XXI Premio La Gaceta de Poesía de Cuba

Desde la raíz del pensamiento nacional cubano hasta la globalizada época actual, la poesía ha tenido en nuestra isla una presencia fuerte. El discurso poético testimonia con su peculiar sensibilidad el devenir de un pueblo vivo, da voz a sus aspiraciones y angustias, indaga intensamente en el presente y participa en la construcción de ese espa­cio común que llamamos patria. Muestra del nivel artístico y de la pujante diversidad que conserva ese discurso es la más reciente edición del XXI Premio de Poesía La Caceta de Cuba. El jurado -integrado por los autores Marilyn Bobes, Ismael González Castañer y Daniel Díaz Mantilla- pudo constatar, en la lectura de las noventaiocho obras presen­tadas, la notable calidad de varios de los textos concursan­tes, entre los que eligió once finalistas.

Poemas de Israel Domínguez, premio La Gaceta de Cuba

El cuaderno Lego, de Israel Domínguez, obra que despliega desde su sobria escritura un discurso de honda espiritualidad y ecumenismo, mereció el Premio de Poesía La Caceta de Cuba.

Atendiendo a su capacidad para mantener un lengua­je polifónico de alto nivel donde se desentrañan aspectos polémicos de nuestra realidad, se distinguió al poemario sin título de Atilio Caballero con el Premio de Poesía "Ilse Erythropel".

La Beca de Creación Prometeo, que se entrega a un autor menor de treintaicinco años, recayó en Salón de espejos, de Yonnier Torres, conjunto que resalta por la agudeza de su mirada y la sólida estructura de sus versos de largo aliento.

Asimismo, por su empeño en desarrollar un lenguaje novedoso, y por la emotiva sencillez de su lirismo cotidiano, recibieron mención los cuadernos Estructuras dobles, de Ernesto García Alfonso y Caminando descalzos sobre cris­tales, de Yanira Marimón.

El jurado y los organizadores del Premio agradecen a la Corporación de Arte y Poesía Prometeo, de Medellín, a la Fun­dación "Nicolás Guillén", y a las herederas de Ilse Erythropel y Julio Girona por su decisiva contribución a este concurso. En este número publicamos los poemas merecedores del galardón principal, el premio "Ilse Erythropel" y la Beca. En futuras entregas daremos a conocer las menciones.

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Desván

 

En casa de mis padres nunca hubo un desván.
Ellos lo llamaban cuarto de desahogo.
Allí ponían combustible, puntillas, herramientas,
todo lo que sobraba y podía servirles en el futuro.
Me fabriqué el mío pensando en una película extranjera.
Quise guardar lo que nadie guarda
y terminé recibiendo la ponzoña de un alacrán,
todo lo que sobra y ya no me sirve.

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Fosa

Cavas una tumba al centro de la inconformidad. Pones alrededor
comidas y flores, enciendes una vela. Alimentas con agua y sangre
los huesos que se multiplican.
Buscas una razón para no continuar, pero la fosa es cada vez más
profunda. Imagen contra imagen, impulso contra deseo.
Cavas y vuelves a cavar. Una tumba se cierra. Otra se abre.

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Conductos

Del cable coaxial
sale una boca que besa a otra boca,
un calamar gigante,
un niño bajo los escombros.

De la calle a mis ojos salta un hombre
que acaba de matar a su mujer,
un charco donde se reflejan los cables,
una boca que besa a otra boca.

Por los conductos invisibles
baja a las profundidades del sueño
un gato Manx con rostro de barbie,
un charco donde se refleja la luz
que aniquila o salva.

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Tren 54

En la antigua estación,
donde apenas quedan algunos raíles
cubiertos por la hierba,
un hombre anuncia a toda voz
que dentro de cinco minutos
partirá el tren 54.

Los jóvenes malcriados le gritan un nombrete.
Se carga de piedras
y arremete contra ellos.
Desde la antigua estación
aun veo los vagones atravesando el pueblo.
Un hombre anuncia a toda voz
que dentro de cinco minutos
partirá el tren 54.

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Lego

Jugábamos Lego y armábamos casas. Con los bloques plásticos
construimos una ciudad. Leg godt es una frase danesa que significa
jugar bien. Para Papá jugar bien es jugar correcto.
Decía que mi hermano era muy inteligente porque jugaba bien. Yo
en cambio era un desastre: mis construcciones le parecían extrañas.
A mi hermano le gustaban pero temía perder su confianza.
Un día amenazó con golpearme si seguía haciendo "esas cosas
raras". Boté algunas piezas y mi hermano lloró.
"Casa linda y carro del año", habla orgulloso de su hijo.
A veces mi hermano aparece en Facebook con aquella cara triste,
como si todavía le faltaran algunas piezas. A mí me faltan, pero
sigo haciendo esas cosas raras que tanto le molestan a Papá.

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Impulso

Decidió manchar el nombre de su familia y vivir con el hombre
que le gusta. No hubo más vacaciones en la playa ni vajilla sobre
mantel bordado. En casa no entendieron semejante gusto: nariz
ancha, cajón y chancleteo.
Decidió manchar el nombre de su familia y vivir con la mujer que
le gusta. En casa no entendieron semejante gusto: dos mujeres
abrazándose en la noche.
Decidió manchar su propio nombre: alcohol a toda máquina,
escándalo, golpiza.
En casa no entienden: un impulso hacia la orilla.

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Si te acercas, te muerde

Mis amigos y yo fuimos a ver el nacimiento. La perra lamía a sus
cachorros. Luego volví y la dueña de la casa me dijo: "Si te acercas,
te muerde". "Es la maternidad", respondió mi madre. "Hagas lo
que hagas, siempre serás mi hijo".
Veo a una hembra devorando a sus pequeños. Nunca entendí
cómo aquella mujer prefería a sus hijos muertos defendiendo un
ideal retorcido.
Al recordar a Eurípides pienso: "Un animal que devora la condición
que lo enaltece".

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Jagüey

La casa del campo ya no existe. Los helechos comenzaban a crecer
cuando mi abuelo decidió derrumbarla. La mala hierba penetra la
cabeza de mi abuela. Un jagüey destruye sus paredes. Los helechos
se apoderan del lugar aunque mi madre se empeñe en arrancarlos.
Pasará un ciclón o se abrirá la tierra. Mi madre insiste: resana las
paredes y apuntala el techo.

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Into The West

Hacia el oeste viajaron hombres y mujeres
atraídos por la idea de la felicidad.
Los que no pudieron ver el final eran más dichosos
que aquellos que perdieron sus almas
mucho antes de morir.

Cuando "el caballo de hierro" atravesó la Gran Pradera,
por donde corría libremente el búfalo,
hombres y mujeres fundaron sus villas
como quien monta un set o construye un escenario.

Jacob Wheeler, hacedor de ruedas,
viajó desde Virginia hacia la Nación Lakota.
Allí conocería a Amado por el Búfalo,
un joven elegido por los dioses.

Mientras Jacob fijaba metal sobre madera en la fragua de su padre,
Amado por el Búfalo hacía el círculo de Wakan Tanka:
una rueda que viaja hacia otros círculos,
un círculo de piedra que viaja hacia los astros.

La rueda de los Wheelers separó familias en Illinois, Maryland,
             Kentucky...
El círculo de Wakan Tanka, en la Gran Pradera, las unía.

Cuando mi hija partió hacia el oeste
sobre ruedas que se esconden en el aire
recordé a Jacob Wheeler.
Puse piedras sobre el techo de mi casa
y alcé mis manos al cielo.


Israel Domínguez

Tomado de la revista impresa La Gaceta de Cuba. No.3- mayo/junio de 2016