Por: Norge Céspedes

El escritor Roberto Viña Martínez y el periodista. Ambos de pie. En un portal. Viña recostado contra una pared. El periodista, frente a él, con una grabadora digital Sony en la mano. Viña va a recibir el Premio José Jacinto Milanés, concedido por la Uneac matancera. Lo recibirá por su obra de teatro No mirarás, de la cual le está hablando al periodista ahora mismo.

 Del Royal Court de Londres a un veinte plantas con filtraciones en La Habana

Están en la casa de visita “Los Corales”, a la salida del viaducto de la ciudad de Matanzas, frente a la transitada calzada General Betancourt (esa que se une a la autopista que conduce a Varadero). Detrás de la casa de visita está el mar, su oleaje se siente en este instante, a pesar del ruido de los automóviles que van y vienen, incansables, por la calzada.    

Viña y el periodista llevan cerca de veinte minutos en el portal; Viña se remueve, el periodista se pasa la grabadora de una mano a la otra. Estarían más cómodos en los mullidos sillones a sus espaldas, tras los cristales, en el vestíbulo, pero allí está el resto de los escritores que participan en la jornada literaria durante la cual le entregarán el reconocimiento a Viña. De hecho, cuando el periodista se le acercó y le pidió que le concediese unos minutos, el propio Viña estaba riendo a carcajadas entre ellos, mientras hacían tiempo, después de almuerzo, hasta que llegara la hora de tomar el ómnibus para ir hacia el centro de la ciudad de Matanzas y reiniciar las actividades de la jornada literaria.

El otro premiado no pudo venir. Es Edurman Mariño, quien ganó en el género de poesía. Pero él vive en el municipio de Moa, en los confines de Holguín, y como el aviso le llegó demasiado apretado en tiempo, no logró sacar pasaje para el largo viaje. Con eso Viña no tuvo problemas porque vive en La Habana. La premiación le coincidía con las clases de dramaturgia que imparte en el ISA pero hizo unos ajustes y allí estaba. Otra vez en Matanzas.

Aquí, por cierto, había recibido uno de sus primeros reconocimientos literarios de significación. Fue el Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas 2010, también en teatro. Fue la clarinada de lo que vendría después. Ganó el Segundo Premio de Casa de Teatro, el Calendario, la Beca de Creación Dador, el Virgilio Piñera… Pero aquel premio inicial le resultaba especialmente grato. Como este de ahora. Con su nombre: José Jacinto Milanés. Viña está contento. Y sonríe en el instante en que el grupo de escritores, bulliciosos, salen del vestíbulo y gritan: “¡Se va la guagua!”, y hay que apagar la grabadora, y salir detrás de ellos...

TRILOGÍA SIMIA DE LA SABIDURÍA

No mirarás se presenta como un giro de 180 grados respecto a mis intereses temáticos anteriores. Por lo general, en mis otras obras había fijado la atención en la etapa adolescente y en la perspectiva de la violencia en la misma. Ahora pongo mi vista en ese tránsito hacia la llamada tercera edad. No mirarás forma parte de un proyecto mayor que quiero concebir: la Trilogía simia de la sabiduría. Hay algo curioso: aunque se trata de la primera obra que he podido escribir de esta trilogía, en el orden de la misma es en realidad la última. Las otras dos piezas teatrales serán No hablarás y No escucharás.

No mirarás parte de una historia “pequeña”, íntima, de un matrimonio, ya jubilados. Tienen un percance hogareño: una filtración que empieza a invadir diversas zonas de la casa. Es un suceso que en un primer momento parece muy simple pero que termina siendo un detonante de la dinámica existencial de este matrimonio. La incapacidad de resolver la filtración los lleva a replantearse muchas condiciones de su vida, de sus principios, y hasta de la propia realidad en sentido general. Influye también en una dimensión más personal, en la tónica de su relación de pareja. En el conflicto se reflejan cuestiones de la realidad social cubana contemporánea, y en no pocos momentos aparecen tonos de humor. Podría decir que la obra tiene relación con ese teatro que se escribió en Cuba entre los sesenta y hasta los ochenta, esa especie de comedia que también presentaba como eje la temática familiar y su circunstancia a partir del periodo revolucionario.

En esta obra se aprecia lo fraterno en una relación conyugal de muchos años, cuando, tal y como se dice, la pasión del amor ha mermado y solo queda la costumbre de la convivencia. Aparecen en la obra muchas inquietudes en ese sentido. Confieso que la historia, en buena medida, toma como referencia la historia de mis padres, a quienes dedico la pieza. Aquí estoy yo como espectador de nuestra vida en común, logro ficcionalizar muchos elementos de la misma, que a la vez me sirve de despegue para ir hacia una perspectiva más general del tema.

DEL ROYAL COURT DE LONDRES A UN VEINTE PLANTAS CON FILTRACIONES EN LA HABANA

No mirarás tiene su punto de partida en el taller que el teatro Royal Court de Londres llevó a cabo en La Habana, entre 2015 y 2016. Fuimos incluidos como participantes un grupo de jóvenes dramaturgos y estudiantes de esa especialidad en el ISA. Si mal no recuerdo, creo que éramos exactamente catorce. Se trataba de un taller sobre la base del teatro realista, que es el que promueve el Royal Court. Durante ese año y medio del taller, vinieron profesores con los que durante varias sesiones trabajamos colectivamente y también de modo tutorial. Todo muy fructífero. No mirarás cobró forma, aunque todavía se hallaba en ciernes, necesitaba insistir más en ella. Poco después, presenté el proyecto de la obra, y lo que ya tenía escrito, a la Beca de Creación Dador 2016, y fue uno de los proyectos ganadores. Entonces le di el empujón final y ya concluida, la envié al Premio Milanés, aquí en Matanzas, esta tierra de grandes poetas y grandes dramaturgos; y afortunadamente, acabó ganando aquí también.

El proceso de concepción de esta pieza fue muy seductor para mí. Primero estuvo el hecho de que la concebí con una perspectiva en la que lo audiovisual estuviera muy marcado, al punto de que quizás sea más fácil llevarla al cine o a la televisión que montarla en un teatro, donde requeriría de ciertos reajustes a partir de la realidad escénica. Lo otro que disfruté mucho fue el trabajo con su espectacularidad, digamos que centrada, de pequeño formato, con espacios cerrados que no hablan de un encierro sino más bien de una intimidad, tónica que no es exclusiva de esta obra sino de toda la trilogía. En No mirarás las acciones se desarrollan básicamente en el interior de una casa, en uno de esos apartamentos de edificios veinte plantas de nuestro país, que cuentan con tantas peculiaridades, con tantas resonancias en múltiples sentidos. Me concentré bastante en desglosar cada espacio, en su caracterización específica: la sala, el comedor, los cuartos, el pasillo..., y esto sin grandes despliegues, casi sin decorados... El efecto de estas pequeñas locaciones, junto a lo lacónico de los diálogos y las acciones, aportan mucho a la atmósfera íntima que quise lograr, por ser la adecuada para la historia, así como para su eje ideotemático guiado por la pulsión de “lo fraterno”.

LA VERSATILIDAD DE UNA ESCRITURA QUE SOLO SE TERMINA EN LA ESCENA O MÁS ALLÁ

No mirarás, tal y como estipulan las bases del concurso Milanés, será publicada el próximo año por Ediciones Matanzas. Se trata de un hecho que me llena de satisfacción pero que, obviamente, en el caso de un dramaturgo, como ya resulta común decir, no da “por terminado” el destino de su creación. A diferencia de otros géneros literarios, que tras su publicación ya “su destino” podríamos afirmar que está realizado, la obra teatral requiere concretarse en la escena. Por otro lado, una vez que tal hecho está por ocurrir se produce otra situación que a muchos le resulta chocante y hasta desalentadora para el dramaturgo, aunque a mí, muy lejos de eso, me parece atrayente, me estimula. Me refiero a que es una escritura que solo se termina, se concreta, en las tablas y que al esto ocurrir la obra necesariamente se reacomoda, pasa por una relectura del director, por el tamiz de la cultura, de las circunstancias en que se acometa su puesta en escena, y de otros múltiples factores.

Yo le digo a mis alumnos de dramaturgia en el ISA que eso es algo natural en la creación del dramaturgo, quien debe tener consciencia de que la única manera de que su obra se lleve a las tablas tal y como se la imaginaron, o al menos de la manera más parecida, es dirigiéndola ellos mismos. Si no es así, el que desempeñe el papel de director necesariamente debe partir de su manera de asumir el texto. El director pone de su cosecha, y también los actores, e incluso otros especialistas que forman parte del proceso de montaje de una obra. El autor de esta, si no se decide a dirigirla él mismo, o no cuenta con condiciones para hacerlo, tiene que conformarse con ver la pieza que ha dejado en papel impreso como una especie de primera versión que reajustarán otros, con resultados que obviamente pueden ser para bien o para mal.

De las cinco piezas que tengo publicadas ninguna ha sido puesta en escena hasta la fecha. Algunos grupos me habían pedido determinadas colaboraciones, como El Portazo y su director Pedro Franco, para quien escribí un texto breve, un fragmento que formaba parte de su obra Café CCPC. Sin embargo, tengo muchas expectativas porque ahora mismo hay dos directores que se han interesado por mis obras. Uno es un joven director cubano, Adonis Milán, al frente del grupo Perséfone Teatro, quien está motivado por las cuestiones del encierro, y por ello le llamó la atención mi obra Amnesia del Infierno, con una atmósfera carcelaria. El otro director es el argentino Rómulo Pianacci, del que soy amigo desde hace tiempo. Él se ha especializado en la dirección de versiones del mito clásico y le ha gustado una versión del mito de Medea que escribí, y que recientemente fue publicada por el sello editorial La Luz perteneciente a la AHS de Holguín con el título de Medea Maelstrom. Vamos a ver si esos proyectos se materializan. Ojalá.

¿Qué si no me molesta esa especie de intermediación del director? No. Al contrario, me resulta estimulante que de buenas a primeras alguien sea capaz de destinar su pensamiento, parte de su tiempo, y todo el esfuerzo que lleva realizar el montaje de una obra, a dar continuidad, a dialogar con una idea, con una historia que yo propuse. Es fascinante. Algo así solo puede producirse debido a la extrema ductilidad del teatro. Una ductilidad que se manifiesta en muchos otros sentidos. Yo no empecé escribiendo teatro sino cuento y poesía. Pero creo que solo cuando llegué al teatro alcancé una manera de comunicación creativa satisfactoria para mí y que es una especie de enlace de mis bifurcaciones como escritor, como artista. El teatro se ha convertido en mi epicentro, en él confluyen no solo la narrativa, la poesía, el ensayo, el periodismo y todos los instrumentos que empleo para investigar cuando me encuentro preparando una pieza teatral, sino campos del saber humano que van más allá de lo artístico. El teatro permite beber de todas partes. Ir hacia todas partes. Por eso es tan seductor.