Por: Amarilys Ribot

Este 21 de marzo llega a su fin la tercera edición del Festival de Interpretación Violinística Niuris Naranjo Dorta, iniciativa de amor con que la ciudad de Matanzas y sus músicos mantienen viva la memoria de quien se inscribe entre sus instrumentistas más virtuosos de todos los tiempos. Cautivadora y suave –como decía Martí de la música de José White–, esta joven nacida en el central España fue “una de las mejores violinistas de Cuba”, tal como la llamó con voz autorizada Enrique Pérez Mesa, director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Niuris Naranjo. Conciertos del Alma

Graduada en 2004 con título de oro en el Instituto Superior de Arte (ISA), Niuris Naranjo protagonizó una intensa carrera en tiempo mucho más breve que el habitual. “Todos la admirábamos. Desde el aula donde enseñaba chelo, fui testigo de cómo aquella niña de primaria se paraba cada día a observar las clases de violín del maestro Nelson Gómez y pedía que la trasladaran de guitarra para ese instrumento”, rememora Yleana M. Moliner, directora de la Sinfónica de Matanzas (OSM). “Fueron tantas su pasión e insistencia que logró se le admitiera con cuatro años de retraso, de modo que venció el nivel elemental en tres cursos, en vez de siete”, recuerda la musicóloga Lourdes Fernández Valhuerdi, quien la vio implantar nuevos récords en el nivel medio.

Alumna querida del maestro Alfredo Muñoz, mientras cursaba estudios superiores participó en la grabación del disco Expedición, de Silvio Rodríguez, reforzaba a menudo la OSM y se sumó luego a la orquesta Solistas de La Habana. Por su eminencia como concertista fue elegida por Claudio Abbado para su Orquesta Sinfónica Juvenil Latinoamericana; por José María Vitier para que su violín inigualable se escuchase en el Vaticano durante la ejecución de la Misa Cubana a la Virgen de la Caridad del Cobre y por Leo Brower fue recomendada para cursar estudios en el Conservatorio Reina Sofía, de España. Todo eso desde la dulzura y la sencillez, pues era “un ser fino, gentil y candoroso, cualidad que en el mundo de hoy ya no existe”, evocaba la maestra María Elena Mendiola en 2007, cuando Naramjo se marchó para siempre. Tenía entonces 25 años.

“Cuando asumí la dirección de la Sinfónica de Matanzas sentía una viva inquietud por perpetuar su recuerdo: ella es una persona a imitar por las nuevas generaciones de estudiantes de arte, un símbolo con el que tuvimos la suerte de convivir”, relata la maestra Moliner. Así nació en 2012 este Festival de Interpretación Violinística donde participan alumnos de todos los niveles de educación artística y profesionales de la ciudad. Su identidad visual, un violín-flor (o viceversa), es fruto de la inspiración de Sergio Roque y Néstor Kim.

La primera edición del “Festival de Niuris”, como familiarmente le llaman, tuvo lugar en el cine-teatro Velasco y las dos siguientes en la restaurada sala de conciertos que lleva el nombre de José White –figura de honor de nuestra música, autor de La bella cubana–, de cuyo deceso se cumplieron cien años el pasado 12 de marzo. Sus nombres están unidos en más de un sentido: excepcionales violinistas, matanceros, ganaron codiciadas becas en Europa. Niuris Naranjo recibió el Premio Iberoamericano de Violín José White y se convirtió en la primera cubana en grabar el virtuoso Concierto para violín y orquesta de este autor para el disco Clásicos cubanos del siglo XIX (sello Colibrí).

 “El Festival tiene una doble importancia pues realza las figuras de estos dos músicos emblemáticos de Matanzas, Cuba y el mundo. Quizás White todavía no alcanza el reconocimiento que merece pues su obra ha sido poco editada, pero esperamos que el futuro le depare un alcance universal, y que esta joven que fue la mejor intérprete de su concierto reciba siempre justo homenaje”, valoran la chelista Felipa Moncada y la productora Gretis Chaluja, organizadoras de Invierno Barroco, reunidas con Martí en la misma fe que lo movió a escribir en 1875: “Cuanto quepa de alabanza, White lo merece. Cuanto de arte quepa, White lo tiene”.

Sus palabras, que igual pudieran llevar el nombre de Niuris, vindican el Festival que este marzo contó con un conversatorio y exposición en la escuela vocacional Alfonso Pérez Isaac, así como tres conciertos: uno de niños alumnos de esa institución; un segundo con violinistas de la OSM y estudiantes de nivel medio de ese instrumento, dirigidos por el maestro Alberto García en sus 60 años de vida artística; y la clausura a cargo del dúo Díaz Albertini, del ISA. El próximo encuentro será en dos años para, en un solo abrazo, brindarles el tributo agradecido de su ciudad.