Motivos PersasEl aire, el aire azul y cristalino,
salgo a la floresta, al campo abierto.
Caminante, bajo el cielo opalino,
no podrás llegar hasta el desierto.
El aire, el aire azul y cristalino.
Como por un jardín irás por la pradera,
por un jardín silvestre floreciente.
Aparta la mirada, ten mirada austera,
para no arrodillarte ante el clavel ardiente.
Como por un jardín irás por la pradera.
Susurro, murmullo o rumor,
ternura como en las canciones de Saadi
se refleja el instante en la mirada,
y es una maravilla esa luna dorada,
ternura como en las canciones de Saadi.
Un hada deja oír una canción
queda como la flauta de Hassán.

En los fuertes abrazos que nos dan
no hay ni inquietud ni turbación,
sólo la flauta de Hassán.
Llego al fin, sino de caminantes
cansados de andar estos senderos benditos.
El aire fragante
bebo con los labios marchitos,
el aire fragante.

1925

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El oro de la luna con su frialdad,
el oleandro, el alelí, su olor.
Qué dicha vagar por la tranquilidad
de este azul país, acariciador.
Lejos está Bagdad, lejos allá,
donde vivía y cantaba Sherezada.
Ella ahora no necesita nada,
el jardín murmurante se ha callado ya.
Fantasmales tierras muy distantes
crecen cual yerbas en el cementerio.
No escuches a los muertos, caminante,
ante sus lápidas no te inclines serio.
Mira a tu alrededor cuánta hermosura:
uno quiere, hasta besar las rosas,
con tu enemigo estar en paz procura
y volverás a la vida venturosa.
Vivir, pues a vivir, a enamorarse, pues a amar.
Besarse, pasear a la luz de la luna.
Si a los muertos tú quieres venerar
no amargues a los vivos con obra inoportuna.
Esto incluso cantaba Sherezada
y también las frondas púrpuras de su canción.
A los que ya no necesitan nada
el mundo sólo les debe compasión.

1925

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En la ciudad de Horosán hay unas puertas,
las rosas cubren toda la entrada umbría.
Un hada pensativa allá vivía.
En la ciudad de Horosán hay unas puertas
que yo jamás abrir podía.
Mis manos tienen fuerzas poderosas,
oro y cobre tiñen mis cabellos.
La voz del hada era dulce, hermosa.
Mis manos tienen fuerzas poderosas
mas, de esas puertas nunca arranqué los sellos.
¿De qué a mi amor le vale ser valiente?
¿Y para qué? ¿A quién le he de cantar?
Shaga se ha tornado indiferente,
si esas puertas no logro derribar,
¿de qué a mi amor le vale ser valiente?
Muy pronto a Rusia debo regresar.
¡Persia! ¿Acaso abandonarte me es posible?
¿Por siempre, acaso, me he de separar
de esta tierra entrañable, de esta tierra increíble?
Muy pronto a Rusia debo regresar.
Hasta la vista, hada, hasta la vista, adiós,
aunque no abrí las puertas, un quebranto
bello me diste y con dolor atroz
desde mi patria voy a dedicarte un canto.
Hasta la vista, hada, hasta la vista, adiós

Marzo, 1925