Por: Zaida Capote

Cuando propuse este tema para el Coloquio de Luisa, como solemos llamarle las habituales a nuestro encuentro anual, solo pensé, como el título indica, en la labor desarrollada por Rodríguez Acosta —escritora cubana de la cual he hablado otras veces en estas citas— en Espartana, que dirigió; Revista de La Habana, en que ocupó la redacción de “feminismo” y la muy popular Bohemia, donde llegó a publicar un artículo por semana.

Portada revista Bohemia 19 de julio de 1932

Sin embargo, revisando mis archivos, que acumulan notas desde 2006 hasta ahora, redescubrí cómo la presencia de Ofelia Rodríguez Acosta en publicaciones cubanas era mucho más amplia que la propuesta inicialmente en mi resumen. Tengo mala memoria, pero bastante buena suerte y muy buenos amigos. Así que no había perdido la información que —con la inapreciable ayuda de María Eugenia Mesa, quien recogió, por ejemplo, las colaboraciones de Ofelia en Bohemia y me regaló la lista— he estado recopilando desde entonces. Pero Rodríguez Acosta colaboró también, entre otras, en Social, Carteles y Grafos. En esta última aparecieron las crónicas que luego integrarían su libro Europa era así, de 1941.

Primero que nada, hay que admitir que la búsqueda de una presencia en el espacio público, con la intención de trabajar por los derechos y la emancipación de la mujer, puede datarse muy tempranamente en la biografía de Rodríguez Acosta. Fue bibliotecaria del Club Femenino de Cuba en 1925 y en la revista de la Asociación, La Mujer Moderna, pueden hallarse anuncios de sus más tempranas publicaciones y unas pocas intervenciones suyas, como la que da cuenta de su propósito de donar parte de la venta de sus libros al programa “La gota de leche” de la Asociación, una contribución a la crianza de los niños cubanos. En El Fígaro aparece una nota de Enrique José Varona, intelectual venerado por la generación de Rodríguez Acosta y voz de suma importancia en aquel contexto, agradeciendo el conocimiento de la existencia de quien, según dice, discute con argumentos inteligentes y sin perder el respeto por su contrario. Piénsese que Ofelia tenía apenas 23 años.

En La Mujer Moderna explica ella por qué abraza el feminismo. Se trata de hacer obra de mejoramiento social. Como afirmaba entonces, poniendo en juego argumentos útiles para la aceptación de la palabra y su sentido, “feminismo no es masculinización; feminismo es, precisamente, divinización del hombre, puesto que hace de la madre un agente directo de la formación intelectual, sentimental y humana del hijo; feminismo es obra de higiene social”, por eso, continúa, “hay que formar [a la mujer], a la que hay que enseñar qué es feminismo, qué es derecho, qué es razón”.[1] Fíjense cómo, tan tempranamente, comenzaba Rodríguez Acosta su labor de divulgación de las ideas y los proyectos feministas. Elevando la educación de la mujer a necesidad social, argumento incontestable, su labor como difusora de las ideas feministas continuaría luego en las páginas de Social, en sus mucho más frecuentes artículos y reportajes en Bohemia, en algunos escasos textos publicados en La Revista de la Habana, donde cubría la redacción de “Feminismo”, o en las innumerables presentaciones públicas en foros como el Lyceum, el Círculo Republicano Español de La Habana, o en su asistencia al “brillante homenaje intelectual” —a propósito de la salida, en 1929, de su segunda novela, La vida manda,y la discusión arrolladora que provocó— organizado por amigos cómplices y al que asistieron Dulce María Borrero, María Villar Buceta, Mariblanca Sabas Alomá y Enrique Serpa, entre otros. El periódico El País-Excélsior lo reseñó como un éxito rotundo.

En 1927 Ofelia funda, con Margarita Ayala, una revista cuya corta vida alcanzará apenas un par de números sucesivos en enero y febrero de aquel año. Una hierática mujer con una palmatoria en la mano, de rasgos duros cuya severidad subraya el diseño art déco de Antonio Jiménez Armengol,[2] nos da la bienvenida (es un decir). La imagen se explica en el primer editorial de la revista: en primer lugar, dice Ofelia, antes de proponernos algo deberíamos “templar el corazón en la austeridad más absoluta, más rocallosa, más granítica”; ahí declara una “causa” pero lo hace elusivamente, aludiendo al ideal, gesto típico de la poesía postmodernista. Si las madres de Esparta arrojaban a sus hijos más débiles al abismo, quienes pretendieran avanzar hacia el futuro debían a su vez “lanzar […] a la hondonada del aniquilamiento, los sentimientos e ideas endebles, medrosos, que arruinan nuestro carácter e imposibilitan la ejecución de la obra”. “De Esparta”, dirá en el segundo número, “hemos recibido y queremos aplicarnos la ejemplaridad magnífica de la educación de la voluntad”.[3]Espartana hemos querido llamarla, previniéndonos de los peligros que a su vida pudiera ofrecerle su verbo desnudo, el cual, para llegar a triunfar, se adiestra en la severidad del propio juicio, en el estrujamiento de la propia carne, para dar más espacio dentro y fuera de sí a la inconmensurable dimensión de la Idea Pura”.[4] Textos de Varona, María Villar Buceta (“lo más valioso y definitivo que tenemos”), José Conangla Fontanilles, Enrique Luis Varela (un comentario sobre el gótico ilustrado por una fotografía a página completa de la catedral de Burgos), Wen Fernández Flores, Luis G. Triay, Salvador Salazar, Oscar Contreras e incluso un tango escrito por una alum

na ¡de 11 años! del conservatorio de Hubert de Blanck, Emma Tabares y Gutiérrez, comparten las páginas de la revista, donde aparece también una “Notícula pedagógica” cuyo autor imagina a la revista como “uno de los medios óptimos para marcar la senda del ideal a la mujer cubana de hoy y acercarla al régimen de la coeducación, seguro de que nunca tan noble bandera podría tener mejor abanderado que Espartana”.[5] Otro interesante artículo de la Dra. Estrella Bretón sobre “Higiene infantil” enuncia, entre otras ideas, una de actualidad: “la mejor alimentación es la leche de la mujer, que es preferible a las demás e insustituible”.[6] Hay una página de “actualidad gráfica” y otra de caricaturas, como anuncio de un libro de  Armando Maribona. Casi a punto de cerrar el número, aparece lo que se anuncia en el recuadro redactado por la editora como “sección feminista”, con el artículo “¿Cuál es más mujer?” de Hortensia Lamar, directora de la revista La Mujer Moderna. Que la directora de la revista del Club Femenino de Cuba le dedicara “afectuosamente” a la nueva publicación un texto original testimonia la existencia de redes de apoyo externas, lo mismo que la presencia de otros notables colaboradores que apoyaron el proyecto de Ofelia Rodríguez Acosta. “La mujer culta, valerosa, luchadora, compañera de labor a la par que de amor, del hombre es más mujer, más femenina”, dice Hortensia Lamar, que aquellas educadas para el placer o la maternidad exclusivos, formadas en una feminidad convencional y habituadas a esconder las ideas propias. El feminismo terminará, entre otras cosas, con la figura de la solterona; aquella mujer que no tenga hijos se ocupará de hacer avanzar la sociedad; “las sacristías, los conventos y los prostíbulos se quedarán desiertos […] y la humanidad ascenderá.”[7] Todavía alcanza Ofelia a incluir un artículo suyo sobre las novelas de Carlos Loveira, cuyo retrato de las desigualdades sociales y de una nueva mujer alaba; aforismos de Martí; un avance ilustrado del argumento del estreno del mes en los cines de La Habana, El águila azul, de John Ford, y otras notas sobre cine; un “Consultorio para las damas y para el hogar”, a cargo de Miss Dorothy, que ofrece consejos sobre temas más bien fútiles: cómo decolorarse el vello de los brazos, cuidar de las cejas o lavar los encajes. Se añade un cuento de Laborante (“Un éxito fácil”) y una breve muestra de la correspondencia de Julián del Casal con Nieves Xenes.

El segundo número incluye varios poemas de Dulce María Loynaz, a quien se presenta como “una de las más intensas poetisas de América”,[8] un inédito de Enrique José Varona, otra “Notícula pedagógica” de nuevo insistente en la promoción de las escuelas mixtas (coeducación) y, entre otros textos, “Feminismo actual” por Flora Díaz Parrado y el cuento “La oblación”, de la propia Rodríguez Acosta, que dialoga con “Estéril”, un poema de Enrique Serpa. De “La oblación” ya he hablado en otro sitio;[9] “Feminismo actual” presenta las causas históricas del desarrollo del feminismo y declara su pervivencia futura.[10] Antes de la guerra, se daba por hecho, afirma Díaz Parrado, que a “talla mediana, espíritu mediano. La mujer no era apta para la lucha social”; pero tras el Tratado de Versalles, hombre y mujer deben ser considerados “igualmente capaces por ser igualmente responsables”.[11] No me detengo más en Espartana, que merece un análisis más atento a sus estrategias de inserción del feminismo como ejemplo, convocando a pensadoras, médicas o poetisas en igualdad con sus equivalentes masculinos y que, al parecer, despertó, dada la labor de sus promotoras, bastante simpatía en el medio intelectual cubano.

Sin embargo, Espartana no duró más de un par de meses, pero supongo que funcionó, para Ofelia, como demostración de que podía hacerse de un espacio propio y como ejercicio del temple que luego demostraría con creces en sus intervenciones públicas. Aquella experiencia efímera y temprana en la divulgación feminista cimentó sus posteriores incursiones en publicaciones de mayor alcance. Como rezaba uno de los poemas de María Villar Buceta aparecidos en la revista, también Ofelia podría decir después de Espartana: “Diréis que soy rara…/ No importa: he dicho lo que siento;/ y si me desdeñáis por eso,/ desde la cumbre donde os hablo/ me oirán la tierra, el sol, el viento…” No otra cosa ansiaba ella que exponer sus ideas, exponiéndose también.

Miembro de una comunidad con preocupaciones y anhelos compartidos, la por entonces joven autora seguiría ganando popularidad entre los lectores cubanos, como prueba la cobertura mediática (diríamos hoy) de su novela La vida manda en 1929, un estruendoso cuestionamiento del destino de la mujer en la vida privada y en la (re)pública.

En la magnífica (por bella y por amplia) plaza de Social, pueden hallarse algunas colaboraciones de Rodríguez Acosta:[12] dos cuentos, un artículo y un capítulo de la novela colectiva “Once soluciones a un triángulo amoroso”.[13] La escritura colectiva, gesto típico de la vanguardia, convocó a varios de sus contemporáneos más notables (Guillermo Martínez Márquez, Jesús J. López, Enrique Serpa, Carlos Loveira y Emilio Roig de Leuchsenring) a ofrecer una solución original. El relato de Rodríguez Acosta, “La importancia de un teléfono”, hacía gala de la época y sus usos, dotando la presencia de la modernidad (es decir, del teléfono) de un inusitado papel en la anécdota.

Otra de las más notables revistas cubanas de la época, Carteles, donde colaboraba habitualmente Mariblanca Sabas Alomá, le sigue la pista al desarrollo intelectual de Rodríguez Acosta desde una temprana reseña de La vida manda el mismo año de su aparición, en que Flora Díaz Parrado le reprochaba su “inelegancia”, su dramatismo en fin, hasta por lo menos 1938, cuando se registra la salida en México de su volumen de relatos Algunos cuentos de ayer y de hoy.

Entre 1928 (cuando aparecieron varios de sus cuentos) y 1932 colaboró asiduamente en Bohemia, espacio donde divulgó ampliamente su batalla continua por la dignificación, la emancipación y el enaltecimiento espiritual de la mujer.

El número del 19 de julio de 1932 tiene en portada el rostro de Ofelia. Enumero simplemente los títulos o temas más ilustrativos de sus artículos: en 1929, “¿Qué mueve al hombre en su oposición al feminismo?”, “Matrimonio y amor libre”, en 1930, “Feminismo teórico y feminismo práctico”, “Nuestra campaña feminista”; “Buda visto con los lentes de una feminista”. “El feminismo en la Universidad”,  “Comentarios a un folleto feminista”, “La mujer y la guerra”, “Feminismo afectivo”, “Homenaje a Mariblanca de Cuba”, “Nunca es tarde” (respuesta a María Collado), “El voto femenino y el momento político cubano”, “La mujer de hoy y el amor”, “La mujer cubana y la hora actual”, “Los deberes de la mujer para con el hombre”, “Piedras en el camino de la mujer”, “Rebasando lo femenino”, “El voto a la mujer espanta”, “La maternidad trascendente”, “Las mujeres contemporáneas”, “La justicia de la guerra y la mujer” o “La mujer pagada”; también comenta El origen de la familia, de Engels, y textos de Plejánov o Joseph Roth. La situación cubana bajo el gobierno de Gerardo Machado, las protestas estudiantiles, el asesinato del estudiante Rafael Trejo y el homenaje póstumo al mártir añadieron densidad a sus colaboraciones y a su presencia en la vida política cubana. Pablo de la Torriente Brau escribió un hermoso artículo sobre el compromiso de las cubanas en la lucha antimachadista, “Las mujeres contra Machado”, cuyo conocimiento debo a Ricardo Luis Hernández Otero, donde se la menciona. Sus recuerdos de esa época aparecerán en la novela Sonata interrumpida, publicada en México en 1943. Ruda al opinar, sin miramientos, con sinceridad y arrojo, sobre los temas de su interés, tanta claridad parece haber decidido, en opinión de Elena de Jongh,  su exclusión posterior del canon cubano.[14] No obstante, desde que Susana Montero la incluyera en su estudio de 1989 La narrativa femenina entre 1923 y 1958, ha ido creciendo el interés por el estudio de su obra y su desempeño público.

Fue en Social, claro está, donde, como casi todo lo que se movía en el mundo cultural habanero, se anunció la constitución del Comité de Redacción de la Revista de la Habana de Gustavo Gutiérrez. Acompañada de José Z. Tallet, Alejo Carpentier, Rafael Suárez Solís, Antonio Gattorno, Juan José Sicre, Emilio Roig, José Antonio Fernández de Castro, Ramiro Guerra y Rubén Martínez Villena se hallaba Ofelia Rodríguez Acosta, responsable de la sección de “Feminismo”. Como para subrayar la emergencia de las mujeres, al pie del artículo hay dos comerciales, uno para la venta de Feminismo, la popular colección de artículos de Mariblanca Sabas Alomá, y otro de la decoradora de interiores Clara Porset, cuya contribución es hoy muy apreciada. Entre lo mejor de la intelectualidad del momento, allí estaba nuestra protagonista, trabajando por el porvenir.

El nombramiento de la Revista de la Habana parecería una especie de gratificación tras la confusión creada entre las “gentes de bien” por La vida manda, cuya anécdota, como recordarán, no le ahorraba vicisitudes a su protagonista, la joven y prometedora y al final tan malhadada Gertrudis. Al menos, eso podría inferirse de la nota con que la Revista presenta la primera colaboración de Ofelia:

ORA es una escritora de prosa clara y valiente que defiende con sencillez y energía los derechos igualitarios de la mujer. El éxito de su reciente novela “La vida manda” ha asustado un poco a sus co-asociadas de la Alianza Nacional Feminista, que han demostrado su absoluta igualdad a los hombres enfrascándose en estériles luchas personalistas. En nuestra revista, ORA tiene a su cargo el sector feminista.[15]

A quienes le reprochaban ser como era, directa y libre, parece estar recriminando ella en su intervención “La intelectual feminista y la feminista no intelectual”[16]

Mientras se anatemice a la mujer que se subleva contra el poderío de la sotana; mientras se haga escarnio de la mujer que practique la libertad de amar; mientras se señale escandalosamente a la mujer que va sola en altas horas de la noche a un teatro, un concierto, una conferencia: mientras todo esto se haga por la mujer feminista, el feminismo no podrá alcanzar la jerarquía que le corresponde y seguirá siendo cosa de pacotilla, de panfleto y de artículo tanto más cuanto de la ley penal o civil de este o aquel país. (p. 77)

Tales argumentos necesitan ser releídos hoy en Cuba, donde los prejuicios aún perviven, por increíble que parezca. Para Ofelia el feminismo es “algo más que un movimiento popular, en cuanto se refiere a su génesis orgánica. Nació, como la democracia, el socialismo, el comunismo, del dolor de la esclavitud. Es noble, porque es justiciero.” (p. 78) En su opinión, el compromiso con el feminismo era razón de vida, y había de integrarse a la acción pública, claro está, pero también a la vida íntima, como tantas de sus heroínas imaginarias demuestran. Para ella era cuestión ineludible enfrentar los prejuicios de las que llama “feministas intelectuales”, ubicándose a sí misma en un campo intermedio, erigiéndose en conciencia crítica de las de su clase y en lazo con quienes viven el feminismo sin analizarlo, sino, simplemente, poniéndolo en práctica con su comportamiento diario:

Yo, que tantas veces he atendido con mi pluma y mi voz a los pormenores exigentes del feminismo, mezclada con las feministas no intelectuales, he querido hoy, en cumplimiento de un deber, que abarca más que eso, hacer unas llamadas sobre estas consideraciones a las intelectuales feministas. (p. 79)

La insistencia de Ofelia en la superación humana como uno de los propósitos (y aun como necesidad ineludible) del feminismo, se expresa también en un texto publicado en marzo de 1930, “El carácter y la personalidad de la mujer”,[17] del cual extraigo algunos fragmentos para ilustrar la seriedad de sus asertos y quizá, también las razones del rechazo por parte de sus compañeras de partido.

Mientras la mujer no sepa hacerse de un carácter, sostener su personalidad, no habrá triunfado aunque tenga el voto en sus manos: arma electoral, pero no patente de derecho. Vendrá a ser lo que es hoy el hombre cubano: a tener un derecho sin derecho a tenerlo. Será una mujer en pleno uso de su libertad, pero absolutamente carente de independencia.

[…]

Si la mujer no se aplica a forjarse un carácter y labrarse una personalidad, ocurrirá algo peor a lo que ocurre hoy entre los hombres; la lucha de partidos no será de filiación política, sino lucha de clases y de religiones. Hará guerra a la mujer obrera (de la que se vale ahora) y a la librepensadora (en la que ahora se apoya). No identificada con la primera, enemiga sistemática de la segunda, defenderá su automóvil y su reclinatorio.

[…]

Mujer: ten valor para pensar; sinceridad para juzgarte; inteligencia para formarte.

 

Se ha hablado del “rechazo de sus compañeras de partido”. Pero también otras mujeres, feministas como ella y amigas suyas incluso, como Flora Díaz Parrado o Mariblanca Sabas Alomá, le reprochan a Ofelia ciertos excesos en su registro novelístico de la realidad de la mujer. Otro de los redactores de la Revista de la Habana, Enrique Gay Calbó, lleva más lejos los reparos estilísticos y artísticos, si no ideológicos, de sus iguales. Refiriéndose a la primera novela de Ofelia, y a “sus defectos de estilo, la inconsistencia de sus diálogos y la sencillez de sus tramas”, comenta el bibliógrafo de la Revista:

En El triunfo de la débil presa una mujer pone cátedra y cada vez que tiene oportunidad se interna en el laberinto de las rebeliones femeninas. Y como la autora trata de hacer un manifiesto de combate, más que una novela, esas oportunidades de la protagonista saltan en casi todas las páginas.

Tal vez por eso la obra es inconsistente como esfuerzo artístico.[18]

Un par de meses más tarde, la propia Ofelia intentaba responder a sus detractores cuál era “la manera de producir de un novelista”, como se llama un artículo publicado en la Revista de la Habana.[19] Aunque no escribe en primera persona sino refiriéndose siempre a “el novelista” del título, privilegia la lectura atenta de sus predecesores y contemporáneos; el registro de escenas y personajes reales listos para llevarlos luego, con los ajustes necesarios, al mundo imaginario de la escritura; la revisión de la técnica ajena para entender cómo y por qué funciona y, finalmente, el autoanálisis permanente, la vida vivida en la tensión de intentar explicar cada gesto y palabra, cada consecuencia de cada causa. Equipara la escritura con el alumbramiento para enseguida, como aconseja hacer al novelista, desligarse de la emoción y regresar al análisis. Habrá de ver si la obra funciona. Si quien escribe ha quedado conforme, entonces la entrega a la imprenta. Es todo.

Hasta aquí, el artículo no parece relacionado con los reparos de Gay Calbó y los demás; pero a punto de acabar, declara:

El artista verdadero es espontáneo, temperamental. Es de una personalidad irreductible y esencialmente intransformable. […] Hay apreciaciones estéticas que lo sitúan, pero no hay nada que pueda reglamentar el temperamento, la inspiración, la genialidad de un autor. Por alcanzar, padecer esos defectos —que solo los genios transforman en virtudes distintivas— muchos de los escritores de los llamados impecables darían su nombre. (pp. 256-257)

En el espacio de la creación sus convicciones parecen tan asentadas e irreductibles como en el ámbito de su lucha feminista.

Pasará el tiempo, Ofelia viajará por Europa en los años de ascenso del fascismo, luego vivirá en México y volverá a Cuba en 1959 para morir entre los suyos. Pero su huella en la Cuba republicana merece ser recordada, lo mismo que su pasión por el feminismo.

Muchas gracias.


[1] Año I, núm. IV, febrero de 1926, pp. 7-8.

[2] Jiménez Armengol fue director artístico de Facetas de actualidad española, “revista mensual antifranquista, portavoz de la España democrática y libre” (1937-1939).

[3] Núm. 2, p. 7.

[4] En el “Editorial” del segundo número, añade “Empresa de espartanas es que en Cuba dos  mujeres —ella misma y Margarita Ayala, administradora— arremetan contra todo con la ilusión de lanzar y sostener en la calle una revista literaria” (Núm. 2, p. 7).

[5] Ramón López Oliveros, “Notícula pedagógica”, núm. 1, p. 19.

[6] Núm. 1, p. 21.

[7] Núm. 1, p. 25.

[8] Núm. 2, p. 12. Precisamente a María Villar Buceta y Dulce María Loynaz dedicó ORA sus comentarios radiales. Agradezco a María Eugenia Mesa Olazábal que compartiera esta información, incluida en su ponencia al Coloquio de la radio cubana (15 y 16 de octubre, 2009).

[9] “Mentes libres, cuerpos supliciados. Las mujeres de Ofelia Rodríguez Acosta”. En este número, en la sección de fotografías, aparecen una exposición de Sicre y otra de Víctor Manuel, con lo cual el arte de vanguardia entraba en la revista.

[10] Núm. 2, pp. 28-29.

[11] Núm. 2, p. 28.

[12] En su compilación Damas de Social, Nancy Alonso y Mirta Yáñez eligieron el cuento “El piano” y yo escribí “Una mujer de Social: Ofelia Rodríguez Acosta” (La Habana, Ediciones Boloña, pp. 205-211).

[13] “Once soluciones a un triángulo amoroso. Tercera solución. La importancia de un teléfono”, La Habana, abril, 1927, vol. 12 (4): 33, 69, 72.

[14]  De Johgh, Elena M., “Gender and controversy; Cuban novelist Ofelia Rodríguez Acosta”, SECOLAS Annals, Journal of the Southeastern Council on Latin American Studies.  1992-1993, vol. 23, pp. 23-35.

[15] Año I, no. I, enero de 1930, p. 79.

[16] Año I, no. I, enero de 1930, pp. 75-79.

[17]Revista de La Habana, año I, no. 3, marzo de  1930, pp. 313-315.

[18] “Ofelia Rodríguez-Acosta”, Revista de La Habana, año I, no. 3, marzo de  1930, p. 350. Para añadir a las publicaciones donde ORA estuvo presente: Gay Calbó se refiere a una campaña suya en El Día antes de la publicación de El triunfo….

[19] “Sobre la manera de producir el novelista”, Revista de La Habana, año I, no. 6, junio 1930, pp. 253-257.


Tomado de:
http://laventana.casa.cult.cu/noticias/2017/02/23/ofelia-rodriguez-acosta-en-tres-espacios-de-divulgacion-feminista/