Por: Rubén Darío Salazar

Una mamá con su niño, como de unos 7 años, fue parte de nuestro público en las primeras funciones del espectáculo de estreno RETRATO DE UN NIÑO LLAMADO PABLO. Antes había venido a nuestra sala para ver ALICIA EN BUSCA DEL CONEJO BLANCO, EL PATICO FEO Y LOS ZAPATICOS DE ROSA, historias todas conocidas, de esas que reconocemos como clásicos. Son los padres quienes llevan a los hijos al teatro, son ellos también, por lo tanto, los quediscriminan a que título acudir o no.

Retrato de un Niño Llamado Pablo, Dibujar La Vida Contemporánea

Esta mamá, joven, dudó en traer a su   pequeño a nuestra nueva representación ¿Quién es Pablo? Se preguntó. Pero el misterio ante lo desconocido pudo más y decidió  enfrentar la incógnita. El dialogo con ella, trabajadora del Banco Nacional de Cuba, ha sido hasta ahora, una de las conversaciones más interesantes que he tenido en los 24 años recién cumplidos de Teatro de Las Estaciones. Ella no lo sabe, pero sus preguntas provocaron una Revolución en mí, y las auténticas revoluciones provocan revueltas a nivel de pensamiento, una asonada que puede hacer vibrar al alma más convencida.

Está bonita director, aunque no es una historia famosa ¿porque le puso ese nombre a la obra? Me detuve a pensar. El niño, inquieto, vivo, respondió por ella.

-Mami ¿tú no te das cuenta que en la obra él es un fotógrafo?

Me sonreí por la obviedad en la contesta. Un retrato es una imagen, la representación de un instante, el dibujo impreso o digital de algo que sucede. A mí me interesaba dejar plasmado teatralmente en escena una  fábula contemporánea, actual, de esas que la modernidad nos hace vivir  cotidianamente, y encontré en las vivencias de ese niño pecoso y de ojos  enormes algo de mí propio niño interior, del niño íntimo o expuesto de  otros y de nuevos niños por venir.

-¿Por qué en esta obra hay más actores que títeres? Volvió a preguntar ella de sopetón. El infante jugaba con la cámara fotográfica que utilizo como personaje en la puesta en escena.

-¡Nene, eso no es para jugar! Le dije al chico antes de contestar a su madre. Una de nuestras asistentes de sala rescató el frágil objeto de papel maché. Para el niño aquella cámara de cartón era pura realidad.

Los principales personajes de RETRATO., excepto los dos psicólogos son esperpentos, entidades extravagantes, hazmerreir de los demás. La visión de los pequeños sobre sus mayores no suele ser simple. La tía gorda, el primo flaco, el vecino peludo., un concierto de personalidades de cuentos.

Eso quise que fuera la familia del niño Pablo. Ataviados con gafas de grandes ojos, pelucas de peinados ostentosos, ropas de talla extra, que yo reconozco como traje escenográfico. Tanto la madre como el padre, el hermano y la maestra de la obra, son una especie de títeres gigantes, que no se comportan, hablan o gesticulan de manera normal, lo cual los hace  convertirse en una especie de muñecos que parten de un ser humano  distinto, hiperbólico.

Me detuve en mi opinión. La mamá me dijo: -Como si estuvieran   amplificados.

-Sí, le contesté. -A veces yo me comporto así, ni yo misma me soporto.  Ser un títere no es un asunto fácil, le dije. Los otros muñecos responden a una mezcla de técnicas tradicionales, reinterpretadas en su esencia para las necesidades del montaje. Figuras inspiradas en un bunraku acriollado, como Pablito, cuyas manos, piernas, cuello, rostro, son próximos a un niño de verdad y a la vez distinto. Hay títeres planos, como los personajes cuadros de la escena final, que utilizan el cuerpo humano para ser, en una simbiosis que colinda con el llamado body puppet. Hay luz negra,  juguetes, objetos. Los muñecos hoy día son cada vez más fusionados, y yo  disfruto eso.  Después de 31 años como profesional del retablo no creo en la total asepsia de nada.

-El niño casi siempre está ubicado en un marco, pocas veces se le ve jugando fuera de él, o encima del cuadro, como en la escena de la maestra.

Volvió a la carga la mamá de Ezequiel, ya esa altura sabía el nombre del pequeño y me alegré, que como Pablo, tuviera un nombre pronunciable.  Lo que Pablo vive a diario en la casa ocurre dentro de una moldura que lo absorbe, un portarretrato rígido que lo anula.

 -Se parece a mi tablet mamá. Dijo Ezequiel y me ahorré las demás definiciones por  considerarlas innecesarias.

Ezequiel y su mamá -en ninguna de las dos veces le pregunté el nombre a la muchacha, que pena- volvieron otra vez al espectáculo. Para entonces ambos entonaban las melodías de la representación, cuya sonoridad no fue creada  ajena a la música de los actuales juegos electrónicos, ni a los sonidos  que se escuchan al abrir una computadora o un tablet. Sonoridad con ciertos toques de nostalgia en sus armonías sofisticadas, imitadoras de voces e
 instrumentos reales inmersos ahora en la virtualidad.

Me gusta juntar a artistas nuevos con consagrados. Al correr ese riesgo, siento que unos pueden crecer y otros consolidar y buscar nuevas posibilidades en su trabajo. La mamá de Ezequiel es tan nueva en el teatro como su hijo, estoy seguro que se irá convirtiendo en un público potencial del teatro para niños y niñas, de ese que se vuelve avezado ante cualquier  propuesta escénica. Me gusta exponerme, aventurarme. No me interesa instaurar un estilo, sino mantenerlo vivo, sin repetir  formulas infalibles.


Fotos: Julio César García