Sinfónica de MatanzasEl maravilloso concierto protagonizado por la Orquesta Sinfónica de Matanzas (OSM)  -el sábado último, 3 de la tarde, en el citadino cine-teatro Velasco-, bajo la égida del profesor Enrique Pérez Mesa (titular de la institución homóloga nacional), elevó hacia cotas estelares la satisfacción espiritual de los centenares de asistentes al programa, integrado por obras de Johannes Brahms: Concierto a moll, para Violín, Violoncello y Orquesta, op. 102; y Sinfonía No. 2 D-Dur, op. 73. En la primera entrega los mencionados instrumentos estuvieron dominados (puede que no sea artística la calificación, pero sí exacta en cuanto a lo que queremos expresar), por Ariel Sarduy, concertino con más de 15 años de experiencia en la Sinfónica Nacional, y Alejandro Rodríguez, primer violoncello, también perteneciente a ese colectivo musical, ambos con extensas y fructíferas carreras internacionales.

Tal parecía un contrapunteo, un diálogo entre las cuerdas, ora aliadas, ora en porfía, en brindis embriagador para el espíritu, gozoso de tanta bondad para el alma.
La fructífera alianza entre antiguos y nuevos instrumentistas, en labor mancomunada: dominio de la técnica, perfección, contención, exactitud, propiciaron una especie de eclosión  sonora extendida hasta el éxtasis del auditorio.

Magia propiciada por el profesor Enrique Pérez Mesa, conocedor de las posibilidades de una Orquesta de la cual fuera titular. Con gestos enérgicos o amables, según exigencias de las obras, supo extraerle el máximo de calidad.

Un director como él puede obtener lo que se proponga: exigente, minucioso hasta el más mínimo detalle, temperamental, romántico, expresivo, comunicativo, alegre, mágico. Todo eso y mucho más se pudiera decir de Pérez Mesa. Y como ha ocurrido en presentaciones en Cuba o en el extranjero, con diversos organismos sinfónicos, la gloria resultante del hecho artístico,  como el que nos ocupa, la comparte con todos los integrantes del colectivo. Aplausos cálidos, sinceros y extendidos, que solo se les brindan a los grandes.

"Dedico este concierto a mi querida ciudad de Matanzas, al profesor Alberto García, y a Reynold Álvarez Otero, exdirector de la OSM",  a la cual consideró de colectivo esforzado al que admira y quiere, por considerarlo algo propio.

"Cuantas veces Matanzas requiera de mí, aquí me tendrá".

Constituyó esa una jornada mágica para los yumurinos. Solo es de lamentar, ajeno al hecho artístico, que el programa de mano, contentivo de las obras, y de las virtudes de los instrumentistas invitados (Ariel Sarduy y Alejandro Rodríguez), no se mencionara a Enrique Pérez Mesa en el enjundioso texto referido a su quehacer. En un futuro cuando alguien se tope con el programa no sabrá quién es el director del que se habla. Qué lástima.

Fuente: Giron