Por: Mireya Cabrera Galán

A emprender un viaje al pasado nos invita este libro que, desde ya, constituye un aporte y una novedad en el contexto de la historiografía yumurina contemporánea. La ciudad de San Carlos y San Severino de Matanzas –inspiración y epicentro del título de marras– se nos muestra a través de su patrimonio tangible en cientos de imágenes (1) que están fechadas entre la segunda mitad del siglo XIX y nuestros días.

Matanzas en el visor del tiempo

El carácter novedoso se lo confiere el hecho de que no estamos en presencia de un volumen de historia en el sentido más ortodoxo del término. Aquí se prescinde del recorrido estrictamente cronológico o analítico y de esa retahíla de sucesos, mayores o menores, que nos legaron nuestros autores clásicos. Las palabras que se emplean son mínimas, necesarias y el discurso histórico es construido a través de las imágenes que van entretejiendo esa otra historia paralela contada no por los hombres, sino por su legado material.   

Con anterioridad se registró al menos un intento de publicar una historia gráfica de la ciudad. Su autor fue el profesor Raúl Ruiz, quien llegó a colectar alrededor de doscientos grabados de la urbe en instituciones como la Biblioteca Nacional José Martí, para lo cual contó con la apreciada colaboración de la Dra. Zoila Lapique Becalli, investigadora entonces de la Sala Cubana de esa institución. Coyunturas históricas, particularmente la deprimida situación de las imprentas en la década de los noventa del pasado siglo, imposibilitaron la materialización de este loable proyecto, cuyo original  inédito se haya en poder de la profesora Marta Lim Kim, viuda de quien fuera también Historiador de la Ciudad, entre 1991 y 1997.

Cuatro autores que se desenvuelven entre el universo de la historia y otras ciencias cercanas son los artífices de Matanzas en el visor del tiempo publicado por Ediciones Boloña, de la Oficia del Historiador de La Habana, en el 2017. Ellos son Leonel Pérez Orozco, Conservador de la Ciudad de Matanzas, geógrafo y coleccionista, Luis R. González Arestuche, ingeniero civil y también coleccionista, Ricardo Viera Muñoz, espeleólogo y Johanset Orihuela León, geólogo y paleontólogo; los dos últimos residentes en Estados Unidos. Por su parte, Karel Boffil Bahamonde se encargó del diseño gráfico y Jorge Ignacio Rodríguez Bueno, fotógrafo de la Oficina del Conservador, de captar con su lente la imagen actual de las edificaciones, calles, plazas, puentes  y toda suerte de artificios construidos en distintos momentos de los siglos XIX y el XX. A todos ellos los une la vocación por la matanceridad y la búsqueda constante de esas raíces identitarias y sentimentales que laten tras los muros antiguos de la “ciudad de los puentes” y los poetas.

En sus poco más de setecientas páginas, el libro va mostrando al  lector – espectador espacios públicos y edificaciones que perviven en su mayoría y otros que desaparecieron con el tiempo. Así, en este viaje al pasado el matancero descubrirá sitios que conocieron del andar de sus ancestros: el puente de Bailén, donde el bardo José Jacinto Milanés solía detenerse y que le sirvió de leiv motiv para componer sus versos De codos en el puente, la atípica quinta en madera del Paseo de Santa Cristina (hoy Martí), la Plaza del Mercado de Santo Tomás, el tranvía de cuyo paso quedan algunas huellas en las calles principales de la urbe o el edificio de La Concordia. Derribado hace pocos años, este fue conocido también como el edificio de los 100 000 pesos y su hidalguía constituía la antesala ideal para el viajero que visitaba la ciudad por vez primera (2).

De igual forma, se agradecen aquellas fotografías cuyos protagonistas son los matanceros que, como savia fundamental de su entorno se hallan insertados en él de disímiles formas. Resaltan al respecto, la multitudinaria presencia humana en el Carnaval acuático del río San Juan, cuyos bríos deben ser retomados por el pueblo y las autoridades locales y la aún vigente Colla de San Mus. Al mismo tiempo, las procesiones de las vírgenes del Carmen y del Rosario o las celebraciones  cívicas que otrora engalanaron la calle Milanés y otras arterias y que reflejan a los estudiantes y obreros de las décadas de 1940 o 1950 con sus característicos uniformes y atributos (3). Vallas publicitarias, slogans, carteles lumínicos y todo género  de propaganda oficial o privada, concebida con distintos grados de calidad son incluidas en Matanzas en el visor del tiempo como parte de una ciudad en continua transformación y  de cuyo  pasado y patrimonio debemos estar orgullosos, bebiendo de lo mejor de ella y readecuándolo  a los tiempos actuales.

En el  caso de espacios icónicos como la primitiva Plaza de Armas, hoy de La Vigía, en  las fotografías más antiguas coexisten obras que han llegado a nuestros días como el teatro Sauto, el Palacio de Junco (sede del Museo Provincial), el inmueble que acogiera al primer convento de las Siervas de María y los portalones y edificaciones de La Vigía con otros ya desaparecidos como el hotel Ríomar. Parte de este conjunto es la antigua Aduana, construida a inicios del siglo XIX y cuyos ropajes fueron transformándose con el tiempo para erigirse en los albores de la centuria siguiente (tras cambios profundos y la incorporación de una segunda planta) en el Palacio de Justicia (4). De tal forma, los autores ponen a dialogar la ciudad de ayer con la de hoy, confrontando las apariencias disimiles que han poseído las construcciones yumurinas durante la colonia, la república y el período revolucionario.

Por su parte, en la segunda Plaza de Armas, hoy de La Libertad asistimos a continuas transformaciones y a la sobrevivencia de emblemáticos edificios como el Palacio de Gobierno con su reloj (5) marcando puntualmente las horas, el Hotel Louvre, objeto por estos días de una restauración capital, la Sala de Conciertos José White (antes Liceo Artístico y Literario), el Casino Español (sede de la Biblioteca Gener y del Monte) la farmacia Triolet, hoy Museo Farmacéutico, el hotel Diana, después Colegio la Luz y más tarde restaurant, el hotel y cine Velasco, por citar solo algunas. De todo este eclético conjunto resulta particularmente atractiva la evolución que ha experimentado el parque, tanto en la arquitectura de sus jardines, el arbolado, las farolas, los bancos y en general en la elegancia simétrica de todos sus elementos. Sitio de reunión por excelencia de la juventud y de todas las generaciones yumurinas, valgan estas imágenes para devolver a los lugareños un espacio de mayor confort y atractivo, liberado de las delicadas consecuencias que han generado las excretas de las aves, no solo en el parque, sino  en edificaciones cercanas como el Museo Farmacéutico o la Biblioteca Guiteras, donde a menudo se hace insoportable la permanencia por el característico olor que dejan las plumas y las heces por doquier  (6).

Para la conformación del libro fueron utilizadas todas aquellas fuentes bibliográficas que contienen ilustraciones de la ciudad, entre otras,  los títulos fundamentales de nuestra historiografía clásica y contemporánea, álbumes, directorios, revistas de Cuba y de Estados Unidos, en cuyo caso resultaron particularmente enriquecedoras la Librería del Congreso y la Cuban Heritage Colletion, de Miami.

Mención aparte merece el acervo fotográfico preservado en colecciones institucionales como el Archivo Iconográfico del Ministerio de Obras Públicas y el de la Construcción localizado en la Empresa de Proyectos de Arquitectura e Ingeniería (EMPAI) y el Fondo de Fotografías, por clasificar, del Archivo Histórico Provincial de Matanzas. A estos se sumaron las colecciones o archivos personales de  Luis Miguel Pérez Quintero, Leonel Pérez Orozco, Luis Bahamonde Miguez, Luis González Arestuche, Manuel R. Bustamante, Marta Rosa Fernández Falcón, Ramiro Fernández, Tany Allende, Carlos A Fleitas y Familia Vázquez, entre otros. El aporte de todos ellos resultó definitorio para lograr esta detallada narrativa visual sobre la evolución urbanística de Matanzas.

En aras de procurar una mejor utilización, el libro fue estructurado siguiendo un orden alfabético y a partir de distintos barrios de la ciudad (7), cada uno de los cuales se nos muestra en todo su protagonismo: Matanzas, Pueblo Nuevo, Versalles, Playa y Peñas Altas–Canímar. Editado por Néster Núñez y prologado por los profesores Sonia Montes de Oca y el también periodista Roberto Vázquez Pérez, Matanzas en el visor del tiempo cuenta con algunas reflexiones iniciales y necesarias por parte de los autores en torno a tópicos como el patrimonio, el centro histórico urbano y la arquitectura de la ciudad a lo largo de las diferentes etapas y coyunturas históricas por las que ha trascurrido.

Obra monumental por el extraordinario acervo visual que de la ciudad contiene, felicitamos su publicación y la minuciosa labor de búsqueda y cotejo de sus autores. Título sin precedentes, esta historia gráfica de Matanzas  es una convocatoria a seguir indagando en nuestro pasado remoto y reciente como la vía idónea para enaltecer nuestro presente. Surgida en un momento clave como es la celebración, el próximo 12 de octubre, del 325 aniversario de la fundación de la urbe Matanzas en el visor del tiempo constituye no solo un tributo a la localidad, sino y sobre todo una invitación a  apoyar las actuales obras de restauración para heredar a nuestros hijos una ciudad mucho mejor y más amable.

Citas y notas

  1. Alrededor del 90 porciento de las imágenes son fotografías, ocupando las postales un menor porcentaje. Resulta válido acotar que la fotografía se introdujo en Cuba (Matanzas incluida) en el año 1841. A partir de esta fecha, en que se funda la primera galería fotográfica en La Habana comienzan a proliferar los gabinetes o estudios. Matanzas contó con decenas de ellos y con un impresionante catálogo de autores. La fotografía individual y la de pequeños grupos familiares predominó hasta bien avanzado el siglo, cuando los más osados apostaron por las imágenes exteriores de la urbe e incluso por las de los campos de batalla, durante las gestas independentistas.
  2. En su lugar fue construido un parque que estéticamente irrumpe de forma negativa en ese espacio urbano que está ubicado muy próximo al puente general Lacret Morlot (antes de La Concordia), el cual une los barrios de Matanzas y Versalles.
  3. Estas mismas calles son en la actualidad punto de convocatoria de celebraciones y grandes desfiles patrióticos como los del 26 de julio, el Primero de Mayo, Día Internacional de los Trabajadores, el Natalicio de José Martí, el Carnaval y otros.
  4. Hoy sede de la Oficina del Conservador de Matanzas.
  5. Recientemente el reloj fue retirado de su lugar habitual con el propósito de restaurarlo y ponerlo nuevamente en funcionamiento.
  6. La Máster en Ciencias Ivis Villasuso Socarrás ha realizado, al frente de colaboradores de distintas ramas, un estudio exhaustivo en torno a las causas por las que emigran las aves (especie chichinguaco o chango) al parque. Ella ha expresado que “/…/ las aves utilizan la cobertura arbórea /…/ como “dormitorio”. Ello ha devenido en una de las problemáticas ambientales. La presencia de dichas aves genera un deterioro higiénico sanitario y constituye una amenaza con afectaciones potenciales para la salud humana” (Véase de esta autora Parque de La Libertad, sus aves y perspectivas de solución, Inédito, 2017). De este estudio particularizado sobre cada especie de la flora del lugar y de los problemas colaterales han surgido inteligentes propuestas de solución que deben ser tomadas en cuenta por las entidades implicadas con el fin de recuperar el parque como uno de las plazas con la que más se identifican los matanceros desde inicios del siglo XIX hasta hoy.
  7. Debido a su relativa juventud o a la ausencia de material fotográfico  suficiente, barrios como El Naranjal no se reflejan en el libro de la misma manera que conglomerados poblacionales más antiguos como Matanzas, Versalles o Pueblo Nuevo.

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