Abecedario de los años de exilioEste Abecedario de los años de exilio es un himno al descubrimiento de una cultura y una lengua diferentes, de una sociedad en plena ebullición, con sus defectos y cualidades, que acoge al inmigrante entremezclándolo con sus propias angustias y a sus sueños más descabellados.

Extractos de Abécédaire des années d’exil (Abecedario de los años de exilio)  Editora Lanctôt, 2001, Montreal. (Traducción de Lupe Vento)
 

Arte
Hoy T. ha muerto para mí. 

Sonya también –la que vivía con él, ha muerto. 

Mi fidelidad ingenua.

Nunca traté de averiguar lo que hacía durante sus ausencias.

Él ha muerto para mí.  Para siempre.  Murió en el momento mismo en el que me dijo: “estoy enamorado”

¡Eso es maravilloso!” 

“No entiendes, me enamoré de otra.”

Yo estaba en mi cama leyendo “El arte de amar”.

El libro se me cayó de las manos y la sonrisa cayó con él. Me caí de mi torre libresca.

Caigo, caigo. Largamente...

“Que boba eres, Sonya, boba de verdad.  Ya era hora de que te despertaras.  Ya era hora”.

Se ha muerto T. y Sonya también.

“Pobre Sony, ¡tienes el don de contarte cuentos y de creértelos!
Se acabó.  Es el despertar.”

Gracias de todos modos. Duele, sí, duele, pero hace bien.

Y ahora, a quemar.  Quemarlo todo.  Todas las fotos.  Quemar las imágenes. 

Convertidas en humo, las imágenes.  Convertidas en humo, las sonrisas.  El fuego es bueno.

Y tú eres joven, Sony.  Tienes sólo 25 años.  La vida por delante.

Eres libre de nuevo.  Tanto como se puede serlo con dos hijos.

Puedes vivir donde quieras.  Regresar a la ciudad.  Inscribirte en la universidad.  Ir a las Islas de la Magdalena.

Abandonar este lugar.  Puesto que hubo muerte en él. 

E incineración.  Dejar las cenizas y partir con las manos vacías. 

Volver a empezar desde cero.

Bozà
Bebida hecha de alpiste fermentado.  Bebida de mis años búlgaros.  Los inmigrantes trajeron sus comidas al país que los acogió.  Es inútil buscar.  Todavía nadie ha hecho bozà aquí. 

Columpio
El columpio tiene los pies aprisionados por la nieve.  El invierno lo ha atrapado y lo mantiene prisionero.  Los niños del verano ya no podrán echarse a volar en su silla.

Cuba
Primera vez.  Presentaciones.  Apretones de mano.  Miradas entrecruzadas.  Que se enlazan.  Hondura.  Estatura.  Atracción.  Cierto vértigo.  Alejarme.  Pensar en él.  Cubano.  Cuba en mí, tan lejos.  Soterrada.  No digo nada.

Otra vez.  Descubro de repente su presencia.  Presentaciones de nuevo.  Nos conocemos.  Esta vez alguien se lo dice.  Esta vez, él sabe.  Quién soy.  Que viví en Cuba.  Esta vez, las preguntas giran.  Tratan de traspasar el ruido, tratan de abrirse camino.  Me acerco. Me hundo en su mirada, ávida.  Su boca se pega a mi oído y vierte su veneno.  Rápido, tengo que irme.  Escaparme.

Oh, Cuba...Cuando salí de Cuba, dejé mi vida, dejé mi amor... *

Una vez más.  Sé que pidió mi número de teléfono.  Sé que tengo ganas de oír su voz.  Y ahí está.  Nuevamente por sorpresa.  No puedo huir.  Se inclina para besarme.

Sueño contigo, Cuba.  Paraíso perdido y vuelto a encontrar.

Humano
Entre el sueño y la vigilia, una mañana oía los cantos de los pájaros. 
Entre el sueño y la vigilia, entendía el lenguaje de los pájaros.  Era el mío. 
Ya completamente despierta, el sentido de lo que decían se había desvanecido
junto con el sueño. Me encontraba en mi cuerpo, en mi mente, con mis
palabras.  Humana. 
Ya no era pájaro.

Indios
De América.  El primer texto que leí por las ondas de la estación comunitaria
CKRL-FM, en el local de la Universidad Laval, antes de su traslado a la Calle
Santa Úrsula, aquel primer texto era de un jefe indio que le contaba al hombre
blanco su amor, su respeto y su veneración por la Tierra Madre y por todo lo que
vuela, se arrastra, nada y camina por ella. 
Esa voz vibra en mí; esa palabra, en mi voz, en mi corazón y en mis entrañas...

Muerte
Hoy tuve un ataque de nostalgia, unas ganas de llorar, de apoyarme en un
hombro amigo.  ¿Es a causa del comienzo del otoño o porque siempre tengo
necesidad de ternura y que nadie responde cuando llamo?

Salí afuera.

¡Dios mío, qué bueno es respirar este aire!
Cogí el mismo camino que de costumbre, dejando atrás las pocas casas del
pueblo para subir la Cuesta de Félix y encontrarme frente al mar, la Costa Norte.

Hoy, el atardecer me sorprendió echada al pie de un gran pino.

Después de verter algunas lágrimas por mi condición de simple ser humano
perecedero, no eterno, le envidié al cielo su eternidad.

Un día ya no podré caminar más por este camino ni mirar este cielo ni
acostarme al pie de este pino. Un día ya no estaré aquí, pero todo lo que veo en
este momento seguirá vivo.  Estos campos, estos valles, estos árboles, y si ellos
llegaran a cambiar, la Tierra permanecerá, seguirá respirando.y la suavidad de
sus curvas mecerá otros ojos que los míos.

¿Cómo podría yo aceptar la muerte?

Paz
Cuando todos los cantos brotan de tu garganta, en tiempos de paz, entre los
hombres todo se vuelve fácil, como la viña al sol, como el pájaro en el fruto. 
Bajo un sol que huele a naranja, nuestra dicha de hoja en hoja abre todos los diccionarios.

Volvemos a utilizar las palabras amor, lilas y amistad.  En tiempos de paz.

Quebec
Primero una ciudad, después una provincia.  Un País dentro de otro.  Decidí
quedarme aquí.  Todavía quedan rincones que explorar.

Teatro
En la escena, una mujer. Una mesa. Un candelabro.  Empieza a contar. Un
cuento. Un cuento de amor.  Y la magia de las palabras, del silencio, de la
penumbra entra en mi corazón de adolescente. 
Un minúsculo teatro de Sofía, sólo noventa y nueve butacas. 

Durante mucho tiempo traté de encontrar el autor, el texto.  Más de trenta años
después, se halla en mi biblioteca: Carta de una desconocida, de Stefan Zweig.

Woolf
Virginia.  Lo he leído todo.  Las olas.  Quiero poner ese texto en escena.
Empecé el trabajo a partir de la traducción de Marguerite Yourcenar.  Seguí con
la versión original, copia anotada a mano por V. W.  Leer en su idioma, ver las
correcciones a mano de mi escritora, era entrar en su cuerpo, en su mente,
en su ritmo, en el proceso creador mismo.  Años más tarde llega la nueva
traducción de Las Olas, hecha por Cecile Wajsbrot.  Placer, gozo de leer en
paralelo las dos traducciones. 

Se le hizo justicia a V. W.


Mano  (Poema inédito)
Mano de África. (Inspirada en una foto a color de Robert von der Hilst, en la revista Photo)

La piel es oscura
La piel de la mano: un pergamino, un guante, tiene arrugas
 
La mano apoyada sobre el brazo de la silla
De madera
Verde manzana

La palma de la mano: ancha
Los dedos: finos
Las uñas: escarlatas
Pintadas
Muy largas.  Curvadas.  Calizas.
Las uñas de un rapaz.

La mano se agrieta

Lo que confiere a la mano este aire prepotente: el anillo de oro en el anular.
Que se tiñe de color carne, se incrusta hasta formar parte del dedo.
Pero, lo que orna e ilumina es la inmensa piedra translúcida en el mayor,
bordeada de dos hileras de diamantes.
Un tragaluz en medio de una tierra árida.

La piel de la mano: papel arrugado

En la muñeca: tres brazaletes de oro.
Sobre uno, el nombre está grabado: África.

La mano apoyada.
Inmóvil.
Exhibida.

Noventa y cuatro años bajo el envoltorio oscuro
Garra de ave ornada de diamantes
La mano sola.
Mano de África.

La Habana

Y toda la nostalgia de un continente lejano.

En Español en el texto.


 Sonia K. Anguelova Sonia K. Anguelova
Nació en Sofía, Bulgaria, hizo sus estudios primarios en Sofía, cursó estudios preuniversitarios en La Habana y obtuvo su diploma universitario en Artes y Letras en Quebec, Canadá.
Ha trabajado en la radio, ha escrito artículos para revistas, su pieza de teatro fue presentada en lectura pública en Montreal y Quebec, sus poesías han sido publicadas en varias revistas literarias. Ha participado en numerosas lecturas y festivales literarios.  Recibió la mención de honor en el Festival internacional de poesía de Trois-Rivières (Canadá), por su poema Arbres (Árboles) Ha publicado, entre otros: Ni vraiment d’ici, ni tellement d’ailleurs  (Ni verdaderamente de aquí ni tan de otra parte); Le doux privilège; Abécédaire des années d’exil   (Abecedario de los años de exilio) y Eux autres (Esa gente). Vive en Montreal y trabaja en los Archivos y la Biblioteca Nacional del Quebec