Ediciones Matanzas regala a los más pequeños de casa su segunda propuesta de 2010: Para subir las cumbres, poemario de la escritora Anely Fundora.

27 textos conforman la última entrega de la poetisa y narradora matancera, bajo el sello de la colección Cuarto Menguante, antecedido por Un retablo en el monte, libro que reúne 6 obras de Dora Alonso, texto que la editorial publicara a propósito del Taller Internacional de Títeres.
Johann E. Trujillo, diseñador principal de la Casa de las Letras Digdora Alonso, sede de la editorial yumurina, tuvo a su cargo la composición, diseño e ilustraciones de Para subir las cumbres, basadas éstas en viñetas tradicionales. A su vez Dianelys Gómez, quien realizó la edición, precisó que “este breve y nunca contenido poemario, confiere al niño una valía sin discusiones, remite a la sabiduría de los adultos, al consejo siempre cálido y bienhechor, de los que han vivido a los que empiezan a vivir”.

Entre rimas o versos que buscan la musicalidad de las aguas, esta poesía de Anely Fundora discursa con un encantamiento que pretende anecdotizar en ocasiones, enseñar en otras y por sobre todo, acercarse por nuevos derroteros al mundo infantil y juvenil.

Más sobre la autora:
Anely Fundora Moreno (Matanzas, 1965) Miembro del Taller Literario Provincial. Ha obtenido varios premios en literatura infantil, entre ellos el María Villar Buceta, Premio de la Ciudad de la Isla de la Juventud; Juegos Florales (Matanzas, 2007) y Premio de la revista Matanzas, 2010. Textos suyos aparecen en las antologías La mujer rota (2007); Otro elefante en otra cuerda floja (2008); Navegas, Isla de oro (2009). Tiene publicado los poemarios Último tren de los sueños (Editorial El Abra, 2007) y Mariposas de invierno (Editorial Gente Nueva, 2008).

De Para subir las cumbres:

“Fuga”

Se va secando el rocío
                  en la risa mañanera.
                  Y tú, flor de primavera,
                  corres en pos del estío.
                  En mis pupilas hay frío
                  de no poder abrazarte
                  cuando rasgue tu estandarte
                  un aleteo menudo
                  Yo en el pecho tendré un nudo,
                  un mimo para alcanzarte.

   “Con los ojos abiertos”
    
     Presta atención en tu andar,
                 que tus ojos no divaguen
                 tras el mástil de la nave
                si no estás en alta mar.

   Mira con temor la hierba,
                  los arbustos, su desvelo,
                  la voz ingenua, el pequeño
                  designio; aunque nada veas.

                  Porque de menudas cosas
                  están hechos los caminos:
                  malas espinas, traiciones,
                  engañosos acertijos.
                 Una palabra soez,
                 un segundo mal vivido,
                 te pueden callar la voz
                 y romper por siempre el hilo.
                
                 Recuerda siempre, hija mía,
                 que no hay peor enemigo
                 ni mayor incertidumbre
                 que un poeta distraído.

 


Por: Maylan Álvarez