Inspirada en la obra poética de Gastón Baquero, la artista de la plástica Sandra Ramos concibió un libro-arte que, titulado A la orilla del río invisible, tuvo su presentación oficial este martes 9 de agosto, a las 6:00 p.m., en la galería Seis Seis, en La Habana Vieja.

Sandra Ramos: A la orilla de Gastón Baquero

Publicado por Vigía, casa editora reconocida por sus exquisitas producciones manufacturadas, el volumen incluye más de una decena de dibujos de Sandra Ramos, así como los poemas “La risa”, “Tristeza”, “Alborada”, “El río” y “Un poema personalizado”, de Baquero, con traducción al inglés a cargo de la académica norteamericana Linda S. Howe.

Agustina Ponce, directora de Vigía, hizo énfasis en las reflexiones acerca del tiempo propiciadas por este libro-arte, desde los propios textos de Baquero hasta los dibujos y el diseño visual en general de la autoría de Sandra Ramos.

A la orilla del río invisible, que cuenta con una tirada de cien ejemplares, es una plaquette cuya forma ha sido concebida como un reloj de arena, hecho con el que, es obvio, se alude conceptualmente al tópico tiempo.

Los dibujos de Sandra que se encuentran a un lado y a otro de esas páginas-reloj de arena, dialogan entre sí, son testimonio de lo que acontece cuando grano a grano cae, incide el tiempo sobre el ser humano y sus diversos entornos.

La influencia de la obra de Gastón Baquero en Sandra Ramos ya había sido percibida en otros instantes, como lo demuestra la exposición “Herencia del Pez”, que preparara hace algún tiempo tomando como punto de partida “Testamento del pez”, uno de los textos más conocidos de este poeta.

Pintora, grabadora y creadora de instalaciones, graduada del Instituto Superior de Arte,  Sandra Ramos Lorenzo (La Habana, 1969) ha sido partícipe de numerosas exposiciones personales y colectivas, tanto en Cuba como en otros países.

De esta artista ha dicho el crítico cubano Jorge R. Bermúdez: “su obra irrumpe con fuerza en el epicentro de un debate cultural de crisis, que buscará su continuidad y reanimación desde la interpretación misma de un proceso social y político único a la historia de Latinoamérica. 

“De ahí, tal vez, que sea una de las artistas de la llamada generación del 90 que con mayor eficacia estética y comunicativa ha retomado el mensaje dejado por la vanguardia que le precedió. Y de ahí, también, ese ingente propósito de narrar lo que falta o se perdió desde la visión del que se queda (...quizás deba partirme en dos, 1993). Sin obviar otro valor de índole más personal, favorecedor de sus aspiraciones como artista: el equilibrio encontrado entre lo que quiere decir y lo que es permisible decir.”


Por: Norge Céspedes