Prólogo del libro “Mambo, que rico, é, é, é!, de Ediciones Matanzas.

Por: Ulises Rodríguez Febles

Estábamos Yanira Marimón y quien escribe buscando cuál de las fechas es la exacta para dictaminar el nacimiento de Dámaso Pérez Prado. Varios investigadores dan fechas contradictorias, la mayoría, como Helio Orovio, tienen la certeza de que fue en el 1916. Y así aparece registrado en numerosos documentos, entrevistas, estudios, recortes de prensa y publicaciones digitales.

Algunos, como Radamés Giro en su Diccionario de la Música Cubana, la ubican en 1917.

Yanira Marimón sostiene el libro de inscripción con la fecha de nacimiento de Pérez Prado

Solicitamos el acta de nacimiento en el Registro Civil de Matanzas, pero el mambo está difícil, intrincado, como se dice a veces en Cuba, como el mismo Pérez Prado contesta a Erena Hernández en la entrevista que le hizo: “Se usaba cuando la gente quería decir cómo estaba la situación: si el mambo estaba duro era que la cosa iba mal…”

Casi infiltrados pedimos la necesaria ayuda, para celebrar el aniversario del genio de la música, polémico y controvertido, porque, ¿es en el 2016 o 2017?; pero nos costó sudar sin bailar, recibir respuestas inesperadas, presenciar escenas dramáticas, mientras Yanetsis, cimbreante, camina de un lugar a otro, en los oscuros pasillos, donde duerme el pasado de muchos, incluidas figuras importantes como Pérez Prado o anónimos, como cualquiera de nosotros.

¿Y Pérez Prado? ¿Dónde está Pérez Prado? Pasa una hoja, un libraco y vuelve mañana, ¿puedes? Estamos apurados, tenemos que entregar el libro, dice Yanira. Para nosotros es esencial encontrar la fecha exacta de su nacimiento. ¿Pasado mañana? ¿Puedes?, dice Yanetsis. ¿El creador del mambo? ¿Qué es el mambo? ¿Cuál es su origen? ¿Cuáles son sus particularidades? ¿Quién lo inventó por fin? ¿Cuáles son los aportes de Pérez Prado? ¿Qué aporta el mambo a la historia de la música cubana? ¿Qué nos dice el mismo Pérez Prado en conversación con Erena Hernández sobre el tema? ¿Y Alejo Carpentier? ¿Y Gabriel García Márquez? ¿Y Leonardo Acosta? ¿Y Radamés Giro? ¿Y Gustavo Pérez Firmat? ¿Cuáles son los filmes donde se encuentra la música de Pérez Prado, según el texto del investigador Erik Estrada? Cada uno de los estudiosos nos ofrece en este libro, análisis rigurosos, documentados.

Los textos están sobre nuestras mesas, desperdigados mientras seleccionamos.

Yanira Marimón sostiene el libro de inscripción con la fecha de nacimiento de Pérez Prado

Este es un libro homenaje, un libro amor, de colaboración entre muchos. Los que lo idearon, los que lo asumieron, los que hicieron su aporte, como el Registro Civil de Matanzas, los que transcribieron, cotejaron, editaron, los que propiciaron, entre cartas o mensajes escurridizos por el alucinante ciberespacio, muchos de estos trabajos, nos dieron sus permisos desde España, México o La Habana. ¿Conoces este texto? Nos dicen, nos sugieren algunos. Y lo ponemos en nuestra mesa, leyendo y seleccionando, para después organizar, concebir diferentes perspectivas eruditas de un creador y de un ritmo, con las diversas polémicas que ha desatado. ¿Qué desechamos? ¿Cómo hacemos que el cuerpo del libro viva, palpitante, entregando una pluralidad de ideas que desconcierta?

Hermoso libro para ir aprendiendo, desde la polémica, sobre el mambo y sobre Pérez Prado, más de lo que sabíamos, de lo que imaginábamos.

Un libro que concentre algunos de los textos más interesantes, por inquietantes, sobre el mambo y Pérez Prado. Esos que no pueden faltar, para rendirle homenaje al músico cubano en su centenario.

Escucho Mambo No. 5, Mambo No. 6 y revisamos las imágenes del genio, documentales, en videos de sus presentaciones, en filmes o en las revistas La Gaceta, Clave Cubana, Revolución y Cultura, Cinegarage.

Queremos, mientras trabajamos, mientras Derbys Domínguez y María Isabel Tamayo nos ayudan, que el espíritu del músico nos habite, estremecedor, telúrico; que el libro sea como un tejido de ideas especializadas, que fluyan y a la vez sean contrapuestas, que ilumine y nos permita avanzar.

Un personaje, una historia, van naciendo mientras armamos el libro, despertando la sensibilidad creativa.

Inesperadamente veo al Pérez Prado, personaje dramático. Me apasiono con su existencia, con su manera de hablar, de vivir, de crear. Un genio que me mira desde un dibujo al estilo del gallego José Posada, con su bigote, su sombrero, su sonrisa, sus pantalones, su manera de moverse. Un niño que nació en Matanzas y nadie imaginó, quizás, que iba a convertirse en el hombre que haría bailar a medio mundo, que su música afiebrada, contagiosa, iba a estar en la banda sonora de innumerables películas especialmente en México, país que lo acogió y lo hizo suyo.

¿Fuiste por fin al Registro Civil? Otra vez, le respondo a Yanira. Otra vez indagando, pero todavía nada. ¿Por qué no vamos a la iglesia de Pueblo Nuevo?, me dice ella, ¿o yo?

Allí nos reciben amables, nos abren los libros excelentemente conservados, buscan a Dámaso Pérez Prado, mientras el Papa Francisco, nos observa desde diversas partes de la parroquia, unos días antes de visitar a Cuba.

Hay demasiados Pérez, pero ninguno es Dámaso. Y el Dámaso, no es Pérez y menos Prado. Tampoco hay ninguno de su familia. ¿Y Pantaleón, su hermano?, insiste Yanira. Adiós, decimos cuando comprobamos la inexistencia del documento y que Dios los acompañe, nos acompañe en esta búsqueda. ¿Cómo organizamos el libro, Yanira? “El exilio musical de Pérez Prado”, texto de Rosendo Ruiz, nos lleva a su salida de Cuba. ¿Y por qué salió? ¿Cómo llegó a México? ¿Cómo llegó a Nueva York? ¿Hasta dónde los criterios son diferentes y se unen?

Hay muchos aspectos que me gustan, las diferentes perspectivas del fenómeno mambo y del fenómeno Pérez Prado, los agudos análisis musicológicos de cada uno de los autores, la diversidad de épocas en las que fueron escritos. ¿Por qué seguir una cronología? ¿Por qué seguir la voz de los autores en el tiempo y la significación de los autores? ¿Por qué no seguir esos criterios que iluminan y hasta se contradicen, esos fragmentos que se arman, para perderse en otros? Me gusta que lean sobre Pérez Prado, buscando, aprendiendo. Así organizamos el cuerpo del libro.

Pasamos por la Catedral de Matanzas en reparación, donde hace una semana le habían dicho a Yanira que no se podía buscar, porque había demasiado polvo y desorden. ¿Y pasamos por el Registro Civil? Hay demasiada gente fuera, protestando, porque hace una semana, un mes, buscan actas de casamiento o de nacimiento. ¡Qué mambo, más complicado es! E´e´e´. Un mensaje de Johann E. Trujillo llega a mi celular. Tengo el diseño, escribe. Fenomenal, decimos. Estamos ansiosos por verlo, le decimos.

¡Qué rico el mambo!, de Gustavo Pérez Firmat! Un acucioso estudio, que nos iluminará desde el rigor. Agradecemos con un mensaje el habernos permitido publicar un artículo, que queremos para cerrar, para rematar el baile, mientras Pérez Prado sube al escenario y nos sumerge en la música de su orquesta. Lo vemos, lo sentimos, nos contagiamos, mientras musicólogos, investigadores, opinan, discuten sobre lo que sucede, sobre lo creado, pero Él cada vez se hace más libre, adueñándose de su música, contagiándonos.

Y se mezcla el auténtico Pérez Prado, con el personaje que va naciendo en mi cabeza, con el que nace del libro, originado de fragmentos de voces dispersas.

Buscamos la fecha de nacimiento de Dámaso Pérez Prado, el creador del mambo, le decimos a un señor y a una señora.

La que atiende el registro no está, dice, pero luego, pregunta: ¿De Pérez Prado? ¿El creador del mambo? Y entusiasmado, ¿usted lo oye? ¿Usted lo disfruta? ¿Usted se siente orgulloso? ¿Usted baila mambo? entra a buscar en los libros de la parroquia, inmensos, casi más grandes que él.

Le decimos las posibles fechas y presto, sin mucha demora, ágil, eficiente, (¿y el Registro Civil?) el señor que después sabemos se llama Sergio, nos entrega ante nuestros ojos, para tocarlo, con nuestras manos el acta bautismal y la fecha de nacimiento de Dámaso Pablo de Jesús Pérez y Prado, el 11 de diciembre... ¿En el 1916 o en el 1917?, nos preguntamos Yanira y yo, buscando con precisión, mientras el Papa Francisco vuelve a mirarnos desde una foto en la puerta, con su mensaje de misericordia.

En el 17, aclara el documento. Y saltamos de alegría y fotografiamos el libro, hermoso, con ese olor de libro viejo pero cuidado, eternizando las letras que dejaron constancia legal del niñito Pérez Prado, mientras Yanira y yo procuramos, junto a Sergio, imágenes del hallazgo. Fotos de los dos y el libro, de Yanira y Sergio. De Ulises y Sergio, de los tres con el libro abierto. Y pasamos un mensaje a Alfredo Zaldívar, director de Ediciones Matanzas, y a Norge Céspedes, el editor: lo encontramos. El centenario no es en el 2016, sino en el 2017, como aclara Radamés Giro.

¿Y el Registro Civil? ¿Pasamos? ¿Confrontamos? ¿Cómo no vamos a hacerlo? Y vamos, cruzamos la larga cola de seres, que sudan y esperan… Por fin Yanetsis nos entrega tomo, folio, y nos remite al archivo de duplicados donde nos atiende Solángel Caballero Pérez, su directora. Hace demasiado calor. Los libros crecen, casi hasta el techo, en sus anaqueles. Diligente, amable, escuchando Radio Enciclopedia, busca y encuentra la fecha definitiva, cotejada con el acta bautismal.

Dámaso Pérez Prado disfruta la escena de la comprobación de la fecha de su nacimiento. Está allí, entre la gente que se ha detenido, ante las puertas, cuando la música irrumpe, cuando el escenario se ilumina e irrumpe con su pantalón ancho y lanza su grito universal: Mambo: qué rico é, é, é, ese por el que todo el mundo lo conoce. Pérez Prado va al piano, toca, virtuoso. Veo sus manos que bailan sobre las teclas, inatrapables. Y todos bailan entre los estantes, olvidando la solicitud de documentos, sus interrogantes.

Ese es el espíritu del libro, que logremos ver a Dámaso Pérez Prado (1917-1989) desde la sabiduría de los otros, pero también con nuestros propios ojos.


Matanzas, septiembre de 2015