Cuktura GayEscribo este comentario respondiendo a opiniones de Antonio Enrique González Rojas vertidas en su artículo: “Reflexiones de un Cheo Sobre la Cultura ¿Gay?”

A cada rato se menciona que en la jerga homosexual se utiliza la palabra “cheo” para referirse a los heterosexuales, como un ejemplo de hostilidad de los gays hacia quienes no lo son. A veces incluso se interpreta como síntoma de un supuesto envalentonamiento gay nacido del reconocimiento al derecho a la diversidad sexual. Como siempre se menciona el ejemplo sin aclarar detalles, deseo ante todo dar más elementos de juicio sobre el particular.Lo primero es que el uso de esta palabra con ese significado data de tiempos en que no se reconocían estos derechos, ni se hablaba de cultura gay, ni siquiera se usaba el termino gay en Cuba.  En aquellas circunstancias se empleaban entre homosexuales muchos términos que más que jerga yo clasificaría de lenguaje secreto, claves para comunicarse entre homosexuales sin que personas ajenas pudieran suponer de lo que se hablaba. Muchas veces estas palabras no guardaban mucha relación con lo que se intentaba significar, porque justamente era la intención.

Entre ellas estaba “cheo”, que por cierto no significaba heterosexual sino heterosexual homofóbico, a quienes no lo eran se les llamaba “civilizados”. No eran términos acordados por consenso sino impuestos por una tradición y aquellos que no estuvieran de acuerdo no les quedaba otra que asumirlos. No había donde discutirlo y además a diferencia de otras jergas esta era bien inamovible, no se trataba de un divertimento lingüístico sino casi de un sistema cifrado. Se ponía mucho cuidado de que los “cheos” lo desconocieran, de hecho que alguien supiera sus significados era un síntoma muy revelador y formaba parte del sistema.

Por ejemplo, Juan suponía que Pedro era gay y quería hacerle notar que él también. Así que probaba a usar estas palabras a ver si las comprendía en su significado gay.

En algunos programas humorísticos como “Detrás de la Fachada” hubo chistes referidos a esto. Por ejemplo “entendido” significaba gay, viéndolo así una frase como “Yo sé que tú entiendes” es una alusión bien directa. El chiste en televisión no consistía en decir esta frase, ya que se le podía interpretar de otro modo, el chiste consistía en la reacción del aludido. Empezaba a aclarar que el comprendía pero no “entendía”, o que él no era “entendido”en todas las cosas, o etc. Un chiste que para la inmensa mayoría pasaba inadvertido pero no para quienes sabían, era un guiño cómplice de los humoristas, y aunque la broma fuese homofóbica en su esencia se acogía con beneplácito por gays y “civilizados”, por desafiar una televisión que entonces, ya sabemos, era la meca de la más implacable mojigatería en cuanto al tema. De paso no sólo era un desafío sino una burla a los desinformados censores, y esta era la mejor parte del chiste.

Volviendo a la palabra “cheo” que era muy importante en esta jerga porque generalmente equivalía a: alerta roja. Rara vez se usaba ofensiva ni despectivamente, casi siempre el “cheo” ante el cual un grupo de gays debía cuidarse era el mejor amigo de alguno de ellos, su hermano, o etc. Y ser “cheo”era lo más común entonces. Es difícil reprocharle a alguien ser lo que casi todo el mundo, aquello de lo que socialmente lo están convenciendo todo el tiempo.

No se le condenaba su condición aun sabiendo que esa condición lo podía convertir un enemigo brutal, que esta característica lo podía compulsar a no dejar piedra sobre piedra en la vida de un gay, se tratara de su mejor amigo, se tratara de su hermano. Me parece mucho pedir que la palabra que designara ese atributo fuera halagüeña.

Si se viene a ver era bastante gentil porque “cheo” al parecer se fomentó por contraposición a “civilizado”. No tenía mucho que ver con el significado de la misma palabra en otros contextos.

Si ahora usted siendo heterosexual sabe del significado de “cheo” en la jerga gay es porque los tiempos han cambiado mucho, porque ya no hace tanta falta hablar en claves, porque el dialogo entre personas de distintas orientaciones sexuales se hace más franco y abierto cada vez. Gracias, entre otras cosas, a los movimientos gays.

Ya es poco frecuente entre gays usar “cheo” con ese significado, y lo que quede vivo de aquella semántica sólo debe recordarnos lo errado de la exclusión y la marginalización y también alertarnos de hasta donde siguen vigentes las razones que le dieron origen.

En su artículo dice más adelante, a propósito de artistas universales acogidos y enaltecidos por la “Cultura Gay”:

Estos creadores no deben juzgarlos por sus meras inclinaciones sexuales, sino como entes que trascendieron toda barrera y engrosaron el sedimento cultural de la Humanidad. Eran seres humanos, más allá de su homosexualidad u otro rasgo. La condicionante de la Cultura Gay de que algo creado por un homosexual es por obligación patrimonio de esta corriente, se tambalea sobre cimientos endebles.

Yo no acabo de entender muy bien qué significa “Cultura Gay”, a veces me parece que con esto se generaliza a todo aquello que trate sobre diversidad sexual y a todo lo que la comunidad gay aplauda o produzca artísticamente.
 

Pero eso que se llame “Cultura Gay” no puede apoderarse de las obras de grandes artistas de la humanidad porque además de no ser la intención resulta impracticable. Esas obras están ahí, para beneficio de todos, y la comunidad gay lo que hace con ellas es promocionarlas.

Si los gays tratan de hacer notar que la orientación sexual de estos artistas es distinta a la heterosexual, no hay en eso un apoderamiento, no hay en eso ninguna razón que imposibilite a los demás su disfrute, a menos que haya ciertos demás que precisen creer que un artista es heterosexual para reconocer la valía de sus creaciones.
 

Como usted bien afirma todos somos seres humanos, esta es la condición que debería tenerse en cuenta y no el sexo, la raza, orientación sexual, o etc. Nadie debería ser excluido por estas razones, pero el caso es que sucede e ignorar esta verdad solo sirve para asegurar que siga ocurriendo.
 

La palabra “cheo” surgió de la necesidad de simular que los gays no existen, bajo el principio de que aquello de lo que no se habla no es.

Decir todos somos seres humanos y no hay más que esa verdad es otro modo de practicar esa invisibilidad de la diferencia.

No hay derecho a exigirle a nadie que esconda su condición y su naturaleza porque no es la misma que la de otro humano al que se le ha dado la categoría de patrón de normalidad. La verdad del mundo es la diversidad y eso necesita ser demostrado porque hay una fuerte tendencia a creer lo contrario y a creer que lo contrario es lo mejor.
 

Si algunos habían preferido creer que todos los grandes artistas o genios de la humanidad eran heterosexuales, para sentirse a bien con su criterio de normalidad, me parece muy saludable evidenciar que se equivocaban en el dato. Si esto les ocasiona algún conflicto es bueno incluso para ellos, para que salgan de él con una visión más real y enriquecida del mundo.Al final Lorca seguirá siendo Lorca y Passolini seguirá siendo Passolini, no porque desconozcamos su orientación sexual sino porque no importa, porque por primera vez de verdad no importa.

Casi al final usted afirma:

…la relación de pareja entre dos hombres y entre dos mujeres solo será normal cuando pase inadvertida, o sea, no genere comentarios censores.

Si vamos a interpretar literalmente su afirmación, esta significaría que las relaciones homosexuales no son normales, y que sólo lo serán cuando pasen inadvertidas, o sea, parezca que no existen. Y también que todo comentario que estas generen ha de ser necesariamente de censura. En conclusión el consejo parece ser: Nunca serán valorados, por tanto, si aspiran a no ser criticados lo único que les queda es volverse invisibles.
 

Yo supongo que esto no fue lo que usted quiso decir pero también creo que lo que quiso decir se parece bastante a esto.

Cuando menos propone una conciliación a partir de no hacer notar la diferencia. Optar por un mimetismo con el criterio establecido y esperar a que las personas cambien de opinión por su propia iniciativa.
 

No se puede cambiar una opinión acerca de una realidad que se desconoce. No se puede siquiera elaborar una opinión propia sobre lo ignorado. Por tanto una realidad no puede esperar a ser aceptada para mostrarse pues esto nunca ocurrirá. Los comentarios censores pueden desaparecer a fuerza del conocimiento que sobre esa realidad se vaya teniendo, a fuerza de vencer los prejuicios que generaba el desconocimiento. En ese proceso hay conflicto, pero es imposible evolucionar sin ellos.

Sobre los transformistas, que me parece es uno de los temas que más lo convida a sus reflexiones, yo había escrito un comentario donde manifestaba preocupación sobre el modo de ver esta manifestación artística.
 

Evitando repetirme en dos comentarios diferentes opto por incorporar a continuación aquel texto:

Trasformistas al Escenario.

¿Por qué les decimos transformistas?

Un actor es alguien que nos hace creer en una ficción, puede fingir ser un rey, un extraterrestre, un caballo, un árbol o hasta una piedra, también que es una mujer. ¿Por qué  solamente en este último caso se hace la salvedad de nombrarlo como un arte independiente? ¿Por qué a esto se le llama transformismo si transformarse es algo intrínseco al arte del actor?

Desconozco cómo se desarrolla este fenómeno en otros lugares del mundo, así que voy a tratar de explicármelo atendiendo a lo que observo en Cuba.

Con independencia a lo que sucedía en el teatro isabelino, los hombres casi siempre se han disfrazado de mujeres a modo de broma, divertido disparate en que no hace falta mucho más que el disfraz para provocar diversión.

Igual que a la fiesta de cumpleaños de un niño no suele invitarse a una importante compañía teatral, sino a payasos o magos especializados en fiestas, las de adulto deben contar con figuras equivalentes. Un transformista, prejuicios aparte, clasifica perfectamente para ello. Sin tratarse de un cantante puede crear la ilusión de que se tiene a una gran intérprete de cuerpo presente, o más de una porque cambia de voz y de apariencia, el espectáculo suele incluir componentes humorísticos y por si fuera poco esta alucinarte fonomimia es toda ella una invitación a la trasgresión, a lo atrevido y disparatado, algo muy acorde al espíritu desenfadado que persigue una fiesta. Los centros nocturnos igual pueden ser beneficiados con un espectáculo así, creo que si no se utilizan más es por prejuicios.

Estos artistas, a diferencia de los actores comunes, se dedican solamente a este tipo de representaciones y por tanto hace falta una designación que los identifique, popularmente se le llama trasvestis, aunque atendiendo a que el travestismo no se practica solamente en escenarios y a que a ellos mismos no les agrada el epíteto, son llamados transformistas, partiendo de que esto sí es un género o manifestación artística.

Transformismo y Gays.

Todo parece indicar que las habilidades para el transformismo no dependen de la orientación sexual, muchos heterosexuales demuestran capacidades para imitar mujeres, ya sea a modo de bromas, ya sea en magníficos desempeños actorales. Pienso que nuestro machismo es el que provoca que el transformismo de fiestas sea patrimonio gay. Y en la medida en que lo es, más razón para que los hetero se abstengan.

Estos mismos criterios machistas consideran al gay un traidor a su género, así que, para simplificar la ecuación se toma al transformismo popular como otra de las manifestaciones de esta traición. Agravando el pecado de dedicarse a tales menesteres.
 

Por su parte los gays acogen con mucho beneplácito a los transformistas en sus actividades festivas. En primera no tienen nada en contra de lo que ellos representan, en segunda sus virtudes como diversión, aplicables a cualquier fiesta y que antes mencionaba, se acrecientan en este caso, el convite de trasgresión del transformista es aquí particularmente oportuno en medida y en temática. Es gay además, algo importante en una fiesta donde primarán conductas que otro artista invitado podría desaprobar. Por si fuera poco lo adecuado y eficiente, también resulta relativamente barato a los organizadores, a veces gratis. Y para concluir, la costumbre ya lo ha convertido en una especie de estandarte gay, que da realce a la intención. Aplaudirlo es casi un activismo, donde la pasión parece proporcional a la afiliación.

A la Gran Escena.

El arte popular no debe tener vedados los grandes escenarios y los transformistas no deben ser la excepción, pero, este punto inaugura lo que al menos para mí constituye un dilema.

Esto que he llamado aquí transformismo popular adquiere una doble condición: debe valorarse como arte y como símbolo. Así muy buenas obras de transformismo pueden ser censuradas por su sabor a símbolo gay, y por otro lado, si desapruebas lo que hace un transformista corres el riego de ser acusado de homofóbico o transfóbico. Si no de traidor a las batallas por el derecho a la diversidad.

En mi opinión el transformismo navega entre la condena que representa erigirse en símbolo y el gran beneficio que esto también representa.

Siempre se habla de los obstáculos que deben enfrentar los transformistas debido al prejuicio pero, al menos yo creo que también es importante visualizar lo que está ganando el transformismo a costa de su doble condición.

Las valoraciones estéticas tienen un alto por ciento de subjetividad, así que siempre quedaría la duda de hasta donde la desaprobación de una obra de transformismo está alimentada por prejuicios, por tanto pongo todo mi cuidado al juzgar, pero juzgo, no todos los criterios en contra se deberán a prejuicios morales.

En mi opinión muchas de estas variedades solo funcionan en su contexto, o en espectáculos para personas muy aficionadas a ellas. La mayoría de las ejecuciones siguen un esquema muy repetitivo, el actor elegirá para hacer su entrada un atuendo llamativo y durante la pieza se deshace de parte de este vestuario, “sorprendiendo” con una nueva apariencia, más provocativa, hasta donde su físico se lo permita. El repertorio para doblar suele buscarse en piezas bien movidas para destacar habilidades acrobáticas o danzarias; o en piezas de cantantes temperamentales para acudir al histrionismo dramático. Así muchas interpretes se reiteran en unos y otros, por lo general divas de épocas pasadas. Los excesos melodramáticos no parecen deberse a ninguna razón conceptual o artística, sino más bien a un intento de agenciarse más aplausos. Parece además que lo único por demostrar en escena es la capacidad de parecer mujer. A veces, accidentalmente, emiten un mensaje, casi siempre estos mensajes accidentales o hasta subliminales son contrarios a muchas campañas a favor de la equidad de género y por el derecho a la libre orientación sexual. Los cuales muchos disculpan atendiendo a que se trata de transformistas y por ende sagrados.

No creo que fomentar el gusto por ofertas como las anteriormente descritas sean un buen camino a seguir. Debemos tener en cuenta la diferencia entre una fiesta y un espectáculo artístico. Estas ofertas cuentan con muchos seguidores por tanto deben existir, todos tenemos derecho a divertirnos, pero colocar el gusto por ellos entre los estatutos de la lucha por la diversidad sexual, deja a muchas personas imposibilitadas de hacer patente su apoyo. Porque aún cuando reconozcan estos derechos o hasta los defiendan, no están dispuestos a que esto se confunda con un aplauso a algo que desde lo artístico desaprueban.
 

Tengamos en cuenta que aún cuando el transformismo pueda generar obras de arte muy  valederas, no todas lo son y su defensa a ultranza a la larga resulta contraproducente para lo mismo que se intenta defender
 

En la defensa a los transformistas es común esgrimir el derecho a la transexualidad, pienso que son cosas diferentes y que no deben confundirse. Un transexual no desea ser considerado un trasgresor, su sueño sería ser del otro sexo, y tan común y corriente como cualquier persona de ese sexo, sin la menor notoriedad en cuanto a género. Sin embargo está muy popularizado el error de creer que a los transexuales les gusta la excentricidad, que se visten así para llamar la atención, que su objetivo es alterar el orden de las cosas. En la medida en que se les identifique con transformistas ese criterio se enfatizará.
 

No sé si existe alguna investigación acerca de cuantos transformistas son transexuales.
 

Muchos transexuales optan por el transformismo como profesión porque suelen ser muy rechazados en centros de trabajo. También hay transexuales que optan por la prostitución, y a nadie se le ha ocurrido que debemos aplaudir esta práctica como muestra de apoyo al transexual. Si ellos se ven confinados a pocas actividades por lo que debemos luchar es por una sociedad más justa, sin exclusiones, no por hacer de esas actividades un motivo de batallas. Legitimar algo en arte sólo corresponde al arte, y por lo único que debemos velar es porque el prejuicio moral no censure lo valedero.
 


Por: José Martín Díaz Díaz