en esta Primera Feria del Arte, un conjunto de obras de dibujantes y pintores matanceros, algunos de los cuales se destacan con luz propia en el mundo del arte y otros que son esplendorosas promesas del mañana” (8)
 
Organizada también por la institución –dirigida a la sazón por Rafael Soriano– interviene aquel mismo año en la Exposición Venta a beneficio del Asilo “San José”, de la vecina ciudad de Cárdenas. Entonces (mayo de 1955) forman parte de la nómina de expositores, creadores ya referidos como Fundora, Drake, Núñez Booth y otros como José García Makú, Tulio Vázquez y Lorenzo Padilla. Participa asimismo en la Exposición de dibujos de pintores cubanos (auspiciada por la Sociedad Cultural Nuestro Tiempo), al lado de FayadJamís, Wilfredo Lam, Roberto Estopiñán, Raúl Martínez, Cundo Bermúdez, Luis Martínez Pedro, Agustín Cárdenas, Mario Carreño, José Mijares, Mirta Cerra, Amelia Peláez, René Portocarrero, Víctor Manuel, SandúDarié, Roberto Diago y otros.
 
A fines de la década (1959) es una de los 89 artistas que compite en el Concurso-Exposición de Pintura, organizado por el Liceo de Matanzas el 20 de mayo, con motivo del centenario de su fundación. Suscrita su poética por la recreación de ambientes interiores y por un cromatismo en el que predominan amplias zonas de color, es representada por dos piezas: Figura con jarrón y Composición interior.
 
De inicios de la revolución data asimismo, su inserción en eventos emblemáticos como el Salón Anual de Pintura Escultura y Grabado, inaugurado por Armando Hart Dávalos en el Palacio Nacional de Bellas Artes (hoy Museo Nacional), el 10 de octubre de 1959, la exposición Libertad para Siqueiros y la Exposición de pintura, grabado y cerámica, organizada en agosto de 1961, como parte del Primer Congreso Nacional de Escritores y Artistas Cubanos. Su participación en estos hechos artísticos, connota la posición de la matancera, entre la intelectualidad de avanzada del país.
 
Mención aparte merece su labor en la creación del Bloque de Artistas Libres de su natal Matanzas. A inicios de 1959 fue constituido estaorganización artístico-cultural, como la definieron sus fundadores y a la cual se afiliaron numerosos artistas yumurinos con los objetivos de 1. “Desarrollar plenamente todas las artes y difundir la cultura, el patriotismo y la historia, 2. Pronunciarse “Por la protección intelectual y económica de todos los artistas, elevando así su nivel espiritual”, 3. “Salvaguardar los sitios de interés históricos oturísticos” y 4. “Influenciar en el desarrollo turístico de la ciudad”. Al Bloque se integraron artistas e intelectuales amantes o cultores de disciplinas tales como la pintura, la escultura, la arquitectura, la música, el teatro, la danza, la literatura, la historia y en general los amantes de todas las artes, incluidas las aplicadas. (9)
 
La organización que llegó a redactar un Reglamento, estuvo dirigida inicialmente por Mercedes Achong, mientras que Carilda Oliver fungió como Secretaria. Más de treinta personalidades se contaron entre sus fundadores, la mayor parte pintores o escultores vinculados de una manera u otra a la Escuela Provincial de Artes Plásticas: Pedro Esquerré, Juan Esnard, Agustín Drake, José F. Núñez Booth, Manuel Rodulfo Tardo, Hilda Aguiar, Lorenzo Padilla, el historiador Israel Moliner Rendón y Margot Colosia, quien presidió la Sección de Pintura. (10)El bloque organizó numerosas actividades tendientes a poner en práctica los objetivos por los que había sido fundado, si bien se trata de una historia aún por develar, en tanto durante el breve periodo de su ejecutoria promovió interesantes propuestas destinadas a estimular el arte y el turismo. En 1961 la asociación fue cancelada dentro del Registro de Asociaciones, al ser estimado institucionalmente que no cumplía con los requisitos necesarios para mantenerse en vigor. (11)
Otro de los sucesos artísticos de los que Margot Colosía forma parte en esta etapa es laya citada Exposición de Pintura, Escultura y Grabado Libertad para Siqueiros. Inaugurada en el Seguro Médico del Vedado, el 4 de diciembre de 1960, esta atrajo a un gran número de creadores cubanos, cuyo propósito era el de apoyar a quien fuera una de las figuras más progresistas e innovadoras del arte latinoamericano contemporáneo. Ángel Acosta León, José Ramón Fundora, Thelvia Marín, René Portocarrero, Juan Moreira, LolóSoldevilla, Alfredo Sosabravo, Orlando Suárez, Ana Rosa Gutiérrez, Carmelo González, Lesbia VentDumois, Florencio Gelabert y Agustín Drake son algunos de los pintores, grabadores y escultores que apoyan este proyecto. En consonancia con los temas habitualmente abordados por Colosía, esta colabora con el óleo Composición, de aliento decorativo. La declaración de los artistas participantes deja manifiesto el propósito de la exposición.
 
Los trabajadores intelectuales de Cuba hacemos llegar a todos los hombres libres del mundo nuestra sentida protesta por el encarcelamiento del maestro David Alfaro Siqueiros, quien está detenido desde el 9 de agosto […]
 
Como trabajadores intelectuales solidarizados con la declaración de La Habana que garantiza “el derecho de los intelectuales, artistas y científicos a luchar, con sus obras por un mundo mejor” reiteramos nuestra protesta por la prisión del gran muralista mexicano y declaramos nuestra simpatía y adhesión a la causa de la justicia social que él representa. (12)
 
Recientemente ha podido conocerse que en la década de 1970, Margot continuaba siendo una personalidad activa dentro del contexto artístico insular. Su amigo, el citado pintor abstracto Raúl Santoserpa, recuerda la fecha en que él inaugurara una muestra personal, en el entonces hotel Habana Libre, en 1976. Margot, formó parte del grupo de intelectuales y artistas que acudió a la exposición, en muestra de su amistad y de su activismo cultural. Su nombre aparece en el Catalogo de Autoridades de Artistas Cubanos, publicado por el Departamento de Artes Visuales de la Biblioteca Nacional JoséMartí, en 1971. Tras varios meses de labor, este primer cuaderno surgió para “facilitar a los Departamentos de Arte de provincias el trabajo de catalogación del material de reproducciones […] nuestra aspiración es ir completando en las próximas publicaciones fichas de los nuevos artistas que surjan o nuevos datos sobre artistas anteriores que sigan siendo objeto de investigación”.
 
La pedagoga
 
La vocación pedagógica de Colosía y sus años de permanencia dentro del sistema de enseñanza artística, es tal vez la razón por la que algunos entendidos, estiman que sus aportes en este ámbito constituyen lo más destacable de su quehacer artístico. Habría que recordar al respecto, que la Escuela Provincial de Artes Plásticas de Matanzas, preparaba a sus alumnos no solo para enfrentar el acto creativo. Los egresados allí, se incorporaban al universo laboral con todos los instrumentos y la metodología necesarios para asumir el reto de instruir y formar nuevos artistas.
 
Ya en 1959, la Escuela Provincial de Artes Plásticas emite una Resolución, según la cual es contratada para cubrir como Auxiliar, la Cátedra B (Dibujo de Estatuaria y Dibujo de Estatuaria y Ropaje), al tiempo que también son contratados el pintor José Ramón Fundora y el escultor Agustín Drake, a quienes la unirían una sólida y duradera amistad. Un año después, en 1960, publica un cuaderno: Nociones de Dibujo y Claroscuro (mimeografiado), del cual no se poseen referencias suficientes, pero que ya apunta a esta inclinación personal de trasmitir cuanto aprehendiera durante sus años de estudiante. De tal forma, este periodo marca un nuevo momento en su trayectoria, signado por la labor que desarrolla dentro del ámbito de la enseñanza artística.
 
Desde inicios de la revolución el matrimonio Núñez-Colosía se había trasladado, con su hija adolescente a La Habana. En la capital, ambos desempeñarán roles importantes, que trascienden el ámbito de la creación, insertándose en esa labor fundacional que desempeñaron instituciones como la Escuela Nacional de Instructores de Arte (ENIA) o la Escuela Nacional de Arte (ENA), que sucedió, cronológicamente, a la anterior, entre otras.
 
Además de actuar como Profesora de la Escuela de Bellas Artes de San Alejandro, integra junto a Núñez-Booth el grupo de fundadores de la citada Escuela Nacional de Instructores de Arte que se inaugura en 1961 en el capitalino hotel Comodoro. A partir de esa fecha se fueron formando, durante un promedio de seis meses a tres años de duración, alumnos con un nivel técnico y profesional adecuado para las exigencias del momento. Instructores de teatro, música y artes plásticas, egresaron de las aulas de la ENIA dotados de la savia trasmitida por el profesorado. Ellos constituirían el alma de la enseñanza artística, a la que a partir de 1959 se le confirió un lugar de preeminencia.
 
Decenas de discípulos de Margot y de otros mentores, serían responsables, por más de cuatro décadas, de incentivar y apoyar en la población, a los hombres y mujeres con inquietudes y potencialidades artísticas. Parte y consecuencia de la revolución cultural que vive el país en ese momento, el legado de la ENIA, se manifestará durante décadas, a través de la creación individual o colectiva y del fomento de aquellos grupos de aficionados, que marcaron hito en la historia del arte cubano, transformándose no pocos de ellos, en profesionales, cuya vigencia llega hasta hoy.
 
Margot dejó profunda huella entre los futuros instructores y artistas que fueron sus alumnos. Algunos de ellos la recuerdan hoy con agradecimiento. En esta nómina se insertan Eduardo Roca “Choco”, Ernesto García Peña, Francisco Rafael Paneca y Perla María Pinedo. Durante esta etapa germinal de la escuela, también formaron parte del profesorado Alfredo Sosabravo, Luis Peñalver, Armando Possse, Juan Baldía y Hugo Consuegra, entre otros.
 
La matancera Perla María Pinedo fue una de sus discípulas en la Escuela de Artes Plásticas de Matanzas, primero y, posteriormente, en 1971, en la Escuela de Formación y Superación de Instructores de Artes Plásticas, sucesora del legado histórico de la ENIA. A la sazón, la escuela ocupaba varios inmuebles del Reparto Siboney, en Miramar. Allí llegaron de toda Cuba jóvenes que se formaban en las disciplinas de teatro, danza y artes plásticas. La mayor parte de los profesores eran figuras cardinales de la cultura nacional. Perla María evoca, con cariño esta etapa de su formación como pintora y de manera particular a Margot Colosía, que impartía clases de Dibujo y Colorido y quien solía llegar puntualmente al aula, tras despedir a Núñez Booth (director entonces de Artes Plásticas) o acompañada por él.
 
Con su imagen de mujer inteligente, hermosa, ataviada y maquillada de forma impecable, Margot atraía de inmediato a todo el que la conocía. Su presencia era invariablemente recibida con entusiasmo y también con algo de veneración por parte del alumnado. Numerosas son las anécdotas y recuerdos que la Pinedo atesora de aquel tiempo.
 
Margot y José Felipe constituían una gran pareja”, recuerda. Ambos se distinguían por su educación, elegancia y por sus capacidades psicológicas para tratar a los estudiantes, teniendo en cuenta las peculiaridades de cada uno. “Yo creo [expresa Perla María] que Margot era el maestro más respetado e intentábamos hacer todo de la mejor manera posible. Se reía mucho, pero todo con su medida, como decía ella”.(13)
 
Otra institución en la que la yumurina ofreció su saber fue la Escuela de Activistas de Cultura, todas dentro de la Dirección de Aficionados del Consejo Nacional de Cultura, concluyendo su trayectoria como pedagoga y metodóloga en la década de 1980, época por la cual asesoró plásticamente el Departamento Infantil de la Dirección de Aficionados y Casas de Cultura del Ministerio de Cultura. Generalmente trabajó junto a Núñez Booth, hasta que el escultor fue llamado para integrar el claustro del Instituto Superior de Arte (ISA). (14)
 
La mujer y su obra
 
Raúl Santoserpa, quien se había establecido en La Habana desde 1968, visitaba con frecuencia al matrimonio que residía en una casa de Nuevo Vedado, próxima al antiguo Cementerio Chino. Sus reflexiones sobre Margot, reflejan las cualidades que la perfilaban como mujer: sensibilidad, buen gusto, y una acendrada devoción por Matanzas, la patria chica.
 
Para Margot y Núñez era un placer que los visitaran amigos, sobre todo cuando eran artistas plásticos, hacer tertulias y hasta que comieran con ellos […].Siempre hablaban de Matanzas y de su gente con gran cariño y muy orgullosos de ser matanceros. […] Vivian en la calle 28 de Nuevo Vedado en un apartamento muy agradable, en bajos […] En [la] sala comedor recuerdo un cuadro de un pintor matancero, uno mío, uno de Juan Vázquez Martín y el de ella […] y una bomba de cristal grande en forma de campana y de un cristal nevado, de esas que se ponían en los parques y […] que ella usaba como lámpara. Lo curioso del asunto es que estaba rota por detrás y ella, que no era dada a poner cosas rotas siempre la mantuvo ¿Por qué? Porque era una lámpara desechada de un parque de Matanzas, no era una lámpara simplemente era un pedacito de Matanzas en su sala.(15)
 
Tras la muerte de Núñez Booth, el 18 de julio de 1993, Margot viaja a Estados Unidos para reunirse con su hija Margarita, “Magui”, quien había partido de Cuba en la década de 1980, en compañía de su esposo y de sus dos niñas. La pintora cuidó de las nietas durante la enfermedad que padecía la hija, quien murió a inicios del siglo XXI. Recientemente se conocieron nuevos datos de ella a través de Ada Núñez de Villavicencio Medina, residente en La Habana y sobrina de los creadores yumurinos. De igual forma, pudo corroborase por Norma Núñez de Villavicencio, hermana de la anterior y establecida en Estados Unidos que la pintora –a sus 92 años– vive, en plenitud de sus facultades. (16)
 
Margot Colosía creó poco, si bien siempre lo hizo en sintonía con las corrientes artísticas de su tiempo, con preferencia el abstraccionismo que fusiona con elementos figurativos y de la estética cubista, como la mayoría de los artistas de la época. Así, se han avizorado coincidencias entre su poética y los rasgos que frecuentan la emblemática obra de Amelia Peláez (1897-1968). A semejanza de Amelia la matancera crea su discurso plástico a partir de la apropiación de elementos geométricos y haciendo gala de una singular paleta. En algunas piezas contrapone y coquetea con los colores de forma atrevida y nada convencional. Los cuadros de Margot que se conservan en Matanzas corresponden en gran medida, a los años cincuenta, cuando después de graduada de la Escuela Provincial de Artes Plásticas, sus pinturas se definen por su riqueza cromática y decorativa.
 
Abstracción y figuración, como expresara el pintor José Ramón Fundora preponderan en obras como Interior con papalote y Frutero, pertenecientes a los fondos del Museo de Arte, de igual manera que ciertas texturas, con las que, la autora logra insuflar más atractivo al conjunto. Por su parte, Poesía de la máquina, de 1974, (Colección Museo Provincial Palacio de Junco), corresponde a una etapa posterior. Durante esta, la pintora optó por recrear objetos como máquinas y machetes, a partir de líneas menos sinuosas y de colores más planos.
 
Algunos colegas estiman que Margot Colosía se dedicó más a apoyar la obra escultórica de Núñez Booth, que a fomentar la propia. En 1990 visitó el Museo Provincial Palacio de Junco de Matanzas, donde se inauguró una exposición retrospectiva del escultor. Ese mismo año, hace entrega a Leonel Capote, historiador del arte y responsable de compras del museo, de varias piezas de José Felipe y suyas. Entre estas se hallaban dos pinturas, las ya citadas Poesía de la máquina e Interior con Papalote y dos temperas Interior con búcaro y melón y Búcaro. A estas piezas conservadas en Matanzas se suma otra, en La Habana, propiedad de Leandro Fundora, hijo del pintor José Ramón Fundora.
 
Hemos pretendido con esta reseña vindicar el nombre de una mujer que fue consecuente con su identidad y con el rol orientador que le correspondió asumir dentro de la evolución del arte y la enseñanza artística en la isla. Cubana genuina, acepta, con anticipada nostalgia, el exilio que le deparó su historia. La ciudad de Matanzas convoca a la memoria y como en los versos de Carilda Oliver Labra, se ha propuesto “traer” a la artista “devuelta al tomeguín”; a esas raíces de las que siempre hizo gala con su obra y su trayectoria de creadora ejemplar.
 
Citas y notas
1. La inauguración oficial de la escuela tuvo lugar el 3 de marzo de 1941, iniciando su labor con igual categoría que la Escuela de San Alejandro. El claustro inicial lo integraron Américo Alvarado –autor del Reglamento y profesor de Historia del Arte– el médico Mario E. Dihigo (Anatomía Artística), así como los escultores Juan EsnardHeydrich (Talla y Modelado de Estatuaria), Manuel Rodulfo Tardo (Dibujo de Estatuaria y Ropaje y director de la institución durante gran parte de la década) y José Felipe Núñez-Booth (Modelado del Natural, Composición y otras). Entre los fundadores se destacan, además, la pintora Hilda Aguiar. Poco después se sumaron figuras de la dimensión de Guy Pérez Cisneros, Domingo Ravenet, Roberto Diago, Rafael Soriano y Francisco Coro Marrodán.
2. Libro Registro Matriz de la Escuela de Artes Plásticas de Matanzas Alberto Tarascó. Curso 1947-1948. Acta de alumnos egresados, firmada el 30 de mayo de 1950.
3.  Agustín Drake. Entrevista. Por: Mireya Cabrera Galán. Matanzas, enero del 2012.
4.     4.Francisco Javier Álvaro Oña. La “I Bienal Hispanoamericana” de 1951. Paradigma y contradicción de la política franquista. En: www.ahistcon.org (Consultado el 29 de marzo de 2013)
5.  Luis Felipe Vivanco. Primera Bienal Hispano Americana de Arte. Afrodisio Aguado. Madrid, 1952. p. 59
6. Ibídem.pp. 63-64
7.
Graduado de la Escuela de Artes Plásticas de San Alejandro, Roberto DiagoQuerol (La Habana 1920- Madrid, 1955), fue de los primeros pintores que exploraron el grabado en Cuba. Su entrada a la escuela matancera estuvo respaldada por el patronato de la misma y por las sociedades negras de Cuba, dedicándose primordialmente a la cátedra de Paisaje y Colorido. De manifiesta filiación vanguardista, su poética se define por un tratamiento de los temas afrocubanos. Su paso por la escuela fue fundamental, si se toma en cuenta su vasta cultura y sus enseñanzas de los nuevos códigos plásticos. Fue uno de los directores de Boletín del plantel y legó a Matanzas importantes trabajos, tales como las ilustraciones para la primera edición de Al sur de mi garganta (1949), de Carilda Oliver Labra. Su obra se conserva en importantes colecciones de Cuba y el mundo, entre otras la del Museo de Arte Moderno de Nueva York y el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba.
8.República de Cuba. Ministerio de Educación. Exposición de Pintura y Escultura. La Habana. 1951. Catalogo perteneciente al Fondo Escuela de Artes Plásticas de Matanzas del Museo Provincial Palacio de Junco.
9.
Archivo Histórico Provincial de Matanzas. Fondo Asociaciones. Leg.4. Expediente 150.
10.
El Bloque de Artistas Libres estaba conformado por diez mesas o secciones, a saber Pintura, Escultura, Literatura, Historia, Danza, Artes Aplicadas, Teatro, Arquitectura, Canto y Música.
11. Archivo Histórico Provincial de Matanzas. Fondo Asociaciones. Leg.4. Expediente 150  
13.   Perla María Pinedo. Entrevista: Por Mireya Cabrera Galán. Matanzas, 22 de julio del 2012.
14.   Raúl Santos Zerpa (Santoserpa). Entrevista. Por: Mireya Cabrera Galán. Febrero de 2012
15. Ídem.
16. Esta información fue dada a conocer por la ingeniera y actual trabajadora del Museo Provincial Ana Olga Vaquer Puente.

Por: Mireya Cabrera Galán